El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

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Hoy, sólo veo Madres

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Una madre angustiada grita ‘¡Cuidado!”.
Su potente grito detiene el carro.

Una madre de voz nasal llama a Yenifer:
“Ponte allí, junto a las letras de ‘Maracaibo’ para hacerte la foto”.

Una madre sonríe mientras empuja el coche y canta una nana.

Un hombre le enseña a su hijo que ‘brisa’ es ‘viento’.
Yo veo a Santa Ana enseñando a María.

Una madre empuja el coche vacío mientras su beba de dos
se tambalea a su lado buscando el equilibrio en la carrera.

Una joven de pechos diseñados para amamantar
trota junto a su husky, que es por ahora su hijo.
Hasta que las tetas cobren sentido materno.

Un guapo tío gay, en cuclillas,
abre los brazos para recibir el apretón de la alegre sobrina.
Demeter abraza a wpid-img_20150224_210324.jpgPerséfone.

Unas varoniles y musculadas piernas pedalean
halan la pequeña calesa con los dos hijos dormidos.
En su esfuerzo veo una madre.

Una madre serena empuja sin esfuerzo
la pesada silla de ruedas de su hijo con esclerosis bilateral.

Un señor mayor invierte los roles.
Es la madre de la anciana ida que lleva del brazo.

La Vereda del Lago está llena sólo de madres.

Alucino.

La luna brillante me llama.
En su luminoso cuarto creciente veo la sonrisa encendida de Kluiverth Roa.
Encandilado, bajo la mirada y en la acera veo unas manos
que se aferran a la cabeza de un niño para contener la sangre
evitar que los sesos se deslicen sobre el concreto.

wpid-img_20150223_232821.jpgTodos son ajenos a esa madre que en el Táchira ya no gritará, ¡Cuidado!
Ya no enseñará que la ‘brisa’ es ‘viento que sopla’.

“Culpa de la madre que lo dejó salir a protestar”,
dicen que dijo un obrero que parece no tener madre,

Hoy, sólo veo madres. Todos somos madres.

Levanto la vista al oscuro horizonte
se me aparece la madre de ese de 23 que mató al de 14.

Mañana algunos de los ajenos e indiferentes mirarán a sus hijos
un escalofrío les recorrerá la espina dorsal
al encontrar en sus ojos la mirada de Kluiverth.

Por los poros de mis piernas y brazos brota un dolor de madre.
Una ira ácida baña mi estómago.
Me prohibo llorar.

Pero una lágrima rebelde
cae sobre el negro pavimento
deja un charco de sangre.

Hoy, ya no soy Rojas.
Hoy,#YoSoyRoa

Golcar Rojas

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Un paseo por las entrañas de la Venezuela “chévere”

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Son las 4 y 45 de la tarde. Estoy en La Morita,  un punto que no debe aparecer en los mapas de Venezuela porque es un lugar en el medio de la nada. En la carretera que une los estados Mérida y Táchira.

Es un pueblo tan insignificante para el común de los venezolanos que de no ser porque me encuentro en una larguísima cola para poner combustible,  ni siquiera me habría detenido a mirar el.aviso verde con letras blancas a la orilla de la vía que indica que estoy en “La Morita”.

Esta historia comenzó hace un par de días cuando decidimos asistir a la celebración de 15 años de mi sobrina Karen para aprovechar la fiesta y saludar a mis sobrinos que viven fuera de Venezuela y que vinieron exclusivamente para la celebración en San Cristóbal.

No es fácil celebrar la unión familiar y hacer turismo interno en esta Venezuela

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que nos legó Chávez.  Por mucho que uno se ufane de ser precavido y haber aprendido a sobrevivir en este caos del socialismo del Siglo XXI, las sorpresas y los imponderables siempre terminan por imponerse

Yo pensaba que al contar mi vehículo con el chip de racionamiento de combustible me ahorraría la incomodidad de hacer las largas colas para repostar combustible que se aprecian por todas las estaciones de servicio de la ciudad a cualquier hora del día que la gasolinera esté de servicio. ¡Qué iluso!

Las colas son justamente de los que cuentan con el famoso chip. Sí. Una vez más la propaganda oficialista nos engañó.  El chip del racionamiento no aminoró las colas de las gasolinares como cacareó el régimen para instalarlo. Y como en este país lo anormal, por frecuente,  termina pareciéndonos “normal”, cuando comenté acerca de esas largas filas de autos, alguien me dijo:

-Sí. Son largas. Pero pasan rápido. Uno tarda sólo como media hora para poner gasolina.

A eso sólo pude responder que rápido es llegar y en tres minutos estar servido con la cantidad de combustible que necesite y pueda pagar. Y no perder media hora para que surtan máximo 30 litros. Ni un cc más. 

En fin, que al segundo día vimos una cola que “solo” media una cuadra de carros y nos metimos a repostar.  Unos 20 minutos más tarde, salimos con nuestros 30 litros en el tanque.

Esa noche, pretendí compartir con mis sobrinos de Estados Unidos un helado y fuimos a una famosa heladería. 

Todo normal. Como en cualquier país del mundo llegamos a la caja para hacer el pedido, pagar, recibir los helados y sentarnos a disfrutar del fresco de la noche en las mesas de la terraza.

¡Oh, sorpresa!  La heladería no tenía o no le funcionaba el punto de venta. Solamente aceptaban efectivo.

Con el dinero que teníamos,  compramos algunos helados y mientras los comían fuimos, allí mismito, a un cajero automático para sacar el efectivo que faltaba para los otros. 

Para hacer un largo viacrucis corto, sólo diré que tuvimos que ir a cuatro o cinco sitios porque unos cajeros no funcionaban y otros no tenían efectivo disponible. Cuando llegué,  ya mis invitados se habían comido sus helados. Pedí el mío. Y de esa manera se desarrolló nuestro compartir familiar,

¡Qué linda y chévere se nos ha vuelto Venezuela!

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Llegó el momento del regreso.  Como teníamos aún medio tanque de gasolina, decidimos no hacer las interminables colas de tres cuadras y agarrar carretera, una vez más confiados en que con el famoso chip no tendríamos inconvenientes en rellenar el tanque en cualquier estación del camino.

¡Qué ilusos!

Íbamos a tomar el camino más corto. Por la vía de Machiques. La mala señalización de la vía nos hizo dar un largo rodeo y extraviarnos.

Preguntamos y retomamos la vía. Al llegar a cierto punto, un piquete de la Guardia Nacional tenía trancada la carretera. Un efectivo con más fusil que edad nos informó que no había paso porque en Orope estaban protestando.

“¿Tardarán mucho en reabrir el paso?” Preguntamos ingenuamente.

“Están quemando dos gandolas”,  fue la respuesta recibida.

Deshicimos el trayecto.

Pasamos una estación de gasolina. Cerrada. “A diez minutos hay otra”.  Llegamos a esa otra. Cerrada. “A 15 minutos hay otra”.  Llegamos a esa otra. Cerrada. Nos quedaba memos de un cuarto de tanque y más de la mitad del camino por recorrer.

Comemzábamos a ser presas del pánico y la angustia. 

Un hombre al que preguntamos nos dijo:

“En esa casita de las matas de coco, venden gasolina”.

Una vivienda humilde con encharcada entrada de tierra y.cortinas en lugar de puertas. Junto a la estación de servicio. Nos atendió un chico:

-¿Cuánta gasolina quieren?
-¿Cuánto cuesta?
-¿Cuánta quieren?
-Unos veinte,  veinticinco litros.
-Salen en 800 bolívares, los 20 litros.

Para quienes leen esto y no saben, el tanque del carro de 40 litros se llena con unos cuatro bolívares.  Echen numeros.

Dijimos no.

Decidimos correr el riesgo y continuar andando hasta una próxima gasolinera.
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Es así como llegamos a La Morita a las 4 y 45 de la tarde. El calor y la humedad son sofocantes. Mientras escribo,  miro el reloj del panel frontal del carro. Han pasado 40 minutos desde que empezamos a hacer la cola en plena carretera. La fila avanza lentamente.

Sediento,  me bajo a comprar un agua energizanfe. Un par de loros con su alegre graznido surcan el cielo en vuelo sobre mi cabeza.

Retomo mi puesto en la cola. Al lado, el bombero levanta una vara con el chip de los motorizados para que el scanner pueda leerlo y despacharles su combustible.

Una hora y diez minutos después,  con los 30 litros de gasolina que nos correspondían por el día en el tanque y 2 bolívares menos en el bolsillo. Salimos de la gasolinera para retomar el camino de regreso a casa.

Empieza a oscurecer. Tenemos seis horas rodando en un viaje que se suponía haríamos en cinco, y aún nos falta más de la mitad del trayecto.

Estamos agotados. Tal vez sea tiempo de parar

Golcar Rojas

Una tarde “excesivamente normal” en Venezuela

Foto de Lusmary Santos desde San Cristóbal

Foto de Lusmary Santos desde San Cristóbal

Maracaibo, 3 y 20 de la tarde del jueves 20 de febrero. Cielo soleado y despejado. Un corto recorrido por algunas calles nos permite palpar la tensa calma que se vive en estos momentos en la ciudad.

Las calles bastante despejadas para el día y la hora, dan la sensación de un domingo o de un 1.7Primero de Mayo. El poco tráfico es lento y, aunque parezca increíble, silencioso. No hay el característico bullicio de las congestionadas calles marabinas. No hay gritos, ni cornetazos ni mentadas de madre en las habitualmente trancadas avenidas.

En las calles internas de urbanizaciones y barrios, se ven los vestigios de lo que fue la noche anterior. En muchas esquinas hay troncos de árboles, residuos de basura quemada -aún humeante-, piedras y alambres, dan fe de la protesta que atestiguó la noche.

Intentando acercarnos a La Plaza de la República nos tropezamos en una esquina dos patrullas policiales trancando el paso. En otra, dos patrullas más y en una última un grupo de policías y motos impiden el paso vehicular hacia la significativa plaza,1.6 bastión opositor en Maracaibo. Parece que para el régimen haber logrado evacuar con violencia el sitio y detener a los muchachos que estaban haciendo vigilia en el lugar es un heroico triunfo y no está dispuesto a permitir que la protesta se asiente de nuevo al pie del obelisco.

Más del 50% de los comercios que veo están cerrados. Algunos pocos prestan su servicio con normalidad y otros pocos mantienen sus santamarías abajo y solo despejada la puerta de entrada, como si estuviesen preparados para cerrar por completo ante cualquier eventualidad.

La sensación que da la calle es de una tregua. De un descanso. Es como si la gente estuviera haciendo una siesta en medio de una batalla para luego retomar la 1.5actividad. De hecho, en algunos puntos ya se ven levantadas barricadas con piedras, troncos y basura en perfecta disposición para lo que vendrá posiblemente al caer el sol.

Vamos hasta la Plaza de Canta Claro para ver si hay actividad por allí y solo se ven algunas personas conversando en el parque y en una esquina que humea un pipote encendido. Más allá unas patrullas apostadas y unos policías de tertulia. Dos cuadras detrás de ellos se ve el humo negro de cauchos quemados que comienza a elevarse hacia el cielo azul. Los agentes no se dan por enterados.

Recuerdo en ese momento que algunos infiltrados de1.4 contra inteligencia del régimen han pasado el día en Zello lanzando mensajes aterradores de represión y detenciones en la calle a todo el que salga, solo con la intención de paralizar de miedo a los ciudadanos y, por supuesto, amedrentar sicológicamente a los estudiantes. Nada de eso. Las calles están en calma. Tensas, pero en calma.

Llegamos a casa. La urbanización está en perfecta y tensa calma. Bajo del carro para abrir el estacionamiento con el terror habitual de que algunos ladrones estén próximos y me vuelvan a encañonar y atracar. Entonces recuerdo la cantidad de policías que han desplegado por toda la ciudad para reprimir a los estudiantes y no puedo evitar pensar en lo seguros que estaríamos si ese mismo despliegue y esa misma fuerza represiva la utilizaran cotidianamente 1.3para combatir a los criminales que secuestran, roban, atracan y violan a sus víctimas.

En el grupo de mi familia en Whatsapp, me consigo un mensaje de mi sobrina María Fernanda, en Mérida, que da cuenta de una situación similar a la que acabo de experimentar en Maraciabo en las calles de la ciudad andina:

“Reporte de la ciudad: avenida Andrés Bello despejada, parece primero de enero. Entrada a Las Tapias por el Museo, una bueeena barricada, bien hechecita. Viaducto de la Croacia: Campo de guerra. La parte interna, por residencias Santa Bárbara, muy bien bloqueada. Liceo Fermín Ruiz, una barricada buena. Por todos lados se ven señas de que los muchachos han sabido defenderse del ataque tanto de la 1.2policía como de los tupamaros amigos del régimen que han salido a enfrentarlos”.

Por su parte, mi sobrina Luzmary desde San Cristóbal reporta que el día ha estado calmado. No se han escuchado detonaciones pero un helicóptero ha sobrevolado la ciudad todo el día y desde hacía algunos momentos dos aviones de guerra pasaban con frecuencia con su estruendo. Envió una foto de uno de los aviones tomada desde el patio de su casa.

Entro en las redes para saber de qué se trata y ya Twitter da cuenta en cientos de micromensajes de los sobrevuelos sobre la ciudad andina, muchos con fotografías de los mencionados aviones. En la página de Facebook de “Con estilo digital.com” consigo una composición fotográfica en la que describen los artefactos como: “aviones caza Sukhoi Su30MH2 Flanker-G de la Fuerza Aérea Venezolana”. Pura guerra sicológica sin duda. Poco pueden hacer esos aviones en la ciudad más que ruido y meter terror.

Definitivamente, el régimen se fue con todo contra los tachirenses. Les mandaron el ejército. Dicen que llegaron las “avispas negras cubanas”, un batallón de paracaidistas. Aviones y helicópteros de guerra y les quitaron desde hacía 24 horas el internet.

Desde Barinas, mi prima Eryka me dice que allá no pasa absolutamente nada. Que apenas unos amagos de protesta el día anterior. Claro, esa es la cuna de quien nos dejó este caos…

Pienso en aquella tristemente célebre frase de José Vicente Rangel “Todo está excesivamente normal” y leo que Luzmary escribe en el grupo:

“Empezó la plomamentazón en la 19 de Abrillllll” y María Fernanda reporta que desde el viaducto de Mérida se escuchan cacerolas y detonaciones… Parece que la noche será larga una vez más… Ya arrancó una cadena de medios del régimen…

avionSC

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