El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

Archivar para el mes “mayo, 2013”

Adiós, Globovisión

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La protesta que se ha producido en Twitter contra Globovisión, no es contra los periodistas del canal. Es contra unos nuevos dueños que ofrecieron que la televisora no cambiaría sustancialmente y que buscaría el “equilibrio” informativo” y empezó por eliminar secciones que eran insignia de su parrilla de programación, siguió por sacar a Ismael García, continuó obviando actos en vivo de Capriles y, según los rumores, ya hay una lista de comunicadores que en los próximos días saldrán del canal.

El hecho de que el virado a rojo del canal lo hagan paulatinamente, no evitará que termine convertido en otro canal más de propaganda oficialista. Entiendo que los periodistas, por un lado, traten de mantener sus espacios y sus voces al aire para seguir siendo voceros de esa masa opositora que cada día se encuentra más amordazada, censurada y auto-censurada. Es loable su afán por mantener hasta el final ese huequito por donde la oposición pueda hacer sentir su voz y recibir la información que se le niega por los otros canales.

Por otro lado, se entiende también que los comunicadores traten de defender su campo de trabajo, su empleo, ese que les da el sustento de ellos y el de su familia. Nunca podría pedirles y, muchos menos exigirles, que renuncien a sus trabajos. Sé que la mayoría continúa fiel a sus principios dando la pelea desde donde consideran que es más viable y regidos por la defensa de los valores de la libertad de informar y ser informados y por el Derecho Humano fundamental de la libertad de expresión.

De Globovisión, desde siempre, son muchas más las cosas que me han distanciado que las que me han identificado. Siempre he considerado que es el anverso de una moneda que por el otro lado tiene a VTV. Lo veía con pinzas para extraer con sumo cuidado lo que era información y opinión y diferenciarlo de lo que era vulgar manipulación y propaganda disfrazada. De todo eso había mucho en Globo, cosa que se entendía y justificaba hasta cierto punto pues es la reacción natural ante el mismo hecho desde la acera de enfrente.

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Las redes sociales se desbocan contra Globovisión

No obstante, el canal era la única ventana que quedaba en pantalla de Tv. por la que uno podía acceder a la información que se nos niega tanto en los canales oficiales como en los privados que terminaron convertidos en medios de entretenimiento ligero, llenos de programas de concursos, reality shows y telenovelas, y en los que eliminaron todos los espacios de opinión y análisis, cuyos noticieros terminaron bastante limitados y auto-censurados en su deseo de no molestar a un régimen que fue cercando con efectividad todo lo que implicase información y comunicación para establecer la tan mentada “hegemonía comunicacional”.

El futuro de Globovisión, a estas alturas, me parece bastante previsible. Poco a poco irán eliminando de la parrilla los programas de opinión y análisis, especialmente los más “radicales”, para “favorecer” los “informativos”. Pretenderán convertirlo en lo que ya ellos han dado en llamar un “verdadero canal de noticias”. Todas estas comillas importantes y significativas pues sabemos a qué se refieren.

La pauta publicitaria oficial irá sustituyendo a la privada. Posiblemente perderá audiencia, como ya empezó a perder seguidores en Twitter pero, también es posible, que la recupere con creces, pues no es de extrañar que le den el permiso de transmisión libre a nivel nacional que por tantos años se les negó.

No sé hasta qué punto, siendo una canal privado, pueda la nueva Globovisión enfrentar pérdidas cuantiosas de pauta publicitaria como las enfrentó Tves, sin mucha preocupación, al pasar a estar en manos del Estado. Mantenido gracias a todos los venezolanos. El tiempo lo dirá. Posiblemente, si el objetivo era controlar un canal rebelde más que hacer un buen negocio, no les importará asumir las pérdidas porque “el fin justifica los medios” y esas pérdidas las verán compensadas por otros medios.

Los comunicadores sociales de Globovisión, así como sus técnicos, estoy seguro que no perderán el apoyo y el respeto de su audiencia, sea cual sea la decisión que tomen. Por lo menos, no, mientras se mantengan fieles a sus principios y a lo que los televidentes hemos apreciado y agradecido en ellos. Lo meses por venir serán tan amargos para ellos como para quienes, de una forma u otra, lamentamos la pérdida de canales de comunicación.

A quienes se siente derrotados, a quienes piensan que sin Globovisión estamos perdidos y están desesperanzados porque creen que quedaremos para siempre en manos del régimen autoritario, les recuerdo que muchos regímenes aún más fuertes que el actual venezolano, cayeron sin necesidad de radio y televisión. Con o sin medios radioeléctricos masivos se han tumbado regímenes dictatoriales a lo largo de la historia. Habrá que idear nuevos canales para comunicarse, el ingenio del ser humano es inagotable.

Ahora, cuando sentimos que perdemos un importante canal de comunicación, recuerdo que en mis tiempos de estudiante de Comunicación Social en la ULA, Táchira, había un periódico mural por el que los estudiantes lográbamos canalizar denuncias, informar y hasta entretener de manera clandestina. De un día a otro, aparecía en la puerta del edificio un inmenso pliego de papel periódico escrito a mano con todas las cosas que los estudiantes queríamos comunicar.

La creatividad dará frutos, el periódico mural tal vez es un punto de partida para idear nuevas formas de comunicar. Las redes sociales habrá que cuidarlas y multiplicar su poder. El boca a boca y el run run recobrarán importancia. A lo mejor resurgirán los grafittis, pasquines, panfletos…

Posiblemente se pierda un canal, pero la creatividad no. Es tiempo de imaginar, crear, ingeniar, luchar, resistir…

No es Macondo ¿O sí?

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“Para vivir en Macondo, ven a Venezuela”. Este podría ser el slogan de Izarra como nuevo titular de la cartera de Turismo para promocionar el país más allá de nuestras fronteras para atraer turismo y estimular las visitas desde el extranjero. Un país donde las iguanas tumban el sistema eléctrico, los gringos espían a través de las antenas de DirecTV, donde le piden cuentas a la “franquicia venezolana de twitter” y se realizan montajes de audio uniendo palabra por palabra lo dicho durante 9 años en tv y radio, que ni el mismísimo editor de audio de la película “Farinelli” podría lograr.

Es que Venezuela ha devenido en los últimos 14 años en un país que pareciera sacado de las páginas de un libro de Gabriel García Márquez. Un lugar donde, si no fuera tan triste, dramático y grave lo que vivimos, nos reiríamos a mandíbula batiente, sin poder  parar.

El realismo mágico parece haberse instalado en estas tierras del norte del sur indefinidamente y con una insuperable capacidad de creación. A la realidad asombrosa y absurda de este pobre país rico que no tiene ni papel tualé, ni jabón, ni hojas de afeitar, se le suman las aún más absurdas explicaciones de los voceros oficiales para tratar de justificar el desbarajuste.

Con voz de estadista, actitud de gerente y sin que la risa los haga salirse del personaje, no es extraño ver a los funcionarios en televisión, o leer sus declaraciones en prensa, dando explicaciones como estas:

La oposición pitiyanqui a través de sus medios de comunicación apátridas y cargados de odio tienen una campaña mediática para desprestigiar, con fines perversos y golpistas, a la revolución diciendo que no hay alimentos. Esos vende patria no aceptan que ahora el pueblo está mucho mejor porque la revolución los ha tomado en cuenta y si escasea la comida es porque la gente ahora tiene más plata para comprar y comer más.

Gracias a la efectiva labor del gobierno revolucionario, el pueblo tiene mayor poder adquisitivo y como compran más comida, comen más y, por lo tanto, cagan más. Como diría mi madre, “como come el mulo caga el culo”.

Entonces, es lógico que como cagan más, compran más papel tualé y, por eso, es que no se consigue. No es que hay escasez de papel higiénico, es que hay más consumo porque la gente se tiene que limpiar el culo más veces al día.

Otra consecuencia de esta bonanza revolucionaria es que como el pueblo come y caga más, pues, obviamente, bajan más veces la llave del water y por eso es que también escasea el agua. Pero los burguesitos llenos de odio dicen que es porque no se ha invertido en el país.

La alta capacidad adquisitiva que la revolución le ha dado al pueblo ha hecho también que el sistema eléctrico sea insuficiente. Como la amorosa labor del gobierno ha logrado que la gente tenga más dinero, pues salen, compran más electrodomésticos y esto hace que el sistema eléctrico colapse. Claro, sin contar que también afecta que, cuando hay sequía, se va la luz porque no hay agua y, cuando llueve, se va porque cae mucha agua, y sin tomar en cuenta las incursiones de las iguanas.

Pero la oposición llena de odio dice que es que los revolucionarios se han robado la plata y no han invertido ni medio en la infraestructura eléctrica.

También se oye a los burgueses gritar, con los ojos puyúos de odio, que la violencia y la delincuencia han aumentado; pero no dicen que eso es así porque como la población tiene mayor poder adquisitivo pues compra relojes, zapatos carros y joyas con los que salen a la calle a provocar a los delincuentes.

Los apátridas no ven que el gobierno ya está trabajando para superar la inseguridad. Claro, como apagan el televisor cuando hay cadena, no ven que la delincuencia aparece en los actos del presunto presidente en sitial de honor y este les dice: “Me llegó una nota del hampa, que están allá arriba, me dicen que ellos quieren cambiar. Tan bonito, vale”.

Y así sigue la retahíla de explicaciones absurdas que parecen sacadas de un sketch de Saturday Night Live o de la extinta Rochela.

Por ejemplo, para los wannabe del hampa, el presunto presidente les ofrece una “Canaimita”. Sí, una computadora de esas que el gobierno les da a los niños en las escuelas, a cambio de que entreguen un arma.

Una Canaimita por la pistola, es la brillante solución que la revolución propone para la inseguridad que nos agobia. Por supuesto, uno se imagina el tamaño de la paloma que los hampones le deben haber pintado al presunto.

¡Una Canaimita a cambio de la pistola con la que en media hora, en una cola de la autopista, se coronan 3 Blacberrys, 2 Samsung III y 3 Ipad. Cada uno por el orden de los 12 mil bolívares!

Otro ejemplo. Se importarán 50 millones de rollos de papel higiénico por la escasez y a las absurdas explicaciones del régimen, le agregan que no hay papel porque la oposición mandó a comprar a la gente más papel del que necesitan y así propiciar un golpe de estado. Porque quieren re-editar el golpe del 2002.

Y vuelvo a citar a mi difunta madre: #VayaPalaMierda.

Con los 61 millones de euros que gastará el gobierno para importar productos de higiene personal, tal vez se podrían reactivar algunas de las empresas que expropiaron y que ahora no producen, por ejemplo, las que elaboraban el escaso papel tualé. Pero eso suena demasiado lógico para la República Macondiana de Venezuela. Lógico y poco rentable para los que ya deben tener los bolsillos abiertos, prestos para que caigan los millones que la negociación de la importación les producirá.

Pero hay más perlitas. A una vice ministra de salud se le oyó decir, sin que le temblara la voz, que no había por qué decretar emergencia por la epidemia de gripe AH1N1, que a ella no le preocupa ese tema porque las personas que han fallecido por la gripe es porque tenían otras enfermedades pre existentes. Es decir, ¿no importan los que se mueren porque ya estaban enfermos y de todas formas se iban a morir?

Esa misma vice ministra, dio a entender que no hay escasez de medicamentos en el país, muestra evidente de que ella no ha tenido que pasar días recorriendo farmacias a la pesca de un Euthirox, Glucofage, Tegretol, o Aspirina pediátrica por nombrar solo algunos de los muchos que no se consiguen.

Claro, si quieren descubrir más absurdos que en “La cantante calva”,  busquen la explicación y las razones por las que en un país petrolero escasean hasta los medicamentos. Resulta que sus precios de venta al público se encuentran regulados, lo que hace que el cartón de la caja, el plástico y el aluminio del blister, valgan más que el precio de venta al público del producto, sin contar el valor del principio activo del medicamento y los costos de producción. Entonces, como con los alimentos y otros muchos productos regulados, “no hay pero son baratos”. Traten de entender.

Pero así estamos. No me crean a mí, que soy un deslenguado apátrida. Lean prensa, oigan radio, hagan un esfuerzo y escuchen las declaraciones de cualquier vocero del oficialismo y atiendan a una cadena de medios aunque sea por tres minutos para que vean que no estoy exagerando ni inventando.

Cuando uno pone atención a lo que dicen en el gobierno llega a la conclusión de que en Venezuela todo está “excesivamente normal” como decía el nefasto José Vicente Rangel cuando el paro petrolero, que fue un “fracaso” cuando se dio pero les ha dado para justificar el desastre hasta el sol de hoy. Lo que los voceros oficiales nos quieren dar a entender es que todas nuestras calamidades cotidianas son el resultado de la eficiente y efectiva labor del régimen. Es decir, que “estamos viviendo tan mal, porque nunca habíamos estado tan bien”.

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La escasez dejó al Socialismo del SXXI con el culo al aire y sucio

Foto de José "Cheo" Nava

Foto de José “Cheo” Nava

En enero de 2011, escribí el texto que reproduzco a continuación. Entonces, empezaba a sentirse en el interior del país los efectos de la destrucción del aparato productivo del país, de las políticas de control indiscriminado de precios y de las caprichosas expropiaciones.

Como en un cuento surrealista, los habitantes de estados como Mérida, Táchira y Zulia, de un momento a otro empezamos a sufrir las consecuencias del Socialismo del Siglo XXI impulsado desde Miraflores y comenzamos a padecer la escasez de productos básicos como aceite de maíz y de girasol, leche en polvo y líquida, y azúcar.

Era el anuncio de lo que vendría más tarde. Todos veíamos venir el lobo pero, en el fondo, seguíamos incrédulos y decíamos “No vale, yo no creo”.

Algunas personas en el centro del país, no daban crédito a lo que escuchaban de la escasez de productos básicos de alimentación en el interior y se sorprendían cuando leían textos como el que publiqué en ese momento.

Pero la escasez fue in crescendo. Al punto que la gente en Caracas un día llegó al supermercado y se consiguió con avisos en los anaqueles que anunciaban: “Harina PAN, 4 paquetes por persona”. Las fotos de los anuncios comenzaron a circular por las redes sociales, mientras que en el interior acusábamos la más fuerte escasez de productos alimenticios, a los que se fueron sumando los largamente anunciados –siempre con el “No vale, yo no creo” – productos de aseo personal como pasta dental, jabón de baño y papel tualé.

El tiempo nos fue dando la razón a los “profetas del desastre”. La situación se fue agravando en el centro del país y haciéndose insufrible en el interior. Al punto, que llegamos a recorrer hasta tres supermercados en busca de jabón de baño, papel higiénico o azúcar sin lograr conseguir ninguno de los dos. La escasez dejó al Socialismo del SXXI con el culo al aire y sucio. Cuando llega algún producto la voz se riega como pólvora y son muchos los videos y fotos en la web que dan cuenta de las colas, alborotos y hasta peleas que se producen en los establecimientos en el afán de la desesperada población por hacerse con un pollo, un kilo de harina o un paquete de papel higiénico.

Por todo el mundo circulan informaciones que avergüenzan a los venezolanos habitantes de un pobre país rico. La lástima y pena que hace años sentíamos los venezolanos por los ciudadanos cubanos a quienes les enviábamos afeitadoras, velas y jabones cada NYvez que podíamos, ahora la generamos nosotros ante quienes asombrados envían periodistas a hacer reportajes sobra la dramática situación por la que atraviesa Venezuela.

Pero, lo peor es que el gobierno no parece dar pie con bola ante la problemática. No hace más de dar palos de ciego y patadas de ahogados sin llegar a entender que la solución está en reactivar el aparato productivo destruido a propósito en estos 14 años. Lo más cercano a una razonable medida que se encamine a solucionar el problema fue la reunión sostenida entre Nicolás Maduro y Lorenzo Mendoza. Reunión que surgió más por una bravuconada del primero, quien en tono amenazante citó a Mendoza para “decirle cuatro verdades”, que por un verdadero interés en resolverle el problema de desabastecimiento a la población. Al final, las cuatro verdades terminaron siendo casi que una súplica al empresario para que lo ayude a salir de este atolladero al que han llevado a Venezuela las políticas socialistas del régimen.

Da risa la declaración del oficialismo de que importarán 50 millones de rollos de papel tualé para abarrotar el mercado del desaparecido producto. ¡50 millones de rollos! En una población de casi 30 millones de habitantes, equivalen a unos 2 rollos por persona. 50 millones de rollos de papel higiénico no llega ni a la mitad del los 125 millones de rollos que se consumen mensualmente en Venezuela.

Mientras tanto, algunos oficialistas como el gobernador del Zulia, Arias Cárdenas, no terminan de entender que la escasez y el desabastecimiento no se resuelven con amenazas ni represión. En un afán por aparentar que están “atacando el problema”, el

"Bachaqueros" en el lente de José "Cheo" Nava

“Bachaqueros” en el lente de José “Cheo” Nava

régimen arremete contra los buhoneros y los llamados bachaqueros que consiguieron en la reventa de los productos escasos un buen filón para obtener ganancias económicas. Decomisan mercancía de los buhoneros, hacen allanamientos a locales comerciales, detienen a empleados de supermercados al tiempo que amenazan con más cárcel a otros,  pretendiendo poner fin a la crisis sin terminar de entender que solo se acabará la escasez cuando se reactive la economía y la producción.

Esos decomisos, incluso, podrían llegar a empeorar el problema pues la población ya no contará ni siquiera con el acceso a los productos escasos en el mercado informal, aunque tuviese que pagarlos hasta el triple de su valor. Al no contar con esa válvula de escape, todos tenemos que terminar en una larga cola para abastecernos. Interminables filas de gente enardecida de las que ya han salida varias personas heridas.

Y, el gobernador, corona su declaración, señalando que buscarán un mecanismo para evitar que la gente compre dos veces los productos desaparecidos y que “apresarán a quienes lleven gente a comprar en mercados”. Evidentemente, Arias Cárdenas no ha pasado desde hace mucho por un supermercados donde, desde hace más de dos años, la cédula de identidad funciona como una tarjeta de racionamiento con la cual se limita el acceso de la población a los productos escasos, lo cual dio origen al artículo que reproduzco a continuación.

METAMORFOSIS DE UNA CÉDULA DE IDENTIDAD

Todos los viernes voy a un mercadito itinerante a hacer la compra semanal de frutas y verduras. Allí acude mucha gente, incluyendo guardias nacionales y policías o sus familiares. La mayoría de los que llegan a vender sus productos allí son fieles seguidores del Presidente Chávez y de su revolución.

Ser simpatizante del proceso no es obstáculo para vender los productos que escasean al triple del precio estipulado

Uno de los más furibundos adeptos del “proceso” es el que tiene un puestico donde venden especias y granos. Además vende mercadoqueso, huevos y, adivinen qué, ¡azúcar y Mazeite! Si, dos de los productos que más escasean en los anaqueles de los supermercados, allí son constantes. Si quiere azúcar puede adquirir 3 kilos por 20 bolívares y el litro de aceite de maíz o dos frascos de 400 cc por 15.

Al ver al vendedor con su franela de la “Misión Ribas” y su gorra roja de militante del partido oficialista, ofreciendo los productos a un precio que casi triplica al regulado por el gobierno, no puedo dejar de preguntarme a dónde va a parar toda la habladera diaria, por largas horas en cadena de medios, del líder máximo de la “revolución bonita”.

Pero de todas las distorsiones que vivimos los venezolanos actualmente, tal vez la más aberrante y humillante que puede haber para cualquier ciudadano de un país, fue la que presencié hace unos días en un supermercado, cuando por obra y gracia de la revolución, la cédula de identidad se metamorfoseó, ante nuestros ojos en tarjeta de racionamiento.

Me encontraba en el sitio, justo en el momento en que llegó un cargamento de leche, bueno, realmente, no era un cargamento, eran unas cuantas cajas con empaques de un kilo de leche en polvo que apenas alcanzaba para las personas que en ese momento nos encontrábamos en el local.

Como ya es habitual y no sorprende a nadie, la gente comenzó a aglomerarse alrededor del preciado y escaso tesoro. Se miraban unos a otros con caras interrogativas, todos querían saber cuántos kilos podrían comprar pero ninguno se atrevía a dejar su lugar para buscar a algún dependiente que le informara por temor de perder su lugar en la fila y que se acabara la leche sin poder comprarla. Por lo tanto, cada quien decidió agarrar dos o tres kilos que era lo que presumían que les permitirían comprar y se encaminaron hacia las cajas para cancelar.

Ya ubicados en la cola, una dependiente informó:

-¡Señores, sólo pueden comprar un kilo de leche por persona y deben mostrar al cajero su cédula de identidad laminada!

La cara de frustración de la gente era evidente, no sólo por el hecho de tener que dejar en la caja uno o dos de los paquetes de leche que había tomado y que no sabían cuándo volverían a conseguir, sino por la humillación de tener que presentar a un cajero de supermercado el documento de identidad que, en ese instante dejó de cumplir su función de cédula de ciudadanía para convertirse en una especie de tarjeta de racionamiento.

Al introducir la cajera el número del documento en la factura de compra, inmediatamente, quedaba registrado e identificado el comprador y, por consiguiente, el sistema computarizado, automáticamente, le impedía comprar otro kilo adicional, aunque volviera a hacer la cola, cómo ya nos hemos acostumbrado a hacer, si queremos comprar la cantidad de alimentos que consideramos necesaria para nuestra familia. Sencillamente, al introducir el número en la computadora, el sistema arrojaría la información de que ese usuario ya había adquirido el kilo de leche que le correspondía.

No sé si esto sucede igual en el resto del país con la leche, carne, café, azúcar, aceite, margarina, sardinas enlatadas, pañales y toallas sanitarias que, según las informaciones de prensa, escasean en toda Venezuela, pero en Maracaibo, utilizar la cédula de identidad como tarjeta de racionamiento se está convirtiendo en un hábito. Así ocurre en los antiguos supermercados Éxito y, en algunas oportunidades, incluso, son militares los encargados de exigir el documento y de distribuir los productos. Al gobierno no se le ocurrió una manera más humillante de combatir el “acaparamiento” y la especulación de los revendedores.

Como siempre, los ciudadanos somos todos sospechosos de cometer delitos en esta revolución y nos vemos obligados a demostrar a cada instante nuestra inocencia. Así sucede con los ancianos que cobran una pobre pensión del Seguro Social que, por lo general, no les alcanza ni para comprar los medicamentos que necesitan mensualmente. No importa la condición de salud en la que se encuentren, en sillas de ruedas, con vías puestas en las venas para medicamentos, con bastones, con Parkinson o convulsiones, los viejitos se ven obligados cada tres meses a hacer cola en una prefectura para obtener la fe de vida que deberán presentar en los bancos para demostrar que están vivos y tienen derecho a cobrar su pensión de vejez. Cansado estoy de ver las resignadas colas de ancianos todos los meses en las taquillas de los bancos, como si no se pudiera idear una forma más digna de hacer llegar el dinero que por derecho les pertenece y de evadir los posibles fraudes que se cometen en el sistema. ¿Por qué una persona que entregó su vida al país se ve obligada a demostrar mensualmente, en el ocaso de su vida, que no es un delincuente para hacer efectivo su derecho a una pensión de vejez?

¿Por qué, yo, usted o cualquier otra persona tiene que ser sometida a la humillación de demostrar ante un cajero de supermercado que no somos acaparadores, ni especuladores ni revendedores de productos de primera necesidad?

Cuando uno va al centro de Maracaibo, como sucede en las otras ciudades del país, se consigue con chiringuitos de buhoneros en donde se venden los productos que escasean hasta a tres veces el valor regulado por el gobierno. Lo veo yo, lo ve usted y lo puede ver cualquier persona. ¿Cómo es que las autoridades no lo ven? ¿Por qué no toman las medidas legales pertinentes contra esos revendedores? He visto a guardias nacionales y policías comprando en esos sitios sin que se les ocurra siquiera hacer algún reclamo al vendedor.

En los puestos de los buhoneros están los productos, en los supermercados tienen completamente identificados a quienes compran grandes cantidades de leche, azúcar, aceite y margarina para revenderlo con un valor triplicado. ¿Por qué tiene uno, ciudadano que trabaja para tratar de cubrir sus necesidades básicas y paga sus impuestos, que verse en la humillación de demostrar a cada instante que es honesto?

Algo muy malo debimos haber hecho los venezolanos para merecernos ser siempre sospechosos y vivir lo que estamos viviendo o algo muy equivocado debemos estar haciendo o dejando de hacer para que las cosas ocurran cómo están ocurriendo sin ser capaces de detenerlas o corregirlas.

¿Militares hasta en la sopa?

En Venezuela, desde hace 14 años, cada vez que el régimen siente que las cosas se le están saliendo de las manos, apela por la militarización, en un afán mas efectista que efectivo por aparentar que está interesado en solucionar el problema presentado.

Lo vimos con los hospitales que en su momento fueron militarizados para “mejorar” el sistema de salud y controlar los robos indiscriminados de equipos médicos y dotaciones de medicamentos. En la actualidad, podemos ir a cualquier hospital o centro público de atención médica del país y corroborar las condiciones paupérrimas en las que medio funcionan, así como la falta de implementos médicos, desde gazas y curas, pasando por tensiómetros y hasta “telescopios” como diría el inefable.

Lo mismo sucedió con la cacareada “seguridad alimentaria”. Por un tiempo, los militares estuvieron encargados de distribuir los alimentos -en algunos abastos Bicentenarios se ven aún a soldados marcando el brazo de los compradores- y, sin embargo, los efectos de la escasez han llegado a límites insoportables, con serios riesgos de que se produzca un estallido social si no se busca una solución pronto, pues ya hasta personas heridas han salido de las marabuntas que se forman en los supermercados cuando llega algún producto de la cesta básica.

Ahora, como gran solución para dos de los más graves problemas, de todos los graves problemas que aquejan al país, el creativo gobierno del mientrastanto, propone como medida “original”, más militarización.

Militares para solventar el problema de la generación de energía eléctrica y militares para enfrentar la inseguridad.

Estos anuncios no son más que efectismo mediático y auguran un anunciado fracaso más para las Fuerzas Armadas que están concebidas para el resguardo de la soberanía, atender situaciones de excepción y de catastrofes, entre otras funciones dentro de las que no se destacan ni la generación de energía eléctrica ni el problema de la seguridad personal y delincuencia.

A las lumbreras del régimen, apabulladas por lo desbordadas y fuera de su control que se encuentran ambas problemáticas, no se les ocurre que existen ciencias especializadas que se encargan de estudiar ambos ámbitos y a cuyos profesionales, formados para cada área, deberían recurrir para que diseñen un plan realmente efectivo y eficiente que logre solucionarle a la población, de manera definitiva, sus problemas de oscuridad y de inseguridad.

Le confiarán a los militares, que no han podido controlar los problemas de violencia y delincuencia organizada de las cárceles, bajo su vigilancia, donde se trafica con armas y drogas y se planifican secuestros, la problemática de la inseguridad personal que cobra cientos de muertes al mes.

Cuando dicen que van a militarizar algo para arreglar un problema, uno no puede evitar pensar en las fronteras, cuyo resguardo sí es función de las Fuerzas Armadas y por donde se escapan los alimentos que no conseguimos en los supermercados y nuestra gasolina. Algunas veces, bajo la mirada y el bolsillo complaciente de los militares y, otras, porque el negocio es controlado por esos mismos militares que deberían enfrentarlo y evitarlo.

¿Cómo confiar en que un problema como el eléctrico se solucionará apostando militares en un país donde uno pasa por las ventas ilegales de productos de la cesta básica y, parado al lado, muchas veces comprando, se encuentra un Guardia Nacional que debería encargarse de decomisar la mercancía y detener al comerciante infractor?

¿Se puede esperar algún efecto positivo de esos anuncios de militarización en un país donde uno escucha que un militar habla popr teléfono a todo grito, en sitios públicos y dice: “Tranquilo que ya el tipo aceptó la mordida. Sí, ya quedamos en que son 60 palos: 30 mil pa’mi comandante, 15 palos pa’vos y 15 pa’ mí. Ya eso está arreglado”?

¿Cómo guardar esperanzas de que los militares van a lograr controlar los problemas en un país donde militares de todos los rangos llegan a las tiendas de mascotas a preguntar si venden guacamayas, loros, monos, peces de mar, tortugas y morrocoyes no para decomisarlos y amonestar al comercio por tráfico ilegal de fauna protegida y en peligro de extinción, sino para comprarlos como mascotas?

Sin ir muy lejos, hace años, el difunto habló en cadena nacional de la “morrocoya de Rosinés” de manera impune y nadie fue capaz, ningún militar se dignó a cuardrársele y decirle que ese animal no está destinado para ser mascota y que su posesión, como tal, infringe las leyes.

Hace unos días, fui protagonista del siguiente díalogo, entablado con una Guardia Nacional en la tienda de mascotas:

GN: Buenas tardes, ¿tendrán tortuguitas para la venta?

Dependiente: No. No vendemos animales.

Yo: ¡¿Y usted anda buscando tortugas para comprar?! ¿No sabe que eso es fauna protegida y que su venta está prohibida?

GN: Sí. Pero ¿qué puedo hacer si me la pidió mi hijo?

Yo: ¿Y usted cree que llegando a una tienda de mascotas con el uniforme de la Guardia Nacional, le van a decir que sí venden tortugas?

GN: Bueno, vengo de una en la que tuve que “ablandar” al vendedor, pero me dijo que se le habían acabado.

Yo: La venta de eso está prohibida.

GN: Lo sé, pero mi hijo me la pidió y él es el que manda. ¿Dónde podré conseguir?

Yo: Vaya a tal sitio y a tal otro a ver. Pero quítese el uniforme porque así no creo que se atrevan a venderle.

GN: Es verdad, mejor voy de civil.

Yo me quedé pensando en lo que acababa de suceder y no podía dar crédito. Esa mujer que recién salía del local se suponía que tiene dentro de sus funciones de ley prevenir y castigar el tráfico de fauna silvestre; no obstante, no solo no lo hace, sino que se convierte en cómplice del traficante al comprar el animal prohibido con lo cual, además de traicionar su uniforme, se convierte en delincuente. Pero, lo que es peor, el ejemplo que le está dando a su hijo como madre y como funcionaria es lo más lamentable que una madre pueda hacer. ¡Ella infringe la ley y, al mismo tiempo, enseña a su hijo que eso es “normal”, que faltarle a su uniforme, delinquir y traficar con fauna protegida se puede hacer de la manera más impune!

¿Esas son las manos en las que el régimen piensa depositar tanto el problema de la generación eléctrica (que ha demostrado suficientemente ser un barril sin fondo de corrupción), como el de la inseguridad personal, a pesar de que Ongs como Provea advierten lo inconveniente que puede resultar para los Derechos Humanos que los militares se encarguen de una labor destinada a policías, criminalistas y criminólogos y luego de que ya hay fracasadas experiencias en el país cuando el difunto pretendió poner militares al resguardo de la seguridad personal?

Evidentemente, el régimen no aprende, no escucha y no escarmienta. Sus anuncios le servirán únicamente para sus cadenas de medios, para hacer propaganda y hacer creer, a fuerza de repetición del mensaje, que se está encargando de los problemas pero, en la práctica, en la vida real, más allá de la verdad oficial, el país se sumirá cada día más en la oscuridad y en la violencia e inseguridad que incesantemente diezman a los ciudadanos a un ritmo escandaloso.

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