El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

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Cumplir 17 en el mundito de Nicolás

cumpleaños

El título podría prestarse para un tierno cuento infantil y el fuego de la foto podría confundirse con una de esas velas tipo fuegos artificiales que se usan ahora en las tortas de cumpleaños. Pero no, el cuento, si no fuera por lo hilarante de lo vivido, sería un cuento de terror y depresión, y el fuego de la imagen es el de una barricada.

Fuimos a llevarle su regalo de cumpleaños a mi sobrina Silvana. No había fiesta. Sólo queríamos llevarle un detallito y darle el beso y el abrazo que corresponde. Que, como dicen las viejas, ¡diecisiete no se cumplen todos los días! y cuando algún ser querido cumple esa edad, paso yo el día como Violeta Parra, queriendo “Volver a los 17”.

Volver a los diecisiete después de vivir un siglo
es como descifrar signos sin ser sabio competente
volver a ser de repente tan frágil como un segundo
volver a sentir profundo como un nino frente a Dios,
eso es lo que siento yo en este instante fecundo

Pues bien. Llegamos pasadas las seis de la tarde. Nos sentamos a la mesa del comedor y Katyana, la mamá de la cumpleañera, saca focaccia, pan de avena y cremas de ricota con yogourt, de caraota y vegetales y de ajonjolí con parchita. Todo rico y hecho por ella, excepto las galletitas de cazabe, que aunque están ricas y tostaditas, no fueron hechas en casa.

Chismes van y chismes vienen. Cuando nos reunimos no queda títere con cabeza y no se nos salva ni la familia. A todos les hacemos traje.

A las 7 y 15 de la noche, de un solo golpe y sin previo aviso, se apagan las luces. No, no vamos a cantar el cumpleaños feliz. Es un apagón. Bueno, no un apagón. Simplemente, el momento en que se inicia el racionamiento eléctrico que al régimen venezolano no le gusta que llamemos racionamiento y por eso nunca se sabe en qué momento sucederá pero sí se sabe que durará dos horas.

Es la segunda vez que estando a más de 10 pisos de altura, de visita en esta casa, nos cortan la luz de golpe y porrazo. Menos mal que la compañía es amena y, al encender las linternas y habituarnos a la penumbra, la conversa continúa sin mayor trauma que el arrecherón del momento.

Se va enredando enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay si, si, si

En medio de lo mejor de un chisme, se empiezan a oír gritos que vienen de abajo. De la calle.

Algunas detonaciones, y más gritos.

Nos asomamos al balcón y vemos en la oscuridad de la noche como una candelita empieza a arder en la esquina de la derecha. No se distingue lo que gritan pero a los pocos minutos ya se ven llamaradas y se empieza a levantar una espesa columna de humo negro. Están quemando cauchos. El olor se siente cuando sopla el viento.

Mi paso retrocedido, cuando el de ustedes avanza
el arco de las alianzas ha penetrado en mi nido
con todo su colorido se ha paseado por mis venas
y hasta la dura cadena con que nos ata el destino
es como un día bendecido que alumbra mi alma serena

Las llamaradas permiten distinguir algunas personas que se mueven alrededor del fuego como en un baile tribal, al tiempo que gritan ininteligibles consignas y le arriman al fuego bolsas de basura y escombros.

Llegan unos efectivos policiales a poner orden. En pocos minutos hay cinco patrullas con luces encendidas y un grupo de efectivos policiales caminan erráticamente por la calle. Se acercan a la esquina donde arde el fuego. Se repliegan. Vuelven a avanzar. Las llamaradas han crecido pero no se ven señas de los muchachos por ningún lado.

Cuando los policías han bajado la guardia. Los revoltosos le echan más combustible y basura al fuego. Los efectivos -palabra irónica para referirse a estos que vemos- desenfundan sus armas y empiezan a avanzar hacia donde se encuentran quienes protestan, disparando de frente. No disparan al aire. Los degenerados, a dos cauchos quemados, responden con balas. “¡Desgraciados!”, grito desde mis entrañas. No me pude contener. Es que lo tenía atragantado en el güergüero desde el mismo momento en que vi llegar a los uniformados.

Los alborotados lanzan piedras a los policías y los hacen retroceder. No sé con qué lanzan las piedras pero cubren hasta una cuadra de distancia. Los policías atraviesan una patrulla para trancar el paso de los carros. La vuelven a quitar. La vuelven a atravesar. Caminan unos pasos hacia adelante con los revólveres en mano. Echan de nuevo hacia atrás. Parecen un regimiento de Sargentos García. Dan risa. Desde la altura donde me encuentro veo que se iluminan las pantallas de sus teléfonos que usan para comunicarse entre ellos y con el comando, supongo.

Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber,
ni el mas claro proceder ni el mas ancho pensamiento
todo lo cambia el momento colmado condescendiente,
nos aleja dulcemente de rencores y violencias
solo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes

Los chicos lanzan una piedra que llega desde su esquina a la esquina donde está atravesada la patrulla y golpea al vehículo policial en un costado.

“¡Vayan a buscar malandros!”. Grito. Es que no me puedo contener.

Un camión de la basura aparece en escena. ¡Caramba, cuánta basura que hay por toda la ciudad sin que se dignen a recogerla y para esto sí hay camiones y personal!

El camión se acerca a la fogata escoltado por algunos policías. Avanza. Retrocede. Vuelve hacia adelante. Recogen algunos escombros pero no tienen ni una botellita de agua mineral para echarle a los cauchos que arden. No hallan como enfrentar las llamaradas. Desisten y se van. Los muchachos no se ven por todo eso.

El amor es torbellino de pureza original
hasta el feroz animal susurra su dulce trino,
retiene a los peregrinos, libera a los prisioneros,
el amor con sus esmeros, al viejo lo vuelve niño
y al malo solo el canino lo vuelve puro y sincero

El fuego comienza a extinguirse. La oscuridad se hace más espesa. Suenan de nuevo piedras hacia los policías y estos corren a esconderse. “¡Cuidado con los tacones!”, grito desde las alturas.

-¡Mal culeaos!

-¡Paridos por el culo!

-¡Sapolicías!

-¡Vayan a hacer cola!

Se oyen los gritos de los alborotados en la oscuridad. Escucho el ruido del camión de la basura que vuelve a hacer acto de presencia. “Pásale por encima”, le dice al conductor un policía. El camión obedece y pasa por encima de las pocas llamas que quedan.

De par en par la ventana se abrió como por encanto
entró el amor con su manto como una tibia mañana
y al son de su bella diana hizo brotar el jazmín,
volando cual serafín al cielo le puso aretes
y mis años en diecisiete los convirtió el querubín

El camión pasa, apaga el fuego al pisarlo y sigue de largo. En la penumbra vemos como los muchachos aparecen como por arte de magia y en cuestión de segundos, ya el fuego arde de nuevo con mayor intensidad que antes.

Los policías, como en un gag de película muda, avanzan, retroceden, disparan hacia donde suponen que están los muchachos, se esconden, tratan de dirigir el tráfico pero ni para eso sirven. Baten los brazos al aire como Locomía con sus abanicos para indicarles a los conductores que retrocedan pero nadie entiende las señas. No se atreven a atravesar de nuevo la patrulla para trancar el paso por miedo a las piedras…

A las 9:15 PM. dos horas después de que se fueron las luces. Vuelve a reinar la claridad. En la esquina, el fuego arde. En la otra esquina siguen los desorientados policías del comando del Zorro.

-¡Ya se pueden ir, malparíos, que ya nos vamos nosotros! Gritan los muchachos y no se ven más. Los policías siguen allí. Medio perdidos.

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el mus guito en la piedra
como el mus guito en la piedra, ay si, si, si...

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Vivir en un paréntesis

parentesis

Hace 16 años en Venezuela se abrió un paréntesis. Muchos apoyaron, muchos celebraron, muchos se pusieron a la orden del nuevo gobierno para colaborar en la recuperación del país y la profundización de la democracia. Tendremos una democracia participativa y no solo representativa como hasta ahora. Otros estábamos recelosos, desconfiábamos de un gobierno en manos de militares golpistas. Unos y otros, en todo caso, creímos que se trataría de un paréntesis de cinco años. Ese paréntesis duraría lo que duraba un período presidencial, a lo sumo.

Pasó el tiempo. Vino la constituyente.  Empezaron los desencuentros y las desilusiones. El régimen empezaba a mostrar el tramojo pero aún había fiesta de triunfo en muchos sectores. La esperanza del cambio no se desvanecía. El paréntesis seguía abierto.

Se empezaron a crear argucias legales para afianzar el régimen en el poder. A vuelo de pájaro creo recordar que una decisión del Tribunal Supremo de Justicia determinó que el período presidencial no debía teminar cuando le correspondía

No obstante,  muchos insistían en que ya estaba por cerrarse ese paréntesis.  Al régimen le queda poco. Está  “débil, asustado y acorralado” por eso actúa como actúa. De allí tanto desafuero. La procrastinación nos invadía.

Llegó el 2002, un paro general de actividades pondría cierre al paréntesis. El país no aguanta más. Llegaba el fin de unos funestos años. Ningún gobierno podría sostenerse con cientos de miles de personas en la calle y toda la actividad productiva, incluyendo la principal fuente de divisas, la industria petrolera, exigiendo su salida. El paréntesis estaba por cerrarse. Es sólo cuestión de aguantar un poco.

Llegó el golpe de Estado. La confusión. La supuesta renuncia. La entronización de Carmona Estanga. La supresión de todos los poderes. La persecución de algunos. La huída de otros. La muerte de muchos. Cerrar el paréntesis traía consecuencias.

De pronto. Unas negociaciones. Unos hechos que aún no quedan claros. La carta de renuncia no era tal. “La cual aceptó”  ya no fue más.  El retorno fantasmagórico a media noche del tirano depuesto. El paréntesis seguía abierto.

20 mil trabajadores de la petrolera quedaron sin trabajo de un pitazo, literalmente. Hasta de sus viviendas los sacaron. Los persiguieron para que no encontraran trabajo en otros sitios. Muchos se fueron del pais. Otros lograron montar negocios. Algunos empezaron a hacer comida para vender. No había por qué asustarse. El paréntesis algún día se cerraría y regresarían todos a sus puestos de trabajo para reconstruir la industria que estaba en el suelo. Serán recibidos como héroes y su sacrificio recompensado, cuando el paréntesis se cierre. La industria y el país no aguantarían muchos años en esas manos inexpertas.

Vino el cierre de RCTV que para muchos sería la guinda.  Si se atrevían a ir contra el más viejo y popular canal d televisión, el paréntesis se cerraría definitivamente. Lo cerraron. “Un amigo es para siempre”. Miles de personas quedaron sin trabajo pero tranquilos, eso sería por poco tiempo. RCTV más temprano que tarde regresará . El paréntesis estaba próximo a cerrarse.

Tuvimos elecciones de diputados en 2005. La línea de la oposición fue abstenerse de participar. Eso es una pantomima. No vamos a convalidar al régimen en una Asamblea Nacional. Si no hay representantes de la mitad del país opositora en esa Asamblea todas sus acciones serán ilegítimas e ilegales y el mundo la desconocerá… El paréntesis tendría que cerrarse forzosamente ante un régimen ilegítimo donde la oposición no tendría  voz ni representación.

Venevision y Televen empezaron a bailar al son que sonaba en Miraflores. De un plumazo cerraron más de 30 emisoras de radio. Pero no había de qué preocuparse. Eso no sería para siempre.  Lo que vivía el país no era más que un paréntesis.

Cerraron miles de empresas e industrias. El país se deterioraba a toda prisa. Cada vez se producía menos. No había inversión en infraestructuras. Venezuela se sumía en la oscuridad por falta de inversión en el sector de la electricidad. La población crecía, se triplicaba y la infraestructura de Venezuela no le seguía el ritmo. No se invertía, no se crecía en servicios al ritmo que lo exigía el crecimiento poblacional. El parque automotor se triplicó y las vías seguían siendo las mismas y sin mantenimiento. El colapso se hacía inminente. La delincuencia, el narcotráfico, la corrupción, la entrega de las FAN, de ministerios, de la nación a manos cubanas era intolerable. La palabra “pran” se hizo familiar y el secuestro y el sicariato cotidianos en cualquier ciudad. La inflación no tiene límite ni control. El país se rebelaría  en cualquier momento para cerrar este oprobioso paréntesis de nuestra historia. No se podía humillar tanto al “bravo pueblo”.

Cada nueva elección se nos decía que ahora sí llegaba el fin. El paréntesis a puntico de cerrarse. Metieron presos a muchos por órdenes dadas en cadenas de radio y televisión. Murió Franklin Brito reclamando justicia. Todo signos de que el régimen estaba por caer.

Sin apenas darnos cuenta y sin reaccionar nos vimos haciendo cola. Tres, cuatro horas de cola para comprar alimentos básicos cuando hay y racionados. Largas colas para la gasolina, para el gas. El numero de.cédula paso a ser el control del racionamiento. Los anaqueles de los supermercados se vaciaron. No hay. No hay. No hay.  NO HAY. Ni azúcar, ni aceite, ni harina de maíz, ni harina de trigo, ni jabón de baño, ni detergente para lavar ropa, ni afeitadoras, ni pañales, ni papel tualé, ni medicinas, ni insumos médicos en hospitales, ni cauchos para vehículos, ni baterías… En cualquier porche de vivienda una ponen una mesa con los productos inexistentes en loa supermercados a cuatro veces su precio sin que haya autoridad que lo evite y sancione. En muchos sitios el mercado negro es controlado y cuidado por policías y militares.

El exilio se volvió sino y signo de la venezolanidad actual. Las familias se desmembraron. Las despedidas de ojos salobres nos marcan a diario. Ayer un hijo, hoy un hermano, mañana un amigo. Venezuela pasó de ser hogar de acogida de inmigrantes a regalarle sus hijos al mundo. Se cuentan por miles los venezolanos que se han ido procurando el futuro, el bienestar y la tranquilidad que les niega hoy su país natal. Se van con la expectativa de un posible futuro retorno, cuando el paréntesis se cierre…

Ese paréntesis abierto se hace eterno e invivible, pero se sobrevive en la esperanza de que un día habrá de cerrarse.  Esto no lo aguanta nadie. Esto es insoportable. Sigue la procrastinación.

Y llegó el cáncer. La enfermedad nos salvaría. La parca se encargaría de hacer lo que los venezolanos no pudimos o no quisimos. La muerte nos cerraría el paréntesis.

Murió.

Cual monarca, dejó un sucesor. Al que menos esperábamos. Al menos preparado. Por quien nadie daba medio. Quién definitivamente cerraría el paréntesis porque ni hablar sabe. Imposible que con semejante currículum y falta de preparación el país vote por él. Las elecciones pondrían fin al paréntesis y punto final al desastre.

El sucesor ganó las elecciones. No durará 6 meses. Imposible que semejante personaje gobierne al pueblo “que el yugo lanzó”. No creo que a este le aguanten lo que le aguantaron al difunto. Pasaron los meses. Llegaron las guarimbas. Llegó el diálogo.  Llegó #lasalida. Pasó un año.

Ya no quedan medios de comunicación independientes más allá de El Nacional y uno que otro programa de radio. Globovisión, Últimas Noticias y El Universal más tardaron en decir que no cambiarían su línea editorial que en incumplir su palabra. La censura es el pan de cada día. Los diarios han reducido sus páginas gracias a la falta de papel y divisas para importarlo. Otros han cerrado.

El régimen está débil. Está acorralado. Se siente débil y por eso hace lo que hace. Están raspando la olla porque se saben fuera. El país no aguanta más. La procrastinación se perpetúa. El paréntesis sigue abierto…

Golcar Rojas

La sorpresa cotidiana

Contrabandistas protestan por aumento de controles en frontera colombo-venezolana

Sorprendente: “Contrabandistas protestan por aumento de controles en frontera colombo-venezolana”

Tendemos a decir con mucha facilidad “ya a mí no me sorprende nada”, con lo cual, en realidad, estamos construyendo un oxímoron porque el mismo tono en que lo decimos denota, además de decepción y cierta impotencia, sorpresa. Los invito a leer esta serie de eventos sorprendentes de la cotidianidad del venezolano y, al terminar, díganme si aún pueden decir que  ustedes perdieron al capacidad de asombro y “ya no los sorprende nada”.

Vivimos diariamente de sorpresa en sorpresa. Cuando decimos “Ya no me sorprende nada”, lo que queremos significar es que no nos extraña. Que la sorpresa cotidiana no se nos hace ni inverosímil ni poco común. Es la sorpresa que diariamente nos esperamos en esta especie de realismo mágico en que nos hemos acostumbrado a vivir sin dejar de sorprendernos.

Este texto podría convertirse en un sin fin porque, cuando uno cree que ya lo terminó, lo sorprende un nuevo acontecimiento como que “Robaron carpa de Patria Segura“. Si, tampoco es raro pero igual sorprende que roben a los encargados del plan de seguridad del gobierno.

En el momento cuando uno está leyendo del robo, suena el teléfono y un amigo, sin que le parezca raro, pero con tono de sorpresa dice: “¡tengo doce horas, desde la cuatro de la madrugada, sin luz! Se dañó algo en un poste y lo hemos reportado un montón de veces a Corpoelec y no vienen. ¿Puedes creer que tienen solo dos camiones para atender averías de toda Maracaibo y uno lo dedican cada vez que les provoca a poner propaganda del candidato oficialista a la Alcaldía?”

Puedo creerlo, pero no deja de sorprenderme. Ese mismo día, uno sonríe con un gesto que más que sonrisa parece mueca cuando lee este titular:

“Contrabandistas protestan por aumento de controles en frontera colombo-venezolana”.

Sorprende lo absurdo de la realidad, lo irónico de la protesta, lo paradójico que resulta que quienes viven al margen de la ley se atrevan a salir a protestar porque las autoridades pretenden ponerle freno a su actividad ilegal.

Lo esperado, lo cotidiano, es el contrabando, el tráfico de mercancías desde Venezuela hacia Colombia. Eso es “lo normal”.

“Los manifestantes, conocidos como “maleteros”, “alegaron a la prensa que cerraron el paso porque el gobierno de Venezuela se puso muy estricto en la vigilancia y control del contrabando”

Inmediatamente, uno lee entre líneas, como nos hemos acostumbrado a leer para tratar de extraer la verdad verdadera más allá de la controlada, censurada y autocensurada verdad oficial que transmiten los medios.

«Esto quiere decir, o bien que algún comandante no está conforme con la cantidad que diariamente le pasan los Guardias Nacionales producto del soborno que le hacen a los contrabandistas. O algún GN se la quiso dar de vivo y no le pasó la coima a su comandante. O quieren hacer el alboroto mediático un día para hacernos creer que el gobierno ataca el contrabando y, al día siguiente, cuando prensa, televisión y radio se hayan hecho eco de la protesta y de la “contundente acción del gobierno”, todo seguirá como siempre».

Todas, variables que encajan a la perfección en nuestra cotidianidad que no por reiteradas o frecuentes dejan de sorprendernos. Como no nos sorprende escuchar que los Guardias Nacionales pagan para ser destacados en los puestos fronterizos porque son una vía expresa para hacerse rico en poco tiempo o que, supuestamente, esos GN fronterizos tienen una tarifa diaria estipulada de dinero que deben pagar a sus comandantes. De allí para arriba, lo que ingresen por concepto de coimas, es de ellos.

Todo esto lo escuchamos en cualquier cafetería, en cualquier cola de supermercado y, a pesar de oírlo una y otra vez, no deja de sorprendernos, aunque comentemos “ya a mí no me sorprende nada”.

Como sorprende, aunque no es poco común, oír a un empleado de un Abasto Bicentenario, con su carnet de identificación rojo colgado al cuello, decir:

-Me voy este mes a Cuba a raspar las tarjetas.

Esas diez palabras encierran tantas paradojas que uno no puede dejar de sorprenderse. Un empleado del gobierno va  a raspar su cupo Cadivi contraviniendo lo que su empleador pregona y, más irónico aún, ¡va precisamente a La Habana a hacerlo!

Pero la realidad siempre logra sorprendernos de nuevo. Uno coge la prensa y se encuentra un gran titular que cuenta que, en un país donde escasean los alimentos y se hacen largas e insufribles colas para comprar comida, “Se pudren mil 400 kilos de pollo en PDVAL“. No es raro, hace poco tiempo se perdieron toneladas de alimentos, pero igual no deja de sorprender.

Otro día, nos sorprende saber que unos amigos de San Cristóbal, clientes del Banco Mercantil, han tenido que hacer un viaje a Mérida para hacer el engorroso trámite bancario de Cadivi, porque las citas para las agencias tachirenses se encontraban agotadas.

sorpresa2Nos toma por sorpresa también, aunque no nos parezca raro, ir a la panadería un día, después de que el Indepabis ha cerrado varios establecimientos de este tipo por incumplir con los precios estipulados, y conseguir que el yogurt que tiene un precio de venta marcado en el envase de 9,00 bolívares, en esa panadería lo venden a 10,00.

Dos días después, los ojos casi se desorbitan cuando uno se entera de que las funciones del Festival Internacional de Teatro para el que se invirtieron millones de bolívares, programadas con meses de antelación, son suspendidas arbitrariamente porque la presidencia decidió que necesitaba el teatro Baralt para un evento y, sin previo aviso ni posibilidad de pataleo, las tres obras pautadas del festival para ese día en ese teatro, son suspendidas para recibir la visita presidencial y al candidato oficialista a la alcaldía.

Y, hoy, como para que el día no pasara sin darme mi cotidiana sorpresa, escuché, a las puertas de un banco, el siguiente diálogo entre un cliente y el “cidicero”, como llamamos a quienes venden en la calle “quemaítos”, CDs piratas de música y películas:

Cliente: “¿tenéis “Bolívar, el hombre de las dificultades”?”

Cidicero: “No, papá. No la tengo. ¿Esa es venezolana?”

Cliente: “Sí. La de Roque Valero. ¿Vos no vendéis películas venezolanas?”

Cidicero; “No. Venezolanas no vendemos. Ese fue el acuerdo con el Core 3″

Cliente: ¿Cómo así, con el Comando Regional de la Guardia Nacional?”.

Cidicero: “Si. Nos reunimos con ellos y llegamos al acuerdo de que para que nos dejaran trabajar tranquilos, nos comprometíamos a no vender películas venezolanas. Pero, tranquilo, que si te la consigo, te la llevo al trabajo”.

Cuando aún los oídos no se recuperan del estupor producido por el diálogo cliente/cidicero, mientras uno piensa con incredulidad y asombro que todo lo aquí narrado ha ocurrido en menos de una semana; uno se sorprende nuevamente al enterarse que a los habitantes de ocho estados del país los sorprendió un apagón y que, a quienes estaban sin luz en una peluquería del aeropuerto de Maiquetía, los sorprendieron unos atracadores, quienes hirieron con una navaja a una persona.

De sorpresa en sorpresa, los ojos, una vez más, se sorprenden al leer:

“El Presidente Nicolás Maduro denunció que desde la Casa Blanca, sede de gobierno estadounidense, se realizaron reuniones donde presuntamente se organizó un plan para desestabilizar al país en el mes de octubre, denominado “colapso total”

Uno vuelve a sonreír con la mueca habitual de quien no se extraña, pero se sorprende, y solo atina a pensar:

«El único plan que debe tener Estados Unidos para hacer que este país colapse es sentarse a esperar, sin mover un dedo. Venezuela cada día se aproxima más al borde del abismo y no necesita un empujón externo para caer estrepitosamente al vacío. Para colapsar, somos autosuficientes».

No es Macondo ¿O sí?

macondo

“Para vivir en Macondo, ven a Venezuela”. Este podría ser el slogan de Izarra como nuevo titular de la cartera de Turismo para promocionar el país más allá de nuestras fronteras para atraer turismo y estimular las visitas desde el extranjero. Un país donde las iguanas tumban el sistema eléctrico, los gringos espían a través de las antenas de DirecTV, donde le piden cuentas a la “franquicia venezolana de twitter” y se realizan montajes de audio uniendo palabra por palabra lo dicho durante 9 años en tv y radio, que ni el mismísimo editor de audio de la película “Farinelli” podría lograr.

Es que Venezuela ha devenido en los últimos 14 años en un país que pareciera sacado de las páginas de un libro de Gabriel García Márquez. Un lugar donde, si no fuera tan triste, dramático y grave lo que vivimos, nos reiríamos a mandíbula batiente, sin poder  parar.

El realismo mágico parece haberse instalado en estas tierras del norte del sur indefinidamente y con una insuperable capacidad de creación. A la realidad asombrosa y absurda de este pobre país rico que no tiene ni papel tualé, ni jabón, ni hojas de afeitar, se le suman las aún más absurdas explicaciones de los voceros oficiales para tratar de justificar el desbarajuste.

Con voz de estadista, actitud de gerente y sin que la risa los haga salirse del personaje, no es extraño ver a los funcionarios en televisión, o leer sus declaraciones en prensa, dando explicaciones como estas:

La oposición pitiyanqui a través de sus medios de comunicación apátridas y cargados de odio tienen una campaña mediática para desprestigiar, con fines perversos y golpistas, a la revolución diciendo que no hay alimentos. Esos vende patria no aceptan que ahora el pueblo está mucho mejor porque la revolución los ha tomado en cuenta y si escasea la comida es porque la gente ahora tiene más plata para comprar y comer más.

Gracias a la efectiva labor del gobierno revolucionario, el pueblo tiene mayor poder adquisitivo y como compran más comida, comen más y, por lo tanto, cagan más. Como diría mi madre, “como come el mulo caga el culo”.

Entonces, es lógico que como cagan más, compran más papel tualé y, por eso, es que no se consigue. No es que hay escasez de papel higiénico, es que hay más consumo porque la gente se tiene que limpiar el culo más veces al día.

Otra consecuencia de esta bonanza revolucionaria es que como el pueblo come y caga más, pues, obviamente, bajan más veces la llave del water y por eso es que también escasea el agua. Pero los burguesitos llenos de odio dicen que es porque no se ha invertido en el país.

La alta capacidad adquisitiva que la revolución le ha dado al pueblo ha hecho también que el sistema eléctrico sea insuficiente. Como la amorosa labor del gobierno ha logrado que la gente tenga más dinero, pues salen, compran más electrodomésticos y esto hace que el sistema eléctrico colapse. Claro, sin contar que también afecta que, cuando hay sequía, se va la luz porque no hay agua y, cuando llueve, se va porque cae mucha agua, y sin tomar en cuenta las incursiones de las iguanas.

Pero la oposición llena de odio dice que es que los revolucionarios se han robado la plata y no han invertido ni medio en la infraestructura eléctrica.

También se oye a los burgueses gritar, con los ojos puyúos de odio, que la violencia y la delincuencia han aumentado; pero no dicen que eso es así porque como la población tiene mayor poder adquisitivo pues compra relojes, zapatos carros y joyas con los que salen a la calle a provocar a los delincuentes.

Los apátridas no ven que el gobierno ya está trabajando para superar la inseguridad. Claro, como apagan el televisor cuando hay cadena, no ven que la delincuencia aparece en los actos del presunto presidente en sitial de honor y este les dice: “Me llegó una nota del hampa, que están allá arriba, me dicen que ellos quieren cambiar. Tan bonito, vale”.

Y así sigue la retahíla de explicaciones absurdas que parecen sacadas de un sketch de Saturday Night Live o de la extinta Rochela.

Por ejemplo, para los wannabe del hampa, el presunto presidente les ofrece una “Canaimita”. Sí, una computadora de esas que el gobierno les da a los niños en las escuelas, a cambio de que entreguen un arma.

Una Canaimita por la pistola, es la brillante solución que la revolución propone para la inseguridad que nos agobia. Por supuesto, uno se imagina el tamaño de la paloma que los hampones le deben haber pintado al presunto.

¡Una Canaimita a cambio de la pistola con la que en media hora, en una cola de la autopista, se coronan 3 Blacberrys, 2 Samsung III y 3 Ipad. Cada uno por el orden de los 12 mil bolívares!

Otro ejemplo. Se importarán 50 millones de rollos de papel higiénico por la escasez y a las absurdas explicaciones del régimen, le agregan que no hay papel porque la oposición mandó a comprar a la gente más papel del que necesitan y así propiciar un golpe de estado. Porque quieren re-editar el golpe del 2002.

Y vuelvo a citar a mi difunta madre: #VayaPalaMierda.

Con los 61 millones de euros que gastará el gobierno para importar productos de higiene personal, tal vez se podrían reactivar algunas de las empresas que expropiaron y que ahora no producen, por ejemplo, las que elaboraban el escaso papel tualé. Pero eso suena demasiado lógico para la República Macondiana de Venezuela. Lógico y poco rentable para los que ya deben tener los bolsillos abiertos, prestos para que caigan los millones que la negociación de la importación les producirá.

Pero hay más perlitas. A una vice ministra de salud se le oyó decir, sin que le temblara la voz, que no había por qué decretar emergencia por la epidemia de gripe AH1N1, que a ella no le preocupa ese tema porque las personas que han fallecido por la gripe es porque tenían otras enfermedades pre existentes. Es decir, ¿no importan los que se mueren porque ya estaban enfermos y de todas formas se iban a morir?

Esa misma vice ministra, dio a entender que no hay escasez de medicamentos en el país, muestra evidente de que ella no ha tenido que pasar días recorriendo farmacias a la pesca de un Euthirox, Glucofage, Tegretol, o Aspirina pediátrica por nombrar solo algunos de los muchos que no se consiguen.

Claro, si quieren descubrir más absurdos que en “La cantante calva”,  busquen la explicación y las razones por las que en un país petrolero escasean hasta los medicamentos. Resulta que sus precios de venta al público se encuentran regulados, lo que hace que el cartón de la caja, el plástico y el aluminio del blister, valgan más que el precio de venta al público del producto, sin contar el valor del principio activo del medicamento y los costos de producción. Entonces, como con los alimentos y otros muchos productos regulados, “no hay pero son baratos”. Traten de entender.

Pero así estamos. No me crean a mí, que soy un deslenguado apátrida. Lean prensa, oigan radio, hagan un esfuerzo y escuchen las declaraciones de cualquier vocero del oficialismo y atiendan a una cadena de medios aunque sea por tres minutos para que vean que no estoy exagerando ni inventando.

Cuando uno pone atención a lo que dicen en el gobierno llega a la conclusión de que en Venezuela todo está “excesivamente normal” como decía el nefasto José Vicente Rangel cuando el paro petrolero, que fue un “fracaso” cuando se dio pero les ha dado para justificar el desastre hasta el sol de hoy. Lo que los voceros oficiales nos quieren dar a entender es que todas nuestras calamidades cotidianas son el resultado de la eficiente y efectiva labor del régimen. Es decir, que “estamos viviendo tan mal, porque nunca habíamos estado tan bien”.

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¿Militares hasta en la sopa?

En Venezuela, desde hace 14 años, cada vez que el régimen siente que las cosas se le están saliendo de las manos, apela por la militarización, en un afán mas efectista que efectivo por aparentar que está interesado en solucionar el problema presentado.

Lo vimos con los hospitales que en su momento fueron militarizados para “mejorar” el sistema de salud y controlar los robos indiscriminados de equipos médicos y dotaciones de medicamentos. En la actualidad, podemos ir a cualquier hospital o centro público de atención médica del país y corroborar las condiciones paupérrimas en las que medio funcionan, así como la falta de implementos médicos, desde gazas y curas, pasando por tensiómetros y hasta “telescopios” como diría el inefable.

Lo mismo sucedió con la cacareada “seguridad alimentaria”. Por un tiempo, los militares estuvieron encargados de distribuir los alimentos -en algunos abastos Bicentenarios se ven aún a soldados marcando el brazo de los compradores- y, sin embargo, los efectos de la escasez han llegado a límites insoportables, con serios riesgos de que se produzca un estallido social si no se busca una solución pronto, pues ya hasta personas heridas han salido de las marabuntas que se forman en los supermercados cuando llega algún producto de la cesta básica.

Ahora, como gran solución para dos de los más graves problemas, de todos los graves problemas que aquejan al país, el creativo gobierno del mientrastanto, propone como medida “original”, más militarización.

Militares para solventar el problema de la generación de energía eléctrica y militares para enfrentar la inseguridad.

Estos anuncios no son más que efectismo mediático y auguran un anunciado fracaso más para las Fuerzas Armadas que están concebidas para el resguardo de la soberanía, atender situaciones de excepción y de catastrofes, entre otras funciones dentro de las que no se destacan ni la generación de energía eléctrica ni el problema de la seguridad personal y delincuencia.

A las lumbreras del régimen, apabulladas por lo desbordadas y fuera de su control que se encuentran ambas problemáticas, no se les ocurre que existen ciencias especializadas que se encargan de estudiar ambos ámbitos y a cuyos profesionales, formados para cada área, deberían recurrir para que diseñen un plan realmente efectivo y eficiente que logre solucionarle a la población, de manera definitiva, sus problemas de oscuridad y de inseguridad.

Le confiarán a los militares, que no han podido controlar los problemas de violencia y delincuencia organizada de las cárceles, bajo su vigilancia, donde se trafica con armas y drogas y se planifican secuestros, la problemática de la inseguridad personal que cobra cientos de muertes al mes.

Cuando dicen que van a militarizar algo para arreglar un problema, uno no puede evitar pensar en las fronteras, cuyo resguardo sí es función de las Fuerzas Armadas y por donde se escapan los alimentos que no conseguimos en los supermercados y nuestra gasolina. Algunas veces, bajo la mirada y el bolsillo complaciente de los militares y, otras, porque el negocio es controlado por esos mismos militares que deberían enfrentarlo y evitarlo.

¿Cómo confiar en que un problema como el eléctrico se solucionará apostando militares en un país donde uno pasa por las ventas ilegales de productos de la cesta básica y, parado al lado, muchas veces comprando, se encuentra un Guardia Nacional que debería encargarse de decomisar la mercancía y detener al comerciante infractor?

¿Se puede esperar algún efecto positivo de esos anuncios de militarización en un país donde uno escucha que un militar habla popr teléfono a todo grito, en sitios públicos y dice: “Tranquilo que ya el tipo aceptó la mordida. Sí, ya quedamos en que son 60 palos: 30 mil pa’mi comandante, 15 palos pa’vos y 15 pa’ mí. Ya eso está arreglado”?

¿Cómo guardar esperanzas de que los militares van a lograr controlar los problemas en un país donde militares de todos los rangos llegan a las tiendas de mascotas a preguntar si venden guacamayas, loros, monos, peces de mar, tortugas y morrocoyes no para decomisarlos y amonestar al comercio por tráfico ilegal de fauna protegida y en peligro de extinción, sino para comprarlos como mascotas?

Sin ir muy lejos, hace años, el difunto habló en cadena nacional de la “morrocoya de Rosinés” de manera impune y nadie fue capaz, ningún militar se dignó a cuardrársele y decirle que ese animal no está destinado para ser mascota y que su posesión, como tal, infringe las leyes.

Hace unos días, fui protagonista del siguiente díalogo, entablado con una Guardia Nacional en la tienda de mascotas:

GN: Buenas tardes, ¿tendrán tortuguitas para la venta?

Dependiente: No. No vendemos animales.

Yo: ¡¿Y usted anda buscando tortugas para comprar?! ¿No sabe que eso es fauna protegida y que su venta está prohibida?

GN: Sí. Pero ¿qué puedo hacer si me la pidió mi hijo?

Yo: ¿Y usted cree que llegando a una tienda de mascotas con el uniforme de la Guardia Nacional, le van a decir que sí venden tortugas?

GN: Bueno, vengo de una en la que tuve que “ablandar” al vendedor, pero me dijo que se le habían acabado.

Yo: La venta de eso está prohibida.

GN: Lo sé, pero mi hijo me la pidió y él es el que manda. ¿Dónde podré conseguir?

Yo: Vaya a tal sitio y a tal otro a ver. Pero quítese el uniforme porque así no creo que se atrevan a venderle.

GN: Es verdad, mejor voy de civil.

Yo me quedé pensando en lo que acababa de suceder y no podía dar crédito. Esa mujer que recién salía del local se suponía que tiene dentro de sus funciones de ley prevenir y castigar el tráfico de fauna silvestre; no obstante, no solo no lo hace, sino que se convierte en cómplice del traficante al comprar el animal prohibido con lo cual, además de traicionar su uniforme, se convierte en delincuente. Pero, lo que es peor, el ejemplo que le está dando a su hijo como madre y como funcionaria es lo más lamentable que una madre pueda hacer. ¡Ella infringe la ley y, al mismo tiempo, enseña a su hijo que eso es “normal”, que faltarle a su uniforme, delinquir y traficar con fauna protegida se puede hacer de la manera más impune!

¿Esas son las manos en las que el régimen piensa depositar tanto el problema de la generación eléctrica (que ha demostrado suficientemente ser un barril sin fondo de corrupción), como el de la inseguridad personal, a pesar de que Ongs como Provea advierten lo inconveniente que puede resultar para los Derechos Humanos que los militares se encarguen de una labor destinada a policías, criminalistas y criminólogos y luego de que ya hay fracasadas experiencias en el país cuando el difunto pretendió poner militares al resguardo de la seguridad personal?

Evidentemente, el régimen no aprende, no escucha y no escarmienta. Sus anuncios le servirán únicamente para sus cadenas de medios, para hacer propaganda y hacer creer, a fuerza de repetición del mensaje, que se está encargando de los problemas pero, en la práctica, en la vida real, más allá de la verdad oficial, el país se sumirá cada día más en la oscuridad y en la violencia e inseguridad que incesantemente diezman a los ciudadanos a un ritmo escandaloso.

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