El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

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Vivir en un paréntesis

parentesis

Hace 16 años en Venezuela se abrió un paréntesis. Muchos apoyaron, muchos celebraron, muchos se pusieron a la orden del nuevo gobierno para colaborar en la recuperación del país y la profundización de la democracia. Tendremos una democracia participativa y no solo representativa como hasta ahora. Otros estábamos recelosos, desconfiábamos de un gobierno en manos de militares golpistas. Unos y otros, en todo caso, creímos que se trataría de un paréntesis de cinco años. Ese paréntesis duraría lo que duraba un período presidencial, a lo sumo.

Pasó el tiempo. Vino la constituyente.  Empezaron los desencuentros y las desilusiones. El régimen empezaba a mostrar el tramojo pero aún había fiesta de triunfo en muchos sectores. La esperanza del cambio no se desvanecía. El paréntesis seguía abierto.

Se empezaron a crear argucias legales para afianzar el régimen en el poder. A vuelo de pájaro creo recordar que una decisión del Tribunal Supremo de Justicia determinó que el período presidencial no debía teminar cuando le correspondía

No obstante,  muchos insistían en que ya estaba por cerrarse ese paréntesis.  Al régimen le queda poco. Está  “débil, asustado y acorralado” por eso actúa como actúa. De allí tanto desafuero. La procrastinación nos invadía.

Llegó el 2002, un paro general de actividades pondría cierre al paréntesis. El país no aguanta más. Llegaba el fin de unos funestos años. Ningún gobierno podría sostenerse con cientos de miles de personas en la calle y toda la actividad productiva, incluyendo la principal fuente de divisas, la industria petrolera, exigiendo su salida. El paréntesis estaba por cerrarse. Es sólo cuestión de aguantar un poco.

Llegó el golpe de Estado. La confusión. La supuesta renuncia. La entronización de Carmona Estanga. La supresión de todos los poderes. La persecución de algunos. La huída de otros. La muerte de muchos. Cerrar el paréntesis traía consecuencias.

De pronto. Unas negociaciones. Unos hechos que aún no quedan claros. La carta de renuncia no era tal. “La cual aceptó”  ya no fue más.  El retorno fantasmagórico a media noche del tirano depuesto. El paréntesis seguía abierto.

20 mil trabajadores de la petrolera quedaron sin trabajo de un pitazo, literalmente. Hasta de sus viviendas los sacaron. Los persiguieron para que no encontraran trabajo en otros sitios. Muchos se fueron del pais. Otros lograron montar negocios. Algunos empezaron a hacer comida para vender. No había por qué asustarse. El paréntesis algún día se cerraría y regresarían todos a sus puestos de trabajo para reconstruir la industria que estaba en el suelo. Serán recibidos como héroes y su sacrificio recompensado, cuando el paréntesis se cierre. La industria y el país no aguantarían muchos años en esas manos inexpertas.

Vino el cierre de RCTV que para muchos sería la guinda.  Si se atrevían a ir contra el más viejo y popular canal d televisión, el paréntesis se cerraría definitivamente. Lo cerraron. “Un amigo es para siempre”. Miles de personas quedaron sin trabajo pero tranquilos, eso sería por poco tiempo. RCTV más temprano que tarde regresará . El paréntesis estaba próximo a cerrarse.

Tuvimos elecciones de diputados en 2005. La línea de la oposición fue abstenerse de participar. Eso es una pantomima. No vamos a convalidar al régimen en una Asamblea Nacional. Si no hay representantes de la mitad del país opositora en esa Asamblea todas sus acciones serán ilegítimas e ilegales y el mundo la desconocerá… El paréntesis tendría que cerrarse forzosamente ante un régimen ilegítimo donde la oposición no tendría  voz ni representación.

Venevision y Televen empezaron a bailar al son que sonaba en Miraflores. De un plumazo cerraron más de 30 emisoras de radio. Pero no había de qué preocuparse. Eso no sería para siempre.  Lo que vivía el país no era más que un paréntesis.

Cerraron miles de empresas e industrias. El país se deterioraba a toda prisa. Cada vez se producía menos. No había inversión en infraestructuras. Venezuela se sumía en la oscuridad por falta de inversión en el sector de la electricidad. La población crecía, se triplicaba y la infraestructura de Venezuela no le seguía el ritmo. No se invertía, no se crecía en servicios al ritmo que lo exigía el crecimiento poblacional. El parque automotor se triplicó y las vías seguían siendo las mismas y sin mantenimiento. El colapso se hacía inminente. La delincuencia, el narcotráfico, la corrupción, la entrega de las FAN, de ministerios, de la nación a manos cubanas era intolerable. La palabra “pran” se hizo familiar y el secuestro y el sicariato cotidianos en cualquier ciudad. La inflación no tiene límite ni control. El país se rebelaría  en cualquier momento para cerrar este oprobioso paréntesis de nuestra historia. No se podía humillar tanto al “bravo pueblo”.

Cada nueva elección se nos decía que ahora sí llegaba el fin. El paréntesis a puntico de cerrarse. Metieron presos a muchos por órdenes dadas en cadenas de radio y televisión. Murió Franklin Brito reclamando justicia. Todo signos de que el régimen estaba por caer.

Sin apenas darnos cuenta y sin reaccionar nos vimos haciendo cola. Tres, cuatro horas de cola para comprar alimentos básicos cuando hay y racionados. Largas colas para la gasolina, para el gas. El numero de.cédula paso a ser el control del racionamiento. Los anaqueles de los supermercados se vaciaron. No hay. No hay. No hay.  NO HAY. Ni azúcar, ni aceite, ni harina de maíz, ni harina de trigo, ni jabón de baño, ni detergente para lavar ropa, ni afeitadoras, ni pañales, ni papel tualé, ni medicinas, ni insumos médicos en hospitales, ni cauchos para vehículos, ni baterías… En cualquier porche de vivienda una ponen una mesa con los productos inexistentes en loa supermercados a cuatro veces su precio sin que haya autoridad que lo evite y sancione. En muchos sitios el mercado negro es controlado y cuidado por policías y militares.

El exilio se volvió sino y signo de la venezolanidad actual. Las familias se desmembraron. Las despedidas de ojos salobres nos marcan a diario. Ayer un hijo, hoy un hermano, mañana un amigo. Venezuela pasó de ser hogar de acogida de inmigrantes a regalarle sus hijos al mundo. Se cuentan por miles los venezolanos que se han ido procurando el futuro, el bienestar y la tranquilidad que les niega hoy su país natal. Se van con la expectativa de un posible futuro retorno, cuando el paréntesis se cierre…

Ese paréntesis abierto se hace eterno e invivible, pero se sobrevive en la esperanza de que un día habrá de cerrarse.  Esto no lo aguanta nadie. Esto es insoportable. Sigue la procrastinación.

Y llegó el cáncer. La enfermedad nos salvaría. La parca se encargaría de hacer lo que los venezolanos no pudimos o no quisimos. La muerte nos cerraría el paréntesis.

Murió.

Cual monarca, dejó un sucesor. Al que menos esperábamos. Al menos preparado. Por quien nadie daba medio. Quién definitivamente cerraría el paréntesis porque ni hablar sabe. Imposible que con semejante currículum y falta de preparación el país vote por él. Las elecciones pondrían fin al paréntesis y punto final al desastre.

El sucesor ganó las elecciones. No durará 6 meses. Imposible que semejante personaje gobierne al pueblo “que el yugo lanzó”. No creo que a este le aguanten lo que le aguantaron al difunto. Pasaron los meses. Llegaron las guarimbas. Llegó el diálogo.  Llegó #lasalida. Pasó un año.

Ya no quedan medios de comunicación independientes más allá de El Nacional y uno que otro programa de radio. Globovisión, Últimas Noticias y El Universal más tardaron en decir que no cambiarían su línea editorial que en incumplir su palabra. La censura es el pan de cada día. Los diarios han reducido sus páginas gracias a la falta de papel y divisas para importarlo. Otros han cerrado.

El régimen está débil. Está acorralado. Se siente débil y por eso hace lo que hace. Están raspando la olla porque se saben fuera. El país no aguanta más. La procrastinación se perpetúa. El paréntesis sigue abierto…

Golcar Rojas

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La “normalidad” de un carnaval en Venezuela

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Es domingo 2 de marzo. Me despierto y pongo un rato Globovisión para ver qué dice de la situación del país. Hace tiempo que no miro el noticiero de ese canal porque me empezó a parecer un apéndice de los canales oficiales, es como la sucursal de VTV.

En pantalla veo una chica con cara de niña, cachetoncita, con una permanente sonrisa en los labios que durante todo un segmento se encarga de hacer pases a diferentes zonas del país donde se están celebrando los carnavales. Varios reportes en los que se ve que la fiesta está 2m7prendida, los desfiles en las calles con comparsas, niños disfrazados. Todo en pantalla parece indicar que en Venezuela se desarrollan los carnavales 2014 con “excesiva normalidad”, como diría el inefable José Vicente.

Decepcionado con la aparente normalidad del país, cambio de canal y me voy a las redes sociales y a los grupos del Whatsapp. De Mérida llegan noticias de una inmensa tranca en las avenidas. Parece que el partido de futbol que estaba pautado para el día no se podrá llevar a cabo pues los equipos no podrán salir de su hotel. De Táchira y Caracas llegan informaciones y fotos de gigantescas marchas de protesta en las calles. No son desfiles de comparsas y carrozas de carnaval. Son cientos de miles de personas en las calles del país protestando por la situación que se vive en Venezuela.

2m6Dos versiones de un país y de un carnaval contrastadas y contradictorias. Salgo a atender mis labores habituales de los domingos y en el camino de regreso consigo un grupo de gente con sombrillas de colores, cava de hielo, lentes de sol y trajes de baño apostados en una esquina de la Circunvalación 2 de Maracaibo como quien se destina a tomar sol en un día de playa de carnaval. La nota diferente la ponen que no hay mar ni arena, solo asfalto negro y caliente, unos pocos autos que pasan y las vuvuzelas y pancartas que sostienen los “temporadistas”. Su carnaval no es más que una de las tantas protestas que se están llevando a cabo este domingo en el país.

A pesar del esfuerzo que desde el oficialismo han hecho por hacer ver que los carnavales se2m3 desarrollan con normalidad en todo el país. Esfuerzo que ha inducido al ministro Izarra a retuitear fotografías de carnavales anteriores como si fueran de hoy, o a lanzar mensajes de que las cruces negras en las playas del oriente no eran más que un montaje de Photoshop. La mentira no termina de cuajar.

Vano esfuerzo del régimen porque en estos tiempos de redes sociales y de velocidad de internet, con solo googlear una fotografía uno puede descubrir la trampa. Y los tuiteros y facebuqueros se la descubrieron, se las ingeniaron, como normalmente lo hacen, para desmontar la “verdad oficial” que rueda por los medios oficialistas, incluyendo a Telesur.

En Twitter montaron el retuit de Izarra junto con la foto original de 2013, y yo mismo me doy a la tarea de googlear y conseguir la fuente original en http://www.ciudadccs.info/?p=385590  y en Facebook encuentro una imagen en la que se observa a los policías de Anzoátegui recogiendo la cruces negras de Lecherías que supuestamente habían sido un montaje de Photoshop.  Primero se cae un mentiroso que un cojo.

12Mientras estoy entretenido descubriendo cómo los usuarios de las redes exhiben sus habilidades detectivescas para desmontar las mentiras comunicacionales del régimen, empieza a llegar desde la calle el atronador ruido de cornetas, vuvuzelas, pitos, gente gritando, la entonación del Himno Nacional… una gran algarabía entra por la ventana. Pasan 10 minutos, 20 minutos, el ruido no cesa… Sospecho que la gente se está congregando en la improvisada playa de la avenida con los manifestantes. No puedo imaginar otra cosa. 30 minutos… el ruido continúa. Me baño, almuerzo, me visto,  y el ruido no para de llegar desde la Circunvalación 2.

La curiosidad me puede y tengo que salir a averiguar. Ya ha transcurrido más de una hora de la incesante algarabía y no me lo puedo perder. Llego a la avenida y me encuentro a la mamá de las9 caravanas. Las cornetas que tienen más de una hora sonando provienen de una interminable caravana de autos con banderas, pitos, pancartas. Un gentío que debe hacer que a Arias Cárdenas de se le suban los niveles de azúcar en la sangre en este domingo “normal” de carnaval venezolano.

Regreso a mi casa y encuentro que la “normalidad” de Mérida, entre otras cosas incluye dos motos de tupamaros incendiadas 2m3en la avenida Andrés Bello y una persona herida de bala cuando uno de los tupas disparó. En playa El Agua en Margarita, una tuitera reporta con foto del día la más abrumadora soledad. En Altamira, Caracas, dan cuenta con foto de un joven asfixiado al parecer por gases lacrimógenos de los tantos con los que nos ha rociado el régimen en estos carnavales. Táchira está de concurrida marcha de protesta nuevamente. De Valera informan que supuestamente los tupamaros durante la marcha de protesta secuestraron al estudiante Javier Salas y que lo regresaron muy golpeado. Y Venevisión, por primera vez en muchos años no transmitirá la ceremonia de los Premios Oscars, dicen las malas lenguas que es una nueva concesión al régimen para no verse obligados a poner en pantalla posibles mensajes de apoyo de los artistas al pueblo que protesta en Venezuela o, peor aún, mensajes directos de esos artistas contra el régimen o sus jerarcas.

De España llega la noticia de que el gobierno de Rajoy autoriza la venta de material 2m2antidisturbios a la Policía de Venezuela, continuando con la misma política de su antecesor, Zapatero, de no mirar hacia los pueblos sino únicamente a los intereses de los negocios. Triste para los venezolanos que durante la dictadura franquista siempre estuvimos de parte de los españoles, solidarios con el pueblo, prestando la ayuda que se pudiera y recibiendo a los que decidían huir del horror franquista con los brazos abiertos y convirtiéndolos en uno de los nuestros. ¡Así paga el diablo a quien bien le sirve! O como diría mi difunta madre: “De desagradecidos está empedrado el camino del infierno”.

Por último, para terminar este día de absoluta “normalidad” de carnaval, llega la información de que Rusia y China están enviando portaaviones para Venezuela.

Uno no puede menos que preguntarse: ¿Cómo compaginar las “noticias” de VTV y Globovisión de unos carnavales alegres y normales con la llegada de portaaviones rusos y chinos? ¿Cómo creer que en Venezuela se está desarrollando un golpe de Estado cuando los jerarcas del régimen se empeñan en bailar y mostrarse sonreídos en sus actos de carnaval, en su Venezuela “chévere”?

¿Será que todo esto se está convirtiendo en la nueva “normalidad” de la vida venezolana?

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El buitre hambriento nos ronda

Buitre

Captura de pantalla de la página http://www.cuentosinfin.com/el-buitre/

Quienes me siguen en la redes sociales deben haber leído el cuento de Kakfa que aparece en la foto porque lo he subido varias veces tanto a Facebook como a Twitter y Google+.

La razón por la que reincido en la publicación del corto relato de Franz Kafka titulado “El buitre” es porque desde que lo reencontré -hace pocos días, gracias a la mención que de él me hiciera mi sobrina Valentina-, “El buitre” me ha estado carcomiendo la mente. Me impresiona ver que en pocos párrafos, en apenas 20 líneas, el autor nacido en Praga ha logrado pintar de manera tan contundente y precisa la Venezuela de los últimos 15 años.

El cuento parece una alegoría de lo vivido y sufrido por los venezolanos desde que el socialismo a la cubana decidió instalarse en estas tierras benditas de las que parece haberse olvidado Dios.

A los venezolanos, como al hombre del cuento, desde hace 15 años nos empezaron a devorar como lo hace el buitre de la historia kafkiana. El régimen actúa como el hambriento emplumado y los ciudadanos hemos respondido tal y como lo hace el hombre de la historia, nos justificamos para no hacer nada contra el buitre, nos sobran las excusas para la inacción: “porque somos débiles”, “porque el buitre es muy fuerte”,”porque estamos solos”, “porque lo que nos ha quitado es poco” -al hombre del cuento apenas los zapatos y los pies. Todavía tiene el resto del cuerpo-. Como aquellos a quienes les expropiaron 2 de sus 5 fincas y lo asumieron sumisamente porque le quedaron 3 y no quisieron arriesgarlas…

Como en el caso del relato, algunos venezolanos no hacemos nada porque sentimos que hasta ahora es poco lo que hemos perdido y “No vale. Yo no creo” que pasen de allí. “Venezuela no es Cuba”…

Otros esperamos que la solución nos venga de afuera, que aparezca el hombre y diga que va a buscar el fusil para atacar al buitre y nos defienda. Porque “a los gringos no les conviene, porque el petróleo, y bla bla bla…”

Con cierta impotencia y resignación, hemos tolerado que el socialismo a la cubana se vaya afianzando en suelo patrio. Lo vemos venir, lo sentimos llegar pero todavía no parecemos convencernos.

15 años han pasado y todavía muchos dicen “No vale. Yo no creo”. Mientras otros celebran con la inconsciencia de quienes no se han percatado de que esa fiesta terminará en una resaca que Carianilos devorará a ellos también.

El buitre de Kafka tiene días revoloteando en mi cabeza. Leo la despedida del programa Zonalibre de Alexandra Cariani luego de 8 años al aire en horario estelar de la Emisora Cultural de Caracas y siento que el pajarraco ha asestado un certero picotazo en nuestra libertad.

¡Qué tristeza tan honda me da cuando leo noticias como esa!

Al leer a la Cariani siento que en este país se han conseguido tantas formas de irnos enmudeciendo, de irnos devorando la libertad, que una vez más recuerdo el cuento de Kafka y “El buitre” anida en mis neuronas.

Siento que la bestia nos va carcomiendo de a poco y nosotros por ignorancia, por estupidez, por cobardía, por desinterés, lo permitimos sin hacer nada. Me abruma la tristeza.

Pocas horas después, leo en Últimas Noticias que el régimen estudia una medida mediante la cual los “Extranjeros deberán pagar en dólares pasajes que compren en el país”. Sí, en dólares y no en moneda nacional. El buitre enfurecido ataca de nuevo, pienso.

Leo y releo la noticia porque el titular de un solo golpe me mandó 23 años atrás cuando fui a La Habana y como turista todo lo tenía que pagar en “divisas”, como decían ellos. Si quería como extranjero invitar a comer a un cubano, su comida también la debía pagar en dólares. El peso cubano era un entelequia que no servía para nada.

Vuelvo a leer y solo puedo pensar que luego será con el pago de hoteles, con el pago de servicios turísticos… En poco tiempo el bolívar fuerte valdrá lo mismo que el peso cubano. Nada.

En el cuento de Kafka, llega el momento cuando el buitre sabe que un hombre puede buscar la escopeta para enfrentarlo. Ante esa certeza, la plumífera y hambrienta bestia decide atacar con más saña e ir por todo. Picotea en el cuello con furia y la sangre que maná lo ahoga.

Solo falta saber si en nuestro caso la sangre que brote realmente ahogará al buitre o, por el contrario, lo fortalecerá como a un vampiro hasta terminar de arrasar con todo.

Adiós, Globovisión

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La protesta que se ha producido en Twitter contra Globovisión, no es contra los periodistas del canal. Es contra unos nuevos dueños que ofrecieron que la televisora no cambiaría sustancialmente y que buscaría el “equilibrio” informativo” y empezó por eliminar secciones que eran insignia de su parrilla de programación, siguió por sacar a Ismael García, continuó obviando actos en vivo de Capriles y, según los rumores, ya hay una lista de comunicadores que en los próximos días saldrán del canal.

El hecho de que el virado a rojo del canal lo hagan paulatinamente, no evitará que termine convertido en otro canal más de propaganda oficialista. Entiendo que los periodistas, por un lado, traten de mantener sus espacios y sus voces al aire para seguir siendo voceros de esa masa opositora que cada día se encuentra más amordazada, censurada y auto-censurada. Es loable su afán por mantener hasta el final ese huequito por donde la oposición pueda hacer sentir su voz y recibir la información que se le niega por los otros canales.

Por otro lado, se entiende también que los comunicadores traten de defender su campo de trabajo, su empleo, ese que les da el sustento de ellos y el de su familia. Nunca podría pedirles y, muchos menos exigirles, que renuncien a sus trabajos. Sé que la mayoría continúa fiel a sus principios dando la pelea desde donde consideran que es más viable y regidos por la defensa de los valores de la libertad de informar y ser informados y por el Derecho Humano fundamental de la libertad de expresión.

De Globovisión, desde siempre, son muchas más las cosas que me han distanciado que las que me han identificado. Siempre he considerado que es el anverso de una moneda que por el otro lado tiene a VTV. Lo veía con pinzas para extraer con sumo cuidado lo que era información y opinión y diferenciarlo de lo que era vulgar manipulación y propaganda disfrazada. De todo eso había mucho en Globo, cosa que se entendía y justificaba hasta cierto punto pues es la reacción natural ante el mismo hecho desde la acera de enfrente.

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Las redes sociales se desbocan contra Globovisión

No obstante, el canal era la única ventana que quedaba en pantalla de Tv. por la que uno podía acceder a la información que se nos niega tanto en los canales oficiales como en los privados que terminaron convertidos en medios de entretenimiento ligero, llenos de programas de concursos, reality shows y telenovelas, y en los que eliminaron todos los espacios de opinión y análisis, cuyos noticieros terminaron bastante limitados y auto-censurados en su deseo de no molestar a un régimen que fue cercando con efectividad todo lo que implicase información y comunicación para establecer la tan mentada “hegemonía comunicacional”.

El futuro de Globovisión, a estas alturas, me parece bastante previsible. Poco a poco irán eliminando de la parrilla los programas de opinión y análisis, especialmente los más “radicales”, para “favorecer” los “informativos”. Pretenderán convertirlo en lo que ya ellos han dado en llamar un “verdadero canal de noticias”. Todas estas comillas importantes y significativas pues sabemos a qué se refieren.

La pauta publicitaria oficial irá sustituyendo a la privada. Posiblemente perderá audiencia, como ya empezó a perder seguidores en Twitter pero, también es posible, que la recupere con creces, pues no es de extrañar que le den el permiso de transmisión libre a nivel nacional que por tantos años se les negó.

No sé hasta qué punto, siendo una canal privado, pueda la nueva Globovisión enfrentar pérdidas cuantiosas de pauta publicitaria como las enfrentó Tves, sin mucha preocupación, al pasar a estar en manos del Estado. Mantenido gracias a todos los venezolanos. El tiempo lo dirá. Posiblemente, si el objetivo era controlar un canal rebelde más que hacer un buen negocio, no les importará asumir las pérdidas porque “el fin justifica los medios” y esas pérdidas las verán compensadas por otros medios.

Los comunicadores sociales de Globovisión, así como sus técnicos, estoy seguro que no perderán el apoyo y el respeto de su audiencia, sea cual sea la decisión que tomen. Por lo menos, no, mientras se mantengan fieles a sus principios y a lo que los televidentes hemos apreciado y agradecido en ellos. Lo meses por venir serán tan amargos para ellos como para quienes, de una forma u otra, lamentamos la pérdida de canales de comunicación.

A quienes se siente derrotados, a quienes piensan que sin Globovisión estamos perdidos y están desesperanzados porque creen que quedaremos para siempre en manos del régimen autoritario, les recuerdo que muchos regímenes aún más fuertes que el actual venezolano, cayeron sin necesidad de radio y televisión. Con o sin medios radioeléctricos masivos se han tumbado regímenes dictatoriales a lo largo de la historia. Habrá que idear nuevos canales para comunicarse, el ingenio del ser humano es inagotable.

Ahora, cuando sentimos que perdemos un importante canal de comunicación, recuerdo que en mis tiempos de estudiante de Comunicación Social en la ULA, Táchira, había un periódico mural por el que los estudiantes lográbamos canalizar denuncias, informar y hasta entretener de manera clandestina. De un día a otro, aparecía en la puerta del edificio un inmenso pliego de papel periódico escrito a mano con todas las cosas que los estudiantes queríamos comunicar.

La creatividad dará frutos, el periódico mural tal vez es un punto de partida para idear nuevas formas de comunicar. Las redes sociales habrá que cuidarlas y multiplicar su poder. El boca a boca y el run run recobrarán importancia. A lo mejor resurgirán los grafittis, pasquines, panfletos…

Posiblemente se pierda un canal, pero la creatividad no. Es tiempo de imaginar, crear, ingeniar, luchar, resistir…

La verdad oficial Vs. la contundente realidad

la verdad

Si algún éxito se le puede atribuir al difunto Chávez en los 14 años de su autoritario régimen, fue el haber logrado, para el momento de su deceso, configurar un aparataje comunicacional eficiente y agigantado que logró llevar su mensaje “revolucionario” a los más apartados confines del mundo y al más recóndito rincón de la geografía venezolana.

Aquella “hegemonía comunicacional” de la que en varias oportunidades se les oyó hablar a los partidarios del régimen chavista, luego de 14 años en el poder, parece estar completamente desarrollada y establecida. Para alcanzarla, se valió de la creación de nuevos medios de comunicación como revistas, panfletos, emisoras de radio y televisión comunitarias,  emisoras de radio y televisión regionales, millonarias campañas publicitarias y de propaganda, así como  de cierres por vías “legales” de medios de comunicación que le resultaban incómodos a sus propósitos de llevar “Su Buena Nueva” a todos los lugares, con el menor ruido posible.

A esto hay que agregarle un gran lobby internacional de medios e intelectuales del planeta, unos pagados por el estado venezolano y otros atraídos por lo exótico que les resultan, a cierta intelectualidad de izquierda del mundo desarrollado europeo y estadounidense , todos los gobiernos que se erigen como anti imperialistas y contarios a todo lo que tenga la etiqueta de “gringo” o “pitiyanqui”, además de la creación de un canal internacional de televisión como Telesur al servicio absoluto de la “verdad” revolucionaria y la creación y aplicación de leyes de comunicación que estimularon la autocensura de los medios privados que tendían a ser opositores o medianamente imparciales, muchos de los cuales eliminaron de su parrilla de programación la mayoría de programas de opinión y de entrevistas, destinando sus programaciones a espacios de entretenimiento, concursos, bricolaje, cocina y telenovelas, o pura musiquita en las emisoras de radio.

Los pocos espacios de opinión que sobrevivieron se han visto obligados a ingeniárselas para cumplir con el reglamento de comunicación siempre ambiguo y discrecional, mediante el cual, con parámetros absolutamente subjetivos y sujetos a la arbitraria interpretación del ente regulador, el estado tiene la potestad de sancionar a periodistas y medios si considera que “incumplió” con la norma. De esta forma, el ejercicio de la comunicación en Venezuela en los últimos años, se ha desarrollado siempre bajo amenazas y tutelajes que han exacerbado la autocensura. Se comunica desde el miedo y de esto no se han salvado ni siquiera los programas de entretenimiento más banales. Todos pueden en cualquier momento pisar un callo que incomode al régimen y que haga que se “solicite” su suspensión y salida del aire bajo tácitas amenazas de acciones “legales” más fuertes.

Todo este panorama de hegemonía se ve coronado con las innumerable e interminables cadenas de medios de las cuales ha hecho uso y abuso el régimen amparándose en el derecho que la ley le otorga. Las cadenas de radio y televisión llegan hasta el más apartado rincón del país y son transmitidas en muchos casos a nivel internacional vía televisión por cable y por Telesur.

Mientras los medios de comunicación oficiales,  esos que se supone son de todos los venezolanos, aunque han devenido en oficinas de prensa del gobierno y del partido PSUV,  especialmente la televisión, tienen alcance realmente nacional; el único canal que permanece al aire con tendencia opositora es Globovisión, con señal abierta solo en el centro del país y solo vía cable en el interior, con lo cual su alcance es bastante limitado así como su audiencia.

Globovisión ha estado bajo amenaza desde hace muchos años. Han recibido sanciones y multas multimillonarias y siempre mantiene un “expediente abierto” dentro del régimen. La razón principal por la que el gobierno no se ha decidido a cerrarla por completo es porque le ha funcionado como “detergente” para lavar ante el mundo el carácter autoritario y dictatorial del gobierno. Efectivamente, quien vea por un rato un “Aló, ciudadano”, podría decir que Venezuela es el país con la mayor “libertad de expresión del mundo”, como le gusta decir a los oficialistas. No obstante, esa supuesta libertad, esté siempre vigilada y amenazada y, al hurgar un poco más la superficie, se constate que no hay tal libertad si los periodistas y presentadores trabajan con una espada de Damocles sobre sus cabezas, atentos no solo a lo que ellos dicen sino a lo que digan sus invitados y entrevistados pues las opiniones de estos también terminan siendo responsabilidad del periodista y del medio.

Por ejemplo, solo para ilustrar, si un periodista entrevista a alguien y a esa persona se le ocurre decir: “Anoche salí y me tomé unos vinos”, si es en vivo, el periodista debe saltar a decir que eso no se puede decir so pena de ser sancionado si no lo hace, y si es grabado, a la palabra “vino”, le montarán un pitico de censura, como sucede con una canción muy sonada en la radio a la que le ponen el pito censor sobre la palabra “cerveza”.

De todo este poder comunicacional se ha valido el régimen para esparcir por el mundo su “verdad”. Es este poderío el que ha logrado vender en el exterior la especie de “una revolución equitativa y justa”, con plenas libertades democráticas, exitosa e incluyente, mientras que en el plano interno ha sumido al país en la bancarrota, la escasez, la inseguridad, la división, el odio entre hermanos… El viejo truco de la mentira repetida mil veces y de, si piden ajo, les damos ajo hasta que lo repitan.

De esta estrategia viene la falsa creencia en el mundo y en gran parte de la población venezolana de que Chávez fue el que vio hacia los pobres, los tomó en cuenta por primera vez y los “empoderó” como les gusta decir. En realidad, el régimen no hizo más que continuar con las viejas políticas sociales de anteriores gobiernos democráticos. El vaso de leche escolar, los comedores escolares, los hogares de cuidado diario, las casitas de Inavi, el programa ACUDE de alfabetización, los programas de formación del INCE, las escuelas técnicas industriales… Por nombrar las primeras que me vienen a la mente, fueron el germen de las “Misiones”. Es poco lo realmente nuevo durante su gobierno, y no mucho más efectivo que sus originales.

Pero el aparataje comunicacional hizo que la gente olvidara lo que habían hecho otros gobiernos y de tanto repetirles que antes no tenían asistencia social, terminamos todos convencidos de que fue así y repitiendo el estribillo de que “con Chávez, por primera vez, se tomaban en cuenta los pobres”.

Lo único que tiene de cierta esa afirmación es que, por primera vez, un gobierno empezó a conectarse con el resentimiento de los pobres, empezó a utilizarlos de manera impúdica y descarada para sus fines absolutistas.  Desde las altas esferas del gobierno se fueron a los barrios del país, especialmente en Caracas, con armas y un discurso de odio y división para conformar milicias y cuerpos para-policiales con los cuales enfrentar a la oposición cuando esta saliera a reclamar y protestar por sus derechos.

A fuerza de repetir en sus medios de comunicación que la escasez de alimentos, la inseguridad, la falta del servicio eléctrico, de agua, y de todos los servicios básicos son culpa de los burgueses y del imperio, el régimen logró imponer su verdad y sembrar su odio en aquellos que compraron su discurso. Muchos de esos son los que en la actualidad dicen: -No me importa que me maten, que me roben, que mis hijos no tengan leche, que no consiga medicinas, pero NO VOLVERÁN”.

La propaganda logró imponer ante el mundo el éxito de la “Misión Vivienda”. Entregan 200 casas y la propaganda la repiten incansablemente hasta que pareciera que son 2 millones de casas, aunque en la realidad, el déficit habitacional se ha incrementado cada año hasta niveles alarmantes. Esa capacidad propagandística es la que hace que un proyecto que en cualquier país civilizado del mundo sería considerado un oprobio como lo es La Torre de David en Caracas, donde una invasión terminó siendo un barrio vertical, controlado por “líderes” al mejor estilo de los “pranes” que gobiernan las cárceles, con armas, drogas y el abuso producto del hacinamiento, haya terminado siendo enviado a la Bienal de Venecia y premiado como ejemplo de “organización social”.

“Por primera vez al pobre lo toman en cuenta” y en realidad lo que han hecho es mudarle el rancho y el mal vivir. Muchas viviendas de las que han entregado están en pésimas condiciones, edificios de 12 pisos sin ascensor, escaleras sin acabar y sin barandas. Edificios mal construidos junto a urbanizaciones de clase media y entregados a “sus pobres” no con la finalidad de mejorarles su calidad de vida sino para utilizarlos como banda de choque contra esa clase media que no termina de arrodillarse ante el poder y la revolución. A muchos los sacaron del rancho en el cerro para llevarlos al rancho en la urbanización. Cambio de escenario sin que en realidad eso signifique un cambio ni en la calidad de vida del pobre ni es su capacidad para salir de la pobreza. Mientras tanto  la lista de damnificados esperando solución a su problema de vivienda se mantiene por años.

Hablan de “seguridad alimentaria” y uno pasa frente a los supermercados y ve las colas de personas interminables para comprar 2 pollos, un kilo de azúcar y un kilo de harina. Pero, los seguidores del régimen que están en la cola, están convencidos que esa escasez es culpa de la “burguesía apátrida” y del “saboteo” con el que lo bombardean 20 veces al día en los medios oficiales. O, se dejan convencer, en otros casos, de que la escasez se debe a que como ahora los pobres tienen poder adquisitivo, se consume más y no alcanza la producción.

Esas personas que creen y quieren creer la verdad oficial, en muchos casos, no tienen acceso a la información que la contrasta. Para ellos la verdad oficial es “la verdad”, pues no tienen señal de “Globovisión” en sus casas para que, al menos, les siembren la duda. A ellos les llega la versión del CDI quemado pero no la réplica de las personas que investigan el hecho. Como sucedió con Provea. A ellos no parecen llegarles las informaciones que dan cuenta de la caída en la producción en todos los rubros, de los cierres de empresas, de la huida de la inversión a países como Colombia y Panamá porque el capital escapa de países donde se siente inseguro. Quienes consumen la verdad oficial no tienen posibilidad de pasear por países como Uruguay o Colombia y contrastar su realidad con la que vive la gente en esos países. Ellos creen lo que dicen sus medios de que la crisis es mundial y se imaginan que los supermercados y servicios públicos en otros países están en el mismo deplorable estado que el nuestro, o peor, porque son países más pobres.

Todo este panorama convirtió  al régimen venezolano en un fascismo de librito, terminó cumpliendo con la mayoría de las características que identifican a ese tipo de regímenes o, en su ampliación, a gobiernos autocráticos, totalitarios y dictatoriales. Cito algunas de esas características:

–        Buscó legitimarse a través de la movilización popular, invocando ser los auténticos representantes de los intereses del pueblo.

–        El dominio de su prédica ante las masas llevaba a la construcción de una falsa realidad a través del dominio de los medios de comunicación y de un aparato propagandístico que martillaba una sola “verdad”. Como afirmara el ministro de Propaganda Nacionalsocialista, Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Para ello procuraron re-escribir la historia para hacerla coincidir con sus designios de poder. (Aquí le agrego que basta decir que hasta una nueva imagen de Simón Bolívar llegaron a producir).

–         Las pretensiones de este liderazgo por amasar cada vez más poder demandaba señalar la existencia amenazante de un “enemigo”, tanto externo como interno, que ponía en peligro los avances de la revolución fascista. Ello “justificaba” la eliminación de toda traba a la concentración de poder y exigía lealtad absoluta a sus seguidores, pues se trataba de librar una batalla victoriosa contra ese “enemigo”.

–        El nazi-fascismo se propuso la destrucción del Estado de Derecho “burgués” argumentando que su “blandenguería liberal” obstaculizaba la conquista de los fines trascendentales reservados al pueblo. Al “enemigo” no se le podían reconocer los mismos derechos que el “ciudadano de bien” y se le discriminaba política, social y jurídicamente. El régimen Nacionalsocialista buscó acabar con la institucionalidad existente mientras edificaba una institucionalidad paralela, dependiente del partido.

–        Lo anterior implicaba la politización de la justicia, siempre en nombre de la “voluntad del pueblo”, y la “judicialización” –penalización- de toda acción política opositora.

–        Esta especie de “revolución permanente” se basaba en la polarización maniquea de la lucha política –los buenos, patriotas, “nosotros”, contra los malos, vendepatrias, “ellos”- y buscaba galvanizar a las masas para cerrar filas detrás del líder.

–        Consustancial a lo anterior era el ejercicio extendido de la violencia callejera por parte de organizaciones partidistas uniformadas de naturaleza para-militar.

No obstante, todo el poderío y hegemonía comunicacional y el inmenso aparato de propaganda que quedó completamente establecido dentro y fuera de las fronteras de Venezuela para el momento del deceso de Chávez, bastaron los pocos meses de la enfermedad del líder y los siguientes meses a su muerte para que Nicolás Maduro se terminara llevando por los cachos el trabajo de 14 años del líder del “proceso socialista” venezolano.

A pesar de la limitada, semi-amordazada y el corto alcance de la señal de Globovisión y de lo poco extendido que está el uso de las redes sociales en el país, el manejo de las (des) informaciones de los partes médicos sobre el estado de salud del mandatario, el hermetismo y la falta de rigurosidad y seriedad al momento de comunicar, empezaron a medrar el poder del inmenso aparataje comunicacional y de propaganda del régimen.

Los seguidores del chavismo podrán ser humildes y en muchos casos de escasa formación académica, pero no son tontos ni faltos de inteligencia y sentido común y, a pesar del fanatismo y amor profesado al líder, en el fondo no los engañaron por completo y la duda acerca de la veracidad de las informaciones que les ofrecían empezó a sembrarse en sus cabezas. Confirmadas cuando, luego de haberlos mantenido por meses con la expectativa de que su querido líder regresaría fortalecido y robustecido y de “partes médicos” que daban cuenta de largas horas de trabajo en su lecho de convaleciente, el 5 de marzo le informaron que había muerto. La duda sobre la sinceridad de los herederos quedó subyacente bajo el duelo y el dolor de la noticia del fallecimiento.

Las mentiras evidenciadas en todos los voceros del oficialismo hicieron que la duda cobrara cuerpo en sus seguidores y, esa duda, aparte de la falta de liderazgo de Nicolás Maduro, hizo que la cantidad de votos para su candidatura menguara por miles a diario, hasta llegar al desastroso resultado para el oficialismo de las elecciones del 14A.

Pero, el desespero por la aplastante derrota hizo que los voceros oficiales siguieran cometiendo errores. A los abusos y trampas que se vivieron durante el proceso electoral que dejaban en el ambiente un sospechoso tufillo a fraude, se le sumó la desorientada política comunicacional del régimen que empezó a dar palos de ciegos en su afán por montar una matriz de opinión de un supuesto golpe de estado fraguado desde la oposición y de supuestos hechos de violencia orquestados desde las filas del candidato opositor quien, desde la misma noche cuando se dieron los resultados salió a exigir un reconteo y auditoría de los votos.

La realidad empezó a imponerse por encima del aparato de propaganda y a atornillar la sospecha y la duda en ambos bandos del electorado.

Los acompañantes internacionales vieron las irregularidades que se cometieron en los centros de votación, como las vieron los votantes de ambos candidatos. La sensación de trampa, existente en los venezolanos desde hace varios procesos electorales, se fue materializando y el hecho de que el oficialismo empezara a circular falsas informaciónes, medias verdades y mentiras completas, fácilmente descubribles al asomarse a la realidad como las de los ataques a centros de salud y a instalaciones partidistas corrieron como agua desbordada por las redes sociales y en el boca a boca.

La realidad no podía ser ocultada con cadenas de medios ni con declaraciones de quienes cada vez que hablan terminan más desacreditados ante la sociedad. Ni siquiera manipulaciones como la información transmitida por Telesur cuando daba cuenta de los fuegos artificiales en la toma de posesión de Maduro quitando el audio ambiente para eliminar el ruido de las estruendosas cacerolas que se imponía a las detonaciones, como protesta por la apresurada juramentación, pudo calmar la duda de la gente.

La verdad oficial parece tener simientes de barro y la lluvia desaforada de mentiras, amenazas y transmisiones de imágenes espectaculares como las logradas durante el acto de juramentación logran evitar que en la opinión nacional e internacional quede la sensación de que “se robaron las elecciones”, como lo dijo Capriles. Las apresuradas declaraciones de representantes del resto de los poderes que siempre han estado en contubernio con el ejecutivo, generaban más suspicacias que certezas.

La persecución de los empleados públicos que votaron por la oposición para despedirlos de sus trabajos ayuda a confirmar la duda de si esos resultados dados son realmente los que son y hace que al final de esta jornada, cerca del 80 por ciento de la población esté de acuerdo con que se haga una auditoría seria y completa que despeje las dudas de los votantes de ambos lados. La negativa del ente comicial, bajo leguleyas objeciones, no hace más que acrecentar la sospecha y lo que empezó siendo un tufillo a fraude ha devenido en un penetrante hedor a trampa.

Al final, los intelectuales y políticos serios tanto dentro como fuera del país, que en diarios y foros de internet alguna vez apoyaron con sus opiniones al régimen chavista, parecen hacerse a un lado ante las flagrantes evidencias de trampa y la apabullante duda y las constantes sospechas que dejan la elección. Muchos piden explicaciones de la derrota y están de acuerdo con que se produzca una profunda auditoría. La defensa de la verdad oficial del régimen ha quedado en gente de muy dudosa reputación y credibilidad, las voces serias del mundo, aunque no terminen de pronunciarse directamente con respecto al tema, con su silencio parecen convalidar la tesis de que se hace necesaria la auditoría de las elecciones, satisfaciendo las demandas hechas por la oposición que, a fin de cuentas, tiene todo el derecho de dudar y de que se le despejen sus dudas de manera contundente.

El hecho de que tanto Nicolás Maduro como Jorge Rodríguez y el mismo CNE se desdijeran sobre su posición respecto a la auditoría luego de que había aceptado la solicitud, no ayuda a aclarar las sospechas. Todo apunta a que fue una burda estrategia para tener un país relativamente en calma para el show de la juramentación al que asistirían algunos presidentes y representantes de países extranjeros, quienes fueron, aparentemente, engañados en su “buena fe”.

Falta por saber si la perdida de eficiencia del aparataje comunicacional y de propaganda enfrentada a la realidad que parece golpear con mano de acero al régimen, acabarán siendo el germen que termine por derrumbar esta farsa que se ha llamado “socialismo del Siglo XXI”, que no ha sido más que la imposición en Venezuela de un sistema autocrático, totalitario, dictatorial que, como dije anteriormente, terminó convertido en una régimen fascista de librito.

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