El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

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Por mí no será. Yo sí voté

voto

¿Cómo no sentirme contento de haber votado para oponerme a este régimen oprobioso, tramposo y vergonzoso?

Llegué a mí centro de votación a eso de la una y media de la tarde. Revisé mi lista: “Mesa 3”. Me ubiqué de tercero en la fila y en menos de cinco minutos ya tenía el meñique manchado de tinta morada en señal de que había ejercido mi derecho y mi deber.

Menos de 5 minutos duró todo el proceso. No tuve que detenerme más de un minuto en cada estación.

Menos de 5 minutos que fueron suficientes para conocer una historia más de humillación y vejación a los ciudadanos venezolanos.

Digo: “Esta es la única cola que en el país hago con alegría”. Eso bastó para detonar el relato que a continuación se desarrolló entre la señora que estaba delante de mí y el el joven que venía detrás.

-¡Las malditas colas! -Exclamó la señora, y prosiguió:

-Anoche fui al supermercado a comprar varias cosas, una leche evaporada, una condensada y papel tualé. Después de hacer la cola, cuando llegué a la caja, me dice la cajera: “Señora, su cédula está bloqueda. No puede hacer esa compra porque lleva productos regulados”.

Le digo:

-Claro, gracias al régimen bolivariano y socialista, uno no puede comprar productos regulados más de una vez a la semana.

-¡Eso es lo peor! ¡Yo no he comprado esta semana nada! Cuando le dije a la cajera que yo no había hecho compras esta semana, me dice: “Pues alguien usó su número de cédula y por eso la bloquearon”.

La señora dice que no daba crédito a lo que le decía la dependienta:

-Ay, señora. Pasa mucho. Por eso no se puede decir el número en voz alta porque cualquiera lo oye y puede usarlo por usted.

-Pero si a mí me obligan a mostrar la cédula laminada, ¿cómo puede alguien comprar con solo decir mi número de cédula…?

-Ahora tiene que ir a que la desbloqueen.

-¿Donde?

-Eso sí no lo sé.

Cuando la mujer llega a esta altura del cuento, el joven que estaba detrás de mí en la cola, salta:

-Señora, le doy un consejo. No pierda su tiempo. Yo tengo tres meses en un solo peloteo por diferentes dependencias para tratar de desbloquear a mi tía de 75 años, y nada. De un lado me mandan para otro y en ninguna oficina resuelven. La última vez me dijo un tipo que me olvidara de eso, que si no pagaba un soborno, nunca desbloquearían a mi tía. ¡La pobre vieja! Su única diversión en la vida es salir todos los días a hacer su compra en el supermercado y ahora, gracias al racionamiento y a que le bloquearon su cédula, ni eso puede hacer.

Como dije al principio de este relato, toda esta historia fue contada en los menos de cinco minutos que duró el proceso de votación, mientras avanzábamos en la cola rumbo a la mesa en la que nos correspondía ejercer nuestro derecho.

Si bien es cierto que a mí no me emocionaba mucho votar por Evelyn, en efecto, no voté “por ella”, voté en contra de este régimen humillante y oprobioso.

Luego de escuchar a los dos compañeros de jornada en la cola, marqué feliz la tarjeta de la Mesa de la Unidad, para dejar constancia de mi absoluto rechazo a este régimen, consciente de que no estaba votando por una persona sino en contra de un régimen y a favor del país.

Salí de centro de votación con la satisfacción del deber cumplido y con la tranquilidad de que, pase lo que pase de aquí en adelante, nadie podrá nunca reprocharme o señalarme diciendo: “Porque como tú no votaste”.

A veces canto

Imagen tomada de Noticias 24

Imagen tomada de Noticias 24

Canto:

É pau, é pedra
É o fim do caminho
É um resto de toco
É um pouco sozinho…

É um caco de vidro
É a vida, é o sol
É a noite, é a morte
É um laço, é o anzol…

Canto “Las aguas de marzo” que suenan en el equipo porque no quiero pensar. Voy en el carro y no quiero recordar la escena que acabo de vivir. Por eso, le subo el volumen al equipo de sonido y canto:

São as águas de março
Fechando o verão
É a promessa de vida
No teu coração…

É pau, é pedra
É o fim do caminho
É um resto de toco
É um pouco sozinho…

Poco antes de las seis de la tarde, hora en que normalmente cerramos nuestro negocio, decidimos cerrar y correr al supermercado. Había llegado leche en polvo y llamamos al dueño del supermercado para ver si nos podían vender la cantidad que necesitamos para nuestras familias que hace ya unos cuantos días no consiguen el preciado alimento.

En realidad, las familias son tan numerosas que es casi imposible que en una sola compra podamos satisfacer toda la demanda, pero si lográbamos comprar un poco más que los dos paquetes que corresponden por persona, pues algo aliviaríamos a los más urgidos.

-Eso ahora está bastante complicado porque estamos muy vigilados –nos dice el amigo–, pero déjame ver si puedo conseguirles un bulto.

Si, un bulto de leche. 12 paquetes de 900 gramos cada uno. Eso es a lo máximo que podíamos aspirar para los familiares de Maracaibo y los de Mérida que pasan con facilidad las 50 personas incluyendo niños en edades en las que la leche debe ser parte imprescindible de la alimentación. Pero, bueno. De nada, algo…

Al poco tiempo llega el siguiente mensaje de texto:

“Pásame 6 números de cédula de identidad para poder chequearte el bulto porque solo son 2 paquetes por persona”.

A los cinco minutos las cédulas estaban en su bandeja de entrada y recibíamos la respuesta diciendo que pasáramos por el supermercado y preguntáramos por la gerente quien tenía las instrucciones para vendernos el producto.

Cerramos y corrimos al lugar.

El supermercado estaba a tope. Quienes iban a comprar solo los dos paquetes de leche en polvo debían hacer una fila en la calle hasta que les correspondiera el turno de pasar a hacer la cola dentro del local. Quienes iban a comprar más de 300 bolívares de otros productos podían pasar directo, hacer su compra y hacer también la inamovible fila para pagar.

Contactamos a la gerente –siempre de un asombroso buen humor a pesar de lo deprimente de la situación y de la presión del momento–. Nos pidió que esperáramos mientras nos resolvía nuestro pedido.

Tomé asiento en la silla del vigilante que estaba vacía porque el hombre, junto con otro grupo de empleados trataba de poner orden en la calle y adentro.

La gerente se me acerca y me dice:

–En estos días un hombre me partió el vidrio de la entrada. Era un bachaquero borracho… si hubiera tenido un revólver habría matado a alguien.

Sigue atendiendo su trabajo. Despacha por aquí, da instrucciones por allá. Siempre amable y con una sonrisa en los labios. Son las siete de la noche y ella se encuentra como si acabase de llegar a un relajado despacho de oficina. Recibe llamadas y avisa a quienes llaman que sí, que pueden venir a buscar leche que todavía están a tiempo. Yo miro a la mujer y no puedo menos que admirar su paciencia y su capacidad para atender mil cosas a la vez. Me dice:

–Ya saben que no podrán comprar más leche en una semana porque la cédula queda registrada como que ya compraron y si intentan comprar de nuevo, los bloquean.

Una vez más pienso en como nuestro documento de identidad devino en libreta de racionamiento. De la fila de la calle veo que entran las 20 personas a las que les permitieron entrar en ese momento. Una mujer regordeta pasa y justo cuando está frente a mí, se detiene, se saca su chancleta y la levanta para verificar que está despegada. Su rostro está sonriente. Las dos horas haciendo cola afuera no parecen haberla amargado. Lleva unos leggings a media pierna y al detallarle la franela distingo que, al nivel de los senos, tiene una calcomanía  de Arias Cárdenas con un corazón tricolor. Se acomoda su chancleta de nuevo en su pie y sigue hacia la cola de la leche.

Más atrás, viene otra mujer con franela roja. Esta lleva los ojos del difunto Chávez al nivel de sus voluminosas tetas.

Pienso en cómo una gente puede, después de pasar tan humillante momento para comprar 2 paquetes de leche en polvo, ir el siguiente domingo a dar su voto por un régimen que lo ha sometido a semejante bochorno.

La gerente me saca de mis elucubraciones, cuando la oigo a mi lado decir a un empleado, casi en un susurro:

–Alfredo, busca una caja de huevos para meter la leche de los señores porque si los que están afuera ven que salen con un bulto de leche, los linchan.

La mujer me mira y no tengo más remedio que sonreír con una mueca y decirle:

–En este país se puede comprar cocaína con más facilidad y menos riesgo que unos cuantos kilos de leche.

Asiente con la cabeza y me da las 6 facturas con los números de cédulas que le habíamos pasado al dueño en el mensaje de texto. Con su amabilidad característica, dice:

–Cojan la caja y salgan rápido…

Nos montamos en el carro y al prenderlo, el pendrive suena “La maldita primavera” de la mexicana Yury.

Llevo el alma en el suelo. El haber conseguido comprar ese bulto de leche que para unos sería un gran triunfo, me hace sentir triste y derrotado.

Recuerdo las colas de Cuba para todo y por todo que en el 91 me parecían tan insólitas y no puedo creer lo que estoy viviendo en mi rico y petrolero país.

Recuerdo la crónica de Leonardo Padrón en su libro “Kilómetro cero”, sobre su visita a Cuba en el 92:

“…Uno se pregunta cuál sería el estado actual de la revolución si Estados Unidos la hubiera dejado crecer libremente, si se hubiera podido  intentar la construcción del ‘hombre ideal’ sin tanto cerco y sin tanta dependencia lejana…”

Reviso esas líneas de Padrón y me convenzo que en realidad el bloqueo no fue más que la excusa de Fidel para someter a su pueblo. El proceso en Venezuela lo confirma. Sin bloqueo de USA y con el engaño caza-bobos de una imaginada y cacareada “guerra económica”, han logrado sumir a la gente de un país rico en las miserias de la isla caribeña.

Pienso en que el domingo yo estaré haciendo mi cola para votar contra esa humillación que acabo de vivir en ese supermercado, pero me inquieta e indigna que tantas personas –como esas dos mujeres con propagandas del régimen en sus pechos–, sin pensar en el apagón de cuatro horas sufrido dos días antes ni en la horas de vida que pierden en una cola para llevar un poco de alimentos a sus hijos, estarán en esa misma cola para seguir votando por las colas y la ruina de un país que alguna vez fue uno de los más ricos y prósperos de América Latina.

Le doy volumen al radio y canto a todo pulmón:

Lo que tu paso dejo 
es un beso que no pasa de un beso 
una caricia que no suena sincera 
un te quiero y no te quiero 
y aunque no quieras 
sin quererlo piensa en mi. 

Si para enamorarme ahora 
volverá a mi la maldita primavera 
que importa si para enamorarme basta una hora 
pasa ligera la maldita primavera 
pasa ligera me maldice solo a mi. 

¡Nada como “La maldita primavera” para desahogar un grito! Sigo cantando. Canto para no pensar. Canto para no llorar.

Venezuela entre los síndromes de Munchausen y de Estocolmo

El régimen le ha venido progresivamente inoculando al país el virus letal de un socialismo trasnochado, que ellos llaman del Siglo XXI, hasta producirle la grave patología que presenta en la actualidad. (Ilustración tomada de Twitter Venezuela)

Cuando escuché que Nicolás Maduro y su combo en cadena nacional hablaban de que todo lo que están haciendo con los comercios del país es “Para defender al pueblo. Para proteger el dinero de los pobres. Para defender a la población de la burguesía usurera y apátrida que ha vendido la patria con su avaricia desmedida. Esos pelucones que ponen los precios basándose en ese dolar fantasma y ficticio que manejan los gusanos desde Miami… bla bla bla…” Palabras más palabras menos, recordé este texto que escribí en el 2010 cuando el difunto aún estaba vivo y ya tenía una larga y fructífera acción encaminada a destruir el aparato productivo y caotizar la economía del país.

Una vez más, el Síndrome Munchausen vino a mi mente, esa extraña distorsión de la psique de algunas madres que hace que enfermen a sus hijos para luego acudir presurosas a “salvarlos” de la enfermedad. Es justo lo que el régimen lleva 15 años haciendo con la economía del país. Propició con su ineptitud y corrupción un estado tal de caos que hizo que el mercado sufriera de las peores perversiones económicas como la especulación, la usura, el afán por el enriquecimiento súbito… Todo un conjunto de cuestiones que han sido propiciadas por el caos actual al que llevaron al país.

Lo que vivimos hoy en Venezuela, no es más que el resultado de las mal intencionadamente erróneas políticas económicas y de la falta, a su vez, de verdaderas políticas económicas. El exceso de controles ha propiciado todo este caos y descontrol. Caos y descontrol del que todos sabemos han sabido sacar provecho políticamente los adalides del régimen y también ha favorecido el enriquecimiento en pocos años de quienes tienen acceso a  los dólares controlados. Esos que han podido obtener hoy un dolar a 6,30, que al día siguiente lo venden a 60 bolívares para comprarse 9 dolares que se convertirán al día siguiente en  540 bolívares con los que comprarán 90 dolares a 6,30 y venderlos nuevamente a 60 cada uno… Siga usted la secuencia y llegará al momento en que en poco tiempo amasaron ingentes fortunas, poniendo la mitad en dólares en paraísos fiscales mientras con la otra mitad continuaban especulando con la divisa.

De allí vino todo el desastre de hoy y esos, quienes tienen las riendas del control de cambio, lo sabían, lo propiciaron, lo aprovecharon y lo permitieron. Se enriquecieron mientras quebraban el país y ahora salen como buenas madres “a proteger al pueblo”, a ese pueblo que timaron.

A mucha gente la han convencido de que la están protegiendo. Al punto de que muchos que se creen opositores aplauden lo que han hecho contra los comerciantes violando todos sus derechos y el principio de presunción de inocencia que debería prevalecer. La gente ha salido a la calle a comprar electrodomésticos y ropas Zara sin percatarse que lo que se están comprando es un boleto sin retorno a ese mar de la “suprema felicidad” que es Cuba. Seguramente, el 8 de diciembre muchos acudirán con su franela Zara rojita a votar por ese régimen que “lo protege” sin darse cuenta del país que están adquiriendo al pagar esa franela a precios “baratos”.

Les dejo, una vez más, por su vigencia, ese texto de 2010.

Venezuela entre Munchausen y Estocolmo

Hace algunos años, me comentaba una amiga que una mujer cercana a alias “Esteban”, le había dicho que el hombre, cuando aún le quedaba un ápice de conciencia y cordura, sufría muchísimo por lo que consideraba era como una maldición que lo perseguía. Decía esta mujer que llegaba hasta a llorar al preguntarse por qué siempre le hacía daño a quienes tenía cerca, por qué hacía sufrir y dañaba a quienes quería y lo querían.

Esta confesión, sea cierta o falsa, nunca la he olvidado y al ver la situación a la que ha llevado alias “Esteban” al país en la actualidad y a riesgo de parecer simplista y que este escrito está basado en un manual de sicología en 25 mil palabras -como esos que aparentemente se han  “medio leído” las eminencias del régimen sobre el socialismo y el marxismo-, me voy a permitir hacer una extrapolación hacia la situación de Venezuela, del trastorno psicológico que sufren algunas madres denominado “síndrome de Munchausen” y que consiste en que las madres perturbadas mentalmente inducen en sus hijos síntomas de enfermedades que pueden ser reales o aparentes.

Es decir, la mamá –perturbada- enferma o hace que su hijo se enferme o parezca enfermo. “La madre puede simular síntomas de enfermedad en su hijo añadiendo sangre a su orina o heces, dejando de alimentarlo, falsificando fiebres, administrándole secretamente fármacos que le produzcan vómito o diarrea o empleando otros trucos como infectar las vías intravenosas (a través de una vena) para que el niño aparente o en realidad resulte enfermo”.

Así, indudablemente, ha venido actuando el régimen venezolano desde hace casi doce años ya. Ha sido más de una década en la que el chavismo se ha empeñado en enfermar al país hasta llevarlo al borde del colapso en que nos encontramos. El régimen le ha venido progresivamente inoculando al país el virus letal de un socialismo trasnochado, que ellos llaman del Siglo XXI, hasta producirle la grave patología que presenta en la actualidad, ha procedido de la misma manera como lo hace la desequilibrada madre víctima del síndrome de Munchausen que le inyecta fármacos al niño para que se le manifiesten los síntomas de la enfermedad.

Como la madre perturbada, el gobierno dice que sus acciones están hechas desde el amor y buscando el bienestar del “pueblo” –generalmente, Chávez, al pronunciar la palabra “pueblo”, como cuando dice “Estado”, se golpea el pecho con la palma de la mano en un gesto que evidentemente deja entrever que él es el “pueblo” y él es el “Estado”-.

Con las excusas del amor, la soberanía y la independencia el régimen ha llevado el país al colapso, como la madre mentalmente enferma y víctima del Munchausen, ha enfermado a Venezuela política, económica, social, ética y moralmente. No voy a enumerar todos los graves problemas que padecemos los venezolanos porque creo que son ampliamente conocidos y sufridos por todos, pero es evidente que el causante “amoroso”, el culpable “libertario” no es otro más que el gobierno.

El  régimen nos ha ido cerrando todas las puertas y bloqueando las salidas. Como en el cuento de los cerdos salvajes, nos ha ido poniendo cercas y secuestrándonos, ha enfermado de manera deliberada al país sin encontrar una cura para esta grave enfermedad que sufrimos y que pareciera estar llegando a su estadio terminal.

SINDROME DE ESTOCOLMO

Pero Venezuela no sufre en la actualidad solamente del síndrome de Munchausen, de otra parte están quienes parecieran a su vez padecer de otro síndrome: el de Estocolmo.

Es impresionante ver cómo muchos venezolanos están conscientes de los problemas que enfrenta el país en seguridad, escasez de alimentos, corrupción, desempleo, pérdida vertiginosa de la calidad de vida, violencia, etc. Y, como los secuestrados que padecen del síndrome de Estocolmo, justifican a sus captores, los entienden, y aceptan resignados los maltratos que les propinan sus secuestradores.

Si uno se acerca a Twitter, por ejemplo, y revisa las peticiones que le hacen a @Chavezcandanga -la cuenta que hace unos meses abriera el presidente para tener un contacto más “directo” con los ciudadanos y que días más tarde terminara siendo atendida por una guerrilla de 200 personas contratadas para tal fin-, se encontrará con que la gran mayoría de los mensajes que recibe la cuenta son solicitudes de personas que tienen problemas de vivienda, de empleo, de seguridad, que presentan denuncias de corrupción o atropellos y abusos de poder, pero todos comienzan agradeciendo al comandante por su gobierno, por su “patria socialismo o muerte”. Saben que sus carencias no han sido satisfechas en estos 12 años, pero siguen seducidos por Chávez, como “la víctima de un secuestro, o persona retenida contra su propia voluntad, (que) desarrolla una relación de complicidad con quien la ha secuestrado. En ocasiones, dichas personas secuestradas pueden acabar ayudando a sus captores a alcanzar sus fines…”.

Una muestra de estas manifestaciones de la gente se puede apreciar al leer algunos de los comentarios hechos en el artículo “Chavezcandanga, Esteban llegó a twitter“, que escribí en abril de 2010.

Dice Wikipedia que “Los delincuentes se presentan como benefactores ante los rehenes para evitar una escalada de los hechos. De aquí puede nacer una relación emocional de las víctimas por agradecimiento con los autores del delito”. Creo que esto explica perfectamente a lo que me refiero cuando sostengo que quienes aún continúan creyendo y esperanzados en el  gobierno les proporcionará la satisfacción de sus necesidades y les mejorará la calidad de vida, parecieran estar absolutamente afectados por el síndrome de Estocolmo. Son estos quienes comienzan su rosario de quejas y solicitudes manifestando su profundo amor y admiración hacia el comandante y su revolución.

Pero, lamentablemente, en Venezuela, junto con los dos síndromes anteriores, convive un problema que puede ser aún más grave de solucionar, y aquí vuelvo a hacer otra extrapolación: un elevado número de venezolanos pareciera sufrir de “trastorno o desorden de deficiencia de atención”. Estos son los que ven la situación que atraviesa el país con total apatía, indiferencia y desinterés. A estos no les importa que se vaya la luz, que cierren emisoras de radio y TV, que haya escasez de alimentos, que no se pueda tener acceso a los dólares, que hayan intervenido y cerrado bancos y que el resto del sistema bancario se encuentre bajo permanente amenaza, que se pudran toneladas de alimentos en contenedores, que se consigan medicamentos e insumos médicos vencidos almacenados en depósitos del gobierno, que sus vecinos hayan sido robados o asesinados, que sus primos estén desempleados, que sus mejores amigos se hayan visto obligados a emigrar para buscar una oportunidad laboral que le fue vetada en el país por haber trabajado en la antigua Pdvsa o, simplemente, para obtener  mejor calidad de vida para ellos y sus hijos. El trastorno de déficit de atención sólo les permite estar pendientes del fin de semana, de la playa y el cine, del álbum de Panini, del juego de su equipo deportivo favorito y si, por casualidad, se les toca el tema de la situación de crisis del país, sencillamente voltean a mirar la luna o zanjan el tema con un “qué fastidio a mí la política no me interesa”.

NOTA: Si alguien conoce un tratamiento o una terapia que puedan ser efectivos para enfrentar estos trastornos que presenta Venezuela en la actualidad, por favor deje su receta en un comentario al terminar de leer el texto.

Daka, el rostro de la miseria humana

venezuela
Lo de Daka no se me sale de la cabeza. Es como una idea fija. Como una obsesión. No puedo evitar pensar en esas caras de alegría de la gente saliendo con cajas que no podía ni cargar, en los vidrios desplomándose ante la arremetida de la poblada, en Nicolás diciendo en cadena “¡Que no quede nada en los anaqueles!”.

Daka removió cosas dentro de mí, hizo que, una vez más, me pregunte ¿De qué materia está hecho el venezolano? ¿Siempre hemos sido así o los últimos 15 años nos han tranformado?

Veía los videos y no podía dejar de pensar en la Bobulina, en esa terrible escena de Zorba, El Griego, en la que mientras la mujer agoniza en su lecho de muerte, las viejas arpías entran a todos los rincones a saquear cualquier trapo, cualquier adorno, cualquier baratija. Nadie se preocupa por la moribunda, todos están poseídos por la avaricia.

Como cuando, hace pocos meses, el hombre del camión de cervezas agonizaba en su vehículo volcado mientras la gente solo se afanaba por recoger botellas como botín. Nadie le dio atención, a nadie le importó su vida. Lo único que contaba era el momento de rebatiña.

Pero eso no es lo peor. Lo que me retumba en la cabeza es las explicaciones que he leído de algunos, bien para acometer el saqueo, o bien para justificarlo.

Dicen esos: “Eso fue pactado con los dueños”. “Bien hecho que los saqueen porque esos carajos son chavistas”. “A ellos los saquearon como ellos saquearon el bolsillo de la gente con su usura”. “Ellos recibían dolar Cadivi y ponían los precios a dolar paralelo”. “El dueño de Daka es Diosdado Cabello, bien hecho que lo saqueen”…

Leía y pensaba en Franklin Brito. En ese hombre que murió de inanición reclamando justicia sin que el país se inmutara. Venezuela contempló como un hombre de más de un metro ochenta de estatura y mas de 100 kilos se convertía en un saco de huesos cubiertos por la piel venezuela8como quien ve una película animada de Tim Burton. Tal vez, la película remueva más sentimientos en los venezolanos que la visión de un hombre que ante sus ojos se convertía en un remedo de ser humano. Todo después de haberse amputado un dedo y haber tratado por diferentes medios de ser oído, de tener acceso a la justicia,  que su reclamo fuera escuchado.

Cuando Franklin Brito hacía su huelga de hambre, algunos amigos decidieron no hacer nada para apoyarlo porque “eso se lo había buscado él”.

Unos decían que no iban a meterse en eso porque todo obedecía a un problema de faldas. Supuestamente, Brito se había metido con la mujer de alguien del gobierno y éste le estaba pasando factura.

Otros sostenían que no moverían un dedo por el agricultor porque él se había robado parte de esas tierras, había corrido los estantillos unos metros apropiándose de una gran extensión de terreno que no le pertenecía.

En fin, en el caso de Franklin Brito, como en el de Daka, todos parecían tener una razón para no actuar. Para no pronunciarse. Para no pedir justicia. Para justificar la falta de solidaridad.

Nadie parece ponerse a pensar que los que nos pronunciamos en ambos casos, como en muchos otros, no estábamos ni estamos defendiendo a una persona. No se trata de “los dueños de Daka”, -que a lo mejor es cierto que viven en Panamá felices o, seguramente tienen seguros que les pagarán sus pérdidas- ni se trataba de Franklin Brito, el posible ladrón de tierras. Se trata de JUSTICIA.

Se trata de que hay un sistema legal y de justicia al que los ciudadanos deberíamos sentirnos con el derecho y el deber de acudir cuando sintamos que nuestros derechos están siendo venezuela5conculcados y que ese sistema debería prestarnos oídos y darnos una justa y satisfactoria respuesta. Se trata de que las sociedades tienen un estamento jurídico al que se debería acudir para dirimir los conflictos.

Si los dueños de Daka cometieron un delito, quienes los acusan están obligados a demostrar por la vía legal y de la justicia que ésto fue así. Si Franklin Brito reclamaba justicia, el Estado debió atender su reclamo y darle un tratamiento justo. En ambos casos debería prevalecer la presunción de inocencia hasta que quienes acusan demuestren la culpabilidad.

Lo que no se puede permitir sin inmutarse, sin levantar un dedo, sin hacer escuchar aunque sea una voz de protesta, es que Franklin Brito muriera de inanición esperando por la justicia, ni que una poblada enardecida salga, al grito de “¡Que no quede nada en los anaqueles!”, a derrumbar vidrios, saquear y llevarse hasta los puntos de venta. Y menos aún podemos ser indiferentes ante imágenes y videos de miembros de la policía y la Guardia Nacional participando de esos saqueos.

Es allí donde el gentilicio duele, donde yo siento que el 8.036.631, ese numerito que acompaña mi cédula de identidad de ciudadano venezolano, comienza a desvanecerse. Es en el momento venezuela3cuando veo gente robando alegre un televisor plasma de un tamaño que posiblemente ni cabrá en su casa, cuando veo que la ley que impera es la del más fuerte y el más arrecho, es entonces cuando el pasaporte quiere convertirse en una visa y en un papelito de residente de cualquier país donde me den las más básicas y mínimas garantías de que, al momento de requerir justicia y legalidad, el Estado estará en capacidad de darme a mí y darle a todos los ciudadanos esa justicia y esa legalidad.

Mientras escribo esto, me asomo a la calle y me invade la tristeza, la desesperanza. Unas inmensas ganas de llorar me nublan las pupilas. A pocos pasos de donde me encuentro, hay una cola de gente esperando para cargar con lo que pueda en una tienda de electrodomésticos venezuela6de un amigo. Como zamuros ante la carroña se acumulan a la puerte de Mega Hogar.

Una amiga me cuenta que parece que ya acabaron con Imgeve. Que, supuestamente, la Guardia Nacional terminó poniendo la mercancía en la calle para que la poblada se la llevara. No sé que tan cierto sea, pero las ganas de llorar no pasan. Un señor comenta que en Los Plantaneros saquearon un local de repuestos de automóviles y mi gentilicio, una vez más, sufre un desvanecimiento.

Mis interrogantes sobre la naturaleza ética y moral del venezolano, me abruman. Hacen que me duela la cabeza. El nudo en el estómago es una punzada en la nacionalidad. Creo que nunca terminaré de comprender cuáles son los sentimientos  que mueven a mis compatriotas. No sé qué hace que todo termine siendo una exhibición de las miserias humanas. Venezuela es una inmensa e indefensa Bobulina. Las arpías acechan. Esperan una mínima señal.

No conozco a los venezolanos. Desconozco lo que nos mueve. Pero tengo la certeza de que el régimen sí nos conoce al militmetro. Sabe cuáles teclas tocar para que emanen nuestras miserias. Y lo hace cuando más le conviene.

Hay gente que piensa que el régimen quiere generar violencia y caos para suspender las elecciones. Yo creo que no se llegará a la violencia descontrolada. Todo es medido y calculado. Los policías y la Guardia Nacional se encargan de eso. Para suspender elecciones solo les venezuela7bastaría una llamada, una orden al CNE.

Lo que quieren es garantizarse el voto de esos que hoy saquean a mansalva. Quieren hacerles creer que el régimen los cuida y protege. Parece que para estas elecciones, la caja chica de Pdvsa ya no alcanza para ir con cheques en blanco a comprar electrodomésticos y llevárselos a la gente para comprarles el voto. No hay dinero. La forma de darles eso, a lo que los tienen acostumbrados a cambio de su voto, es mandarlos a saquear.

Al final, estoy más convencido que nunca que no se trata de Daka, ni de Brito. Se trata de mí. De ti. De nosotros. ¿A quién acudiremos cuando nos toque el turno? ¿A quién, cuando vengan por nosotros? ¿A quién acudirás cuando vengan por ti?

Lloro…

La verdad oficial Vs. la contundente realidad

la verdad

Si algún éxito se le puede atribuir al difunto Chávez en los 14 años de su autoritario régimen, fue el haber logrado, para el momento de su deceso, configurar un aparataje comunicacional eficiente y agigantado que logró llevar su mensaje “revolucionario” a los más apartados confines del mundo y al más recóndito rincón de la geografía venezolana.

Aquella “hegemonía comunicacional” de la que en varias oportunidades se les oyó hablar a los partidarios del régimen chavista, luego de 14 años en el poder, parece estar completamente desarrollada y establecida. Para alcanzarla, se valió de la creación de nuevos medios de comunicación como revistas, panfletos, emisoras de radio y televisión comunitarias,  emisoras de radio y televisión regionales, millonarias campañas publicitarias y de propaganda, así como  de cierres por vías “legales” de medios de comunicación que le resultaban incómodos a sus propósitos de llevar “Su Buena Nueva” a todos los lugares, con el menor ruido posible.

A esto hay que agregarle un gran lobby internacional de medios e intelectuales del planeta, unos pagados por el estado venezolano y otros atraídos por lo exótico que les resultan, a cierta intelectualidad de izquierda del mundo desarrollado europeo y estadounidense , todos los gobiernos que se erigen como anti imperialistas y contarios a todo lo que tenga la etiqueta de “gringo” o “pitiyanqui”, además de la creación de un canal internacional de televisión como Telesur al servicio absoluto de la “verdad” revolucionaria y la creación y aplicación de leyes de comunicación que estimularon la autocensura de los medios privados que tendían a ser opositores o medianamente imparciales, muchos de los cuales eliminaron de su parrilla de programación la mayoría de programas de opinión y de entrevistas, destinando sus programaciones a espacios de entretenimiento, concursos, bricolaje, cocina y telenovelas, o pura musiquita en las emisoras de radio.

Los pocos espacios de opinión que sobrevivieron se han visto obligados a ingeniárselas para cumplir con el reglamento de comunicación siempre ambiguo y discrecional, mediante el cual, con parámetros absolutamente subjetivos y sujetos a la arbitraria interpretación del ente regulador, el estado tiene la potestad de sancionar a periodistas y medios si considera que “incumplió” con la norma. De esta forma, el ejercicio de la comunicación en Venezuela en los últimos años, se ha desarrollado siempre bajo amenazas y tutelajes que han exacerbado la autocensura. Se comunica desde el miedo y de esto no se han salvado ni siquiera los programas de entretenimiento más banales. Todos pueden en cualquier momento pisar un callo que incomode al régimen y que haga que se “solicite” su suspensión y salida del aire bajo tácitas amenazas de acciones “legales” más fuertes.

Todo este panorama de hegemonía se ve coronado con las innumerable e interminables cadenas de medios de las cuales ha hecho uso y abuso el régimen amparándose en el derecho que la ley le otorga. Las cadenas de radio y televisión llegan hasta el más apartado rincón del país y son transmitidas en muchos casos a nivel internacional vía televisión por cable y por Telesur.

Mientras los medios de comunicación oficiales,  esos que se supone son de todos los venezolanos, aunque han devenido en oficinas de prensa del gobierno y del partido PSUV,  especialmente la televisión, tienen alcance realmente nacional; el único canal que permanece al aire con tendencia opositora es Globovisión, con señal abierta solo en el centro del país y solo vía cable en el interior, con lo cual su alcance es bastante limitado así como su audiencia.

Globovisión ha estado bajo amenaza desde hace muchos años. Han recibido sanciones y multas multimillonarias y siempre mantiene un “expediente abierto” dentro del régimen. La razón principal por la que el gobierno no se ha decidido a cerrarla por completo es porque le ha funcionado como “detergente” para lavar ante el mundo el carácter autoritario y dictatorial del gobierno. Efectivamente, quien vea por un rato un “Aló, ciudadano”, podría decir que Venezuela es el país con la mayor “libertad de expresión del mundo”, como le gusta decir a los oficialistas. No obstante, esa supuesta libertad, esté siempre vigilada y amenazada y, al hurgar un poco más la superficie, se constate que no hay tal libertad si los periodistas y presentadores trabajan con una espada de Damocles sobre sus cabezas, atentos no solo a lo que ellos dicen sino a lo que digan sus invitados y entrevistados pues las opiniones de estos también terminan siendo responsabilidad del periodista y del medio.

Por ejemplo, solo para ilustrar, si un periodista entrevista a alguien y a esa persona se le ocurre decir: “Anoche salí y me tomé unos vinos”, si es en vivo, el periodista debe saltar a decir que eso no se puede decir so pena de ser sancionado si no lo hace, y si es grabado, a la palabra “vino”, le montarán un pitico de censura, como sucede con una canción muy sonada en la radio a la que le ponen el pito censor sobre la palabra “cerveza”.

De todo este poder comunicacional se ha valido el régimen para esparcir por el mundo su “verdad”. Es este poderío el que ha logrado vender en el exterior la especie de “una revolución equitativa y justa”, con plenas libertades democráticas, exitosa e incluyente, mientras que en el plano interno ha sumido al país en la bancarrota, la escasez, la inseguridad, la división, el odio entre hermanos… El viejo truco de la mentira repetida mil veces y de, si piden ajo, les damos ajo hasta que lo repitan.

De esta estrategia viene la falsa creencia en el mundo y en gran parte de la población venezolana de que Chávez fue el que vio hacia los pobres, los tomó en cuenta por primera vez y los “empoderó” como les gusta decir. En realidad, el régimen no hizo más que continuar con las viejas políticas sociales de anteriores gobiernos democráticos. El vaso de leche escolar, los comedores escolares, los hogares de cuidado diario, las casitas de Inavi, el programa ACUDE de alfabetización, los programas de formación del INCE, las escuelas técnicas industriales… Por nombrar las primeras que me vienen a la mente, fueron el germen de las “Misiones”. Es poco lo realmente nuevo durante su gobierno, y no mucho más efectivo que sus originales.

Pero el aparataje comunicacional hizo que la gente olvidara lo que habían hecho otros gobiernos y de tanto repetirles que antes no tenían asistencia social, terminamos todos convencidos de que fue así y repitiendo el estribillo de que “con Chávez, por primera vez, se tomaban en cuenta los pobres”.

Lo único que tiene de cierta esa afirmación es que, por primera vez, un gobierno empezó a conectarse con el resentimiento de los pobres, empezó a utilizarlos de manera impúdica y descarada para sus fines absolutistas.  Desde las altas esferas del gobierno se fueron a los barrios del país, especialmente en Caracas, con armas y un discurso de odio y división para conformar milicias y cuerpos para-policiales con los cuales enfrentar a la oposición cuando esta saliera a reclamar y protestar por sus derechos.

A fuerza de repetir en sus medios de comunicación que la escasez de alimentos, la inseguridad, la falta del servicio eléctrico, de agua, y de todos los servicios básicos son culpa de los burgueses y del imperio, el régimen logró imponer su verdad y sembrar su odio en aquellos que compraron su discurso. Muchos de esos son los que en la actualidad dicen: -No me importa que me maten, que me roben, que mis hijos no tengan leche, que no consiga medicinas, pero NO VOLVERÁN”.

La propaganda logró imponer ante el mundo el éxito de la “Misión Vivienda”. Entregan 200 casas y la propaganda la repiten incansablemente hasta que pareciera que son 2 millones de casas, aunque en la realidad, el déficit habitacional se ha incrementado cada año hasta niveles alarmantes. Esa capacidad propagandística es la que hace que un proyecto que en cualquier país civilizado del mundo sería considerado un oprobio como lo es La Torre de David en Caracas, donde una invasión terminó siendo un barrio vertical, controlado por “líderes” al mejor estilo de los “pranes” que gobiernan las cárceles, con armas, drogas y el abuso producto del hacinamiento, haya terminado siendo enviado a la Bienal de Venecia y premiado como ejemplo de “organización social”.

“Por primera vez al pobre lo toman en cuenta” y en realidad lo que han hecho es mudarle el rancho y el mal vivir. Muchas viviendas de las que han entregado están en pésimas condiciones, edificios de 12 pisos sin ascensor, escaleras sin acabar y sin barandas. Edificios mal construidos junto a urbanizaciones de clase media y entregados a “sus pobres” no con la finalidad de mejorarles su calidad de vida sino para utilizarlos como banda de choque contra esa clase media que no termina de arrodillarse ante el poder y la revolución. A muchos los sacaron del rancho en el cerro para llevarlos al rancho en la urbanización. Cambio de escenario sin que en realidad eso signifique un cambio ni en la calidad de vida del pobre ni es su capacidad para salir de la pobreza. Mientras tanto  la lista de damnificados esperando solución a su problema de vivienda se mantiene por años.

Hablan de “seguridad alimentaria” y uno pasa frente a los supermercados y ve las colas de personas interminables para comprar 2 pollos, un kilo de azúcar y un kilo de harina. Pero, los seguidores del régimen que están en la cola, están convencidos que esa escasez es culpa de la “burguesía apátrida” y del “saboteo” con el que lo bombardean 20 veces al día en los medios oficiales. O, se dejan convencer, en otros casos, de que la escasez se debe a que como ahora los pobres tienen poder adquisitivo, se consume más y no alcanza la producción.

Esas personas que creen y quieren creer la verdad oficial, en muchos casos, no tienen acceso a la información que la contrasta. Para ellos la verdad oficial es “la verdad”, pues no tienen señal de “Globovisión” en sus casas para que, al menos, les siembren la duda. A ellos les llega la versión del CDI quemado pero no la réplica de las personas que investigan el hecho. Como sucedió con Provea. A ellos no parecen llegarles las informaciones que dan cuenta de la caída en la producción en todos los rubros, de los cierres de empresas, de la huida de la inversión a países como Colombia y Panamá porque el capital escapa de países donde se siente inseguro. Quienes consumen la verdad oficial no tienen posibilidad de pasear por países como Uruguay o Colombia y contrastar su realidad con la que vive la gente en esos países. Ellos creen lo que dicen sus medios de que la crisis es mundial y se imaginan que los supermercados y servicios públicos en otros países están en el mismo deplorable estado que el nuestro, o peor, porque son países más pobres.

Todo este panorama convirtió  al régimen venezolano en un fascismo de librito, terminó cumpliendo con la mayoría de las características que identifican a ese tipo de regímenes o, en su ampliación, a gobiernos autocráticos, totalitarios y dictatoriales. Cito algunas de esas características:

–        Buscó legitimarse a través de la movilización popular, invocando ser los auténticos representantes de los intereses del pueblo.

–        El dominio de su prédica ante las masas llevaba a la construcción de una falsa realidad a través del dominio de los medios de comunicación y de un aparato propagandístico que martillaba una sola “verdad”. Como afirmara el ministro de Propaganda Nacionalsocialista, Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Para ello procuraron re-escribir la historia para hacerla coincidir con sus designios de poder. (Aquí le agrego que basta decir que hasta una nueva imagen de Simón Bolívar llegaron a producir).

–         Las pretensiones de este liderazgo por amasar cada vez más poder demandaba señalar la existencia amenazante de un “enemigo”, tanto externo como interno, que ponía en peligro los avances de la revolución fascista. Ello “justificaba” la eliminación de toda traba a la concentración de poder y exigía lealtad absoluta a sus seguidores, pues se trataba de librar una batalla victoriosa contra ese “enemigo”.

–        El nazi-fascismo se propuso la destrucción del Estado de Derecho “burgués” argumentando que su “blandenguería liberal” obstaculizaba la conquista de los fines trascendentales reservados al pueblo. Al “enemigo” no se le podían reconocer los mismos derechos que el “ciudadano de bien” y se le discriminaba política, social y jurídicamente. El régimen Nacionalsocialista buscó acabar con la institucionalidad existente mientras edificaba una institucionalidad paralela, dependiente del partido.

–        Lo anterior implicaba la politización de la justicia, siempre en nombre de la “voluntad del pueblo”, y la “judicialización” –penalización- de toda acción política opositora.

–        Esta especie de “revolución permanente” se basaba en la polarización maniquea de la lucha política –los buenos, patriotas, “nosotros”, contra los malos, vendepatrias, “ellos”- y buscaba galvanizar a las masas para cerrar filas detrás del líder.

–        Consustancial a lo anterior era el ejercicio extendido de la violencia callejera por parte de organizaciones partidistas uniformadas de naturaleza para-militar.

No obstante, todo el poderío y hegemonía comunicacional y el inmenso aparato de propaganda que quedó completamente establecido dentro y fuera de las fronteras de Venezuela para el momento del deceso de Chávez, bastaron los pocos meses de la enfermedad del líder y los siguientes meses a su muerte para que Nicolás Maduro se terminara llevando por los cachos el trabajo de 14 años del líder del “proceso socialista” venezolano.

A pesar de la limitada, semi-amordazada y el corto alcance de la señal de Globovisión y de lo poco extendido que está el uso de las redes sociales en el país, el manejo de las (des) informaciones de los partes médicos sobre el estado de salud del mandatario, el hermetismo y la falta de rigurosidad y seriedad al momento de comunicar, empezaron a medrar el poder del inmenso aparataje comunicacional y de propaganda del régimen.

Los seguidores del chavismo podrán ser humildes y en muchos casos de escasa formación académica, pero no son tontos ni faltos de inteligencia y sentido común y, a pesar del fanatismo y amor profesado al líder, en el fondo no los engañaron por completo y la duda acerca de la veracidad de las informaciones que les ofrecían empezó a sembrarse en sus cabezas. Confirmadas cuando, luego de haberlos mantenido por meses con la expectativa de que su querido líder regresaría fortalecido y robustecido y de “partes médicos” que daban cuenta de largas horas de trabajo en su lecho de convaleciente, el 5 de marzo le informaron que había muerto. La duda sobre la sinceridad de los herederos quedó subyacente bajo el duelo y el dolor de la noticia del fallecimiento.

Las mentiras evidenciadas en todos los voceros del oficialismo hicieron que la duda cobrara cuerpo en sus seguidores y, esa duda, aparte de la falta de liderazgo de Nicolás Maduro, hizo que la cantidad de votos para su candidatura menguara por miles a diario, hasta llegar al desastroso resultado para el oficialismo de las elecciones del 14A.

Pero, el desespero por la aplastante derrota hizo que los voceros oficiales siguieran cometiendo errores. A los abusos y trampas que se vivieron durante el proceso electoral que dejaban en el ambiente un sospechoso tufillo a fraude, se le sumó la desorientada política comunicacional del régimen que empezó a dar palos de ciegos en su afán por montar una matriz de opinión de un supuesto golpe de estado fraguado desde la oposición y de supuestos hechos de violencia orquestados desde las filas del candidato opositor quien, desde la misma noche cuando se dieron los resultados salió a exigir un reconteo y auditoría de los votos.

La realidad empezó a imponerse por encima del aparato de propaganda y a atornillar la sospecha y la duda en ambos bandos del electorado.

Los acompañantes internacionales vieron las irregularidades que se cometieron en los centros de votación, como las vieron los votantes de ambos candidatos. La sensación de trampa, existente en los venezolanos desde hace varios procesos electorales, se fue materializando y el hecho de que el oficialismo empezara a circular falsas informaciónes, medias verdades y mentiras completas, fácilmente descubribles al asomarse a la realidad como las de los ataques a centros de salud y a instalaciones partidistas corrieron como agua desbordada por las redes sociales y en el boca a boca.

La realidad no podía ser ocultada con cadenas de medios ni con declaraciones de quienes cada vez que hablan terminan más desacreditados ante la sociedad. Ni siquiera manipulaciones como la información transmitida por Telesur cuando daba cuenta de los fuegos artificiales en la toma de posesión de Maduro quitando el audio ambiente para eliminar el ruido de las estruendosas cacerolas que se imponía a las detonaciones, como protesta por la apresurada juramentación, pudo calmar la duda de la gente.

La verdad oficial parece tener simientes de barro y la lluvia desaforada de mentiras, amenazas y transmisiones de imágenes espectaculares como las logradas durante el acto de juramentación logran evitar que en la opinión nacional e internacional quede la sensación de que “se robaron las elecciones”, como lo dijo Capriles. Las apresuradas declaraciones de representantes del resto de los poderes que siempre han estado en contubernio con el ejecutivo, generaban más suspicacias que certezas.

La persecución de los empleados públicos que votaron por la oposición para despedirlos de sus trabajos ayuda a confirmar la duda de si esos resultados dados son realmente los que son y hace que al final de esta jornada, cerca del 80 por ciento de la población esté de acuerdo con que se haga una auditoría seria y completa que despeje las dudas de los votantes de ambos lados. La negativa del ente comicial, bajo leguleyas objeciones, no hace más que acrecentar la sospecha y lo que empezó siendo un tufillo a fraude ha devenido en un penetrante hedor a trampa.

Al final, los intelectuales y políticos serios tanto dentro como fuera del país, que en diarios y foros de internet alguna vez apoyaron con sus opiniones al régimen chavista, parecen hacerse a un lado ante las flagrantes evidencias de trampa y la apabullante duda y las constantes sospechas que dejan la elección. Muchos piden explicaciones de la derrota y están de acuerdo con que se produzca una profunda auditoría. La defensa de la verdad oficial del régimen ha quedado en gente de muy dudosa reputación y credibilidad, las voces serias del mundo, aunque no terminen de pronunciarse directamente con respecto al tema, con su silencio parecen convalidar la tesis de que se hace necesaria la auditoría de las elecciones, satisfaciendo las demandas hechas por la oposición que, a fin de cuentas, tiene todo el derecho de dudar y de que se le despejen sus dudas de manera contundente.

El hecho de que tanto Nicolás Maduro como Jorge Rodríguez y el mismo CNE se desdijeran sobre su posición respecto a la auditoría luego de que había aceptado la solicitud, no ayuda a aclarar las sospechas. Todo apunta a que fue una burda estrategia para tener un país relativamente en calma para el show de la juramentación al que asistirían algunos presidentes y representantes de países extranjeros, quienes fueron, aparentemente, engañados en su “buena fe”.

Falta por saber si la perdida de eficiencia del aparataje comunicacional y de propaganda enfrentada a la realidad que parece golpear con mano de acero al régimen, acabarán siendo el germen que termine por derrumbar esta farsa que se ha llamado “socialismo del Siglo XXI”, que no ha sido más que la imposición en Venezuela de un sistema autocrático, totalitario, dictatorial que, como dije anteriormente, terminó convertido en una régimen fascista de librito.

¿Será que estoy paranoico?

IMG-20130416-11878Pensé que la noche del 15 de abril para el 16, dormiría profundo y descansaría plácidamente luego de haber tenido una tensa y larga noche esperando los resultados y de haber pasado un intenso día de protestas, tensión, emociones y descargas. Estaba seguro que dormiría como un bebé al no más poner la cabeza en la almohada.

Pero en mala hora se me ocurrió poner VTV ya cerca de la una de la mañana, antes de dormir.

Lo que había en pantalla era una transmisión de terrorismo de estado. Las “informaciones” y reportes que transmitían parecía un parte de guerra. Hablaban de muertos en varias partes del país. De sabotajes y atentados. Varios gobernadores aparecían por teléfono dando terroríficos reportes de supuestos hechos de violencia sucedidos en sus localidades. Por supuesto, todo mostrado con la más evidente manipulación y mala intención y atribuyendo los hechos vandálicos a la oposición que desde que se dieran los resultados electorales no ha hecho más que exigir un reconteo de los votos que demuestre que ese resultado dado por el CNE se ajusta a lo que los votantes expresaron en las urnas.

Inmediatamente, mi mente escuálida y cochina, sospechó que todo se trataba de lo que en el argot periodístico se llama “montar una olla”. Es decir, anunciar supuestas informaciones como ciertas y sin mayores evidencias, con la única finalidad de ir generando una matriz de opinión que justifique, más tarde, cualquier acción al respecto. Ya en Venezuela estamos curados con esas actividades muy típicas del régimen castrista y del G2 cubano. Generan una matriz de opinión, hacen todo un abono periodístico de lo que a ellos les interesa para después arremeter contra líderes políticos o de opinión, basados en las informaciones supuestas que ellos mismos forjaron.

izarraLa pantalla de VTV era una transmisión de guerra y, entre anuncios de muertos, destrozos y atentados iban intercalando amenazas y atribuyendo culpas a la oposición que desde el domingo reclama que nos demuestren que nuestros votos realmente eligieron al presidente que en la tarde proclamó el CNE.

Para tratar de distraerme, abro el Facebook y encuentro que en el muro de una amiga que vive en las Residencias San Martin, los edificios que se encuentran detrás de la sede del CNE y donde se encontraban en protestas estudiantes zulianos pidiendo el reconteo de los votos y la verificación de los resultados, pone: “Balacera cercanías CNE Maracaibo”.

Casi al mismo instante me llegó un mensaje de pin: “Hay dos muertos en el CNE”.

Inmediatamente, salté al twitter a ver que me encontraba. Luego del terror visto en la pantalla de VTV, me resistía a pensar que el estado de facebook de la amiga y el pin de la otra amiga, a quienes conozco por serias y confiables, fuesen bromas de mal gusto. Aunque en el fondo lo deseaba. Empecé a recorrer el Timeline y de pronto, veo un tweet que dice:

“Con muerto y todo!!! Aqui en el cne de maracaibo.. Quien es el muerto? De los tupamarus”

Ponía un link a una confusa fotografía en la que se distinguía un lugar acordonado, policías y un cuerpo en el suelo.

Ya el sueño se me había ido al diablo. Sigo leyendo el Twitter y consigo una información relacionada con lo sucedido cuyo título ponía: “Ataque de Tupamaros a estudiantes en el CNE Zulia dejó dos muertos y 6 heridos”.

Leo la información que da cuenta de que un grupo de tupamaros se acercó al lugar para atacar a los estudiantes y la Guardia Nacional mató a dos de los atacantes al defender a los muchachos.

Ya la cosa empezaba a tornarse en película de terror en mi cabeza. Una punzada me taladraba el entrecejo. A pesar del cansancio, por la impresión de las informaciones sabía que no podría conciliar el sueño con facilidad. Sigo leyendo tuiter y me encuentro con una captura de pantalla de un tuit de Andrés Izarra que decía: “A nada le temen más esas hordas fascistas dirigidas por #CaprilesFascista que a los motorizados del pueblo. Habrá que organizar algo mañana”. 10:30 p.m. 15 abr 13

Y casi que a continuación veo un video grabado en la Circunvalación 1 de Maracaibo en la que una patrulla de policía de la alcaldía oficialista de San Francisco parece arremeter contra algunos manifestantes. Ya a este punto lo que me provocaba era hacerme una merengada de valium y meterme debajo de la cama. Parecía que estaba en marcha un plan de terrorismo de estado, al menos así lo sentía yo.

No dormí. Lo que hice las horas que estuve en la cama fue revolcarme de un lado a otro. Cuando el día clareó, me puse la almohada en la cara para evitar la luz que se filtraba por la ventana y que me producía ardor en los trasnochados ojos.

Finalmente me levanté. Me bañé y me vestí y a eso de las 10 de la mañana salí camino al CNE para acompañar la marcha que llevaría a la institución electoral el documento con la solicitud formal del reconteo de los votos, como sucedería en todas las sedes regionales del país.

IMG-20130416-11879El calor era aun más inclemente que el del día anterior. El cielo estaba despejado y los rayos del sol pasaban sin ningún filtro. Afortunadamente, esta vez tomé la precaución de ponerme mi gorra tricolor y cargar con un cooler con agua y hielo.

El lugar estaba a tope de gente y detrás de mí, seguía llegando más. Abundaban las pancartas que reivindicaban la protesta solicitando el reconteo y otras más jocosas e ingeniosas. A ratos, las pancartas y banderas eran utilizadas como parasoles para tratar de mitigar el calor y el ardor producidos por los inclementes rayos del sol del mediodía. Todos sudábamos y teníamos las caras y franelas empapadas de sudor pero seguía llegando gente.

Mucha gente joven, muchos estudiantes. Por parlante escuchaba a un estudiante decir: “Hacen falta mucho más que balas para acabar la esperanza de esta juventud”, y no podía dejar de pensar en las amenazas y el terror puesto en pantalla en VTV la noche anterior.

-No hemos dormido y no nos vamos a mover hasta que se logre el conteo voto a voto, dijo. Y empezó a relatar lo sucedido la noche anterior cuando los tupamaros, según dijo, enviados por el Alcalde de San Francisco Omar prieto arremetieron contra ellos.

-Omar Pietro desató una noche de cristales rotos con 5 dirigentes presos. ¡Cobardes!  Mientras otro estudiante aseguraba que “Nuestra conciencia ni se compra ni se vende”.

Uno de los oradores informó que el objetivo se había logrado y que el documento se había entregado al CNE. Pero la gente no tenía intenciones de moverse de allí y continuaban llegando más personas.

IMG-20130416-11885Llegó la hora en que yo tenía que abandonar el lugar. Pasaba de las 12 del mediodía y yo tenía que trabajar. Cuando emprendíamos el camino a donde habíamos dejado el carro, el ruido de un helicóptero nos hizo mirar al cielo.

Una nave rojita comenzó a volar en círculos sobre la manifestación. Volaba bajo, más bajo de lo que la prudencia indicaría pasando sobre los edificios. Los presentes comenzamos a pintarles palomas con las manos, quienes conocen del tema, aseguraron que se trataba de un helicóptero de la Alcaldía de San Francisco. Si, la de Omar Prieto.

Por un momento, llegué a pensar que la nave nos seguía a nosotros pues cambió de repente su ruta de vuelo y en lugar de dar la vuelta donde lo había hecho anteriormente en varias oportunidades, lo hizo sobre el lugar donde nosotros nos disponíamos a subir al carro.

Me daba la sensación de que el régimen de gobierno en Venezuela estaba transformándose violenta, rápida y vertiginosamente de una neodicatadura, a una dictadura clásica con toda la represión y persecución que eso implica.  Espanté esos pensamientos paranoicos con un sacudón de cabeza y me fui a trabajar.

El cuerpo daba señas del cansancio y un cierto malhumor comenzó a apoderarse de mí. Pensaba en VTV, en los tupamaros muertos, en el video de la Circunvalación, en el tuit de Izarra y la sensación de vivir bajo un régimen opresor no me abandonaba. Pensaba: “Cómo quisiera vivir donde un pueblo que protesta no es sospechoso de nada y donde la protesta no sea considerada como un atentado sino como un derecho, un reclamo que debe ser atendido”.”¿Será que estoy paranoico?”

Una foto que me enviaron por pin, daba muestra de francotiradores en los edificios aledaños al CNE: Vi un video que me enviaron de Mérida en el que unos motorizados oficialistas acosan a la gente y disparan y la cara de Tibisay Lucena se cruzaba por mi mente porque no podía dejar de pensar que  en sus manos está la pacificación del país. Solo bastaría con que ella acepte que se abran las urnas electorales y se cuenten los votos para que ambas partes del país vean satisfechas sus demandas. Yo quisiera saber si efectivamente mi voto eligió o no.

Traté de escuchar la rueda de prensa que ofreció Capriles pero, desafortunadamente, en el trabajo no tengo cable de televisión ni internet y, los medios públicos, tanto los oficialistas como los privados (Televen y Venevisión) no estaban transmitiendo. Durante todo el día el gobierno encadenó los medios en varias oportunidades y hasta los que no querían, tuvieron que oírlo. Pero quienes no contábamos en ese momento con Globovisión o CNN, no podíamos tener acceso a las palabras del líder. Allí es cuando uno se da cuenta que a un inmenso número de población que no tiene cable, lo único que reciben a través de sus pantallas es el discurso IMG-20130416-11850oficial. El discurso ese que monta ollas de terror como la que vi la noche anterior, que manipula, tergiversa y desinforma flagrantemente.

Por un ratito pude escuchar a Capriles porque tanto Televen como Venevisión se conectaron con la rueda de prensa, pero justo en el momento cuando Capriles comenzaba a mostrar las evidencias del fraude con las que cuentan y por las que exigen el reconteo, ambos canales dejaron de trasmitir. Para, completar, al poco rato, una cadena del oficialismo, tumbó la rueda de prensa de Henrique. Solo por tuiter logré tener acceso a lo que Capriles tenía que decirle al país, y pensé ¿Cuántas personas tienen cuenta en la red social? Pocas. Muy pocas.

En la noche, el cacerolazo sonó como nunca. La estrategia del régimen de convocar un cohetazo a la misma hora y pedir que sus seguidores pusieran la música a todo volumen para que silenciaran las protestas de las ollas, no surtió efecto. Mis vecinos chavistas ni se asomaron a la ventana, mucho menos poner música o explotar cohetones. La estación de Vive TV que queda cerca puso sus amplificadores de sonido al inicio del cacerolazo a todo volumen pero pronto se dieron cuenta que lo que hacían era contribuir con el ruido de la protesta y lo apagaron.

En esta oportunidad protestamos dentro de nuestras casas. Haciendo caso a los lineamientos dado por Capriles, no salimos a la calle para evitar. Ya a mí me había llegado información de que en el centro del país tenían preparados 3 mil motorizados para salir a amedrentar y no quisimos exponernos. Queremos reconteo de votos no perder la vida ni ser héroes.

Por la calle un carro rojo desconocido pasa lentamente, mirando hacia el balcón donde me encuentro con mi cacerola. Sigue de largo y al rato, vuelve a pasar. Pasa una tercera vez y no puedo evitar recordar los comités de defensa de la revolución cubana. La paranoia sigue subconscientemente. Pasan dos vehículos con una bandera roja oficialista y costosísimos equipos de sonido a todo volumen con canciones pro gobierno y las cacerolas se enfurecen más. Retumban con mayor pasión. Siguen de largo los dos autos…

Mientras termino de escribir estas líneas, siento que el cansancio me vence. El sueño es grande y los ojos me arden por el cansancio. El calor del sol recibido aun lo siento en el cuerpo. Creo que es hora de dormir. Esta vez, no pasaré por VTV.

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Crónica de un 15 de abril

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Lunes 15 de abril. 7 y treinta de la mañana. Una punzada en la boca del estómago me despierta del sueño profundo. A pesar del esomeprazol tomado antes de dormir, mi úlcera acusa recibo de la angustia vivida el día anterior esperando los resultados electorales, la larga noche anterior.

A eso de las ocho de la noche del día 14, los mensajes que me llegaban, muchos de fuentes bien acreditadas, sostenían que el candidato oficialista ganaba en el más conservador de los escenarios, con un 4 por ciento por arriba y, otros, lo ponían con hasta diez y doce puntos de ventaja, reforzando lo que había empezado a ser una secuencia de rumores desalentadores desde las 3 de la tarde, cuando en medios franceses se hacían eco de la información suministrada desde el gobierno venezolano, donde daban unos supuestos resultados a boca de urna de las elecciones que sostenían que Nicolás Maduro ganaría con un 12 por ciento de ventaja.

En algún momento de la noche, los datos empezaron a revertirse y comenzaron a llegar cifras que daban cuenta de una ventaja de Henrique Capriles sobre el candidato oficial, con porcentajes que variaban desde un 2 hasta un cinco por ciento.

A pesar de mi reticencia a ilusionarme y sembrarme falsas expectativas, las informaciones tendían a mejorar y quienes en la tarde daban el peor escenario de derrota para la oposición, terminaban diciendo que todo estaba muy confuso y que los resultados estaban muy parejos. Ya poco antes de que la rectora diera, de manera apresurada, atropellada y rápida su alocución, en un tono de voz que delataba su susto y sin los consabidos regodeos lingüísticos institucionales que siempre la han caracterizado en esos actos, ya mis expectativas  se habían desinflado porque de gente muy cercana a Capriles me llegó la información que decía: “Los votos dan ganador a Capriles por poco margen pero no hay que hacerse ilusiones”. Esto me indicaba que las cosas no marchaban bien, como me lo confirmó la actitud de la rectora.

Cuando dieron los resultados “irreversibles” aseverando que el oficialismo obtenía la victoria con 0.6 por ciento de ventaja, poco más de 200 mil votos, pensé: “Eso habría que auditarlo voto a voto. Abrir todas las urnas, contar las papeletas y contrastarlas con las actas y los cuadernos de votación porque el margen es tan pequeño que, esa victoria, la podrían haber determinado los votos fraudulentos que siempre se ha sabido que existen en Venezuela. A saber, desde personas que votan con diferentes cédulas varias veces,  los llamados “multicedulados”, los votos de extranjeros cedulados de manera ilegal y a quienes se les permite el voto (cubanos, colombianos, chinos, ecuatorianos, peruanos, un importante número de personas que siempre se ha rumoreado les dieron documento identidad de manera ilegal), los votos “asistidos”, ese grupo de personas a las que obligan a votar por el oficialismo con una persona al lado para asegurarse de que ese voto sea por la opción que ellos indican y otros casos por el estilo, como fallecidos que aún se encuentran activos en el Registro Electoral, además del ventajismo evidente del oficialismo durante toda la campaña.

En ese momento recordé algo que escribí cuando en octubre muchas personas decían que Chávez había ganado con fraude. Allí decía yo: “Eso (la cantidad de votos fraudulentos) puede que llegue a 150 mil, 200 mil votos, seamos generosos con quienes sostienen la hipótesis del fraude, digamos que 300 mil, pero pretender creer que es por eso que ganó Chávez es iluso, simplista y cómodo.”.

Lo decía porque en una ventaja de un millón y medio de votos ese porcentaje  no era significativo. Pero en el caso actual, con tan escaso margen de diferencia, podría hacer que la balanza se inclinase a un lado u otro.

Cuando el rector Vicente Díaz dijo que a él le parecía prudente que con tan poca diferencia de votos, se hiciera una revisión profunda y un conteo voto a voto que despejase cualquier sombra de duda que la oposición pudiese tener con respecto al resultado, me pareció lo más oportuno. La paz del país y la aceptación sin dudas de los resultados, dependerían de eso. Como más tarde lo solicitaría Carpiles de manera serena y contundente y, como estaba dispuesto a hacer Nicolás, según lo dijo en su discurso en la madrugada, cuando dijo  textualmente: “Que las cajas hablen”, aunque después se desdijera inexplicablemente.

Me fui a dormir convencido de que se haría lo que debía hacerse para despejar las dudas, pues ambos contendores aceptaron el conteo voto a voto ante el país. Antes de acostarme, le dije a un amigo que estaba muy decepcionado con el resultado y con el país, y quien me manifestaba que se iría a limpiar pocetas en el exterior y que nunca más hablaría de Venezuela ni volvería a votar:

“Noooo. Capriles hizo lo que tenía que hacer. Hay que apoyarlo porque si mantenemos la energía en alto podemos lograrlo. Esa elección no aguanta una revisión seria. Hay que apuntar hacia allá. Ganaron con la diferencia fraudulenta. Esa que en un millón y medio de votos no decide pero en 250 mil sí. Esto creo que está a punto de caer y tenemos que apoyarlo porque sí se puede. Animo que está clareando. Fíjate que Capriles le robó las primeras planas de los periódicos del mundo, porque el mundo vio que hubo fraude. ¡¡Animo!! “.

Y lancé mis dos últimos tuit de la noche:

“Nos queda a los 7 millones y picote que elgimos a @Hcapriles apoyarlo en sus demandas. Amigo, esperamos línea. #fraudeenvenezuela”

No decaer. Si mantenemos la energía arriba lo lograremos @hcapriles presidente. #fraudeenvenezuela #gobiernomientrastanto”.

Cuando a las 7 y media me despierta el dolor en la boca del estómago, me hago el tonto. Doy media vuelta y trato de conciliar el sueño nuevamente pues había dormido muy pocas horas. En esas estoy bastante tiempo. La úlcera me despierta y el sueño vuelve a vencerme. Veo la hora. Las 10 y media. Enciendo el teléfono y encuentro que el pin está colapsado con mensajes y cadenas. La gente llama insistentemente a salir a la calle a protestar.

Desayuno, me baño y decido irme al trabajo haciendo caso omiso a los llamados a protestar. Hace tiempo que aprendí que no hay que atender a ese tipo de llamados porque en muchas oportunidades la gente lanza esas cadenas y, cuando uno llega al sitio, no IMG-20130415-11756hay nadie. Los guerreros de tuiter, facebook y cadenas de pin, lanzan sus mensajes sin molestarse en mover sus culos de las sillas. Ya muchas convocatorias habían resultado un bluff como para hacerles caso ahora.

Pero, voy en el carro con Cristian Espinosa, vía al trabajo, y decidimos acercarnos a la Plaza de la República, donde decían los mensajes que se congregaría la gente para marchar hasta el CNE.

¡Oh sorpresa! Desde lejos, vemos paradas frente a la plaza, dos unidades de la Guardia Nacional, muestra evidente de que la zona está siendo militarizada. Tomo una foto desde lejos, damos la vuelta a la manzana. Al cruzar, encuentro un grupito de Guardias Nacionales apostados en la acera de la avenida 5 de Julio. Les tomo foto y, al levantar la vista, descubro un río multicolor que se acerca por el medio de la calle. Banderas, gorras tricolores, pitos y pancartas se distinguen en la multitud. Las consignas se escuchan con claridad, “No tenemos miedo”, “Queremos la verdad”, “¡Fraude, fraude!”. Decido unirme a la marcha. Cristian sigue en el carro mientras yo marcho al CNE, en la avenida El Milagro. Por ningún lado vi, por cierto, a los guerreros del teclado, pero la marcha no era de menos de 3 cuadras de gente.

Llegamos a la intersección de El Milagro con 5 de Julio a eso de las 12 y media del día. Quienes conocen Maracaibo y saben de las altas temperaturas que registra la ciudad, pueden dar fe del sofocón y el calor que se experimentan a esa hora en la calle, con temperaturas que fácilmente llegan a 40 grados centígrados a la sombra.

La manifestación quedó parada en esa intersección. Un gran contingente de Guardias Nacionales y policías impedían que se avanzara más. Su orden era no permitir que los manifestantes se acercaran a las puertas de Consejo Nacional Electoral regional. Tanquetas militares y motos policiales  se encuentran frente a la sede del organismo, mientras en el lado opuesto, otro gran número de soldados tranca la otra parte de El Milagro.

El sol es inclemente. Los chorros de sudor nos cubren el rostro. Como salí de casa sin pensar en la protesta, no llevo ni agua ni gorra. Los brazos comienzan a sentir el sol abrasador y empiezan a tornarse rojos. Pero allí estamos, convencidos de que nuestro voto, el voto de más de 7 millones de venezolanos debe ser respetado y se debe hacer la verificación que demuestre la legitimidad de Nicolás Maduro a quien, contraviniendo lo pautado, anuncian que proclamarán como presidente en pocas horas.

Una chica que está a mi lado me dice:

-Yo no tengo miedo. Yo tengo 47 años y estoy dispuesta a todo. Ya estoy llamando a mis hermanas para que se vengan. ¡Coño, ellas tienen hijos por los qué luchar!

Me cuenta que un rato antes, un policía que pasó a su lado le dijo: “¡Ay, sí, muy valiente, te sueltan un cohete y te asustas!”, y ella le respondió: “Tu correrías antes que yo”.

Las consignas continúan. “¡Fraude, fraude!”, “¡Reconteo ya!”, ¡Somos estudiantes y queremos las verdad!, ¡Y va a caer, y va a caer, este gobierno va a caer!”… Una manifestante saca su cédula de identidad, la levanta al cielo y grita: “¡Soy venezolana y quiero la verdad!”, al poco rato, quienes la rodean sacan su documento de identidad, lo elevan sobre sus cabezas y corean la consigna.

La chica vuelve y me dice: “Es que no podemos dejarnos. A mí me llamó ayer un tío chavista y me dijo: ‘No celebres mucho que aquí estoy con 10 cédulas votando. Ustedes no ganarán. No volverán”.

Otra señora, de la etnia wayuu, me dice que ella es prima de una diputada, que ella sabe que su prima es una tramposa y que le dijeron que tenía una máquina de votación en su casa. Yo le digo que eso debe ser mentira, que no puedo creerlo y ella me mira a los ojos y dice:

-Ella es mi prima y yo sé que es una tracalera. Yo sí lo creo.

IMG-20130415-11801Ya siento un poco de dolor de cabeza por la deshidratación, un chico me ofrece agua de un botellón y tomo unos sorbos pero está caliente y la sed no cesa. Hago una larga cola para comprar un refresco. Empiezan a transmitir por parlantes la alocución de Capriles llamando a la calma. Pide que nos vayamos a nuestras casas. Convoca a las 8 de la noche a un cacerolazo y para mañana a una marcha de nuevo hasta el CNE.

La gente no se quiere ir. Al contrario, cada vez llegan más. Algunos comentan las fotos y videos que circulan en los que se deja constancia de la destrucción de material electoral por parte del oficialismo. Las cadenas de pin de los guerreros del teclado me colapsan el teléfono y no logro subir las fotos al tuiter. Les paso una cadena yo: “Salga a la calle o cállese. No más cadenas”. Cuando ya me tienen el “cirihuelo lleno de pepas” como dicen los maracuchos, les paso otra cadena a quienes llaman desde su sofá a manifestar: “Desde hace rato estoy en la calle. Defendiendo mi voto. Estoy deshidratado. No me pasen cadenas desde sus casas llamando a pelear. Y lo digo sin acritud”. Cristian y yo nos quedamos un rato más. Hasta que el ardor en los brazos ya no nos deja seguir allí. Nos vamos a la casa. Decidimos seguir las indicaciones de Henrique Capriles.

Cuando arrancamos en el carro, vemos que pasan frente a nosotros no menos de 3 tanquetas abriéndose paso entre el tráfico y la gente que viene llegando a la manifestación. Pienso: “¿Por qué tanto despliegue militar para amedrentar a una población que está manifestando pacíficamente? ¡Ojalá el gobierno tuviera esa disposición y eficiencia para enfrentar a los delincuentes!,  al hampa que “está con Maduro”, según rezaba una pancarta en el cierre de campaña del candidato oficialista en el que hubo varios muertos. Pareciera que la orden del gobierno es ‘hagan que esa gente se vaya a sus casas a como dé lugar’”, ya antes habíamos visto como cargaban las lacrimógenas.

En la casa, cuando salen a proclamar a Nicolás como presidente, irrespetando la solicitud de Capriles, saltándose los lapsos y pasando por encima de 7 millones y medio de ciudadanos que estamos esperando un reconteo que nos garantice que ese es el verdadero resultado y que Maduro es el presidente legítimo, elegido por la mayoría más allá de las trampas y del fraude, pienso que, definitivamente, a este régimen no le importa ni la paz ni la vida de los venezolanos. Solo les importa su permanencia en el poder a toda costa. Lo que veo en televisión me hace sentir que es un golpe de estado televisado, con la anuencia de todos los poderes del estado secuestrados por el oficialismo y amparado por las armas de las FAN. Somos más de 7 millones de venezolanos que no existimos ni contamos para el régimen.

No aguanto estar sentado frente al televisor y salgo al balcón con una tapa de olla y una cuchara. Necesito drenar la impotencia y me valgo del caceroleo para lograrlo. Al poco rato, las cacerolas suenan por varias partes de la zona. Parece que la necesidad de drenar es colectiva.

Me acuerdo que no tengo esomeprazol y voy a la farmacia. Mientras espero mi turno, una chica con pulseras de Capriles da instrucciones por teléfono para la convocatoria de mañana frente al CNE. Cuando cuelga, le busco conversación y me dice que es de Mara. Está indignada con lo sucedido el día anterior. El CNE le negó a ella y a otras chicas las credenciales para asistir a las mesas de votación. A su hermana incluso la detuvieron y me muestra un video en el que la gente del CNE no le da explicación de qué ha sucedido con sus credenciales.

-Con todo y eso, dice, no obtuvieron los votos que sacaron en octubre. Por eso, no creo esos resultados del CNE. Ellos bajaron votos y nosotros subimos.

Le cuento que a mi hermana Oraima, en Isla de Coche, la sacaron de la mesa en la que era presidenta rodeada de cinco efectivos del Plan República, porque se opuso en dos oportunidades a que un funcionario conectara su teléfono celular al cable de transmisión de la máquina de votación.

-Hubo demasiadas irregularidades, acota, por eso tiene que lograrse el conteo voto a voto.

De vuelta en la casa, empiezo a escribir estas líneas mientras escucho a Capriles dar los lineamientos a seguir. A las 8 pm, cacerolazo y mañana al CNE en la mañana.

Las ocho de la noche. Agarro mi tapa y mi cuchara y me pongo en el balcón a darle con la furia que indicó Capriles. Abajo veo que pasa un vecino caminando sonando su cacerola. Al poco rato el eco del golpeteo se escucha desde diferentes sitios de la IMG-20130415-11822urbanización.

Pienso: “Definitivamente, las cosas han cambiado. Por aquí, ni en los momentos de mayor apogeo de las protestas contra el gobierno, la gente caceroleaba. Muchas veces solo desde mi balcón se escuchaba la protesta y cuando quería compañía tenía que ir a otros lugares para cacerolear en grupo”.

Vuelvo a mirar a la calle y van dos chicas con sus ollas y cucharas protestando. Les hago señas y bajo para unirme a ellas. Al poco rato ya tenemos un grupito como de 10 personas frente a la sede de Vive TV sonando la cacerola con fuerza. Para la estación de televisión oficialista, no existimos. Ese evento no saldrá registrado en sus noticieros.

Empezamos a caminar por la cuadra y desde las ventanas de los edificios nos acompañan con ollas y palanganas. Suenan pitos y bubuselas. Algunas personas salen y se nos unen. Alcanzamos un grupito como de 40 personas que recorremos la urbanización. La gente pasa en los carros y suenan sus cornetas, saludan y, la mayoría, va sonando sus cacerolas en el vehículo.

En un momento la emoción me domina y los ojos se me tornan acuosos. La sensibilidad está exacerbada. Pienso que esta protesta es muestra de la presión que queremos liberar quienes nos sentimos disminuidos por un régimen omnipotente, perverso y autocrático que no da muestras de querer la reconciliación y el diálogo.

Llego a casa y sigo escribiendo esta crónica y, mientras la termino, siento que apenas la estoy empezando…

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#ZuliaHeroica (+Fotos)

8No sé qué va a pasar el domingo 14 de abril. La emoción de lo vivido hoy en la avenida 5 de Julio me hace intuir que el triunfo de Henrique Capriles ya muestra “una tendencia irreversible”, como le gustaría decir a Tibisay, la ministra de elecciones del gobierno.

No es la primera vez que, luego de asistir a una concentración tan masiva como la de hoy, llego a casa con la sensación de triunfo. A decir verdad, en el cierre de campaña de las elecciones del 7 de octubre de 2012, también sentí algo parecido. La diferencia en esa oportunidad es que, entonces, mientras la emoción me decía que ganaría Capriles, la razón insistía en devolverme los pies a tierra y me decía: “no te ilusiones, recuerda al mesonero que bajito decía que apostaría que Capriles perdería”, y como él, tantos otros que por lo bajo me indicaban que Chávez volvería a ganar.

Esta vez es al revés. La razón me dice que el triunfo de Capriles está marcado pero la emoción me dice: “No te ilusiones que  otra desilusión podría resultar fatal”. Entonces, recuerdo que en octubre viajé a Mérida y, mientras la imagen del hoy difunto candidato, la veía en las puertas y ventanas de las casas de la gente humilde de los pueblos; la de Capriles solo colgaba de postes de alumbrado público y de árboles. En un reciente viaje, me llamó la atención que en esos pueblos de carretera vi gente haciendo activismo político a favor de Capriles, su foto ya estaba en las fachadas de algunas casas y no vi ninguna manifestación oficialista. Muestra de que algo cambió en estos 6 meses en el contexto electoral venezolano.

Pareciera que el candidato oficialista se dedicó a hacer campaña desde las pantallas de tv, apoyado solo en la imagen del difunto y el mito que pretenden construir. Su fuerza se centró en nombrar al presidente difunto, cargando con su cadáver como único aval y ofrecimiento de campaña, sin interesarse en lo más mínimo en pisar barrios.

A 5 de Julio llegué como a las 5 y 20 de la tarde. Ya me habían advertido que desde las tres la multitud llegaba a la Plaza de La República, pero al llegar era imposible determinar la cantidad de gente que se podía encontrar allí congregada. Era un río tricolor cuyas orillas se hacían impalpables y uno no podía intuir donde se iniciaba el torrente de gente. Al ver las cabezas tocadas por la gorra tricolor del Flaco pensé: “Por más que intentaron desde el oficialismo robarse la gorra, no pudieron. Es un símbolo esencialmente opositor”.

Allí vi a todo tipo de personas. Estaba la sifrinita de uñas postizas y tetas compradas, pero también la trigueña que logró que le pusieran sus pechos pagándolos por cuotas. El muchacho con cara de malandro junto a otro con pinta de ejecutivo escapado del trabajo. La guajira con su bata colorida y la Yukpa con su niño de año y medio sin franela, para tolerar el sofocón. La amiga que fue chavista durante mucho tiempo y el cliente opositor de toda la vida. Había gente de todos los estratos sociales, de todas las edades, de todos los colores de piel. Había chinos, cubanos, colombianos, venezolanos, guajiros, yukpas… Una hermosa representación de la zulianidad.

Al llegar no pude evitar pensar “cuánta razón tuvo quien dijo que Venezuela es como un cuero seco, la pisan por un lado y se levanta por el otro”.

¿Hace 6 meses cuántas de esas personas que estaban hoy abarrotando la avenida y sus calles adyacentes no habrían pensado y dicho que no volverían a votar?

El recuerdo de los depresivos días luego del 7 de octubre acudió a mi mente para descubrirme asombrado que allí estábamos otra vez, ahora incluso muchos más que en el cierre de campaña de octubre. ¡Caramba, es que algunos llevamos 14 años siendo oposición! Hay qué ver cuánto hemos aguantado y padecido pero aún tenemos convicción y ánimo para salir a manifestar y a votar.

El gentío en esta oportunidad no me permitió ni siquiera atisbar a lo lejos al candidato. Cada vez que parecía acercarse el vehículo que entre la multitud transportaba a Henrique hacia la tarima, estiraba el cuello y me ponía en puntas de pies para ver si podía distinguirlo aunque fuera a lo lejos. Un disparo de papelillos multicolores y vuelta a las sesiones de estiramiento con la esperanza de verlo. Nada. Misión imposible.

Por los movimientos de la gente, intuía el pasó del candidato pero en ningún momento pude distinguirlo entre el río humano. Supe que llegó a la tarima porque en algún momento, entre bubucelas, aplausos, gritos y pitos, distinguí la voz de Ricardo Montaner, señal de que el candidato ya se encontraba en el lugar desde donde hablaría a la multitud.

La Pequeña Venezia de Montaner la escuché más por el coro de la gente que en la voz del cantautor. El sonido se hizo insuficiente, el espacio resultó pequeño. Vi que levantaban todos las manos y supuse que Montaner hacía una especie de juramento porque no lograba distinguir las palabras, pero todos, con absoluta convicción repetían lo que decía el cantante y fue cuando entendí que se trataba de una especie de plegaria y de una bendición.

Montaner dio paso a Henrique Capriles y, mientras lo escuchaba, pensaba en cuántas veces, desde hace 14 años, me he mezclado en multitudes semejantes, a pesar de mi agorafobia. Incontables. Hubo incluso una época en que cargaba en el carro el “kit de marcha”: un pito, una bandana y una bandera de Venezuela y en cualquier esquina que encontraba alguna manifestación, allí me disponía a apoyar con mi presencia.

¿Qué va a pasar el 14 de abril? No sé. Lo que sé con certeza es lo que podrá suceder después de ese día. De ganar Capriles, como parecen indicar las desbordantes manifestaciones de gente que en todas las ciudades del país se ha lanzado a las calles a apoyarlo, habrá un pueblo dispuesto a echarle pichón para sacar a este país del hoyo de atraso, odios y resentimiento en el que lo han sumido estos 14, mal llamados, años de revolución.

De perder nuestro candidato, ese pueblo se repondrá una vez más de la depresión, vivirá unos días de luto y tristeza y volverá a seguir trabajando y luchando incansablemente hasta que los anhelos de libertad, justicia, igualdad y, sobre todo, hermandad y reconciliación de todos los venezolanos sean alcanzados.

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¿Toallas sanitarias ecológicas? #VayaPalaMierda

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Les prometo que lo vi y no hacía sino esperar el momento en que a la gordita de franela blanca del centro, la que tiene los ojos como brotados de no creer lo que está escuchando y viendo, le dirían. “¡Sonríe, amiga, es una cámara escondida!”. Aunque se me hacía extraño que Vive Tv hiciera una versión socialista de un formato de programas tan imperialista como ese.

“Como diría mi madre, pensé, ¡Vaya pa´la mierda! ¿Esto es en serio?”

Busqué entre las mujeres en pantalla a Norah Suárez, Nelly Pujols y a Betty Hass para ver si se trataba de una edición especial de la Radio Rochela. Nada. Terminó el video y no fue “A que caes” o algo por el estilo. Tampoco era un capítulo no visto de La Rochela.

Le di replay porque pensé: Debe ser un documental cubano o una especie de canal “Utilísima” o “Casa Club”  de La Habana retransmitido por el medio oficialista venezolano porque allá es donde he sabido que desde hace mucho tiempo las mujeres se ven obligadas a usar trapitos para contener su líquido menstrual y, como la escasez es tan profunda, no los pueden botar, tienen que lavarlos y reutilizarlos, a menos que cuenten con la suerte de que una turista con la regla les deje las toallas o tampones que le sobrasen del paquete que llevaron a la isla.

Afiné el oído tratando de descubrir el acento Habanero y nada. No me sonaba a Cubano. Ya cuando escuché que decían algo de sus abuelas en El Páramo de Los Conejos, pues no me quedó duda de que se trataba de una producción absolutamente autóctona venezolana. Un audiovisual endógeno mesmo, pues.

Claro, esto que nos enseñan en el video, son “elementos sofisticados con costuras elaboradas”, no son cualquier trapito de desecho, una franela rota del niño, o unas medias viejas del marido. No queridas amigas, estos son adminículos realizados a partir de las más suaves y delicadas telas, con coloridos estampados de la más última moda parisina. O sea, helouuu, puede ser el último grito de la semana de la moda de Milán o París. Cuando Milán y París se decidan a dar el triunfal brinco al socialismo del Siglo XXI, of course.

Puse de nuevo el video y mientras miraba a la trigueñita demostrar cuan ecológica y bonita resulta su toalla sanitaria endógena y lo fácil que resulta hacerlas, no podía dejar de pensar en Vanessa Davis y Maripili Hernández, sentadas en sus máquinas de coser, confeccionando sus caseros modess. La veía con parsimoniosa paciencia lavando sus toallitas de corazones, estrellas o lunares de colores, con sumo cuidado para recoger el residuo en un recipiente y luego vaciarlo en sus macetas de rosas de la ventana.

Por mi cabeza pasaba la hacendosa abuela, Cilia Flores, con toda su dedicación, pidiéndole a sus nietas que les trajeran las toallas usadas, esas que con tanto amor les confeccionó su abuela, para lavarlas y aprovechar de regar las plantas del gigantesco pent house. Porque no me imagino yo, a la revolucionaria abuelita de labios botóxicos, haciendo que alguna afrodescendiente de su staff de “ejecutivas especialistas en la administración de los quehaceres domésticos de hogares ajenos” -como me imagino les debe gustar llamar al servicio doméstico a los socialistas-, le lave a sus adoradas nietas semejantes prendas íntimas.

A Rosa Inés me la imaginé con su abanico de dólares recorriendo tiendas de telas en Miami, luego de ver el concierto de Justin Bieber, para traerse los géneros más juveniles que consiguiese y que Marisabel le haga sus toallitas sanitarias ecológicas. Mientras que a María Gabriela la veía en los baños del concierto de Madona en París, sacando su toalla ecológica de la entrepierna y guardándola en su bolso Louis Vouiton, para, al llegar a su casa, lavarla con Woolite.

En esas andaba mi mente, divagando con la ingeniosa propuesta de Vive Tv. cuando escuché en la radio que un activista de la lucha contra el HIV-SIDA decía a la entrevistadora que entre los productos incluidos en la lista para obtener dólares a 6,30 para la importación, no se encuentran los preservativos. Es decir, que los condones, como las toallas sanitarias industriales y comerciales del “capitalismo salvaje”, comenzarán a escasear y se pondrán tan caros que muy pocos podrán darse el lujo de adquirirlos.

¡Qué bien! Pensé. Eso les dará pie a los de Vive Tv. para una nueva entrega de su programa de manualidades: “Como realizar condones a partir de las tripas del cerdo”. Con las toallas sanitarias ecológicas nos devolvieron de un solo tanganazo a principios del siglo XIX. Ahora, con los preservativos de tripa de cerdo nos llevarán a la Edad Media. ¡Cosa más grande!

Al Final, me quedó la duda de si alguna de mis amigas comprometidas con el “proceso”, esas resteadas con el Socialismo del Siglo XXI, las que dicen “NO VOLVERÁN” con ira en los ojos, están dispuestas a hacerse, lavarse, y reutilizar las toallas ecológicas. ¿Puede alguna mujer cuerda, en su sano juicio, después de ver ese video e intuir a qué tipo de país nos quiere llevar quien se postula como candidato a “profundizar el socialismo en Venezuela”, llegar al centro de votación y, conscientemente, darle su voto?

El papel toilette de las cachifas

El 04 de octubre de 2012, a tres días para las elecciones presidenciales de entonces, escribí especialmente para Código Venezuela la crónica que reproduzco a continuación. La publico de nuevo porque han pasado ya 6 meses desde entonces, medio año durante el cual el país ha estado en manos del hombre que habla con “pajaritos chiquiticos”, 6 meses de incertidumbre en los que el candidato del oficialismo, del continuismo, nos ha devaluado la moneda en dos oportunidades y ha triplicado la inflación, haciendo que la escasez de productos haya llegado a cifras realmente alarmantes, guarismos tan cubanos que asustan. Luego de permanecer por 6 meses Venezuela en las manos de Dr. Dolittle, la situación con el papel sanitario, no solo no ha mejorado; ha empeorado. Como han empeorado a pasos agigantados el deterioro de la calidad de vida general del venezolano. Todo esto hace que este artículo de hace 6 meses mantenga su vigencia. Al final, es solo cuestión de cambiar la fecha del evento electoral. Donde dice “domingo 07 de octubre”, lean “domingo 14 de marzo”.
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En los días de mayor pobreza de mi familia. Cuando yo tenía unos 10 o 12 años y salía con una olla de aluminio a vender en La Parroquia los deliciosos pastelitos que hacía mi mamá para mantenernos, una de las maneras de rendir el dinero era comprando papel toilette Cruz Blanca o Rosal. Eran ásperos como papel crepé, algunas veces de un rosado asqueroso y, para mí, siempre detestables.
Desde entonces, siempre he relacionado esos papeles con la pobreza. De hecho, recuerdo que cuando iba a casa de mis amiguitos que tenían más dinero –como siempre he sido un averiguador y un chismoso–, notaba que mientras en los baños de la familia ponían papel Sutil o Suave, en los baños de las cachifas lo que había siempre era el aborrecible papel Rosal rosado. ¡Qué indignante me parecía aquello!
Han pasado muchos años desde entonces pero mi “trauma” con el papel toilette sigue intacto y lo comprobé en estos días cuando fui al supermercado a comprar el papel sanitario y lo único que había en el anaquel eran unos pocos, muy pocos, rollos de Rosal.
“Esto es papel de cachifas”, pensé y me negué rotundamente a comprarlo.
“Yo, con todo el esfuerzo de mi madre y de mis hermanos, estudié, obtuve un título universitario. Luego con mi propio esfuerzo monté un negocio en el que trabajo los siete días de la semana. No me he hecho rico pero trato de vivir con las comodidades que mi trabajo me puede ofrecer. Entonces ¿Por qué coño me voy a tener que limpiar el culo con papel de cachifas?”
Esos pensamientos se cruzaban por mi mente cuando comprendí que el papel Rosal es como una metáfora de lo que el socialismo trasnochado de Chávez nos ofrece a los venezolanos. El pretende con su “proceso” igualarnos a todos por abajo. Que seamos iguales en el papel Rosal, en la mortadela, en la sardina…
Quiere que pensemos que la pobreza es una virtud. Que ser o querer ser rico es malo. Y yo me niego a aceptarlo. La pobreza es, digamos, una situación de la que con el trabajo y esfuerzo de cada quien y con la ayuda de un buen gobierno que estimule el empleo se puede salir. No es bueno ni virtuoso ser pobre. Como no es malo ser rico. Lo que podría ser, si no malo, por lo menos egoísta, es que a la cachifa le compre el papel toilette Rosal cuando para mí compro Sutil o, como diría Susanita, la amiga de Mafalda:
 Malo es hacerse rico con dineros mal habidos, por corrupción o narcotráfico.  Eso es malo. Ahora le ha dado por recordar que los pobres comían “Perrarina” -cosa que no sé si es un mito urbano o es cierto, porque la Perrarina, que yo sepa, siempre ha sido más cara que un plato de pasta, si a ver vamos-. Dice: “Porque los pobres comían Perrarina” y yo pienso: “Por lo menos, entonces, había Perrarina, con su gobierno, hasta eso escasea”.
No se puede tolerar y no creo que la mayoría de la gente en Venezuela lo pretenda, que quieran igualarnos por abajo. La idea del socialismo de pacotilla de Chávez es que si yo comí o como Perrarina, que todos coman Perrarina. Que todos coman mortadela, sardinas y compren papel Rosal.
Esa no puede ser la aspiración de la mayoría de los venezolanos. Me niego a creerlo así. La aspiración tiene que ser que TODOS podamos comer jamón, salmón, pollo, carne. Que la Perrarina sea para los perros y que, incluso a ellos, les podamos dar el alimento de la mejor calidad que se encuentre. Que todos usen papel Sutil, Suave o Scotch o de la marca que se les antoje.
Me fui a otro supermercado y, al llegar al anaquel, vi que solo quedaba un poco del papel Rosal. No había más nada. Enfurecido, decidí comprarlo y sentirme el más pobre de los pobres, solo porque vivo en un país en “revolución”. Compré y me limpiaré el culo con el Rosal pero el domingo 07 de octubre,  con más gusto aún, votaré por Capriles.

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