El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

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Un remardito tuitero

La otra cara de “El poder de un tweet”

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«Como no se le ha complicado a uno la vida en este país desde que se afincó el socialismo castro cubano en estas tierras.

«Como si no bastara con tener que pasar horas en una cola para comprar un kilo de azúcar o un litro de aceite. Cómo anoche, que después de salir del banco tuve que estar 3 horas en una cola del supermercado para comprar un kilo de leche para el tetero de los muchachos que se nos estaba por terminar y nos avisaron que había llegado.

«Como si todos los días no tuviera que lidiar con cientos de clientes inconformes que creen que a uno le pagan un sueldazo solo para resolverles los problemas a ellos, sin que se pongan en los zapatos de uno.

«Como si fuera tan fácil ser gerente de un banco en un país donde el gobierno le cambia a uno las reglas y leyes sin previo aviso y sin consultar.

«Como si uno no tuviera que vivir con el corazón en la boca, asustado, esperando cuando será el turno de pasar a formar parte de las estadísticas de inseguridad y de robos a bancos.

«Como si todo eso no fuera suficiente. Ahora también tenemos que aguantarnos reclamos y regaños de los jefes porque a alguien se le ocurrió la genial idea de inventar el Twitter y a alguien más ingenioso aún del banco, se le ocurrió abrir una cuenta allí y monitorear todo lo que los remarditos tuiteros postean.

«Uno llega contento a trabajar, a pesar del día infernal anterior cuando tuvo cierre de mes. Se pone su buen traje y corbata comprados a plazos porque tampoco es que el sueldo da para mucho. Empieza a organizar todo dentro de la agencia para el inicio de la jornada. De modo que todo fluya lo mejor posible.

«Uno llega y da instrucciones a los empleados de que le digan a la gente que no tenemos dólares en efectivo para liquidar a los viajeros porque la existencia de divisas en la agencia es escasa y, como no sabemos cuando el BCV nos enviará más, pues las racionamos para entregarle solo a los clientes VIP. No vaya a ser que llegue un cliente importante a buscar su efectivo, y no tengamos cómo darle sus dólares.

«Cuando está todo a punto. Ya casi listos para abrir la agencia al público, suena el pitico que indica que tengo un mensaje interno de Caracas:

“Rigoberto, ¿cómo es eso de que en tu agencia le están diciendo a los clientes que no tienen dólares para liquidar efectivo de Cadivi si aquí tengo yo la relación de que tu agencia tiene 1350 dólares disponibles?

Ya por Twitter hay usuarios quejándose por eso. Mira el tweet que pasaron:

@Golcar1 (Golcar Rojas) “En el Banco X del Centro Comercial X no hay dólares así que no pierdan tiempo. Busquen en otra agencia”.

Tú sabes que nos podemos meter en un problema serio con eso ¿no?”

«¡Coño de la madre! No puede ser que desde antes de abrir ya tenga que empezar a resolver peos por los remarditos tuiteros que no pueden quedarse quietos.

Ya me echaron a perder el día. ¡Coño, pero si uno lo que busca es tener contentos a los clientes! Más nada. Ahora me van a hacer entregar todo el efectivo a los que están aquí y si viene alguien VIP no lo voy a poder atender cómo se debe».

–Muchachos, vamos a abrir pero si descubrimos quien fue el remardito tuitero que dijo que no tenemos dólares, vamos a hacer lo imposible porque no pueda retirar sus dólares o complicarle al máximo lo que venga a hacer. Se llama Golcar Rojas, el
malparío .

«¿Qué sabe él cómo organizo yo mi día para poder hacer mi trabajo?»

–Quienes vienen a introducir carpetas o abrir cuentas, hacen una fila aquí, a la derecha, contra la pared. Quienes vienen a liquidar efectivo, una fila aquí, a la izquierda. ¿Quién puso el tweet?

«No puede ser que no esté aquí el remardito que puso el tweet. ¿Se habrá ido por lo que le dijeron que no había dólares?»

–Tú, ¿cuántos vas a retirar?

–Doscientos.

–¿Tú pusiste el tweet diciendo que no había efectivo?

–¡No, yo no!

–Yo mandé el tweet ¿por qué?

«¿Este remardito que ni siquiera viene a buscar dólares fue el que mandó el tweet por el que me armaron el peo? Y encima me dice que no quería joder a nadie, que era para informar a la gente para que no se echaran el viaje hasta aquí. Pues me jodiste a mí, malparido».

–No tienen porqué inventar que no tenemos efectivo. Ya nos llamaron la atención por eso. Tenemos pocos dólares, pero algo hay. Para alguna poca gente hay…

«¡Encima, me dice que le dijeron que si hablaban conmigo podía ser que aparecieran los dólares! ¿Quién sería el desgraciado que les dijo eso?»

–No señora. Para sus 500 no nos alcanza el efectivo disponible, pero usted no viaja todavía, puede volver otro día.

«Sí, pendeja, yo se que has venido varias veces y no te hemos liquidado, porque las pocas divisas que tenía las estaba reservando para clientes VIP, pero este remardito con el Twitter me jodió. ¿Qué puedo hacer yo si ya se me están acabando los dólares y el maldito gobierno no me manda más? ¡Ni que yo cagara dólares!»

–Bueno, vamos a ver en qué agencia le conseguimos los dólares, señora, para que vaya a liquidarlos allí. Para ustedes tres si tenemos divisas. Lo que les dije, hay pocos dólares, pero algo hay. No como le dijeron a él, que no había.

«¡Qué día, Dios mío! Apenas está empezando y ya quiero que se termine. En mala hora a los jefes se les ocurrió poner a un pendejo a leer todo el día el Twitter para amargarnos la existencia. De arriba me mandan ahora a que entregue los pocos dólares que me quedan, pero si viene Perico de los Palotes, que tiene dos cuentas milmillonarias a retirar la remesa estudiantil de sus hijos y se molesta porque no tengo divisas y amenaza con cerrar sus cuentas, entonces también me caerán encima.

«Pues nada. Entregaré lo que queda y que sea lo que Dios quiera…»

El poder de un tweet

Divisas

Esta página la he abierto y la he vuelto a cerrar en blanco un montón de veces. Tengo días dándole la vuelta a la manera de entrompar la historia que voy a narrar. Una especie de duda deontológica me asalta cada vez que empiezo a escribirla y termino borrando todo y dejando la hoja en blanco.

El dilema que me asalta es si debo dar los detalles del banco, de la agencia y del gerente bancario con nombres y apellidos o si, por el contrario, debo contar los hechos sin especificar lugares o personajes.

Un mensaje que me envía una sobrina, despeja mis dudas. Luzmary se queja con ira de que un empleado del banco le rechazó su solicitud de Tarjeta de Crédito porque la nota al pie de página no estaba al margen izquierdo, sino más bien un poco centrada. Ese simple detalle hizo que mi sobrina tuviera que hacer un nuevo viaje al banco para meter su solicitud.

Al conocer la experiencia de Luzmary, me decanté por contar los hechos sin especificar de qué entidad bancaria estoy hablando, cuál agencia o el nombre del gerente, porque son detalles que pierden sentido en un país donde sucede lo mismo con absolutamente TODAS las entidades bancarias, cuyos empleados parecen ser entrenados para decir “NO” y “No se puede” antes que para prestarle un buen servicio al cliente y tratar de resolverles los posibles problemas que pueda presentar.

Así que voy a contar lo sucedido con la esperanza de que los representantes de todos los bancos del país se den por aludidos. Que piensen que estoy hablando de su entidad bancaria y tomen las medidas necesarias para superar situaciones como las que narraré y entrenen a su personal en una efectiva y eficiente atención al cliente.

Eran poco más de las 10 de la mañana de un martes cuando llegue al centro comercial para introducir ante mi operador bancario la carpeta de Cadivi con la solicitud de autorización de compras con tarjeta de créditos para viajes al exterior. Al llegar, frente a la oficina bancaria, se formaban varias hileras de personas pues el horario de apertura de la agencia es a las 11 de la mañana.

Pregunté al vigilante en qué fila me debía ubicar para hacer los trámites de Cadivi y amablemente me señaló el lugar. Pocos segundos después, se me acercó para decirme, con la misma amabilidad:

–Si viene a retirar los dólares en efectivo, no hay.

–Gracias, no vengo a eso, vengo a meter la carpeta.

Inmediatamente saqué mi Blackberry y escribí un tweet:

“En el Banco X del Centro Comercial X no hay dólares así que no pierdan tiempo. Busquen en otra agencia”.

Y continué haciendo mi cola, leyendo el Twitter y conversando con quienes estaban junto a mí, esperando que abrieran la agencia para hacer sus trámites.

Mientras hablaba, me quejaba por la red social con un par de tweets de lo injusto que me parecía que quienes trabajan en el centro comercial tengan preferencia a la hora de ser atendidos por el banco, como si el tiempo de quienes trabajamos en otros lugares no valiera y o no tuviéramos los mismos derechos.

Estando en esas, pasó una chica. No logré distinguir de quién se trataba, solo atiné a escuchar que decía, antes de entrar a la agencia:

–Si vienen a liquidar efectivo de viajeros, les informo que no hay dólares…

Y, como quien no quiere la cosa, dejó caer al descuido, antes de seguir su camino:

–…pero si hablan con el gerente…

Todos los presentes entendimos qué quiso decir la chica con ese “…pero si hablan con el gerente…”. Quiso decir que si le jalan bolas al gerente, que si son amigos del gerente o conocen a alguien que conoce al gerente, es posible que aparezcan por arte de magia algunos dólares para quien vaya a “liquidar efectivo”, que en jerga bancaria quiere decir retirar los dólares en efectivo autorizados por Cadivi para viajeros.

Abrieron la agencia. Pasaron primero los trabajadores del centro comercial y luego pasamos nosotros. Al entrar, en el pasillo, se encontraba un hombre calvo con lentes adaptados, vestido con traje y corbata, con pinta de gerente bancario, pero tono de voz y actitud de efectivo policial. Mal encarado y con actitud hostil, decía:

–Quienes vienen a introducir carpetas o abrir cuentas, hacen una fila aquí, a la derecha, contra la pared. Quienes vienen a liquidar efectivo, una fila aquí, a la izquierda. ¿Quién puso el tweet?

Así fue repitiendo la orden en varias oportunidades y recorriendo las filas. Cuando estaba junto a mí, señaló a un joven que estaba en la cola para “liquidar efectivo” y le dijo:

–Tú, ¿Cuánto vas a retirar?

–Doscientos –dijo el muchacho un poco intimidado por el tono del hombre.

–¿Tú pusiste el tweet diciendo que no había efectivo?

Fue entonces cuando caí en cuenta de que se refería al tweet que yo había enviado hacía unos cuarenta minutos.

En su mismo tono, le dije:

–Yo puse el tweet ¿por qué?

­–Porque no es cierto que no tenemos dólares. Claro que sí tenemos.

–Cuando yo llegué, nos dijeron que no había efectivo y, como un servicio público, para que la gente no se echara el viaje hasta aquí que no es fácil llegar, lo informé por Twitter.

–Pues no será tan difícil llegar cuando hay tanta gente aquí. No tienen por qué inventar que no tenemos efectivo. Ya nos llamaron la atención por eso. Tenemos pocos dólares, pero algo hay. Para alguna poca gente hay…

–Yo no quería causar problemas. Si hubiera querido hacerlo habría puesto el mensaje completo…

Le conté lo que dijo la chica de que hablando con él tal vez conseguirían los dólares. Abrió los ojos más de lo normal y preguntó alarmado:

–¡¿Quién dijo eso?!

–No me ponga a mí de sapo. No le diré quién lo dijo, pero lo dijeron. Sin embargo, eso no lo tuiteé porque mi intención no era joder a nadie sino informarle a la gente para que no perdieran su tiempo.

Una señora a mi lado le dijo que era verdad todo lo que yo le estaba diciendo que ella había escuchado cuando la chica decía “…pero si hablan con el gerente…”. El hombre se hizo el desentendido. Siguió consultando a la gente en la fila para “liquidar efectivo” cuánto iban a retirar y, al llegar a la cuarta persona, le dijo:

–Para tus 500 no alcanza. Pero tú no viajas todavía, puedes venir después.

–¡Pero esta es la tercera vez que vengo y me dicen que no hay! –Dijo molesta la señora. Inmediatamente, tercié:

–Pues que él llame a las otras agencias y le ubique una donde tengan el efectivo hoy y se lo entreguen. No necesariamente tiene que ser por aquí, y si ya ha venido tres veces, que le resuelvan hoy.

El gerente bajó un poco el tono de policía malo y le dijo:

–Si quiere venga conmigo y llamamos a ver en qué agencia le pueden liquidar sus dólares hoy.

Llegó mi turno de ser atendido por el promotor. Saludé sin que me respondiera el saludo. Me senté. Entregué mi carpeta. Sin que me los solicitará, saqué los originales del pasaje, de la cédula de identidad y del pasaporte y se los puse sobre el escritorio al joven que, con desconfianza de joyero que analiza un diamante posiblemente falso, se dedicó a escudriñar puntos y comas de mis documentos para pescar alguna pifia. Afortunadamente, todo estaba en orden. Con pocas ganas y mucha mala leche, el empleado estampó los sellos en las hojas ya firmadas por mí. Las firmó él a su vez y me tendió mi comprobante de “recibido”. Di los buenos días y, sin que se dignara en ningún momento a mirarme a los ojos, me despedí.

Por supuesto, a todos nos quedó una duda: ¿Qué habría pasado ese día si quienes monitorean la cuenta de Twitter de ese banco, no hubieran elevado el reclamo al gerente, al leer el tweet?

Adiós, Globovisión

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La protesta que se ha producido en Twitter contra Globovisión, no es contra los periodistas del canal. Es contra unos nuevos dueños que ofrecieron que la televisora no cambiaría sustancialmente y que buscaría el “equilibrio” informativo” y empezó por eliminar secciones que eran insignia de su parrilla de programación, siguió por sacar a Ismael García, continuó obviando actos en vivo de Capriles y, según los rumores, ya hay una lista de comunicadores que en los próximos días saldrán del canal.

El hecho de que el virado a rojo del canal lo hagan paulatinamente, no evitará que termine convertido en otro canal más de propaganda oficialista. Entiendo que los periodistas, por un lado, traten de mantener sus espacios y sus voces al aire para seguir siendo voceros de esa masa opositora que cada día se encuentra más amordazada, censurada y auto-censurada. Es loable su afán por mantener hasta el final ese huequito por donde la oposición pueda hacer sentir su voz y recibir la información que se le niega por los otros canales.

Por otro lado, se entiende también que los comunicadores traten de defender su campo de trabajo, su empleo, ese que les da el sustento de ellos y el de su familia. Nunca podría pedirles y, muchos menos exigirles, que renuncien a sus trabajos. Sé que la mayoría continúa fiel a sus principios dando la pelea desde donde consideran que es más viable y regidos por la defensa de los valores de la libertad de informar y ser informados y por el Derecho Humano fundamental de la libertad de expresión.

De Globovisión, desde siempre, son muchas más las cosas que me han distanciado que las que me han identificado. Siempre he considerado que es el anverso de una moneda que por el otro lado tiene a VTV. Lo veía con pinzas para extraer con sumo cuidado lo que era información y opinión y diferenciarlo de lo que era vulgar manipulación y propaganda disfrazada. De todo eso había mucho en Globo, cosa que se entendía y justificaba hasta cierto punto pues es la reacción natural ante el mismo hecho desde la acera de enfrente.

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Las redes sociales se desbocan contra Globovisión

No obstante, el canal era la única ventana que quedaba en pantalla de Tv. por la que uno podía acceder a la información que se nos niega tanto en los canales oficiales como en los privados que terminaron convertidos en medios de entretenimiento ligero, llenos de programas de concursos, reality shows y telenovelas, y en los que eliminaron todos los espacios de opinión y análisis, cuyos noticieros terminaron bastante limitados y auto-censurados en su deseo de no molestar a un régimen que fue cercando con efectividad todo lo que implicase información y comunicación para establecer la tan mentada “hegemonía comunicacional”.

El futuro de Globovisión, a estas alturas, me parece bastante previsible. Poco a poco irán eliminando de la parrilla los programas de opinión y análisis, especialmente los más “radicales”, para “favorecer” los “informativos”. Pretenderán convertirlo en lo que ya ellos han dado en llamar un “verdadero canal de noticias”. Todas estas comillas importantes y significativas pues sabemos a qué se refieren.

La pauta publicitaria oficial irá sustituyendo a la privada. Posiblemente perderá audiencia, como ya empezó a perder seguidores en Twitter pero, también es posible, que la recupere con creces, pues no es de extrañar que le den el permiso de transmisión libre a nivel nacional que por tantos años se les negó.

No sé hasta qué punto, siendo una canal privado, pueda la nueva Globovisión enfrentar pérdidas cuantiosas de pauta publicitaria como las enfrentó Tves, sin mucha preocupación, al pasar a estar en manos del Estado. Mantenido gracias a todos los venezolanos. El tiempo lo dirá. Posiblemente, si el objetivo era controlar un canal rebelde más que hacer un buen negocio, no les importará asumir las pérdidas porque “el fin justifica los medios” y esas pérdidas las verán compensadas por otros medios.

Los comunicadores sociales de Globovisión, así como sus técnicos, estoy seguro que no perderán el apoyo y el respeto de su audiencia, sea cual sea la decisión que tomen. Por lo menos, no, mientras se mantengan fieles a sus principios y a lo que los televidentes hemos apreciado y agradecido en ellos. Lo meses por venir serán tan amargos para ellos como para quienes, de una forma u otra, lamentamos la pérdida de canales de comunicación.

A quienes se siente derrotados, a quienes piensan que sin Globovisión estamos perdidos y están desesperanzados porque creen que quedaremos para siempre en manos del régimen autoritario, les recuerdo que muchos regímenes aún más fuertes que el actual venezolano, cayeron sin necesidad de radio y televisión. Con o sin medios radioeléctricos masivos se han tumbado regímenes dictatoriales a lo largo de la historia. Habrá que idear nuevos canales para comunicarse, el ingenio del ser humano es inagotable.

Ahora, cuando sentimos que perdemos un importante canal de comunicación, recuerdo que en mis tiempos de estudiante de Comunicación Social en la ULA, Táchira, había un periódico mural por el que los estudiantes lográbamos canalizar denuncias, informar y hasta entretener de manera clandestina. De un día a otro, aparecía en la puerta del edificio un inmenso pliego de papel periódico escrito a mano con todas las cosas que los estudiantes queríamos comunicar.

La creatividad dará frutos, el periódico mural tal vez es un punto de partida para idear nuevas formas de comunicar. Las redes sociales habrá que cuidarlas y multiplicar su poder. El boca a boca y el run run recobrarán importancia. A lo mejor resurgirán los grafittis, pasquines, panfletos…

Posiblemente se pierda un canal, pero la creatividad no. Es tiempo de imaginar, crear, ingeniar, luchar, resistir…

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