El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

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Un dolor en gerundio…

10 de febrero, Maracaibo. 1

10 de febrero

Quiero reunir aquí este dolor que no cesa.
Es un dolor en gerundio…
Un dolor que no es nuevo. LLeva años.
Pero que desde hace un tiempo es constante.
Periódico.
Diario.
Todos los días ellos están allí.
Con 26 grados centígrados o 42.
A pleno solo del mediodía o en la alborada o en la penumbra del atardecer.
Como el pan nuestro de cada día.
Y uno pasa a cualquier hora y ellos están allí.
Ojalá nunca nos acostumbremos a este dolor.
Que cada día nos sorprenda como la primera vez.
Qué no llegue el momento en que pasemos y no los veamos,
como un poste de luz.
Que siempre que los veamos nos duela,
nos sorprenda,
nos indigne…
Nos duela…
Ellos son nosotros.
Por eso los reúno aquí como en un calendario,
de fechas negras.
Un recordatorio.

7 de enero, Santa Rosa de Lima, Caracas. Esta foto llega de una-patriótica cola en Santa Rosa de Lima. Se adivina en la bolsa que había detergente en polvo.

7 de enero, Santa Rosa de Lima, Caracas. Esta foto llega de una-patriótica cola en Santa Rosa de Lima. Se adivina en la bolsa que había detergente en polvo.

7 de enero, Maracaibo. Aquí yacen Chávez y su revolución bonita. Tranquilos ayer y hace rato la #cola era más larga.

7 de enero, Maracaibo. Aquí yacen Chávez y su revolución bonita. Tranquilos ayer y hace rato la #cola era más larga.

7 de enero, Maracaibo. Aquí yacen los restos de Chávez y su revolución bonita. #colas Venezuela. #tropa Yván José ‘Bellísimo’ Rojas dice que se exagera con la crisis y que él también hace colas, por ejemplo, para ir a un juego de béisbol. Dante Rivas dice que mejor que no haya papas fritas en Mc Donalds y que hagan yuca frita. Osorio dice que el desabastecimiento es «normal» para la fecha. Eljuri dice que las colas se deben a que el venezolano come mucho. ¿Entenderán los chavistas de medio pelo, los pata en el suelo que se burlan de ellos? ¿Notarán los fieles seguidores del proceso que los toman por tontos y brutos? ¿Se percatarán los chavistas que dejan la vida en una cola y se aferran al cuento de la «guerra económica» que con estas declaraciones es a la #tropa a quien toman por pendejos y no a mí que tengo muy claro el porqué hemos llegado a donde llegamos?

09 de enero, Maracaibo. El 'verguero' para Centro 99 porque hay Harina Pan. #AquíYacenChávezYSuRevolución

09 de enero, Maracaibo. El ‘verguero’ para Centro 99 porque hay Harina Pan. #AquíYacenChávezYSuRevolución

12 de enero, Maracaibo. Cola en la madrugada en Farmatodo Bella Vista.

12 de enero, Maracaibo. Cola en la madrugada en Farmatodo Bella Vista.

12 de enero, Maracaibo. 11:50 am. Sol 'cachúo' decimos en Maracaibo. YO siento más de 40 grados centígrados. A las 12 m. escuché que se acabaron los pañales.

12 de enero, Maracaibo. 11:50 am.
Sol ‘cachúo’ decimos en Maracaibo. YO siento más de 40 grados centígrados. A las 12 m. escuché que se acabaron los pañales.

15 de enero, Mérida. Ellos también van a comprar #TipoFeliz como los de la propaganda del régimen. #VayaPalaMierda

15 de enero, Mérida. Ellos también van a comprar #TipoFeliz como los de la propaganda del régimen. #VayaPalaMierda

16 de enero, Maracaibo. #cola de gente en la Saas para comprar dos potes de leche Previo. Y los atienden a pleno sol por el auto servicio. #Maracaibo.JPG

16 de enero, Maracaibo. #cola de gente en la Saas para comprar dos potes de leche Previo. Y los atienden a pleno sol por el auto servicio. #Maracaibo.

21 de enero, Maracaibo. Así está todos los días Corpoelec y adentro es peor. Dijo un señor en la cola: "Este gobierno no sirve ni para cobrar".

21 de enero, Maracaibo. Así está todos los días Corpoelec y adentro es peor. Dijo un señor en la cola: «Este gobierno no sirve ni para cobrar».

21 de enero, Maracaibo. Comprando #TipoNormal en plena calle a las 6:20 pm. mientras Nicolás mete mentiras en cadena.#TipoNormal en plena calle a las 6:20 pm. mientras Nicolás mete mentiras en cadena.

21 de enero, Maracaibo. Comprando #TipoNormal en plena calle a las 6:20 pm. mientras Nicolás mete mentiras en cadena.#TipoNormal en plena calle a las 6:20 pm. mientras Nicolás mete mentiras en cadena.

21 de enero, Charallave. #colas #Locatel #Venezuela #socialismo #AquíYacenChavezYsuRevolucion

21 de enero, Charallave. #colas #Locatel #Venezuela #socialismo #AquíYacenChavezYsuRevolucion

22 de enero, Maracaibo. Ahí están, en la cola, Como en la mañana. Como todo el día. Como todos los días. Los hijos de Chávez velando al difunto padre. 22 de enero. 6:15 pm..

22 de enero, Maracaibo.
Ahí están,
en la cola,
Como en la mañana.
Como todo el día.
Como todos los días.
Los hijos de Chávez velando al difunto padre.
22 de enero. 6:15 pm..

22 de enero, Maracaibo. 12 m. A menos de 24 horas de la paja de Nicolás la cola para el super a pleno sol.

22 de enero, Maracaibo.
12 m. A menos de 24 horas de la paja de Nicolás la cola para el super a pleno sol.

27 de enero, Maracaibo.  I Quisiera que esto no me afectara. Pasar de largo. Sin inmutarme. Quisiera no mirar. No ver a esas mujeres con la teta expuesta en la calle y el niño de meses pegado. Quisiera no sentir este desconsuelo. ¡Son las 12 del día! ¡Hacen 40 grados a la sombra! No quiero ver a esas criaturas mamando mientras les tratan de comprar UN paquete de pañales. Con suerte, UNA fórmula láctea. Pero no hay cómo no verlos. Están por toda la ciudad. Por el país. Tomo la foto. No me acostumbro. Algo duele adentro. II A veces, en mis ratos de ocio. Entre la salida de un cliente y la colecta del mojón de Toya. Mientras Charlie ronronea se funde en mi papada, Pienso. Sueño. Imagino la vida en otros sitios. Allá, donde el último litro de leche en la nevera no estresa. Al día siguiente, se repone. Y la azucarera nunca está vacía. En la calle, la gente tiene ojos. Las mujeres tienen culo. Tetas Los hombres tienen 'paquete'. No son una bolsa que flota. Y los amigos se reúnen Las conversas son sobre la película de anoche. El libro que compraron. La obra de teatro que verán. Sin pensar ni preguntar ¿Dónde conseguiste pañales? ¿Sacaron leche? ¿Cuántas dejan comprar? ¡Necesito una batería! Un muerto por robo escandaliza Moviliza. Traumatiza. No es "normal". ¡Impensable 50 asesinatos en un fin de semana! En el ascensor se habla del calor, "Nunca en esta época hizo este calor" No del estudiante detenido por protestar. Allí, en esos lugares, Una vida de colas y escasez De mortandad Es algo lejano. Que se ve en televisión. Son cosas que preocupan pero no duelen. ¿Mujeres con niños pegados a la teta En una cola en la calle Rodeados de moscas y basura? Esas son vainas lejanas Vainas de allá De Venezuela.

27 de enero, Maracaibo.
I
Quisiera que esto no me afectara.
Pasar de largo.
Sin inmutarme.
Quisiera no mirar.
No ver a esas mujeres con la teta expuesta en la calle y el niño de meses pegado.
Quisiera no sentir este desconsuelo.
¡Son las 12 del día! ¡Hacen 40 grados a la sombra!
No quiero ver a esas criaturas mamando mientras les tratan de comprar UN paquete de pañales.
Con suerte, UNA fórmula láctea.
Pero no hay cómo no verlos.
Están por toda la ciudad.
Por el país.
Tomo la foto.
No me acostumbro.
Algo duele adentro.
II
A veces, en mis ratos de ocio.
Entre la salida de un cliente y la colecta del mojón de Toya.
Mientras Charlie ronronea
se funde en mi papada,
Pienso.
Sueño.
Imagino la vida en otros sitios.
Allá, donde el último litro de leche en la nevera no estresa.
Al día siguiente, se repone.
Y la azucarera nunca está vacía.
En la calle, la gente tiene ojos.
Las mujeres tienen culo. Tetas
Los hombres tienen ‘paquete’.
No son una bolsa que flota.
Y los amigos se reúnen
Las conversas son sobre la película de anoche.
El libro que compraron.
La obra de teatro que verán.
Sin pensar ni preguntar
¿Dónde conseguiste pañales?
¿Sacaron leche?
¿Cuántas dejan comprar?
¡Necesito una batería!
Un muerto por robo escandaliza
Moviliza. Traumatiza. No es «normal».
¡Impensable 50 asesinatos en un fin de semana!
En el ascensor se habla del calor,
«Nunca en esta época hizo este calor»
No del estudiante detenido por protestar.
Allí, en esos lugares,
Una vida de colas y escasez
De mortandad
Es algo lejano. Que se ve en televisión.
Son cosas que preocupan pero no duelen.
¿Mujeres con niños pegados a la teta
En una cola en la calle
Rodeados de moscas y basura?
Esas son vainas lejanas
Vainas de allá
De Venezuela.

27 de enerp, Maracaibo. I 6:30 pm. #Maracaibo  Colas a las afueras de supermercados, en gasolineras, para las baterías. No hace falta llamar a un paro. El país esta parado en una cola. II Cuando se nos pase el asombro.  Cuando ya no tengamos ánimos para buscar nombres jocosos.  Cuando el 'ameizin' no sea suficiente.  Cuando ya el ingenio no nos dé para inventarle apelativos al ¡no puede ser! Cuando los adjetivos graciosos no nos sirvan, no nos alcancen para nombrar tanta vida miserable. Tal vez entonces...

27 de enero, Maracaibo.
I
6:30 pm. #Maracaibo 
Colas a las afueras de supermercados, en gasolineras, para las baterías. No hace falta llamar a un paro. El país esta parado en una cola.
II
Cuando se nos pase el asombro.
Cuando ya no tengamos ánimos para buscar nombres jocosos.
Cuando el ‘ameizin’ no sea suficiente.
Cuando ya el ingenio no nos dé para inventarle apelativos al ¡no puede ser!
Cuando los adjetivos graciosos no nos sirvan, no nos alcancen para nombrar tanta vida miserable.
Tal vez entonces…

31 de enero, Maracaibo. Sábado 6 pm. La cola para entrar al supermercado ¿Cuál fue el #malparío miinistro que dijo que las colas han disminuido?

31 de enero, Maracaibo. Sábado 6 pm. La cola para entrar al supermercado ¿Cuál fue el #malparío miinistro que dijo que las colas han disminuido?

31 de enero, Maracaibo. La cola para uno de los comercios fascistas que esconden la comida para desestabilizar. ¡Ah, no! Es para un Abasto Bicentenario.

31 de enero, Maracaibo. La cola para uno de los comercios fascistas que esconden la comida para desestabilizar.
¡Ah, no!
Es para un Abasto Bicentenario.

3 de febrero, Maracaibo. Si el régimen venezolano pusiera la mitad del empeño e inventiva que pone en vejar a la gente, en tratar de resolver los problemas, Venezuela sería otra. Todos los días uno se entera de una humillación nueva a la gente pobre que no gana para pagar productos bachaqueados ni para disgustos. Ya no es solo la humillación de pasar horas a pleno sol en una cola en la calle. Ahora, de nuevo, hay dos filas, una para quienes van a comprar más de 500 bs y productos a precios regulados y otra para sólo compras de regulados. Las dos duran horas y hoy me enteré que la gente debe entregar su cédula al funcionario de la cola al momento de recibir el número de la cola y sólo cuando ya va a acceder al supermercado, se la devuelven. #VayaPalaMierda

3 de febrero, Maracaibo. Si el régimen venezolano pusiera la mitad del empeño e inventiva que pone en vejar a la gente, en tratar de resolver los problemas, Venezuela sería otra.
Todos los días uno se entera de una humillación nueva a la gente pobre que no gana para pagar productos bachaqueados ni para disgustos.
Ya no es solo la humillación de pasar horas a pleno sol en una cola en la calle. Ahora, de nuevo, hay dos filas, una para quienes van a comprar más de 500 bs y productos a precios regulados y otra para sólo compras de regulados. Las dos duran horas y hoy me enteré que la gente debe entregar su cédula al funcionario de la cola al momento de recibir el número de la cola y sólo cuando ya va a acceder al supermercado, se la devuelven.
#VayaPalaMierda

3 de febrero, Maracaibo. 6:30 de la tarde. El sol ya está dando los últimos estertores del día. Sus rayos se debilitan velozmente. El cielo se colorea de un asqueroso y húmedo gris. No hay belleza en el atardecer de hoy. Si la hubiera, Quienes, como el día, languidecen en una cola para comprar lo que sea que llegó al súper, No la notarían. Para ellos no hay belleza. Solo cansancio, Hastío, Sudor... Y la esperanza de en algún momento llegar a casa. 5 de febrero, Mérida Esta llega de #Mérida Imagen que se repite en todo el país. Colas, colas y más colas. Un país en ruinas Y toda la fuerza y productiva en la calle Literalmente en la calle. No produciendo, no. En largas colas de horas improductivas Tiempo gastado en comprar papel tualé, Harina Pan, jabón. Un país en ruinas y parado en una cola.

3 de febrero, Maracaibo.
6:30 de la tarde.
El sol ya está dando los últimos estertores del día.
Sus rayos se debilitan velozmente.
El cielo se colorea de un asqueroso y húmedo gris.
No hay belleza en el atardecer de hoy.
Si la hubiera,
Quienes, como el día, languidecen en una cola para comprar lo que sea que llegó al súper,
No la notarían.
Para ellos no hay belleza.
Solo cansancio,
Hastío,
Sudor…
Y la esperanza de en algún momento llegar a casa.
5 de febrero, Mérida
Esta llega de #Mérida
Imagen que se repite en todo el país.
Colas, colas y más colas.
Un país en ruinas
Y toda la fuerza y productiva en la calle
Literalmente en la calle.
No produciendo, no.
En largas colas de horas improductivas
Tiempo gastado en comprar papel tualé, Harina Pan, jabón.
Un país en ruinas y parado en una cola.

5 de febrero, Mérida Esta llega de #Mérida Imagen que se repite en todo el país. Colas, colas y más colas. Un país en ruinas Y toda la fuerza y productiva en la calle Literalmente en la calle. No produciendo, no. En largas colas de horas improductivas Tiempo gastado en comprar papel tualé, Harina Pan, jabón. Un país en ruinas y parado en una cola.

5 de febrero, Mérida
Esta llega de #Mérida
Imagen que se repite en todo el país.
Colas, colas y más colas.
Un país en ruinas
Y toda la fuerza y productiva en la calle
Literalmente en la calle.
No produciendo, no.
En largas colas de horas improductivas
Tiempo gastado en comprar papel tualé, Harina Pan, jabón.
Un país en ruinas y parado en una cola.

 6 de febrero, Maracaibo. Ahí están. Como todos los días. Con sus caras mustias a pleno sol de las 11 de la mañana. En una #cola infinita de hambre. Una cola que pareciera ser la misma de hace una semana, De.hace un mes. La cola para un kilo de leche, Un pote de champú, Cuatro rollos de papel tualé, un paquete de pañales... Ahí están, perdiendo su vida en una cola Mientras el país se termina de ir al foso.


6 de febrero, Maracaibo.
Ahí están.
Como todos los días.
Con sus caras mustias a pleno sol de las 11 de la mañana.
En una #cola infinita de hambre.
Una cola que pareciera ser la misma de hace una semana,
De.hace un mes.
La cola para un kilo de leche,
Un pote de champú,
Cuatro rollos de papel tualé, un paquete de pañales…
Ahí están, perdiendo su vida en una cola
Mientras el país se termina de ir al foso.

10 de febrero, Maracaibo. A sus espaldas Un hermoso atardecer de tonos metálicos anuncia que el día llega a su fin. Ellos no lo ven. No sienten ningún éxtasis al contemplar esos hilos de oro y plata que bordan las siluetas de las nubes. Sólo miran a la puerta del supermercado y al reloj: 6 pm. Pasan el niño de un agotado brazo al otro. Apoyan el hastío ora en una pierna, ora en la otra. Indiferentes a los arreboles que se van formando en el horizonte. Solo piensan en que cuando salgan de esas interminables colas ya será oscuro. Saldrán con el cansancio y el miedo en el cuerpo, con sus bebés en brazos a enfrentarse a los peligros de la noche. Con una oración en la boca, Pedirán llegar a casa físicamente ilesos Aunque en el alma llevan una nueva cicatriz.

10 de febrero, Maracaibo.
A sus espaldas
Un hermoso atardecer de tonos metálicos anuncia que el día llega a su fin.
Ellos no lo ven.
No sienten ningún éxtasis al contemplar esos hilos de oro y plata que bordan las siluetas de las nubes.
Sólo miran a la puerta del supermercado y al reloj: 6 pm.
Pasan el niño de un agotado brazo al otro.
Apoyan el hastío ora en una pierna, ora en la otra.
Indiferentes a los arreboles que se van formando en el horizonte.
Solo piensan en que cuando salgan de esas interminables colas ya será oscuro.
Saldrán con el cansancio y el miedo en el cuerpo, con sus bebés en brazos a enfrentarse a los peligros de la noche.
Con una oración en la boca,
Pedirán llegar a casa físicamente ilesos
Aunque en el alma llevan una nueva cicatriz.

13 de febrero, Maracaibo. Vistos desde las alturas, Con sus sombrillas, Con sus sombreros de cartón que no logran burlar el incandescente sol marabino de mediodía,  Sus rayos sofocantes te abrasan por cualquier resquicio,  Parece, efectivamente, una hilera de laboriosas hormigas.  Bachacos... Una fila de pequenas hormigas empeñadas en cargar sobre su lomo un peso que cada vez se hace más insostenible,  Insoportable.  Un peso físico que agota y amarga, Pero también un peso en el alma, en la autoestima, Ese no se alivia al dejar la carga en la despensa.  Ese peso quedará, corroyendo aún mucho tiempo despues...

13 de febrero, Maracaibo.
Vistos desde las alturas,
Con sus sombrillas,
Con sus sombreros de cartón que no logran burlar el incandescente sol marabino de mediodía,
Sus rayos sofocantes te abrasan por cualquier resquicio,
Parece, efectivamente, una hilera de laboriosas hormigas.
Bachacos…
Una fila de pequenas hormigas empeñadas en cargar sobre su lomo un peso que cada vez se hace más insostenible,
Insoportable.
Un peso físico que agota y amarga,
Pero también un peso en el alma, en la autoestima,
Ese no se alivia al dejar la carga en la despensa.
Ese peso quedará, corroyendo aún mucho tiempo despues…

 

La rara amabilidad del ‘picado por la luna’

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Los venezolanos nos hemos vuelto desconfiados, agresivos, hoscos, rudos, ariscos, maleducados, violentos. Al más mínimo error del otro saltamos con un grito y un batuquear de manos.

En la vía queremos pasar siempre de primero, irrespetando el derecho de paso de los demás conductores y poniendo en riesgo la vida de los peatones.
Una milésima de segundo después de cambiar la luz del semáforo ya tenemos la mano puesta sobre la corneta, sonándola con insistencia para que quien va adelante inicie la marcha.

Entramos a un ascensor y damos los buenos días y nadie responde. Damos las gracias y el «de nada» nunca llega. Parece que olvidamos que ser amable no cuesta nada y vale mucho.

La violencia cotidiana que nos toca enfrentar hace que desconfiemos de todo y de todos y que respondamos siempre con agresividad a la menor pifia de quien tenemos enfrente.

El gesto amable de los otros nos resulta algo raro, sospechoso. La amabilidad escasea tanto como la harina de maíz y la leche. La cordialidad hace rato que se fue de paseo por otros rumbos donde es mejor acogida.

Por eso, no logramos entender la gentileza y ante un gesto amable nos sentimos desarmados y no sabemos cómo responder.

Estaba yo pacientemente esperando en una fila de un supermercado para pagar mi compra. Quien pasaba antes de mí, llevaba el carrito de supermercado a tope y el mío iba medianamente lleno. Una chica se paró detrás con un paquete de pan y, cuando ya me tocaba pasar a la caja le dije:

—¿Usted va a pagar solo eso?

Ella, extrañada, me respondió que sí.

—Bueno, entonces pase usted primero —le dije yo con tranquilidad.

La mujer no sabía bien cómo reaccionar, qué decir, cómo responder a un gesto cordial al que parece hacía tiempo no se enfrentaba y, mucho menos en la cola de un supermercado, que con la «revolución socialista» se han vuelto sitios de alto riesgo.

La chica, a quien me imagino no le deben faltar en su trabajo insultos y malas caras de clientes, pues iba  ataviada con su uniforme y carnet al cuello de empleada bancaria, solo atinó a decir, como poniendo un pretexto para evadir mi gesto gentil:

—Pero voy a pagar con débito…

—Pues, saque la tarjeta y pase. Ni que fuera a mí al que le va a pagar.

La chica sonrió y aceptó mi amabilidad sin más excusas.

Ese mismo día, en otro supermercado -por aquello de las peregrinaciones de supermercado en supermercado a las que nos hemos visto obligados los venezolanos para poder medio completar una compra con lo que necesitamos-, en un pasillo, se encontraban tiradas desordenadamente en el suelo las cajas de pasta dental y jabón de baño que, con la escasez, ya ni se molestan en colocar en los anaqueles pues más tardan en ponerlos que en desaparecer.

Vi que en la última caja de jabón quedaban tres paqueticos de Palmolive de tres pastillas cada uno, los tomé y los metí en mi carro de compra. Un señor que venía detrás se lanzó a escudriñar entre las cajas sin éxito. Quería jabón, pero yo le había ganado de mano.

El hombre le consultó a los dependientes si había más jabón y, como es habitual en este país, la respuesta fue «No hay».

Tomé uno de mis tres paquetes y se lo tendí al hombre. Me miró paralizado. No podía mover su mano para recibir el jabón. Me miraba con el asombro y el temor con el que yo miraba de niño al «habla solo», aquel hombre de La Parroquia a quien «lo picó la luna» y terminó deambulando por las calles en un eterno monólogo en voz alta. «¿En serio?», me preguntó.

—Tome, lleve uno —le dije y se lo puse en su carro de compra.

Sin salir de su asombro, solo logró abrir los ojos, levantar los hombros y, con una sonrisa, darme las gracias.

Yo pensé: «Parece que el «raro» soy yo. Si sigo así, terminaré hablando solo en voz alta por las calles de la ciudad. Como si me hubiera picado la luna».

La sorpresa cotidiana

Contrabandistas protestan por aumento de controles en frontera colombo-venezolana

Sorprendente: «Contrabandistas protestan por aumento de controles en frontera colombo-venezolana»

Tendemos a decir con mucha facilidad «ya a mí no me sorprende nada», con lo cual, en realidad, estamos construyendo un oxímoron porque el mismo tono en que lo decimos denota, además de decepción y cierta impotencia, sorpresa. Los invito a leer esta serie de eventos sorprendentes de la cotidianidad del venezolano y, al terminar, díganme si aún pueden decir que  ustedes perdieron al capacidad de asombro y «ya no los sorprende nada».

Vivimos diariamente de sorpresa en sorpresa. Cuando decimos «Ya no me sorprende nada», lo que queremos significar es que no nos extraña. Que la sorpresa cotidiana no se nos hace ni inverosímil ni poco común. Es la sorpresa que diariamente nos esperamos en esta especie de realismo mágico en que nos hemos acostumbrado a vivir sin dejar de sorprendernos.

Este texto podría convertirse en un sin fin porque, cuando uno cree que ya lo terminó, lo sorprende un nuevo acontecimiento como que «Robaron carpa de Patria Segura«. Si, tampoco es raro pero igual sorprende que roben a los encargados del plan de seguridad del gobierno.

En el momento cuando uno está leyendo del robo, suena el teléfono y un amigo, sin que le parezca raro, pero con tono de sorpresa dice: «¡tengo doce horas, desde la cuatro de la madrugada, sin luz! Se dañó algo en un poste y lo hemos reportado un montón de veces a Corpoelec y no vienen. ¿Puedes creer que tienen solo dos camiones para atender averías de toda Maracaibo y uno lo dedican cada vez que les provoca a poner propaganda del candidato oficialista a la Alcaldía?»

Puedo creerlo, pero no deja de sorprenderme. Ese mismo día, uno sonríe con un gesto que más que sonrisa parece mueca cuando lee este titular:

«Contrabandistas protestan por aumento de controles en frontera colombo-venezolana».

Sorprende lo absurdo de la realidad, lo irónico de la protesta, lo paradójico que resulta que quienes viven al margen de la ley se atrevan a salir a protestar porque las autoridades pretenden ponerle freno a su actividad ilegal.

Lo esperado, lo cotidiano, es el contrabando, el tráfico de mercancías desde Venezuela hacia Colombia. Eso es «lo normal».

«Los manifestantes, conocidos como “maleteros”, “alegaron a la prensa que cerraron el paso porque el gobierno de Venezuela se puso muy estricto en la vigilancia y control del contrabando”

Inmediatamente, uno lee entre líneas, como nos hemos acostumbrado a leer para tratar de extraer la verdad verdadera más allá de la controlada, censurada y autocensurada verdad oficial que transmiten los medios.

«Esto quiere decir, o bien que algún comandante no está conforme con la cantidad que diariamente le pasan los Guardias Nacionales producto del soborno que le hacen a los contrabandistas. O algún GN se la quiso dar de vivo y no le pasó la coima a su comandante. O quieren hacer el alboroto mediático un día para hacernos creer que el gobierno ataca el contrabando y, al día siguiente, cuando prensa, televisión y radio se hayan hecho eco de la protesta y de la «contundente acción del gobierno», todo seguirá como siempre».

Todas, variables que encajan a la perfección en nuestra cotidianidad que no por reiteradas o frecuentes dejan de sorprendernos. Como no nos sorprende escuchar que los Guardias Nacionales pagan para ser destacados en los puestos fronterizos porque son una vía expresa para hacerse rico en poco tiempo o que, supuestamente, esos GN fronterizos tienen una tarifa diaria estipulada de dinero que deben pagar a sus comandantes. De allí para arriba, lo que ingresen por concepto de coimas, es de ellos.

Todo esto lo escuchamos en cualquier cafetería, en cualquier cola de supermercado y, a pesar de oírlo una y otra vez, no deja de sorprendernos, aunque comentemos «ya a mí no me sorprende nada».

Como sorprende, aunque no es poco común, oír a un empleado de un Abasto Bicentenario, con su carnet de identificación rojo colgado al cuello, decir:

-Me voy este mes a Cuba a raspar las tarjetas.

Esas diez palabras encierran tantas paradojas que uno no puede dejar de sorprenderse. Un empleado del gobierno va  a raspar su cupo Cadivi contraviniendo lo que su empleador pregona y, más irónico aún, ¡va precisamente a La Habana a hacerlo!

Pero la realidad siempre logra sorprendernos de nuevo. Uno coge la prensa y se encuentra un gran titular que cuenta que, en un país donde escasean los alimentos y se hacen largas e insufribles colas para comprar comida, «Se pudren mil 400 kilos de pollo en PDVAL«. No es raro, hace poco tiempo se perdieron toneladas de alimentos, pero igual no deja de sorprender.

Otro día, nos sorprende saber que unos amigos de San Cristóbal, clientes del Banco Mercantil, han tenido que hacer un viaje a Mérida para hacer el engorroso trámite bancario de Cadivi, porque las citas para las agencias tachirenses se encontraban agotadas.

sorpresa2Nos toma por sorpresa también, aunque no nos parezca raro, ir a la panadería un día, después de que el Indepabis ha cerrado varios establecimientos de este tipo por incumplir con los precios estipulados, y conseguir que el yogurt que tiene un precio de venta marcado en el envase de 9,00 bolívares, en esa panadería lo venden a 10,00.

Dos días después, los ojos casi se desorbitan cuando uno se entera de que las funciones del Festival Internacional de Teatro para el que se invirtieron millones de bolívares, programadas con meses de antelación, son suspendidas arbitrariamente porque la presidencia decidió que necesitaba el teatro Baralt para un evento y, sin previo aviso ni posibilidad de pataleo, las tres obras pautadas del festival para ese día en ese teatro, son suspendidas para recibir la visita presidencial y al candidato oficialista a la alcaldía.

Y, hoy, como para que el día no pasara sin darme mi cotidiana sorpresa, escuché, a las puertas de un banco, el siguiente diálogo entre un cliente y el «cidicero», como llamamos a quienes venden en la calle «quemaítos», CDs piratas de música y películas:

Cliente: «¿tenéis «Bolívar, el hombre de las dificultades»?»

Cidicero: «No, papá. No la tengo. ¿Esa es venezolana?»

Cliente: «Sí. La de Roque Valero. ¿Vos no vendéis películas venezolanas?»

Cidicero; «No. Venezolanas no vendemos. Ese fue el acuerdo con el Core 3″

Cliente: ¿Cómo así, con el Comando Regional de la Guardia Nacional?».

Cidicero: «Si. Nos reunimos con ellos y llegamos al acuerdo de que para que nos dejaran trabajar tranquilos, nos comprometíamos a no vender películas venezolanas. Pero, tranquilo, que si te la consigo, te la llevo al trabajo».

Cuando aún los oídos no se recuperan del estupor producido por el diálogo cliente/cidicero, mientras uno piensa con incredulidad y asombro que todo lo aquí narrado ha ocurrido en menos de una semana; uno se sorprende nuevamente al enterarse que a los habitantes de ocho estados del país los sorprendió un apagón y que, a quienes estaban sin luz en una peluquería del aeropuerto de Maiquetía, los sorprendieron unos atracadores, quienes hirieron con una navaja a una persona.

De sorpresa en sorpresa, los ojos, una vez más, se sorprenden al leer:

«El Presidente Nicolás Maduro denunció que desde la Casa Blanca, sede de gobierno estadounidense, se realizaron reuniones donde presuntamente se organizó un plan para desestabilizar al país en el mes de octubre, denominado “colapso total”

Uno vuelve a sonreír con la mueca habitual de quien no se extraña, pero se sorprende, y solo atina a pensar:

«El único plan que debe tener Estados Unidos para hacer que este país colapse es sentarse a esperar, sin mover un dedo. Venezuela cada día se aproxima más al borde del abismo y no necesita un empujón externo para caer estrepitosamente al vacío. Para colapsar, somos autosuficientes».

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