El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

Archivar en la categoría “Nicolás Maduro”

Vivir en un paréntesis

parentesis

Hace 16 años en Venezuela se abrió un paréntesis. Muchos apoyaron, muchos celebraron, muchos se pusieron a la orden del nuevo gobierno para colaborar en la recuperación del país y la profundización de la democracia. Tendremos una democracia participativa y no solo representativa como hasta ahora. Otros estábamos recelosos, desconfiábamos de un gobierno en manos de militares golpistas. Unos y otros, en todo caso, creímos que se trataría de un paréntesis de cinco años. Ese paréntesis duraría lo que duraba un período presidencial, a lo sumo.

Pasó el tiempo. Vino la constituyente.  Empezaron los desencuentros y las desilusiones. El régimen empezaba a mostrar el tramojo pero aún había fiesta de triunfo en muchos sectores. La esperanza del cambio no se desvanecía. El paréntesis seguía abierto.

Se empezaron a crear argucias legales para afianzar el régimen en el poder. A vuelo de pájaro creo recordar que una decisión del Tribunal Supremo de Justicia determinó que el período presidencial no debía teminar cuando le correspondía

No obstante,  muchos insistían en que ya estaba por cerrarse ese paréntesis.  Al régimen le queda poco. Está  “débil, asustado y acorralado” por eso actúa como actúa. De allí tanto desafuero. La procrastinación nos invadía.

Llegó el 2002, un paro general de actividades pondría cierre al paréntesis. El país no aguanta más. Llegaba el fin de unos funestos años. Ningún gobierno podría sostenerse con cientos de miles de personas en la calle y toda la actividad productiva, incluyendo la principal fuente de divisas, la industria petrolera, exigiendo su salida. El paréntesis estaba por cerrarse. Es sólo cuestión de aguantar un poco.

Llegó el golpe de Estado. La confusión. La supuesta renuncia. La entronización de Carmona Estanga. La supresión de todos los poderes. La persecución de algunos. La huída de otros. La muerte de muchos. Cerrar el paréntesis traía consecuencias.

De pronto. Unas negociaciones. Unos hechos que aún no quedan claros. La carta de renuncia no era tal. “La cual aceptó”  ya no fue más.  El retorno fantasmagórico a media noche del tirano depuesto. El paréntesis seguía abierto.

20 mil trabajadores de la petrolera quedaron sin trabajo de un pitazo, literalmente. Hasta de sus viviendas los sacaron. Los persiguieron para que no encontraran trabajo en otros sitios. Muchos se fueron del pais. Otros lograron montar negocios. Algunos empezaron a hacer comida para vender. No había por qué asustarse. El paréntesis algún día se cerraría y regresarían todos a sus puestos de trabajo para reconstruir la industria que estaba en el suelo. Serán recibidos como héroes y su sacrificio recompensado, cuando el paréntesis se cierre. La industria y el país no aguantarían muchos años en esas manos inexpertas.

Vino el cierre de RCTV que para muchos sería la guinda.  Si se atrevían a ir contra el más viejo y popular canal d televisión, el paréntesis se cerraría definitivamente. Lo cerraron. “Un amigo es para siempre”. Miles de personas quedaron sin trabajo pero tranquilos, eso sería por poco tiempo. RCTV más temprano que tarde regresará . El paréntesis estaba próximo a cerrarse.

Tuvimos elecciones de diputados en 2005. La línea de la oposición fue abstenerse de participar. Eso es una pantomima. No vamos a convalidar al régimen en una Asamblea Nacional. Si no hay representantes de la mitad del país opositora en esa Asamblea todas sus acciones serán ilegítimas e ilegales y el mundo la desconocerá… El paréntesis tendría que cerrarse forzosamente ante un régimen ilegítimo donde la oposición no tendría  voz ni representación.

Venevision y Televen empezaron a bailar al son que sonaba en Miraflores. De un plumazo cerraron más de 30 emisoras de radio. Pero no había de qué preocuparse. Eso no sería para siempre.  Lo que vivía el país no era más que un paréntesis.

Cerraron miles de empresas e industrias. El país se deterioraba a toda prisa. Cada vez se producía menos. No había inversión en infraestructuras. Venezuela se sumía en la oscuridad por falta de inversión en el sector de la electricidad. La población crecía, se triplicaba y la infraestructura de Venezuela no le seguía el ritmo. No se invertía, no se crecía en servicios al ritmo que lo exigía el crecimiento poblacional. El parque automotor se triplicó y las vías seguían siendo las mismas y sin mantenimiento. El colapso se hacía inminente. La delincuencia, el narcotráfico, la corrupción, la entrega de las FAN, de ministerios, de la nación a manos cubanas era intolerable. La palabra “pran” se hizo familiar y el secuestro y el sicariato cotidianos en cualquier ciudad. La inflación no tiene límite ni control. El país se rebelaría  en cualquier momento para cerrar este oprobioso paréntesis de nuestra historia. No se podía humillar tanto al “bravo pueblo”.

Cada nueva elección se nos decía que ahora sí llegaba el fin. El paréntesis a puntico de cerrarse. Metieron presos a muchos por órdenes dadas en cadenas de radio y televisión. Murió Franklin Brito reclamando justicia. Todo signos de que el régimen estaba por caer.

Sin apenas darnos cuenta y sin reaccionar nos vimos haciendo cola. Tres, cuatro horas de cola para comprar alimentos básicos cuando hay y racionados. Largas colas para la gasolina, para el gas. El numero de.cédula paso a ser el control del racionamiento. Los anaqueles de los supermercados se vaciaron. No hay. No hay. No hay.  NO HAY. Ni azúcar, ni aceite, ni harina de maíz, ni harina de trigo, ni jabón de baño, ni detergente para lavar ropa, ni afeitadoras, ni pañales, ni papel tualé, ni medicinas, ni insumos médicos en hospitales, ni cauchos para vehículos, ni baterías… En cualquier porche de vivienda una ponen una mesa con los productos inexistentes en loa supermercados a cuatro veces su precio sin que haya autoridad que lo evite y sancione. En muchos sitios el mercado negro es controlado y cuidado por policías y militares.

El exilio se volvió sino y signo de la venezolanidad actual. Las familias se desmembraron. Las despedidas de ojos salobres nos marcan a diario. Ayer un hijo, hoy un hermano, mañana un amigo. Venezuela pasó de ser hogar de acogida de inmigrantes a regalarle sus hijos al mundo. Se cuentan por miles los venezolanos que se han ido procurando el futuro, el bienestar y la tranquilidad que les niega hoy su país natal. Se van con la expectativa de un posible futuro retorno, cuando el paréntesis se cierre…

Ese paréntesis abierto se hace eterno e invivible, pero se sobrevive en la esperanza de que un día habrá de cerrarse.  Esto no lo aguanta nadie. Esto es insoportable. Sigue la procrastinación.

Y llegó el cáncer. La enfermedad nos salvaría. La parca se encargaría de hacer lo que los venezolanos no pudimos o no quisimos. La muerte nos cerraría el paréntesis.

Murió.

Cual monarca, dejó un sucesor. Al que menos esperábamos. Al menos preparado. Por quien nadie daba medio. Quién definitivamente cerraría el paréntesis porque ni hablar sabe. Imposible que con semejante currículum y falta de preparación el país vote por él. Las elecciones pondrían fin al paréntesis y punto final al desastre.

El sucesor ganó las elecciones. No durará 6 meses. Imposible que semejante personaje gobierne al pueblo “que el yugo lanzó”. No creo que a este le aguanten lo que le aguantaron al difunto. Pasaron los meses. Llegaron las guarimbas. Llegó el diálogo.  Llegó #lasalida. Pasó un año.

Ya no quedan medios de comunicación independientes más allá de El Nacional y uno que otro programa de radio. Globovisión, Últimas Noticias y El Universal más tardaron en decir que no cambiarían su línea editorial que en incumplir su palabra. La censura es el pan de cada día. Los diarios han reducido sus páginas gracias a la falta de papel y divisas para importarlo. Otros han cerrado.

El régimen está débil. Está acorralado. Se siente débil y por eso hace lo que hace. Están raspando la olla porque se saben fuera. El país no aguanta más. La procrastinación se perpetúa. El paréntesis sigue abierto…

Golcar Rojas

Anuncios

La “guerra económica” en un carrito por puesto

porpuesto1

El viejo, oxidado y destartalado carro por puesto va impregnado de un repulsivo olor a carne y sangre de pollo recién beneficiado sin refrigerar. El nauseabundo olor se mezcla con el calor húmedo y bochornoso que entra por las ventanillas.

En la radio, se oye la monótona letanía de Nicolas recitando el discursito aprendido de la “guerra económica”.

“Hasta mil por ciento ganaban esos usureros. Son unos especuladores, estafadores apátridas que juegan con el hambre del pueblo. Un televisor que les costó 2 mil 500 bolívares lo venden en 16 mil… Yo no voy a permitir que sigan robando al pueblo, que sigan jugando con el hambre de los pobres…”.

Ya la cosa parece una cinta sinfin. Cuando uno cree que ha termiando, el tedioso discurso con el aburrido tono de voz de bobolongo queriendo aparentar carácter y determinación, vuelve a empezar.

Paralelamente, a mi lado, dos hombres, uno con dos grandes bolsas negras de compra de donde se desprende el hedor a pollo, conversa con el que va a su lado. Ambos se montaron en la parada de Las Pulgas pero yo no logro determinar si andan juntos, o son de esas personas que se conocen en una de las tantas colas que cotidianamente tienen que padecer y entablan una conversación.

Lo cierto es que, sin prestar atención a la perorata de Nicolás en la radio, entablan el siguiente diálogo:

Pasajero 1 (El de las bolsas de pollo): Yo vengo todos los días a comprar el pollo aquí en Las Pulgas porque hago almuerzos para vender a domicilio.

Pasajero 2: ¿Y es que ahí se lo venden a precio regulado?

Pasajero 1: No hombre, qué regulado. Me lo venden a 60 el kilo y a 120 el kilo de pechuga pero siempre es más barato que en la carnicería y no tengo que hacer las colas larguísimas del supermercado para que me vendan dos pollos nada más. Aquí compro más caro pero todo el que necesito.

Pasajero 2: ¿Y no se supone que eso está prohibido? Yo pensaba que esos dos jeeps de la Guardia Nacional Bolivariana que están allí era para vigilar que vendan las vainas al precio regulado.

Pasajero 1: Nooooo, qué va. Esos están allí porque el que tiene el negocio de la venta de pollos es un Guardia Nacional. Dicen que es el mismo que cobra vacuna en cada negocio para que los dejen vender tranquilos al precio que les de la gana.

Pasajero 2: ¿Cómo así? ¿Esos Guardias están ahí porque los comerciantes le pagan una vacuna a un militar? ¿Y por qué no los denuncian con otros Guardias para que los jodan?

Pasajero 1: Sí los han denunciado pero como que el militar que está detrás de todo es muy pesado porque vienen y, a lo que le dicen el nombre del tipo, se van sin hacer nada.

Pasajero 2: Por eso estamos como estamos y todo el mundo hace lo que le da la gana…

Pasajero 1: Aquí vos conseguís de todo lo que no hay en los supermercados y bodegas, eso sí, mucho más caro. El pote de leche lo venden en 220 bolívares, el Mazeite a 70, la Harina Pan en 40… Toda vaina a más de 5 o 6 veces del precio regulado. Todo con los militares ahí parados, “cuidando”…

Estoy próximo a llegar a mi parada. En el radio, oigo que Nicolás dice: “Nos están saboteando con la comida. Es una guerra económica. A los burgueses apátridas no les importan los pobres. Están jugando con el hambre de la gente…”.

En el cielo, a lo lejos, veo una bandada de zamuros que vuelan en círculo. Los dos pasajeros siguen conversando del militar que maneja el negocio del pollo y la “Vacuna” en Las Pulgas, sin percatarse de que Nicolás está hablando de la “guerra económica” que está “librando”.

Yo llego a mi destino y me bajo con el sofocón húmedo del mediodía empegostado en el cuerpo y el olor a pollo sembrado en mi nariz, convencido de que, efectivamente, en este país, hay gente que juega y se enriquece con el hambre de la gente.

Venezuela en un cuadro

arte popular4

La depresión no pasa. Crece y se prolonga como crecen y se prolongan las colas y los comercios asediados, acosados por un régimen empeñado en acabar con toda iniciativa productiva.

Uno trata de evadirse pero la realidad lo persigue. Se conecta a las redes para desconectarse, sale a pasear, trata de no pensar en esta absurda y cruel realidad que nos ha tocado vivir pero no hay manera. Cuando juegas con fotos para no pensar y subes una de amor y amistad al Facebook, la realidad se te cuela en un link a un triste video de un comerciante árabe que llora mientras es detenido tratando de explicar que no puede vender su mercancía calculando el dólar a 6,30 porque la compró con dólar a 60,00 y, muy probablemente, tendrá que reponerla con dólar a 68,00, si es que decide continuar con su negocio.

El paseo se convierte en una tortura, las colas se dispersan por todas partes. La gente parece agua que se desborda. A las ya acostumbradas hileras de gente frente a supermercados para tratar de pescar un kilo de leche o un litro de aceite, se le suman la nuevas, las desatadas al grito de “¡Que no quede nada en los anaqueles!”. Frente a las tiendas de electrodomésticos, frente a Traki, a Zara, a Epa… el río de gente en frenética onda consumista se reúne para aprovechar la rebatiña. Uno no deja de sorprenderse ante semejante furor consumista propiciado por un régimen que se autocalifica como comunista.

La locura consumista desatada por el desafortunado llamado de Nicolás Maduro es tal, que la gente ni siquiera se percata de que, en muchos casos, están haciendo colas de hasta cinco horas para comprar al mismo precio que estaba la mercancía antes del desatino de Nicolás. Otros, después de horas en la hilera entran con 10 mil bolívares a pretender comprar un aire que está en 18 mil. Dan una vuelta y salen con las manos vacías y la decepción y el cansancio en el rostro.

“¡Que no quede nada en los anaqueles!” resultó ser la mejor promoción, el mejor slogan, que le pudieron haber hecho a muchos comerciantes. Sus anaqueles quedaron vacíos sin bajarle ni un bolívar a sus productos.

Junto a los engañados y los ilusos, se apuestan a las puertas de los establecimientos los aprovechadores de siempre. Esos que ven en este festín la gran oportunidad de hacerse con arte popular7mercancía a precios de gallina flaca para luego aprovechar de revenderla a precios de oro cuando la escasez que se avizora haga su entrada triunfal y el mercado negro en ciernes se termine de configurar. Otros, compran para llevar esa mercancía a Colombia y obtener millonarias ganancias con poco esfuerzo. Solo unas horas de cola y una buena mordida a los Guardias de la frontera. Muy poco esfuerzo para tan jugoso negocio.

Definitivamente, la evasión no es posible. Por donde uno meta la cabeza, la realidad lo cachetea con fuerza. Una imagen de una torta de chocolate y fresas en Facebook, colgada para endulzar el triste día, termina siendo un rosario de lamentaciones sobre política.

La vecina me cuenta que a muchas de las empresas que hoy obligan a vender a precios rebajados, según lo contó alguien cercano al régimen, efectivamente recibieron divisas a precios preferenciales. Nada nuevo en realidad. Todos sabemos como muchos empresarios terminaron adquiriendo dólares preferenciales a través de empresas de maletín, en contubernio con gente del régimen que se llevaba su buena tajada por adjudicar esos dólares. Ninguno de esos dueños de empresas son los que están detenidos en este momento. Solo los gerentes y encargados de las tiendas parecen tener que responder con la privativa de libertad. Todo hecho arbitrariamente, obviando la presunción de inocencia y el debido proceso. ¿Acaso esos gerentes y encargados de tiendas fueron los que se enriquecieron con las divisas preferenciales?

Llego a mi casa, aturdido luego de una semana agobiante de depresión y angustia y solo da vueltas en mi cabeza la imagen de un cuadro de Nabor Terán que vi en el Centro de Arte de Maracaibo, Lía arte popular5Bermúdez.

Fue el 24 de octubre, día de fiesta y asueto regional. En las salas altas del CAM, se exhibían las piezas de la colección del Museo de Arte Popular Salvador Valero de Trujillo. Una interesante colección con lo más representativo de la imaginería popular venezolana. Una delicia de exhibición en la que la imagen de “La revolución por la torta en Venezuela”, de Terán, una pieza ensamblaje en relieve de 2002, se quedó fijada en mi mente como una alegoría de la Venezuela actual y que en estos días de delirio consumista “revolucionario”, me asalta a cada instante.

Vi la obra de Terán, justo después de un desagradable recorrido por la nave central del Centro de Arte donde se desarrollaba la Fería del Libro, un evento que repugnaba por la palurda propaganda del régimen que abundaba por todas partes con afiches de Nicolás y del difunto dispuestos en los paneles de los stands. Una vergonzosa muestra de la viveza de quienes detentan el poder.

El cuadro de Terán, en ese contexto, resultaba aún más elocuente de lo que de por sí es: En la parte inferior central, se ubica un pastel. A sus lados, una hilera de roedores negros con boinas rojas y manchas blancas, a la izquierda. Otra hilera, de ratas blancas con banderines, a la derecha. Ambos grupos se ven dispuestos a atacar a dentelladas, sin compasión, el pastel en medio de la calle. En la esquina superior izquierda, un hombre solitario -¿tú? ¿Yo? ¿Bolívar?- de espaldas a un ave se pregunta: “Dónde están presos los corruptos”.

Del lado de las ratas negras con boinas rojas, un texto reza: “Quién pudiera comer uvas y no clavos… Tenemos manchas blancas porque el cáncer se pega…”.

Leo  la inscripción y corro una vez más a ver la fecha de la realización del cuadro: “2002”, diez arte popular6años antes de que nos enterásemos que Chávez, el padre de todo este desastre, moriría de la fatal enfermedad. ¿Una premonición?

Entre el pastel y las ratas blancas con banderines, otra inscripción reza: “¿Ustedes quieren la patria o la torta? ¡La torta! ¿Por qué? por ella somos millonarios a costas de mentiras nosotras vivimos felices. Cuando se muere un tonto, nace un penal… ¡Sigan botando!”.

Es arte popular. Es arte ¿ingenuo? Es un cuadro desgarrador que nos retrata tan literalmente que no puedo dejar de pensar en él con la piel erizada cuando veo lo que nos pasa y avizoro lo que nos vendrá.

Daka, el rostro de la miseria humana

venezuela
Lo de Daka no se me sale de la cabeza. Es como una idea fija. Como una obsesión. No puedo evitar pensar en esas caras de alegría de la gente saliendo con cajas que no podía ni cargar, en los vidrios desplomándose ante la arremetida de la poblada, en Nicolás diciendo en cadena “¡Que no quede nada en los anaqueles!”.

Daka removió cosas dentro de mí, hizo que, una vez más, me pregunte ¿De qué materia está hecho el venezolano? ¿Siempre hemos sido así o los últimos 15 años nos han tranformado?

Veía los videos y no podía dejar de pensar en la Bobulina, en esa terrible escena de Zorba, El Griego, en la que mientras la mujer agoniza en su lecho de muerte, las viejas arpías entran a todos los rincones a saquear cualquier trapo, cualquier adorno, cualquier baratija. Nadie se preocupa por la moribunda, todos están poseídos por la avaricia.

Como cuando, hace pocos meses, el hombre del camión de cervezas agonizaba en su vehículo volcado mientras la gente solo se afanaba por recoger botellas como botín. Nadie le dio atención, a nadie le importó su vida. Lo único que contaba era el momento de rebatiña.

Pero eso no es lo peor. Lo que me retumba en la cabeza es las explicaciones que he leído de algunos, bien para acometer el saqueo, o bien para justificarlo.

Dicen esos: “Eso fue pactado con los dueños”. “Bien hecho que los saqueen porque esos carajos son chavistas”. “A ellos los saquearon como ellos saquearon el bolsillo de la gente con su usura”. “Ellos recibían dolar Cadivi y ponían los precios a dolar paralelo”. “El dueño de Daka es Diosdado Cabello, bien hecho que lo saqueen”…

Leía y pensaba en Franklin Brito. En ese hombre que murió de inanición reclamando justicia sin que el país se inmutara. Venezuela contempló como un hombre de más de un metro ochenta de estatura y mas de 100 kilos se convertía en un saco de huesos cubiertos por la piel venezuela8como quien ve una película animada de Tim Burton. Tal vez, la película remueva más sentimientos en los venezolanos que la visión de un hombre que ante sus ojos se convertía en un remedo de ser humano. Todo después de haberse amputado un dedo y haber tratado por diferentes medios de ser oído, de tener acceso a la justicia,  que su reclamo fuera escuchado.

Cuando Franklin Brito hacía su huelga de hambre, algunos amigos decidieron no hacer nada para apoyarlo porque “eso se lo había buscado él”.

Unos decían que no iban a meterse en eso porque todo obedecía a un problema de faldas. Supuestamente, Brito se había metido con la mujer de alguien del gobierno y éste le estaba pasando factura.

Otros sostenían que no moverían un dedo por el agricultor porque él se había robado parte de esas tierras, había corrido los estantillos unos metros apropiándose de una gran extensión de terreno que no le pertenecía.

En fin, en el caso de Franklin Brito, como en el de Daka, todos parecían tener una razón para no actuar. Para no pronunciarse. Para no pedir justicia. Para justificar la falta de solidaridad.

Nadie parece ponerse a pensar que los que nos pronunciamos en ambos casos, como en muchos otros, no estábamos ni estamos defendiendo a una persona. No se trata de “los dueños de Daka”, -que a lo mejor es cierto que viven en Panamá felices o, seguramente tienen seguros que les pagarán sus pérdidas- ni se trataba de Franklin Brito, el posible ladrón de tierras. Se trata de JUSTICIA.

Se trata de que hay un sistema legal y de justicia al que los ciudadanos deberíamos sentirnos con el derecho y el deber de acudir cuando sintamos que nuestros derechos están siendo venezuela5conculcados y que ese sistema debería prestarnos oídos y darnos una justa y satisfactoria respuesta. Se trata de que las sociedades tienen un estamento jurídico al que se debería acudir para dirimir los conflictos.

Si los dueños de Daka cometieron un delito, quienes los acusan están obligados a demostrar por la vía legal y de la justicia que ésto fue así. Si Franklin Brito reclamaba justicia, el Estado debió atender su reclamo y darle un tratamiento justo. En ambos casos debería prevalecer la presunción de inocencia hasta que quienes acusan demuestren la culpabilidad.

Lo que no se puede permitir sin inmutarse, sin levantar un dedo, sin hacer escuchar aunque sea una voz de protesta, es que Franklin Brito muriera de inanición esperando por la justicia, ni que una poblada enardecida salga, al grito de “¡Que no quede nada en los anaqueles!”, a derrumbar vidrios, saquear y llevarse hasta los puntos de venta. Y menos aún podemos ser indiferentes ante imágenes y videos de miembros de la policía y la Guardia Nacional participando de esos saqueos.

Es allí donde el gentilicio duele, donde yo siento que el 8.036.631, ese numerito que acompaña mi cédula de identidad de ciudadano venezolano, comienza a desvanecerse. Es en el momento venezuela3cuando veo gente robando alegre un televisor plasma de un tamaño que posiblemente ni cabrá en su casa, cuando veo que la ley que impera es la del más fuerte y el más arrecho, es entonces cuando el pasaporte quiere convertirse en una visa y en un papelito de residente de cualquier país donde me den las más básicas y mínimas garantías de que, al momento de requerir justicia y legalidad, el Estado estará en capacidad de darme a mí y darle a todos los ciudadanos esa justicia y esa legalidad.

Mientras escribo esto, me asomo a la calle y me invade la tristeza, la desesperanza. Unas inmensas ganas de llorar me nublan las pupilas. A pocos pasos de donde me encuentro, hay una cola de gente esperando para cargar con lo que pueda en una tienda de electrodomésticos venezuela6de un amigo. Como zamuros ante la carroña se acumulan a la puerte de Mega Hogar.

Una amiga me cuenta que parece que ya acabaron con Imgeve. Que, supuestamente, la Guardia Nacional terminó poniendo la mercancía en la calle para que la poblada se la llevara. No sé que tan cierto sea, pero las ganas de llorar no pasan. Un señor comenta que en Los Plantaneros saquearon un local de repuestos de automóviles y mi gentilicio, una vez más, sufre un desvanecimiento.

Mis interrogantes sobre la naturaleza ética y moral del venezolano, me abruman. Hacen que me duela la cabeza. El nudo en el estómago es una punzada en la nacionalidad. Creo que nunca terminaré de comprender cuáles son los sentimientos  que mueven a mis compatriotas. No sé qué hace que todo termine siendo una exhibición de las miserias humanas. Venezuela es una inmensa e indefensa Bobulina. Las arpías acechan. Esperan una mínima señal.

No conozco a los venezolanos. Desconozco lo que nos mueve. Pero tengo la certeza de que el régimen sí nos conoce al militmetro. Sabe cuáles teclas tocar para que emanen nuestras miserias. Y lo hace cuando más le conviene.

Hay gente que piensa que el régimen quiere generar violencia y caos para suspender las elecciones. Yo creo que no se llegará a la violencia descontrolada. Todo es medido y calculado. Los policías y la Guardia Nacional se encargan de eso. Para suspender elecciones solo les venezuela7bastaría una llamada, una orden al CNE.

Lo que quieren es garantizarse el voto de esos que hoy saquean a mansalva. Quieren hacerles creer que el régimen los cuida y protege. Parece que para estas elecciones, la caja chica de Pdvsa ya no alcanza para ir con cheques en blanco a comprar electrodomésticos y llevárselos a la gente para comprarles el voto. No hay dinero. La forma de darles eso, a lo que los tienen acostumbrados a cambio de su voto, es mandarlos a saquear.

Al final, estoy más convencido que nunca que no se trata de Daka, ni de Brito. Se trata de mí. De ti. De nosotros. ¿A quién acudiremos cuando nos toque el turno? ¿A quién, cuando vengan por nosotros? ¿A quién acudirás cuando vengan por ti?

Lloro…

Esto no pinta nada bien…

racionamiento

Esta foto que circulaba por twitter me produjo cierta suspicacia. En la imagen se ve la pantalla de un computador en la que se lee:

“El cliente ya ha comprado el límite diario establecido para productos regulados.

Comuníquese con el Supervisor de Caja para realizar la anulación del producto”.

Y en letras rojas, mayúsculas sostenidas, especifica:

“LECHE SABANA SOBRE 900GR”

Al preguntar sobre la fotografía, me dijeron que correspondía a un supermercado de una red de Maracaibo cuyos propietarios son chinos.

“Nicolás se va a tener que hacer un collar con las bolas que le está parando Arias Cárdenas a su orden de suspender el racionamiento”, fue lo primero que pensé al observar la imagen e, intrigado, le pasé un mensaje de texto a mi amiga supervisora de supermercado, cuyos buenos oficios, durante bastante tiempo me han evitado tener que hacer las infernales colas para adquirir los productos que escasean desde hace ya más de 3 o 4 años en Maracaibo.

YO: “Hola. Cuéntame algo ¿Es cierto que empezó a funcionar la vaina del racionamiento y que aparece en pantalla que ya el cliente compró ese producto y que el cajero se dirija al supervisor para anular la venta?

ELLA en una seguidilla de mensajes: “¡Hola, Golcar! ¡Eso del racionamiento por sistema lo tenemos desde hace mucho tiempo! Piden cédula, pasan una cantidad, dependiendo del producto, y si pasas otra vez, el sistema avisa que ya compraste. ¡Por eso tus primos goajiros tienen varias cedulas!”

“No te he llamado para que vayas a buscar productos porque se está formando mucho mollejero y ¡no me dejan guardar mercancía! Hoy tuvimos que esperar a la Guardia Nacional para abrir porque  querían meterse y ¡hasta ofrecieron quemar la tienda! ¿Qué tal? Mañana llega harina y aceite, por si quieres comprar y conocer “la patria nueva”.

YO: “Gracias a ti todavía tengo aceite y harina, así que puedo retrasar un poco el placer de conocer “la patria nueva”.

Pero, dime, entonces, no es que está la red de supermercados conectada como decía Arias que harían. Es solo bloqueo para comprar en el mismo supermercado. ¿Todavía podrían ir a comprar en otro lado? “

ELLA: “Solo si compras en el supermercado, ¡por ahora! Y puedes comprar todos los días. Pero, en “Bicentenario”, ¡solo puedes comprar 2 veces a la semana!

Efectivamente, lo de los abastos Bicentenarios, los antiguos Supermercados Éxitos expropiados por el difunto Chávez,  ya lo sabía porque un amigo que trabaja allí me lo había contado, cuando, con mucha ira, me contó también que si alguna persona quería comprar un electrodoméstico allí, tenía que pagarlo y luego pasar por el Core 4 (Comando Regional número 4 de la Guardia Nacional) con la factura para retirarlo.

-Se armaba tal verguero y se robaban tantos aparatos que fue la única forma de medio controlar la situación. Dijo rojo de la rabia.

En conclusión, la imagen que corre por la red no es nada nuevo. Es continuación de lo que venimos padeciendo desde enero de 2011, cuando lo denuncié en indignado en mi artículo “Metamorfosis de una Cédula de Identidad”.

Fue a partir de esa fecha, cuando se oficializó el racionamiento de productos alimenticios por medio de la cédula de identidad. Anteriormente, quedaba a juicio del supervisor del supermercado, del cajero y, en algunos casos, hasta del portero, la cantidad de productos que un cliente podía comprar  por vez.

Al principio, el usuario iba y le permitían comprar, por ejemplo, 4 kilos de azúcar, entonces, volvía a hacer su cola y podía adquirir 4 kilos más y así hasta que obtuviera lo que necesitase. Pero a medida que el estado expropiaba empresas productoras, haciéndolas fracasar,  y la producción en el país iba decayendo, el abastecimiento de los productos básicos iba en descenso, los controles se iban haciendo más rígidos, en lugar de 4 por persona se bajó a dos, y a partir del 2011, se empezó a utilizar el número de cédula como libreta de racionamiento para bloquear a los usuarios que ya habían adquirido algún producto.

Lo demás es historia patria y conocida. La escasez, el desabastecimiento y el racionamiento se empezó a sentir también en el centro del país. Ya no era solamente en los estados fronterizos y del interior, sino que la situación cobró forma de problema racionamiento1nacional y empezó a ser noticia lo que hasta entonces no era más que murmullo en las redes sociales. El escándalo del papel tualé hizo que el mundo entero se enterara de la grave crisis venezolana y, no sin cierta sorna, los medios internacionales daban cuenta de un pobre país petrolero rico en el que la gente no conseguía en los supermercados ni papel higiénico, jabón o pasta dental.

A todas estas, el régimen nunca tomó en cuenta las denuncias de la escasez que estaba atravesando el interior del país. Las empresas en sus manos cada vez producían menos y en varias oportunidades fueron muchas las toneladas de alimentos importados por el gobierno que se pudrieron, sin que nadie diera una explicación creíble y mucho menos que se determinaran responsables.

El Socialismo del Siglo XXI se hizo oídos sordos a toda la problemática y en ningún momento se molestó en buscar una solución mientras que el ritmo de desaparición de los productos en los anaqueles se aceleraba a diario.

Para quienes trabajan en los supermercados, lo que en un tiempo fue un trabajo tranquilo y placentero se les fue convirtiendo en un infierno. Cajeros, supervisores, miembros de seguridad y hasta los gerentes de los establecimientos vieron como sus trabajos dieron un vuelco y hasta riesgoso llegó a ser su empleo.

Pero no solo ha sido un suplicio para los trabajadores de supermercados, los dueños restaurantes y comiderías y quienes viven de producir comidas caseras se ven cada vez más impedidos para obtener la materia prima con la que trabajan y el racionamiento no les allana para nada el camino. Sin mencionar el acoso del que han sido objeto los propietarios de los supermercados tanto por parte de los organismos del Estado que los multan y cierran cada vez que se les antoja, como por la industria del secuestro para la cual han pasado a ser apetitosos objetivos. Hasta presos por supuesto acaparamiento han ido a parar algunos, quienes tienen prohibición de salida del país y mantienen régimen de presentación.

Todo esto va haciendo que la olla de presión del desabastecimiento de alimentos básicos y de productos de higiene personal cada día se “sobrecaliente” más, por utilizar un término recientemente usado por Nicolás para referirse al tema.

Esto no pinta nada bien. Lo que se ha recalentado no es precisamente el consumo, como mal dijo Maduro. La que cada día parece estar más recalentada es la paciencia de la gente que ya empieza a dar muestras de desespero. Es que cuando se juega con el hambre de un pueblo, no se sabe cómo puedan terminar las cosas. En todo caso pueden terminar, si no muy mal, peor.

Ya ha habido heridos en las marabuntas que en diversas zonas del país se han formado cuando llegan productos. En las largas y exasperantes colas para la compra de productos, vigiladas por Guardias Nacionales armados de fusiles, los ánimos están cada vez más caldeados y mi día, que comenzó con la aparición de la foto de marras, termina con este video de un barrio de Maracaibo, un sector de escasos recursos de la ciudad, donde una poblada desesperada, rompió el candado de un camión que iba a descargar alimentos en el supermercado y saqueó la mercancía.

La escasez dejó al Socialismo del SXXI con el culo al aire y sucio

Foto de José "Cheo" Nava

Foto de José “Cheo” Nava

En enero de 2011, escribí el texto que reproduzco a continuación. Entonces, empezaba a sentirse en el interior del país los efectos de la destrucción del aparato productivo del país, de las políticas de control indiscriminado de precios y de las caprichosas expropiaciones.

Como en un cuento surrealista, los habitantes de estados como Mérida, Táchira y Zulia, de un momento a otro empezamos a sufrir las consecuencias del Socialismo del Siglo XXI impulsado desde Miraflores y comenzamos a padecer la escasez de productos básicos como aceite de maíz y de girasol, leche en polvo y líquida, y azúcar.

Era el anuncio de lo que vendría más tarde. Todos veíamos venir el lobo pero, en el fondo, seguíamos incrédulos y decíamos “No vale, yo no creo”.

Algunas personas en el centro del país, no daban crédito a lo que escuchaban de la escasez de productos básicos de alimentación en el interior y se sorprendían cuando leían textos como el que publiqué en ese momento.

Pero la escasez fue in crescendo. Al punto que la gente en Caracas un día llegó al supermercado y se consiguió con avisos en los anaqueles que anunciaban: “Harina PAN, 4 paquetes por persona”. Las fotos de los anuncios comenzaron a circular por las redes sociales, mientras que en el interior acusábamos la más fuerte escasez de productos alimenticios, a los que se fueron sumando los largamente anunciados –siempre con el “No vale, yo no creo” – productos de aseo personal como pasta dental, jabón de baño y papel tualé.

El tiempo nos fue dando la razón a los “profetas del desastre”. La situación se fue agravando en el centro del país y haciéndose insufrible en el interior. Al punto, que llegamos a recorrer hasta tres supermercados en busca de jabón de baño, papel higiénico o azúcar sin lograr conseguir ninguno de los dos. La escasez dejó al Socialismo del SXXI con el culo al aire y sucio. Cuando llega algún producto la voz se riega como pólvora y son muchos los videos y fotos en la web que dan cuenta de las colas, alborotos y hasta peleas que se producen en los establecimientos en el afán de la desesperada población por hacerse con un pollo, un kilo de harina o un paquete de papel higiénico.

Por todo el mundo circulan informaciones que avergüenzan a los venezolanos habitantes de un pobre país rico. La lástima y pena que hace años sentíamos los venezolanos por los ciudadanos cubanos a quienes les enviábamos afeitadoras, velas y jabones cada NYvez que podíamos, ahora la generamos nosotros ante quienes asombrados envían periodistas a hacer reportajes sobra la dramática situación por la que atraviesa Venezuela.

Pero, lo peor es que el gobierno no parece dar pie con bola ante la problemática. No hace más de dar palos de ciego y patadas de ahogados sin llegar a entender que la solución está en reactivar el aparato productivo destruido a propósito en estos 14 años. Lo más cercano a una razonable medida que se encamine a solucionar el problema fue la reunión sostenida entre Nicolás Maduro y Lorenzo Mendoza. Reunión que surgió más por una bravuconada del primero, quien en tono amenazante citó a Mendoza para “decirle cuatro verdades”, que por un verdadero interés en resolverle el problema de desabastecimiento a la población. Al final, las cuatro verdades terminaron siendo casi que una súplica al empresario para que lo ayude a salir de este atolladero al que han llevado a Venezuela las políticas socialistas del régimen.

Da risa la declaración del oficialismo de que importarán 50 millones de rollos de papel tualé para abarrotar el mercado del desaparecido producto. ¡50 millones de rollos! En una población de casi 30 millones de habitantes, equivalen a unos 2 rollos por persona. 50 millones de rollos de papel higiénico no llega ni a la mitad del los 125 millones de rollos que se consumen mensualmente en Venezuela.

Mientras tanto, algunos oficialistas como el gobernador del Zulia, Arias Cárdenas, no terminan de entender que la escasez y el desabastecimiento no se resuelven con amenazas ni represión. En un afán por aparentar que están “atacando el problema”, el

"Bachaqueros" en el lente de José "Cheo" Nava

“Bachaqueros” en el lente de José “Cheo” Nava

régimen arremete contra los buhoneros y los llamados bachaqueros que consiguieron en la reventa de los productos escasos un buen filón para obtener ganancias económicas. Decomisan mercancía de los buhoneros, hacen allanamientos a locales comerciales, detienen a empleados de supermercados al tiempo que amenazan con más cárcel a otros,  pretendiendo poner fin a la crisis sin terminar de entender que solo se acabará la escasez cuando se reactive la economía y la producción.

Esos decomisos, incluso, podrían llegar a empeorar el problema pues la población ya no contará ni siquiera con el acceso a los productos escasos en el mercado informal, aunque tuviese que pagarlos hasta el triple de su valor. Al no contar con esa válvula de escape, todos tenemos que terminar en una larga cola para abastecernos. Interminables filas de gente enardecida de las que ya han salida varias personas heridas.

Y, el gobernador, corona su declaración, señalando que buscarán un mecanismo para evitar que la gente compre dos veces los productos desaparecidos y que “apresarán a quienes lleven gente a comprar en mercados”. Evidentemente, Arias Cárdenas no ha pasado desde hace mucho por un supermercados donde, desde hace más de dos años, la cédula de identidad funciona como una tarjeta de racionamiento con la cual se limita el acceso de la población a los productos escasos, lo cual dio origen al artículo que reproduzco a continuación.

METAMORFOSIS DE UNA CÉDULA DE IDENTIDAD

Todos los viernes voy a un mercadito itinerante a hacer la compra semanal de frutas y verduras. Allí acude mucha gente, incluyendo guardias nacionales y policías o sus familiares. La mayoría de los que llegan a vender sus productos allí son fieles seguidores del Presidente Chávez y de su revolución.

Ser simpatizante del proceso no es obstáculo para vender los productos que escasean al triple del precio estipulado

Uno de los más furibundos adeptos del “proceso” es el que tiene un puestico donde venden especias y granos. Además vende mercadoqueso, huevos y, adivinen qué, ¡azúcar y Mazeite! Si, dos de los productos que más escasean en los anaqueles de los supermercados, allí son constantes. Si quiere azúcar puede adquirir 3 kilos por 20 bolívares y el litro de aceite de maíz o dos frascos de 400 cc por 15.

Al ver al vendedor con su franela de la “Misión Ribas” y su gorra roja de militante del partido oficialista, ofreciendo los productos a un precio que casi triplica al regulado por el gobierno, no puedo dejar de preguntarme a dónde va a parar toda la habladera diaria, por largas horas en cadena de medios, del líder máximo de la “revolución bonita”.

Pero de todas las distorsiones que vivimos los venezolanos actualmente, tal vez la más aberrante y humillante que puede haber para cualquier ciudadano de un país, fue la que presencié hace unos días en un supermercado, cuando por obra y gracia de la revolución, la cédula de identidad se metamorfoseó, ante nuestros ojos en tarjeta de racionamiento.

Me encontraba en el sitio, justo en el momento en que llegó un cargamento de leche, bueno, realmente, no era un cargamento, eran unas cuantas cajas con empaques de un kilo de leche en polvo que apenas alcanzaba para las personas que en ese momento nos encontrábamos en el local.

Como ya es habitual y no sorprende a nadie, la gente comenzó a aglomerarse alrededor del preciado y escaso tesoro. Se miraban unos a otros con caras interrogativas, todos querían saber cuántos kilos podrían comprar pero ninguno se atrevía a dejar su lugar para buscar a algún dependiente que le informara por temor de perder su lugar en la fila y que se acabara la leche sin poder comprarla. Por lo tanto, cada quien decidió agarrar dos o tres kilos que era lo que presumían que les permitirían comprar y se encaminaron hacia las cajas para cancelar.

Ya ubicados en la cola, una dependiente informó:

-¡Señores, sólo pueden comprar un kilo de leche por persona y deben mostrar al cajero su cédula de identidad laminada!

La cara de frustración de la gente era evidente, no sólo por el hecho de tener que dejar en la caja uno o dos de los paquetes de leche que había tomado y que no sabían cuándo volverían a conseguir, sino por la humillación de tener que presentar a un cajero de supermercado el documento de identidad que, en ese instante dejó de cumplir su función de cédula de ciudadanía para convertirse en una especie de tarjeta de racionamiento.

Al introducir la cajera el número del documento en la factura de compra, inmediatamente, quedaba registrado e identificado el comprador y, por consiguiente, el sistema computarizado, automáticamente, le impedía comprar otro kilo adicional, aunque volviera a hacer la cola, cómo ya nos hemos acostumbrado a hacer, si queremos comprar la cantidad de alimentos que consideramos necesaria para nuestra familia. Sencillamente, al introducir el número en la computadora, el sistema arrojaría la información de que ese usuario ya había adquirido el kilo de leche que le correspondía.

No sé si esto sucede igual en el resto del país con la leche, carne, café, azúcar, aceite, margarina, sardinas enlatadas, pañales y toallas sanitarias que, según las informaciones de prensa, escasean en toda Venezuela, pero en Maracaibo, utilizar la cédula de identidad como tarjeta de racionamiento se está convirtiendo en un hábito. Así ocurre en los antiguos supermercados Éxito y, en algunas oportunidades, incluso, son militares los encargados de exigir el documento y de distribuir los productos. Al gobierno no se le ocurrió una manera más humillante de combatir el “acaparamiento” y la especulación de los revendedores.

Como siempre, los ciudadanos somos todos sospechosos de cometer delitos en esta revolución y nos vemos obligados a demostrar a cada instante nuestra inocencia. Así sucede con los ancianos que cobran una pobre pensión del Seguro Social que, por lo general, no les alcanza ni para comprar los medicamentos que necesitan mensualmente. No importa la condición de salud en la que se encuentren, en sillas de ruedas, con vías puestas en las venas para medicamentos, con bastones, con Parkinson o convulsiones, los viejitos se ven obligados cada tres meses a hacer cola en una prefectura para obtener la fe de vida que deberán presentar en los bancos para demostrar que están vivos y tienen derecho a cobrar su pensión de vejez. Cansado estoy de ver las resignadas colas de ancianos todos los meses en las taquillas de los bancos, como si no se pudiera idear una forma más digna de hacer llegar el dinero que por derecho les pertenece y de evadir los posibles fraudes que se cometen en el sistema. ¿Por qué una persona que entregó su vida al país se ve obligada a demostrar mensualmente, en el ocaso de su vida, que no es un delincuente para hacer efectivo su derecho a una pensión de vejez?

¿Por qué, yo, usted o cualquier otra persona tiene que ser sometida a la humillación de demostrar ante un cajero de supermercado que no somos acaparadores, ni especuladores ni revendedores de productos de primera necesidad?

Cuando uno va al centro de Maracaibo, como sucede en las otras ciudades del país, se consigue con chiringuitos de buhoneros en donde se venden los productos que escasean hasta a tres veces el valor regulado por el gobierno. Lo veo yo, lo ve usted y lo puede ver cualquier persona. ¿Cómo es que las autoridades no lo ven? ¿Por qué no toman las medidas legales pertinentes contra esos revendedores? He visto a guardias nacionales y policías comprando en esos sitios sin que se les ocurra siquiera hacer algún reclamo al vendedor.

En los puestos de los buhoneros están los productos, en los supermercados tienen completamente identificados a quienes compran grandes cantidades de leche, azúcar, aceite y margarina para revenderlo con un valor triplicado. ¿Por qué tiene uno, ciudadano que trabaja para tratar de cubrir sus necesidades básicas y paga sus impuestos, que verse en la humillación de demostrar a cada instante que es honesto?

Algo muy malo debimos haber hecho los venezolanos para merecernos ser siempre sospechosos y vivir lo que estamos viviendo o algo muy equivocado debemos estar haciendo o dejando de hacer para que las cosas ocurran cómo están ocurriendo sin ser capaces de detenerlas o corregirlas.

¿Será que estoy paranoico?

IMG-20130416-11878Pensé que la noche del 15 de abril para el 16, dormiría profundo y descansaría plácidamente luego de haber tenido una tensa y larga noche esperando los resultados y de haber pasado un intenso día de protestas, tensión, emociones y descargas. Estaba seguro que dormiría como un bebé al no más poner la cabeza en la almohada.

Pero en mala hora se me ocurrió poner VTV ya cerca de la una de la mañana, antes de dormir.

Lo que había en pantalla era una transmisión de terrorismo de estado. Las “informaciones” y reportes que transmitían parecía un parte de guerra. Hablaban de muertos en varias partes del país. De sabotajes y atentados. Varios gobernadores aparecían por teléfono dando terroríficos reportes de supuestos hechos de violencia sucedidos en sus localidades. Por supuesto, todo mostrado con la más evidente manipulación y mala intención y atribuyendo los hechos vandálicos a la oposición que desde que se dieran los resultados electorales no ha hecho más que exigir un reconteo de los votos que demuestre que ese resultado dado por el CNE se ajusta a lo que los votantes expresaron en las urnas.

Inmediatamente, mi mente escuálida y cochina, sospechó que todo se trataba de lo que en el argot periodístico se llama “montar una olla”. Es decir, anunciar supuestas informaciones como ciertas y sin mayores evidencias, con la única finalidad de ir generando una matriz de opinión que justifique, más tarde, cualquier acción al respecto. Ya en Venezuela estamos curados con esas actividades muy típicas del régimen castrista y del G2 cubano. Generan una matriz de opinión, hacen todo un abono periodístico de lo que a ellos les interesa para después arremeter contra líderes políticos o de opinión, basados en las informaciones supuestas que ellos mismos forjaron.

izarraLa pantalla de VTV era una transmisión de guerra y, entre anuncios de muertos, destrozos y atentados iban intercalando amenazas y atribuyendo culpas a la oposición que desde el domingo reclama que nos demuestren que nuestros votos realmente eligieron al presidente que en la tarde proclamó el CNE.

Para tratar de distraerme, abro el Facebook y encuentro que en el muro de una amiga que vive en las Residencias San Martin, los edificios que se encuentran detrás de la sede del CNE y donde se encontraban en protestas estudiantes zulianos pidiendo el reconteo de los votos y la verificación de los resultados, pone: “Balacera cercanías CNE Maracaibo”.

Casi al mismo instante me llegó un mensaje de pin: “Hay dos muertos en el CNE”.

Inmediatamente, salté al twitter a ver que me encontraba. Luego del terror visto en la pantalla de VTV, me resistía a pensar que el estado de facebook de la amiga y el pin de la otra amiga, a quienes conozco por serias y confiables, fuesen bromas de mal gusto. Aunque en el fondo lo deseaba. Empecé a recorrer el Timeline y de pronto, veo un tweet que dice:

“Con muerto y todo!!! Aqui en el cne de maracaibo.. Quien es el muerto? De los tupamarus”

Ponía un link a una confusa fotografía en la que se distinguía un lugar acordonado, policías y un cuerpo en el suelo.

Ya el sueño se me había ido al diablo. Sigo leyendo el Twitter y consigo una información relacionada con lo sucedido cuyo título ponía: “Ataque de Tupamaros a estudiantes en el CNE Zulia dejó dos muertos y 6 heridos”.

Leo la información que da cuenta de que un grupo de tupamaros se acercó al lugar para atacar a los estudiantes y la Guardia Nacional mató a dos de los atacantes al defender a los muchachos.

Ya la cosa empezaba a tornarse en película de terror en mi cabeza. Una punzada me taladraba el entrecejo. A pesar del cansancio, por la impresión de las informaciones sabía que no podría conciliar el sueño con facilidad. Sigo leyendo tuiter y me encuentro con una captura de pantalla de un tuit de Andrés Izarra que decía: “A nada le temen más esas hordas fascistas dirigidas por #CaprilesFascista que a los motorizados del pueblo. Habrá que organizar algo mañana”. 10:30 p.m. 15 abr 13

Y casi que a continuación veo un video grabado en la Circunvalación 1 de Maracaibo en la que una patrulla de policía de la alcaldía oficialista de San Francisco parece arremeter contra algunos manifestantes. Ya a este punto lo que me provocaba era hacerme una merengada de valium y meterme debajo de la cama. Parecía que estaba en marcha un plan de terrorismo de estado, al menos así lo sentía yo.

No dormí. Lo que hice las horas que estuve en la cama fue revolcarme de un lado a otro. Cuando el día clareó, me puse la almohada en la cara para evitar la luz que se filtraba por la ventana y que me producía ardor en los trasnochados ojos.

Finalmente me levanté. Me bañé y me vestí y a eso de las 10 de la mañana salí camino al CNE para acompañar la marcha que llevaría a la institución electoral el documento con la solicitud formal del reconteo de los votos, como sucedería en todas las sedes regionales del país.

IMG-20130416-11879El calor era aun más inclemente que el del día anterior. El cielo estaba despejado y los rayos del sol pasaban sin ningún filtro. Afortunadamente, esta vez tomé la precaución de ponerme mi gorra tricolor y cargar con un cooler con agua y hielo.

El lugar estaba a tope de gente y detrás de mí, seguía llegando más. Abundaban las pancartas que reivindicaban la protesta solicitando el reconteo y otras más jocosas e ingeniosas. A ratos, las pancartas y banderas eran utilizadas como parasoles para tratar de mitigar el calor y el ardor producidos por los inclementes rayos del sol del mediodía. Todos sudábamos y teníamos las caras y franelas empapadas de sudor pero seguía llegando gente.

Mucha gente joven, muchos estudiantes. Por parlante escuchaba a un estudiante decir: “Hacen falta mucho más que balas para acabar la esperanza de esta juventud”, y no podía dejar de pensar en las amenazas y el terror puesto en pantalla en VTV la noche anterior.

-No hemos dormido y no nos vamos a mover hasta que se logre el conteo voto a voto, dijo. Y empezó a relatar lo sucedido la noche anterior cuando los tupamaros, según dijo, enviados por el Alcalde de San Francisco Omar prieto arremetieron contra ellos.

-Omar Pietro desató una noche de cristales rotos con 5 dirigentes presos. ¡Cobardes!  Mientras otro estudiante aseguraba que “Nuestra conciencia ni se compra ni se vende”.

Uno de los oradores informó que el objetivo se había logrado y que el documento se había entregado al CNE. Pero la gente no tenía intenciones de moverse de allí y continuaban llegando más personas.

IMG-20130416-11885Llegó la hora en que yo tenía que abandonar el lugar. Pasaba de las 12 del mediodía y yo tenía que trabajar. Cuando emprendíamos el camino a donde habíamos dejado el carro, el ruido de un helicóptero nos hizo mirar al cielo.

Una nave rojita comenzó a volar en círculos sobre la manifestación. Volaba bajo, más bajo de lo que la prudencia indicaría pasando sobre los edificios. Los presentes comenzamos a pintarles palomas con las manos, quienes conocen del tema, aseguraron que se trataba de un helicóptero de la Alcaldía de San Francisco. Si, la de Omar Prieto.

Por un momento, llegué a pensar que la nave nos seguía a nosotros pues cambió de repente su ruta de vuelo y en lugar de dar la vuelta donde lo había hecho anteriormente en varias oportunidades, lo hizo sobre el lugar donde nosotros nos disponíamos a subir al carro.

Me daba la sensación de que el régimen de gobierno en Venezuela estaba transformándose violenta, rápida y vertiginosamente de una neodicatadura, a una dictadura clásica con toda la represión y persecución que eso implica.  Espanté esos pensamientos paranoicos con un sacudón de cabeza y me fui a trabajar.

El cuerpo daba señas del cansancio y un cierto malhumor comenzó a apoderarse de mí. Pensaba en VTV, en los tupamaros muertos, en el video de la Circunvalación, en el tuit de Izarra y la sensación de vivir bajo un régimen opresor no me abandonaba. Pensaba: “Cómo quisiera vivir donde un pueblo que protesta no es sospechoso de nada y donde la protesta no sea considerada como un atentado sino como un derecho, un reclamo que debe ser atendido”.”¿Será que estoy paranoico?”

Una foto que me enviaron por pin, daba muestra de francotiradores en los edificios aledaños al CNE: Vi un video que me enviaron de Mérida en el que unos motorizados oficialistas acosan a la gente y disparan y la cara de Tibisay Lucena se cruzaba por mi mente porque no podía dejar de pensar que  en sus manos está la pacificación del país. Solo bastaría con que ella acepte que se abran las urnas electorales y se cuenten los votos para que ambas partes del país vean satisfechas sus demandas. Yo quisiera saber si efectivamente mi voto eligió o no.

Traté de escuchar la rueda de prensa que ofreció Capriles pero, desafortunadamente, en el trabajo no tengo cable de televisión ni internet y, los medios públicos, tanto los oficialistas como los privados (Televen y Venevisión) no estaban transmitiendo. Durante todo el día el gobierno encadenó los medios en varias oportunidades y hasta los que no querían, tuvieron que oírlo. Pero quienes no contábamos en ese momento con Globovisión o CNN, no podíamos tener acceso a las palabras del líder. Allí es cuando uno se da cuenta que a un inmenso número de población que no tiene cable, lo único que reciben a través de sus pantallas es el discurso IMG-20130416-11850oficial. El discurso ese que monta ollas de terror como la que vi la noche anterior, que manipula, tergiversa y desinforma flagrantemente.

Por un ratito pude escuchar a Capriles porque tanto Televen como Venevisión se conectaron con la rueda de prensa, pero justo en el momento cuando Capriles comenzaba a mostrar las evidencias del fraude con las que cuentan y por las que exigen el reconteo, ambos canales dejaron de trasmitir. Para, completar, al poco rato, una cadena del oficialismo, tumbó la rueda de prensa de Henrique. Solo por tuiter logré tener acceso a lo que Capriles tenía que decirle al país, y pensé ¿Cuántas personas tienen cuenta en la red social? Pocas. Muy pocas.

En la noche, el cacerolazo sonó como nunca. La estrategia del régimen de convocar un cohetazo a la misma hora y pedir que sus seguidores pusieran la música a todo volumen para que silenciaran las protestas de las ollas, no surtió efecto. Mis vecinos chavistas ni se asomaron a la ventana, mucho menos poner música o explotar cohetones. La estación de Vive TV que queda cerca puso sus amplificadores de sonido al inicio del cacerolazo a todo volumen pero pronto se dieron cuenta que lo que hacían era contribuir con el ruido de la protesta y lo apagaron.

En esta oportunidad protestamos dentro de nuestras casas. Haciendo caso a los lineamientos dado por Capriles, no salimos a la calle para evitar. Ya a mí me había llegado información de que en el centro del país tenían preparados 3 mil motorizados para salir a amedrentar y no quisimos exponernos. Queremos reconteo de votos no perder la vida ni ser héroes.

Por la calle un carro rojo desconocido pasa lentamente, mirando hacia el balcón donde me encuentro con mi cacerola. Sigue de largo y al rato, vuelve a pasar. Pasa una tercera vez y no puedo evitar recordar los comités de defensa de la revolución cubana. La paranoia sigue subconscientemente. Pasan dos vehículos con una bandera roja oficialista y costosísimos equipos de sonido a todo volumen con canciones pro gobierno y las cacerolas se enfurecen más. Retumban con mayor pasión. Siguen de largo los dos autos…

Mientras termino de escribir estas líneas, siento que el cansancio me vence. El sueño es grande y los ojos me arden por el cansancio. El calor del sol recibido aun lo siento en el cuerpo. Creo que es hora de dormir. Esta vez, no pasaré por VTV.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Crónica de un 15 de abril

IMG-20130415-11784

Lunes 15 de abril. 7 y treinta de la mañana. Una punzada en la boca del estómago me despierta del sueño profundo. A pesar del esomeprazol tomado antes de dormir, mi úlcera acusa recibo de la angustia vivida el día anterior esperando los resultados electorales, la larga noche anterior.

A eso de las ocho de la noche del día 14, los mensajes que me llegaban, muchos de fuentes bien acreditadas, sostenían que el candidato oficialista ganaba en el más conservador de los escenarios, con un 4 por ciento por arriba y, otros, lo ponían con hasta diez y doce puntos de ventaja, reforzando lo que había empezado a ser una secuencia de rumores desalentadores desde las 3 de la tarde, cuando en medios franceses se hacían eco de la información suministrada desde el gobierno venezolano, donde daban unos supuestos resultados a boca de urna de las elecciones que sostenían que Nicolás Maduro ganaría con un 12 por ciento de ventaja.

En algún momento de la noche, los datos empezaron a revertirse y comenzaron a llegar cifras que daban cuenta de una ventaja de Henrique Capriles sobre el candidato oficial, con porcentajes que variaban desde un 2 hasta un cinco por ciento.

A pesar de mi reticencia a ilusionarme y sembrarme falsas expectativas, las informaciones tendían a mejorar y quienes en la tarde daban el peor escenario de derrota para la oposición, terminaban diciendo que todo estaba muy confuso y que los resultados estaban muy parejos. Ya poco antes de que la rectora diera, de manera apresurada, atropellada y rápida su alocución, en un tono de voz que delataba su susto y sin los consabidos regodeos lingüísticos institucionales que siempre la han caracterizado en esos actos, ya mis expectativas  se habían desinflado porque de gente muy cercana a Capriles me llegó la información que decía: “Los votos dan ganador a Capriles por poco margen pero no hay que hacerse ilusiones”. Esto me indicaba que las cosas no marchaban bien, como me lo confirmó la actitud de la rectora.

Cuando dieron los resultados “irreversibles” aseverando que el oficialismo obtenía la victoria con 0.6 por ciento de ventaja, poco más de 200 mil votos, pensé: “Eso habría que auditarlo voto a voto. Abrir todas las urnas, contar las papeletas y contrastarlas con las actas y los cuadernos de votación porque el margen es tan pequeño que, esa victoria, la podrían haber determinado los votos fraudulentos que siempre se ha sabido que existen en Venezuela. A saber, desde personas que votan con diferentes cédulas varias veces,  los llamados “multicedulados”, los votos de extranjeros cedulados de manera ilegal y a quienes se les permite el voto (cubanos, colombianos, chinos, ecuatorianos, peruanos, un importante número de personas que siempre se ha rumoreado les dieron documento identidad de manera ilegal), los votos “asistidos”, ese grupo de personas a las que obligan a votar por el oficialismo con una persona al lado para asegurarse de que ese voto sea por la opción que ellos indican y otros casos por el estilo, como fallecidos que aún se encuentran activos en el Registro Electoral, además del ventajismo evidente del oficialismo durante toda la campaña.

En ese momento recordé algo que escribí cuando en octubre muchas personas decían que Chávez había ganado con fraude. Allí decía yo: “Eso (la cantidad de votos fraudulentos) puede que llegue a 150 mil, 200 mil votos, seamos generosos con quienes sostienen la hipótesis del fraude, digamos que 300 mil, pero pretender creer que es por eso que ganó Chávez es iluso, simplista y cómodo.”.

Lo decía porque en una ventaja de un millón y medio de votos ese porcentaje  no era significativo. Pero en el caso actual, con tan escaso margen de diferencia, podría hacer que la balanza se inclinase a un lado u otro.

Cuando el rector Vicente Díaz dijo que a él le parecía prudente que con tan poca diferencia de votos, se hiciera una revisión profunda y un conteo voto a voto que despejase cualquier sombra de duda que la oposición pudiese tener con respecto al resultado, me pareció lo más oportuno. La paz del país y la aceptación sin dudas de los resultados, dependerían de eso. Como más tarde lo solicitaría Carpiles de manera serena y contundente y, como estaba dispuesto a hacer Nicolás, según lo dijo en su discurso en la madrugada, cuando dijo  textualmente: “Que las cajas hablen”, aunque después se desdijera inexplicablemente.

Me fui a dormir convencido de que se haría lo que debía hacerse para despejar las dudas, pues ambos contendores aceptaron el conteo voto a voto ante el país. Antes de acostarme, le dije a un amigo que estaba muy decepcionado con el resultado y con el país, y quien me manifestaba que se iría a limpiar pocetas en el exterior y que nunca más hablaría de Venezuela ni volvería a votar:

“Noooo. Capriles hizo lo que tenía que hacer. Hay que apoyarlo porque si mantenemos la energía en alto podemos lograrlo. Esa elección no aguanta una revisión seria. Hay que apuntar hacia allá. Ganaron con la diferencia fraudulenta. Esa que en un millón y medio de votos no decide pero en 250 mil sí. Esto creo que está a punto de caer y tenemos que apoyarlo porque sí se puede. Animo que está clareando. Fíjate que Capriles le robó las primeras planas de los periódicos del mundo, porque el mundo vio que hubo fraude. ¡¡Animo!! “.

Y lancé mis dos últimos tuit de la noche:

“Nos queda a los 7 millones y picote que elgimos a @Hcapriles apoyarlo en sus demandas. Amigo, esperamos línea. #fraudeenvenezuela”

No decaer. Si mantenemos la energía arriba lo lograremos @hcapriles presidente. #fraudeenvenezuela #gobiernomientrastanto”.

Cuando a las 7 y media me despierta el dolor en la boca del estómago, me hago el tonto. Doy media vuelta y trato de conciliar el sueño nuevamente pues había dormido muy pocas horas. En esas estoy bastante tiempo. La úlcera me despierta y el sueño vuelve a vencerme. Veo la hora. Las 10 y media. Enciendo el teléfono y encuentro que el pin está colapsado con mensajes y cadenas. La gente llama insistentemente a salir a la calle a protestar.

Desayuno, me baño y decido irme al trabajo haciendo caso omiso a los llamados a protestar. Hace tiempo que aprendí que no hay que atender a ese tipo de llamados porque en muchas oportunidades la gente lanza esas cadenas y, cuando uno llega al sitio, no IMG-20130415-11756hay nadie. Los guerreros de tuiter, facebook y cadenas de pin, lanzan sus mensajes sin molestarse en mover sus culos de las sillas. Ya muchas convocatorias habían resultado un bluff como para hacerles caso ahora.

Pero, voy en el carro con Cristian Espinosa, vía al trabajo, y decidimos acercarnos a la Plaza de la República, donde decían los mensajes que se congregaría la gente para marchar hasta el CNE.

¡Oh sorpresa! Desde lejos, vemos paradas frente a la plaza, dos unidades de la Guardia Nacional, muestra evidente de que la zona está siendo militarizada. Tomo una foto desde lejos, damos la vuelta a la manzana. Al cruzar, encuentro un grupito de Guardias Nacionales apostados en la acera de la avenida 5 de Julio. Les tomo foto y, al levantar la vista, descubro un río multicolor que se acerca por el medio de la calle. Banderas, gorras tricolores, pitos y pancartas se distinguen en la multitud. Las consignas se escuchan con claridad, “No tenemos miedo”, “Queremos la verdad”, “¡Fraude, fraude!”. Decido unirme a la marcha. Cristian sigue en el carro mientras yo marcho al CNE, en la avenida El Milagro. Por ningún lado vi, por cierto, a los guerreros del teclado, pero la marcha no era de menos de 3 cuadras de gente.

Llegamos a la intersección de El Milagro con 5 de Julio a eso de las 12 y media del día. Quienes conocen Maracaibo y saben de las altas temperaturas que registra la ciudad, pueden dar fe del sofocón y el calor que se experimentan a esa hora en la calle, con temperaturas que fácilmente llegan a 40 grados centígrados a la sombra.

La manifestación quedó parada en esa intersección. Un gran contingente de Guardias Nacionales y policías impedían que se avanzara más. Su orden era no permitir que los manifestantes se acercaran a las puertas de Consejo Nacional Electoral regional. Tanquetas militares y motos policiales  se encuentran frente a la sede del organismo, mientras en el lado opuesto, otro gran número de soldados tranca la otra parte de El Milagro.

El sol es inclemente. Los chorros de sudor nos cubren el rostro. Como salí de casa sin pensar en la protesta, no llevo ni agua ni gorra. Los brazos comienzan a sentir el sol abrasador y empiezan a tornarse rojos. Pero allí estamos, convencidos de que nuestro voto, el voto de más de 7 millones de venezolanos debe ser respetado y se debe hacer la verificación que demuestre la legitimidad de Nicolás Maduro a quien, contraviniendo lo pautado, anuncian que proclamarán como presidente en pocas horas.

Una chica que está a mi lado me dice:

-Yo no tengo miedo. Yo tengo 47 años y estoy dispuesta a todo. Ya estoy llamando a mis hermanas para que se vengan. ¡Coño, ellas tienen hijos por los qué luchar!

Me cuenta que un rato antes, un policía que pasó a su lado le dijo: “¡Ay, sí, muy valiente, te sueltan un cohete y te asustas!”, y ella le respondió: “Tu correrías antes que yo”.

Las consignas continúan. “¡Fraude, fraude!”, “¡Reconteo ya!”, ¡Somos estudiantes y queremos las verdad!, ¡Y va a caer, y va a caer, este gobierno va a caer!”… Una manifestante saca su cédula de identidad, la levanta al cielo y grita: “¡Soy venezolana y quiero la verdad!”, al poco rato, quienes la rodean sacan su documento de identidad, lo elevan sobre sus cabezas y corean la consigna.

La chica vuelve y me dice: “Es que no podemos dejarnos. A mí me llamó ayer un tío chavista y me dijo: ‘No celebres mucho que aquí estoy con 10 cédulas votando. Ustedes no ganarán. No volverán”.

Otra señora, de la etnia wayuu, me dice que ella es prima de una diputada, que ella sabe que su prima es una tramposa y que le dijeron que tenía una máquina de votación en su casa. Yo le digo que eso debe ser mentira, que no puedo creerlo y ella me mira a los ojos y dice:

-Ella es mi prima y yo sé que es una tracalera. Yo sí lo creo.

IMG-20130415-11801Ya siento un poco de dolor de cabeza por la deshidratación, un chico me ofrece agua de un botellón y tomo unos sorbos pero está caliente y la sed no cesa. Hago una larga cola para comprar un refresco. Empiezan a transmitir por parlantes la alocución de Capriles llamando a la calma. Pide que nos vayamos a nuestras casas. Convoca a las 8 de la noche a un cacerolazo y para mañana a una marcha de nuevo hasta el CNE.

La gente no se quiere ir. Al contrario, cada vez llegan más. Algunos comentan las fotos y videos que circulan en los que se deja constancia de la destrucción de material electoral por parte del oficialismo. Las cadenas de pin de los guerreros del teclado me colapsan el teléfono y no logro subir las fotos al tuiter. Les paso una cadena yo: “Salga a la calle o cállese. No más cadenas”. Cuando ya me tienen el “cirihuelo lleno de pepas” como dicen los maracuchos, les paso otra cadena a quienes llaman desde su sofá a manifestar: “Desde hace rato estoy en la calle. Defendiendo mi voto. Estoy deshidratado. No me pasen cadenas desde sus casas llamando a pelear. Y lo digo sin acritud”. Cristian y yo nos quedamos un rato más. Hasta que el ardor en los brazos ya no nos deja seguir allí. Nos vamos a la casa. Decidimos seguir las indicaciones de Henrique Capriles.

Cuando arrancamos en el carro, vemos que pasan frente a nosotros no menos de 3 tanquetas abriéndose paso entre el tráfico y la gente que viene llegando a la manifestación. Pienso: “¿Por qué tanto despliegue militar para amedrentar a una población que está manifestando pacíficamente? ¡Ojalá el gobierno tuviera esa disposición y eficiencia para enfrentar a los delincuentes!,  al hampa que “está con Maduro”, según rezaba una pancarta en el cierre de campaña del candidato oficialista en el que hubo varios muertos. Pareciera que la orden del gobierno es ‘hagan que esa gente se vaya a sus casas a como dé lugar’”, ya antes habíamos visto como cargaban las lacrimógenas.

En la casa, cuando salen a proclamar a Nicolás como presidente, irrespetando la solicitud de Capriles, saltándose los lapsos y pasando por encima de 7 millones y medio de ciudadanos que estamos esperando un reconteo que nos garantice que ese es el verdadero resultado y que Maduro es el presidente legítimo, elegido por la mayoría más allá de las trampas y del fraude, pienso que, definitivamente, a este régimen no le importa ni la paz ni la vida de los venezolanos. Solo les importa su permanencia en el poder a toda costa. Lo que veo en televisión me hace sentir que es un golpe de estado televisado, con la anuencia de todos los poderes del estado secuestrados por el oficialismo y amparado por las armas de las FAN. Somos más de 7 millones de venezolanos que no existimos ni contamos para el régimen.

No aguanto estar sentado frente al televisor y salgo al balcón con una tapa de olla y una cuchara. Necesito drenar la impotencia y me valgo del caceroleo para lograrlo. Al poco rato, las cacerolas suenan por varias partes de la zona. Parece que la necesidad de drenar es colectiva.

Me acuerdo que no tengo esomeprazol y voy a la farmacia. Mientras espero mi turno, una chica con pulseras de Capriles da instrucciones por teléfono para la convocatoria de mañana frente al CNE. Cuando cuelga, le busco conversación y me dice que es de Mara. Está indignada con lo sucedido el día anterior. El CNE le negó a ella y a otras chicas las credenciales para asistir a las mesas de votación. A su hermana incluso la detuvieron y me muestra un video en el que la gente del CNE no le da explicación de qué ha sucedido con sus credenciales.

-Con todo y eso, dice, no obtuvieron los votos que sacaron en octubre. Por eso, no creo esos resultados del CNE. Ellos bajaron votos y nosotros subimos.

Le cuento que a mi hermana Oraima, en Isla de Coche, la sacaron de la mesa en la que era presidenta rodeada de cinco efectivos del Plan República, porque se opuso en dos oportunidades a que un funcionario conectara su teléfono celular al cable de transmisión de la máquina de votación.

-Hubo demasiadas irregularidades, acota, por eso tiene que lograrse el conteo voto a voto.

De vuelta en la casa, empiezo a escribir estas líneas mientras escucho a Capriles dar los lineamientos a seguir. A las 8 pm, cacerolazo y mañana al CNE en la mañana.

Las ocho de la noche. Agarro mi tapa y mi cuchara y me pongo en el balcón a darle con la furia que indicó Capriles. Abajo veo que pasa un vecino caminando sonando su cacerola. Al poco rato el eco del golpeteo se escucha desde diferentes sitios de la IMG-20130415-11822urbanización.

Pienso: “Definitivamente, las cosas han cambiado. Por aquí, ni en los momentos de mayor apogeo de las protestas contra el gobierno, la gente caceroleaba. Muchas veces solo desde mi balcón se escuchaba la protesta y cuando quería compañía tenía que ir a otros lugares para cacerolear en grupo”.

Vuelvo a mirar a la calle y van dos chicas con sus ollas y cucharas protestando. Les hago señas y bajo para unirme a ellas. Al poco rato ya tenemos un grupito como de 10 personas frente a la sede de Vive TV sonando la cacerola con fuerza. Para la estación de televisión oficialista, no existimos. Ese evento no saldrá registrado en sus noticieros.

Empezamos a caminar por la cuadra y desde las ventanas de los edificios nos acompañan con ollas y palanganas. Suenan pitos y bubuselas. Algunas personas salen y se nos unen. Alcanzamos un grupito como de 40 personas que recorremos la urbanización. La gente pasa en los carros y suenan sus cornetas, saludan y, la mayoría, va sonando sus cacerolas en el vehículo.

En un momento la emoción me domina y los ojos se me tornan acuosos. La sensibilidad está exacerbada. Pienso que esta protesta es muestra de la presión que queremos liberar quienes nos sentimos disminuidos por un régimen omnipotente, perverso y autocrático que no da muestras de querer la reconciliación y el diálogo.

Llego a casa y sigo escribiendo esta crónica y, mientras la termino, siento que apenas la estoy empezando…

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Salió el macho criollo: “Yo sí tengo mujer”

beso1

El 10 de marzo, inmediatamente después de que Henrique Capriles diera la rueda de prensa para aceptar su postulación como candidato de oposición a la presidencia,  acto en el cual claramente planteó ante el país una serie de dudas razonables acerca de la posible fecha del fallecimiento del presidente Chávez -dudas que lógicamente surgen a cualquier venezolano con un mínimo de criterio propio y raciocinio y que no se deja cegar por la propaganda oficial o por el fanatismo-, Nicolás Maduro acusó el golpe recibido y saltó como un energúmeno a responder a través de las cámaras de VTV, el canal de todos los venezolanos en cuya pantalla, justamente, no se vieron las declaraciones de Capriles.

La respuesta del presidente encargado fue destemplada, violenta, agresiva, burda, amenazante, intimidante, incoherente y hasta cantinflérica, aunque las cantinfladas, por lo general, tienen un trasfondo profundo tras la evidente incoherencia, profundidad de la cual careció por completo la intervención ante las cámaras de Maduro por cerca de tres cuartos de hora.

La inmediatez en la contestación de Maduro y la agresiva actitud ante las cámaras de televisión parecían ser la respuesta no pensada de quien se siente inesperadamente descubierto. La torpeza en sus gestos y en su mirada dirigida al telepronter,  delataban una reacción improvisada ante un hecho que lo tomó desprevenido. Evidentemente, Capriles tocó una tecla que desde el oficialismo jamás pensaron que tocaría. Una tecla tan importante en esta campaña electoral que, al día de hoy, los oficialistas no parecen haberse recuperado del golpe y, aunque Nicolás dijo en una entrevista que le hicieran en Telesur, refiriéndose a Capriles: “Yo a ese señor ni lo ignoro”, han echado garra de toda su artillería comunicacional para enfrentar lo dicho por Capriles.

Jorge Rodríguez, Iris Valera, Freddy Bernal y otros representantes del chavismo no han escatimado en ofensas y amenazas contra Capriles. La lógica y contundente serenidad  con la que Capriles hizo sus planteamientos hizo que Villegas saliera, reiteradas veces, en cadena nacional de medios, a leer una carta de María Gabriela Chávez en la que “la hijísima” apela a la piedad y compasión por el dolor de su familia, para terminar con un insulto: “A los señores de la oposición enferma… Por el bien de la patria, les exhorto a hacer política y no ser tan sucios”.

Pero, volviendo al candidato oficialista, cualquiera diría que la torpeza en su mensaje la noche del 10 de marzo fue producto de la sorpresa ante el inesperado golpe recibido, que esa reacción obedeció a que se sintió descubierto y señalado como mentiroso. Así lo pensé yo en un principio.

No obstante,  no habían pasado más que unas pocas horas de tan desafortunada intervención cuando Nicolás se volvió a lucir ante el país y ante una multitud que lo acompañó hasta el CNE en la fiesta de la inscripción de su candidatura, con una andanada más de incoherente verborrea en la que hizo gala de todo su resentimiento, cursilería y odio.

A la ya trillada arremetida contra las “personas de apellidos”, en clara alusión a quienes, como Henrique Capriles, vienen de hogares bien constituidos, hogares como deberían ser todos los hogares del mundo, con hijos que cuentan con el apellido de una madre y con el de un padre, en oposición a los hogares en los que la mujer es madre y padre porque un hombre irresponsable los abandonó, como si eso fuese una virtud y contar con un padre y una madre un oprobio, le agregó la xenofobia al dar a entender con dejo de reproche que en muchos casos esos apellidos son extranjeros.

Pero eso le pareció poco. No conforme con mostrar un discurso resentido y xenófobo, Nicolás Maduro Moros (así, con dos apellidos) le añadió homofobia a sus palabras y la utilización de la mujer como un objeto que saca a relucir cual trofeo de presa y para lo cual, tristemente, se prestó su compañera,  Cilia Flores, sin medir la imagen machista que transmitían al mundo.

Chávez nos legó un país demasiado dividido y preñado de odios y resentimientos de lado y lado como para que los discursos de campaña, aumenten la brecha divisoria. En eso debería pensar, Nicolás, y ser un poco más consciente antes de abrir la boca.

“Yo sí tengo Mujer” se llenó la boca el candidato oficialista mientras esperaba que Cilia se le acercara. “A mí sí me gustan las mujeres, decía mientras la multitud de la galería coreaba a gritos histéricos “beso, beso, beso”.

Las dos tristes frases del candidato oficial las dijo como si se refiriese a una característica a resaltar en el Curriculum Vitae de quien se está presentando como candidato a dirigir los destinos de un país en el que, se supone, no hay, por mandato constitucional, discriminación de ningún tipo y menos aún por razones de raza, credo, género u opción sexual.

¿Acaso el hecho de que a Nicolás le gusten las mujeres lo hace más apto que cualquier otra persona para ejercer la presidencia? Además, ni siquiera tuvo la delicadeza de decir que le gusta “su mujer”, su esposa, su compañera. Como buen macho vernáculo, a él le gustan “las mujeres”, en general, como si lo que fuésemos a elegir el 14 de abril fuese un semental y no un presidente. Es de suponer, entonces, que si una mujer se lanza de candidata, bajo el criterio machista de Maduro, tendría que ser lesbiana para poder optar, pues el gusto por las mujeres parece ser imprescindible para ejercer el cargo.

Habría que aclararle a Maduro que a quien se elija como presidente el 14 de abril no será para sacarle cría. Que hay mujeres lesbianas, hombres gays, transgéneros, bisexuales, toda esa amplia gama de personas que conforman la comunidad LGTB, que están posiblemente más aptas que él para ejercer la presidencia de Venezuela, así como cualquier otro cargo público que él y sus homofóbicos compañeros de partido hayan ejercido. Seguramente lo harían con más respeto por los demás y con más éxito que lo que ellos lo han hecho.

Pretender atacar a Capriles porque no es casado o porque pueda ser homosexual deja a Nicolás Maduro absolutamente retratado como ser humano. Así como su nivel intelectual queda impreso cuando insiste en manipular a la gente con el absurdo de que a Chávez “el imperio le inoculó el cáncer”, sentencia que aún es capaz de empeorar al asegurar que el VIH es un virus creado por el imperio en laboratorio y que se les escapó. Con su lógica particular, hace un extraño paralelismo entre la “creación del VIH en laboratorio” y supuestas investigaciones gringas durante 70 años para conseguir inocular agresivos tipos de cáncer y concluir que eso fue lo que sucedió con Chávez.

A esa lógica del absurdo habría que agregarle que si al difunto lo asesinaron, lo principales sospechosos tendrían que ser los cubanos y quienes tuvieron acceso a él en los últimos años pues sus círculos de seguridad resultaban infranqueables.

Es triste que un país tenga de candidato a la presidencia, como posible opción ganadora, a una persona de semejante nivel intelectual, bien podría googlear, consultar antes de hablar aunque sea en Wikipedia, lo que va a decir, para no salir con esos exabruptos. Pero, peor aún, es atroz que un posible presidente de Venezuela tenga un discurso que segrega a extranjeros, a homosexuales y a las personas por su origen familiar. Esa forma de discriminar podría ser, sin duda, el signo de su manera de gobernar, sesgada y prejuiciada contra las minorías.

Es lamentable ese discurso fascista de discriminación, lamentable el lugar, la forma y el momento en que se pronunció, lamentable que la multitud, en la que había mujeres y seguramente homosexuales  -tal vez por el fragor de la fiesta-, no comprendiera el significado y alcance de lo que se estaba diciendo y escenificando;  pero, lo peor, es que allí, a pocos metros de Maduro, se encontraba riendo y aplaudiendo la diputada Nohelí Pocaterra, mujer e indígena, quien como representante de las mujeres venezolanas y representante de una minoría marginada y discriminada como los wayúu debería elevar y hacer sentir su voz de protesta por lo presenciado.

Señor Nicolás Maduro, así como ser o haber sido chófer no es ni una virtud ni un defecto que cualifique o desmerite para ejercer un cargo; tener dos apellidos, venir de un hogar con dos padres, proceder de un hogar en el que la mujer o el hombre fueron padre y madre, salir de un hogar pobre, rico o clase media, la orientación sexual o los orígenes extranjeros, tampoco lo hacen a uno más o menos apto para ejercer un cargo, un oficio o una profesión.

Usted dice “Yo sí tengo mujer”, como quien dice “yo sí tengo perro”, “yo si tengo un carro”, “yo si tengo un rólex”…  Y dice “a mí sí me gustan las mujeres” y lo que quiere decir, en realidad, es que a usted sí le gusta “acostarse con mujeres”, “tener sexo con mujeres”, que no es lo mismo ni expresa lo mismo. Las suyas, Nicolás, son expresiones misóginas y de poca hombría para referirse a quien se supone es la compañera de vida.

Si un “macho” como usted llegase a ganar la presidencia, quiera Dios y el voto de la gente que no, a su esposa le podrán decir primera dama, primera compañera, primera mujer, o como menos burgués e imperialista le suene; pero, en el fondo, la estarán tratando como un objeto que se posee y se irrespeta, como un adorno a juego con las yuntas y el pisacorbatas. Por eso, en muchos casos, el adjetivo que más se les ajusta a las compañeras de machos machotes como usted es “la cornuda”, “la engañada”, “la maltratada”, porque para los tipos que se expresan de las mujeres como usted lo hace, la mujer no pasa de ser más que un accesorio.

Finalmente, Nicolás, cito un atinado comentario que sobre el tema hiciera la periodista Faitha Nahmes en Facebook:

“Maduro tendría que haber volteado antes de hablar. Chávez no tenía esposa y Castro tampoco… ¿Entonces? Me parece machista, oscurantista, su frasecita de ‘yo sí tengo mujer’. El darle un piquito a la esposa, como para confirmar que la “tiene”, como posesión, subraya más aun ese machismo innegable del que alardean los funcionarios de este gobierno. Cuando dicen “ustedes y ustedas”, pero no demuestran interés en las denuncias de la hijastra de Daniel Ortega, que lo ha denunciado como abusador sexual, o dicen a los solteros “mariconsones”. Muy primitivo.”.

Navegador de artículos

A %d blogueros les gusta esto: