El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

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Postales para Luis Brito. Un mes sin El Gusano

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Hace un mes, el timbre del teléfono, el domingo a deshoras, sonó hueco.

La sorpresa venía acompañada de lágrimas incontenibles y de un dolor en la boca del estómago y un vacío en el pecho.
El sueño se espantó de golpe.
Lo inesperado fue un mazazo en el vientre.

¡Murió El Gusano!

Cayó en la acera cuando su corazón no dio para más.
Murió como le correspondía, de corazón y en la calle, porque así vivió.
A todo corazón y callejeando incansablemente, como lo recordó la querida Elsy Manzanares.
La calle era su hábitat y su escenario. Su fuente de creación. Su inspiración.
No era hombre de camas y mezquindades. Era callejero y querendón.

En el 2009, se apareció con un pequeño sobre en la puerta de mi casa.
Venía cargado de flores.
Las tres flores que iluminan este escrito.
Tres flores que eran un cuento de vida, belleza y muerte.
Tres flores que eran un homenaje a la belleza y a lo efímero.
A la belleza de lo efímero.

Es que Luis nos enseñó a ver. Nos enseñó a mirar más allá de lo aparente.
Con Luis, el cielo dejó de ser sólo cielo.
El cielo se volvio Brito, ‘azul Brito’
y ya más nunca pudimos verlo sin verlo a él y presentir a sus ángeles.

Nos enseñó a ver la belleza de una flor marchita.
La desintegración de una flor cobró significado. Se hizo discurso de lo efímero de la vida
y la belleza insondable de la muerte.

Luis nos enseñó a ver lo que hay más allá de unas manos,
de unos pies.
Nos mostró que un gesto captado al paso es todo un discurso.
Nos mostró que los rostros son un mapa. Que cada surco de la piel, cada mancha,
es una historia de vida y en los ojos de los fotografiados nos dejó su alma
y nos mostró la suya.

Imposible volver a mirar las cosas de la misma manera después de conocer a Luis y sus fotografías.
No hay manera de ser indiferente ante la imagen o ante la realidad.

El Gusano tenía esa capacidad que solo tiene un artista de mostrarnos lo feo de la realidad, de manera hermosa, con imágenes que son cachetadas en la conciencia. Como esas excelentes fotografías que hizo de los adefesios con los que la revolución ha inundado muros y calles del país.

Más allá de lo que tiene que ver con la imagen y la fotografía, una escuela que por siempre estará allí, en su obra. El Gusano nos mostró la parte humana del hombre.
Su desprendimiento y su capacidad para darse también fueron una escuela.
Su ‘nalgasprontismo’ nos ensenó a ser mejores seres humanos porque así debe ser ‘la vida humana’
-esa frase con la que lo recuerda la hermana pendeja, Mercedes Vázquez-.
Su esencia era desprendida y desinteresada.
Engullía la vida con ‘alegría sincera’.

En mi mente siempre ronda una linda chaqueta de jean rojo vino que llevaba una vez que nos vimos.
‘Me gusta’, le dije.
En su siguiente visita, llegó con la chaqueta en la mano,
Sin más, me la regaló.
Una chaqueta en la memoria y en mi corazón el agradecimiento eterno por los tantos favores recibidos y su espléndida entrega a la amistad.

Por esto, el domingo primero, al escuchar la infausta noticia,
el corazón se resquebrajó y el vientre se contrajo.
Se murió un hermano y dolió como sólo puede doler la muerte de un ser querido.

Entonces, surgieron estas postales, como una forma de desahogar tanto dolor…
Mantener vivo el recuerdo y el cariño.

El Gusano se nos fue ese domingo pero sigue en el cielo azul Brito,
en los ángeles,
en las flores,
en las manos y en los pies,
en las arrugas de los rostros de la gente que fotografió,
en la sonrisa y en la mirada de la gente que amó.
‘Los seres que uno ama’.

Postal #1

postal1Ya para ti no es un misterio,
Gusano.
Ahora estás allá.
A la vida le sacaste todos sus misterios. La escudriñabas a placer.
Te la comiste en unas patas de cochino.
La devoraste con pasión.
Frenético.
Te vas siendo joven.
Ya quisieran muchos jóvenes tener la mitad de la pasión y el frenesí con que viviste hasta el último respiro.
La muerte, Gusano, ya no te obsesionará más.
Ahora, ya lo sabes,
El último misterio se te ha revelado.
Salúdane a Franklin Brito.
Abraza de mi parte a Reverón..
Espéranos, Luis.
No nos olvides.
Nosotros no podremos olvidarte.
El dolor pasará, siempre pasa.
Pero el amor estará siempre.
Con tus amigos los ángeles un día nos encontraremos y seguiremos juntos en la cofradía de los nalgasprontas.
¡Coño, Gusano!
Qué dolor.
Qué desgarro.

Postal #2

postal2Aquí está tu sofá cama, Gusano.
Frente a tus caballos. Junto a tus manos. Frente a los ángeles.
Estás a donde mire.
Estás en el gallo del baño.
Estás en una gaveta donde están tus flores. En otra donde están tus zapatos y el caniche.
Estás en el dramático cielo azul cobalto como el de tus fotos donde hoy te reciben.
Estás sobre el cpu en una miniatura de la foto de Linsay Kemp para llevar en el pecho.
Ahí, donde ahora duele tu ida.
Un broche para llevar del lado del corazón que no para de llorarte.

 

Postal #3

postal3

 

Tenías cosas que decirme.
Siempre teníamos cosas que decirnos, Luis.
Me debes esa llamada.
No te lo tendré en cuenta.
Yo te debo tanto.
Qué orgullo haberte tenido.
Seguirte teniendo.
Siempre estarás. Nunca te irás.

 

Postal #4

postal4

Me quedé con las ganas de recorrer los salones de alguna galería o museo de #Maracaibo junto a Luis para que me hablara de las muñecas de Reverón, de SUS muñecas, las de Luis.

Maracaibo nunca respondió. Ni el Camlb ni LUZ hicieron el esfuerzo por traer esas fotos.
Yo quería ver en los muros de una galería o museo de Maracaibo esas muñecas cuyas fotos vi nacer desde una prueba de contacto. Pero nadie respondió.

Postal #5

postal5Cuando terminé de.escribir ‘Te voy a llevar al cielo’, al primer amigo al que se la envié fue a Luis Brito. Yo estaba contento y me interesaba su opinión. Sabía que no andaría con eufemismos.
Al día siguiente, le pregunté:
-¿Qué te pareció, Gusanito?
-Me la leí dos veces.
Fue su respuesta. No hizo falta más. Entre nosotros no hacían falta muchas palabras.
Como a los dos días sonó el teléfono:
-Golcar Margarito -dijo sin mediar saludo-, esa vaina hay que publicarla y, cuando la vayas a publicar, yo me voy a Maracaibo o tú te vienes para acá porque te regalaré la foto para el libro.
Eso.

Postal #6

postal6

¿No entiendo para quién se exhibe hoy este cielo

sin pudor

si ya no está Luis para fotografiarlo?

 

 

 

 

Postal #7

postal10Pensé en agarrar un avión para ir a despedirte Gusano.
Son sólo 45 minutos de vuelo, pensé.
Pero es mucho más que eso.
Es el miedo a enfrentarlo.
El pavor a la certeza.
No soportaría el gentío de duelo.
No tengo valentía para escuchar el llanto, las oraciones, los rezos.
Los chistes, porque tratándose de ti, siempre habrá un chiste, una locura, una necedad.
No quiero tener ese recuerdo de poleas chirriantes.
Quiero, cuando mengue el dolor convencerme de que sigues de viaje.
Olvidaré ese timbre de teléfono a deshoras un domingo.
La memoria no guardará el gemido ahogado de Cristian al recibir la fatal noticia de boca de Mercedes.
Todo será una alucinación de una mañana de mal dormir.
Entonces, sabré que un día sonará el teléfono: ‘Golcar Margarito, prepara el sofá que llego mañana’. Y te diré: ‘Necio. Tú sabes que ese sofá siempre está listo para ti. Siempre te espera’.
O nos tropezaremos en una calle y el abrazo será eterno.
Hoy, pasamos horas de nalgasprontas, Gusano. Creo que fuiste tú quien hizo que todo se traspapelase para ponernos a prueba a ver si aprendimos algo. Creo que estuvimos a la altura, Luis.
Fuiste luz, Gusano y ahora iluminas como nunca.
Téngase la delicadeza de no dejar nunca de alumbrarnos el camino con alegría sincera.

Postal #8

postal7Luis nunca dejará de ser el mágico Gusano de la luz.
Fue una noche de mal dormir.
De dar vueltas en la cama con su presencia en el alma y sueños cortos, extraños y bonitos.
Estaba en Montevideo, mi sobrino nuevo, Valentino, a quien aún no abrazo en carne, estaba hermoso y sonriente. Inmenso. Mucho mayor que el corto mes que apenas cumple.
Pasé frente a una casa que era como un escenario teatral. Quienes allí vivían parecían personajes en escena.
Sobre una mesa, tapados con lienzos crudos y beis, había postres.
Me robé un pedazo de una exquisita milhojas con dulce de leche.
Estaba deliciosa, producía una rica sensación. Estaba hecha con marihuana.
Un hombre de gesto adusto y barba entrecana me reclamó que si yo iba a Uruguay sólo para drogarme. Le respondí que no era en mí país donde la marihuana se vendía legalmente, y seguí.
Ja ja sólo en sueños me gustará la sensación de la marihuana. Y entre una imagen onírica y otra, siempre está Luis.
Desperté. Sonó el teléfono.
Una voz diáfana, cantarina, caraqueña como el Ávila, me abrazó y me habló de Luis.
Era Faitha Nahmens, cálida como un cielo azul con luna tempranera.
Una voz que abraza, cobija, consuela y pone un delicioso sonido a una amista de LCD,
para leerme su semblanza del Gusano.
Gracias, queridísima.

Postal #9

postal9Gusano de agua
Gusano de tierra
Gusano de luz
Y de dramática sombra.
Gusano de aurora.
De luz de atardecer.
Crisálida que el primer día de marzo
Se convirtió en mariposa
Y voló hacia el cielo azulísimo
que siempre fue suyo
Para hacerse eterno.
#LuisBrito
Foto de Ramón Lepage.

Postal #10

postal8El humo y el fuego le dan el último impulso para ascender a los cielos.
Esos cielos que siempre fueron de él.
Tendrá arreboles de Carora
Y amaneceres y atardeceres de Río Caribe.
Su paz será azul cielo.
Su eternidad será una foto
de azul cobalto sobre soporte de plata
como nos regaló siempre.
#LuisBrito

Estará en paz, pero no descansará.
Luis Brito no fue un hombre de descansos.

Día de Mambo y lechona en Bogotá

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“¿Me podría decir dónde queda el Museo de Arte Moderno?” Fue la pregunta a repetir por las calles del centro de Bogotá ese día. Inexplicablemente, no hallábamos una sola persona que nos logrará orientar con certeza hacia dónde debíamos coger. Algunos nos decían que estábamos cerca pero no sabían dónde se ubicaba el Mambo con exactitud.

Un policía, con plena seguridad, nos dijo: “Es ese que está allí”, señalando una casa a mitad de cuadra a la que nos acercamos para descubrir que se trataba de la antigua casa de Manuelita Saenz mambo12y que en la actualidad es el Museo del Traje Típico Colombiano. Una mujer nos mandó para detrás de la Alcaldía y, otra, por los predios del Museo del Oro.

Finalmente, sin saber cómo, nos vimos subiendo los peldaños de ladrillos rojos que nos llevaban a la entrada de un hermoso edificio diseñado por el renombrado arquitecto Rogelio Salmona, quien concibió los amplios espacios en la Calle 24 donde se emplaza actualmente el Museo de Arte Moderno de Bogota, conocido por su siglas con el rítmico nombre de “Mambo”.

mambo6Desde los escalones de entrada, pude distinguir la figura de un vigilante que echaba candado a la reja de entrada sin percatarse de que nos dirigíamos hacia él. En la puerta comencé a dar voces llamando sin que nadie respondiera. ¡No lo podía creer! Después de tanto caminar y dar tumbos, llegamos a la hora que el museo cerraba.

Aferrado a la esperanza de que alguien apareciera, me quedé parado en la puerta, oteando hacia el penunmbroso interior. Una señora con uniforme gris y utensilios de limpieza en las manos, apareció por el lobby. Saludé y le pregunté si el museo abriría en la tarde.

-Hoy no abre. Es lunes y los lunes no abre el museo.

Andrea Cháves del departamento de Curaduría del Mambo.

Andrea Cháves del departamento de Curaduría del Mambo.

Decepcionado, le pregunté si la parte administrativa tampoco laboraba los lunes.

-Necesito hablar con la señora María Elvira Ardila en Curaduría. ¿Podría decirle que la buscan de parte de Luis Brito, de Venezuela?

La diligente señora entró y, a los pocos minutos estaba de vuelta con el vigilante, quien nos abrió la reja y nos dio las señas para llegar a la oficina de Curaduría. “No podremos recorrer el museo pero, por lo menos, podré cumplir con la encomienda del Gusano de averiguar cómo se encontraban los preparativos para la exposición de sus fotografías que próximamente se hará aquí”, pensé mientras bajaba las escaleras y recorría el pasillo hacia la oficina indicada.

María Elvira no se encontraba. Un inconveniente familiar la había obligado a ausentarse de su mambo5oficina. Sin embargo, nos recibió Andrea Chaves, su atenta asistente quien nos puso al tanto de lo que requeríamos.

-La muestra del maestro está programada para abrir a partir del ocho de noviembre en la sala 4. Todo el cuarto piso será para las fotografías de Luis Brito y en esa misma fecha se montará la exhibición de la colección permanente del Mambo que llama mucho público.

Andrea nos daba la información al tiempo que no guiaba hacia las salas del museo enseñándonos mambo2los diferentes espacios de la institución.

-Ya las fotografías están todas montadas con un mismo marco. Las de los ángeles y las de las muñecas de Reverón. Solo esperamos por la respuesta del maestro para estar seguros. La muestra se monta en noviembre y se desmonta en enero.

Intercambiamos teléfonos y correos y Andrea regresó a atender sus labores dejándonos a nosotros para recorrer el museo y ver las exhibiciones de ese momento.

Es una sensación extraña la de recorrer un museo con las luces de las salas apagadas, mientras una señora realiza las labores de limpieza y los espacios que en un día normal estarían iluminados, con guardasalas y gente visitando, bañados solo por la luz natural que entra por las ventanas y una que otra bombilla eléctrica. Extraña, pero interesante. Un museo para mí solo.

mambo3

En el cuarto piso, en el espacio donde a partir del ocho de noviembre estarán las fotos de Luis Brito, el fotógrafo venezolano Premio Nacional de Fotografía, se encontraba exhibida una interesante muestra de Elsa Zambrano llamada “Museo imaginario en el museo” y que consistía en una exhibición de piezas hechas a partir imágenes icónicas de obras de arte universales, réplicas en miniatura adquiridas en las tiendas de los museos, o postales compradas en esas tiendas por la artista en sus recorridos por los museos del mundo y dispuestas en pequeñas cajas de madera, reinterpretando lo que es el arte y su comercialización en el mundo actual. Allí estaban reproducciones de La Mona Lisa, de piezas de Warhol, de Vermeer, de Velasquez… Pequeñas piezasmambo13 que Elsa fue coleccionando y con las que se construyó su pequeño museo imaginario que le permite reflexionar sobre el arte y su comercialización a la vez de aproximarse al arte universal desde una mirada particular.

Las otras salas del Mambo estaban llenas de la magia y el color de las piezas de gran formato del artista Carlos Jacanamijoy. 70 obras creadas entre 1992 y 2013 y que constituyen la retrospectiva “Magia, memoria y color” del artista indígena, descendiente de los quechuas y perteneciente a la etnia Inga del Putumayo.mambo7

Son pinturas expresionistas que nada tienen que ver con arte indigenista, hechas en grandes formatos al óleo en las que el artista toma algunos aspectos de su historia y cultura y los reinterpreta en composiciones oníricas cargadas de simbolismo y significación.

En la retrospectiva del Mambo uno puede hacer un interesente recorrido por la historia del proceso creador de Jacanamijoy, reconociendo su crecimiento como artista hasta llegar a su definido estilo expresionista actual. En los cuadros se mezcla la naturaleza con lo que parecen ser símbolos religiosos o supersticiosos de la etnia a la que pertenece el artista, en una interesante mezcla de mambo8color y luz. Las figuras parecen plantas, insectos, animales, se mezclan como en un sueño desplegado en un inmenso lienzo cargado de imaginación y simbolismo.

En una área de la exhibición de Jacabamijoy encontramos una instlación conformada por lo que a primera vista parecen insectos o arácnidos, pero que se trata de semillas de cacao hechas en metal y dispuestas como una especie de comuna de hormigas. Mientras en algunas paredes, como denuncias contra la discriminación, unos pizarrones negros con órganos humanos en alto relieve y mensajes escritos con tiza blanca, son expresión de un discurso de igualdad y respeto a la diversidad y a la diferencia.

A la salida del museo, pudimos ver, aunque estaba cerrada, la tienda del museo con interesantes piezas de arte, souvenirs y algunas prendas de vestir en cuyos estampados se podían apreciar losmambo15 motivos y dibujos del artista colombiano, originario de los Inga del Putumayo, Carlos Jacanamijoy, quien reside en Nueva York pero retorna a sus orígenes cada cierto tiempo donde parece nutrirse con el inagotable caudal de creatividad que le ofrecen su etnia y su tierra natal.

El resto de esa tarde de lunes, agradecidos por la atención de la gente del Mambo, lo pasamos recorriendo el centro, en tiendas para comprar recuerdos. Disfrutando de las vistas cálidas y coloridas que el atardecer le otorga a las viejas y bien conservadas fachadas de la ciudad y de la diversidad de gente que recorre sus calles y puestos de bogota8mercado sin que nadie se meta con nadie. En los alrededores de la Plaza de Bolívar se llevaba a cabo el ensayo de lo que al día siguiente sería la transmisión de mando del gobierno capitalino. Allí paramos un rato para ver las diversas fuerzas policiales en formación y hacer fotos.

Recordé que no quería dejar Bogotá sin probar la lechona rellena. Así que nos pusimos a investigar con los paseantes y tenderos dónde podríamos degustar ese plato.

-Las lechonas más ricas están en la avenida Caracas. Por aquí en el centro hay muy pocos lugares, bogota10pero allá tendrán para escoger.

Nos dijo un chico que atendía un locutorio al que entramos para consultar cómo estaba el tema de los dólares Cadivi en nuestras tarjetas y tratar de organizar económicamente las pocas horas que nos quedaban en Colombia.

Pues sí la cosa es en la Caracas, hacia la Caracas vamos. Al rato nos encontrábamos en el atestado transmilenio de la hora pico, rumbo a las coordenadas que nos mambo18dieron.

Al salir de la estación, desde lejos se podían distinguir los pequeños puestos, uno tras otro, de ventas de lechona rellena. Dos cuadras en las que solo se consigue el rico cerdo horneado. En el horizonte se veía el cerro La Loma, lleno de ranchos que me recordaron los cerros caraqueños, bañado con una hermosa luz entre rosa, naranja y lila del atardecer.

Al empezar a recorrer el lugar, comenzaron a ofrecernos tenedores de plástico atapuzados de mambo17relleno de lechona para probar. En cada uno de los puestos nos dieron su preparación pudiendo verificar que, como el ajiaco, cada familia tiene su propia forma de prepararlo y su sabor y sazón particular.

Al terminar la especie de cata, no hallábamos por cual decidirnos. Una simpática señora ya casi al final del recorrido, con coquetería y zalamerías trataba de conquistarnos para que optáramos por su lechona.

Fue ella quien me dijo que en el cerro La Loma que está frente a la zona de las lechonas, no entra nadie que no sea de allí. Es un lugar peligroso.

-Allí hay una iglesia muy linda a donde, lamentablemente, no podemos ir. En ese matorral que se ve allí, en toda esa zona verde, cada nada aparecen cadáveres. Ayer, consiguieron uno que tenía

Lechonerías de la Avenida Caracas

Lechonerías de la Avenida Caracas

días muerto, envuelto en vendas como una momia. Son indigentes y drogadictos que los matan en otros sitios y los depositan allí.

Ni las historias ni la zalamería de la cocinera nos convencieron de comer allí la lechona, a pesar de tener buen sabor. Nos decantamos por un puesto unos 3 locales más allá, cuyo sabor y textura nos había gustado más y cuya piel estaba más seca y tostada.

A primera vista la cosa impresiona. Ver esos cerditos dorados por las doce horas de horno que llevan, con sus hocicos como sonrientes y algunos incluso

María Edith Pinzones, lechonera de tradición.

María Edith Pinzones, lechonera de tradición.

adornados con lazos en las tostadas orejas, es una visión que un vegetariano o activista de derechos de los animales no podría tolerar sin lanzar piedras de protesta. Pero a quienes somos carnívoros y tragones, la impresión se nos pasa al degustar el rico sabor de la carne tierna del léchón, sazonada con especias, guisantes y horas de cocción.

El puesto que escogimos era el de María Edith Pinzón Licht, una mujer que heredó el negocio y la sazón de sus padres y éstos a su vez de los suyos. Es un negocio de tradición familiar y María Edith lo atiende con orgullo y cariño. Pedimos la ración más pequeña para cada uno. La que costaba 5 mil pesos acompañada de arepas. De tomar, una gaseosa colombiana. La cocinera nos mimaba y contaba su historia.

-En realidad, lo que a nosotros más nos interesa, es que nos contraten lechonas para fistas y cerdaeventos. El puesto sirve para el diario y para que la gente pruebe nuestro producto, pero el grueso del negocio está en que nos contraten lechonas de 400 raciones o más -Nos explicó-.

María Edith nos confirmó la historia que la otra lechonera nos dijera sobre los cadáveres que aparecían en La Loma:

-Sí. Son indigentes por lo general, delincuentes y drogadictos que azotan algunos lugares y a los que mandan a eliminar los vecinos de las zonas. Es una “limpieza” por encargo.

Es de esas historias que aparecen a diario en las páginas rojas de lo periódicos y que siembran en muchos el conflicto moral entre los derechos humanos de esas personas víctimas de “la limpieza”, y el derecho a la vida y seguridad de unas 50 o más personas que posiblemente perezcan víctimas de esos delincuentes linchados. ¡No es fácil!

Para pasar un poco el mal trago de la conversa, María Edith apareció con sus manos a la espalda, escondiendo algo, y nos dijo:

-Le voy a hacer un regalo. Pero lo voy a rifar. Me van a decir un número del 1 al 5 y quien acierte se lobogota12 gana. Lo voy a anotar aquí para que no crean que hay trampa.

-El tres -Dijo Cristian inmediatamente y, sorprendida, María Edith nos mostró que efectivamente ese era el número ganador. El premio: una linda cochinita rosada de barro, una alcancía de largas y coquetas pestañas pintadas.

Al despedirnos de María Edith, volví a dar una mirada a la lechona en su bandeja y no pude evitar imaginar los ojos brillantes de Luis Brito, el querido fotógrafo, fanático de los chicharrones y patas de cochino, dando brincos de lechonería en lechonería, emocionado como niño en una juguetería. La calle 26 de la avenida Caracas de Bogotá será, sin duda, una visita obligada para el Gusano cuando en noviembre vaya a la inauguración de su muestra en el Mambo.

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Ha pasado un ángel…

 

 

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“¿Recuerdas a Eleonor Rigby?” Llamó Luis Brito a su muestra de ángeles de camposantos en homenaje a Lennon. Una canción que habla de soledad, de fe, de desamparo… de muerte:

“Mira toda la gente solitaria
¿De dónde vienen todos?

Mira a toda la gente solitaria
¿A dónde pertenecen?”

… Desde los tiempos de la antigua Roma, cuando en algún momento se produce un silencio abrupto, se dice: “ha pasado un ángel”.

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Estando en El Cairo, Luis Brito, tomaba su desayuno en un restaurante, el 9 de diciembre de 1980, cuando escuchó la noticia de que cinco disparos dejaron, la noche anterior, sin voz a John Lennon. El fotógrafo tomó su cámara y salió, tras el último bocado, movido por el subconsciente, a buscar a ese ángel que surcó el cielo en el momento cuando la voz del Beatles se apagó repentina, abrupta e irremediablemente.

De allí nace la serie de los ángeles. De esa impresión que produce el primer contacto con la muerte. Lennon fue el primer “familiar” que se le murió a Brito. Con su asesinato, Tánatos se acercó por primera vez a las emociones del joven fotógrafo.

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Los Beatles eran sus hermanos, sus compañeros. A cualquier parte del mundo que fuera, allí estaban ellos. Su música sonaba por doquier. Eran sus compinches, sus compañeros de viajes. Esa mañana, uno de ellos se había marchado para siempre sembrando en el fotógrafo la inquietud por lo efímero de la vida, la impresión de la fatalidad y la incertidumbre por la implacable parca.

Al cementerio de El Cairo llegó con su sensación de luto y soledad a exorcizar sus fantasmas con la cámara. Venciendo sus propios prejuicios contra el uso del color en la fotografía, optó por llenar sus imágenes con un intenso y dramático cielo azul. Fue un momento de rupturas y de inicios.

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Pero, ¿es realmente color lo que se aprecia en las imágenes de los ángeles? ¿O es solo un guiño del fotógrafo, un engaño, para hacernos creer y, creer él mismo, que está irrumpiendo en el uso del color en la imagen, cuando en realidad está solo versionando el blanco y negro?

Si observamos con detenimiento, la serie de los ángeles es como un sucedáneo de su trabajo en blanco y negro. El intenso azul toma el lugar del dramático negro pero no se puede hablar de abundancia del color.

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A las fotografías de los Ángeles de El Cairo, le siguieron instantáneas captadas en cementerios de Valencia, Buenos Aires, Maracaibo, Roma… Para el fotógrafo de Río Caribe es muy importante conocer los cementerios de las ciudades para profundizar en la cultura de los seres humanos que las habitan. Los hombres se retratan en la manera como se relacionan con sus muertos.

Las imágenes de la serie rompen con los convencionalismos de la fotografía. Son des-estructuradas. ¿Quién dijo que el sujeto fotografiado siempre debe estar en el centro? ¿Dónde se encuentra el punto de fuga? ¿A dónde fue a parar el horizonte?

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Los ángeles, sin dar referencias de lugar, parecen interrogar el firmamento. Cada imagen es una crónica del desamparo y la soledad. Un relato del dolor tras el clic de quien se interroga por el sentido de la vida y clama al cielo por respuestas. El infinito cielo azul es evidencia de lo pequeño que es el ser humano y lo finita que es la vida. Esa vida que se fuga como parecen fugarse los ángeles del encuadre.

Ante tan contundentes sensaciones y emociones, pierden toda importancia las nociones del lugar y el momento. La soledad, como el cielo, es igual en todas partes del mundo. No hace falta poner un territorio al firmamento, como no es necesario darle ubicuidad a la soledad. De allí que las fotografías no tengan referencias a lugar o fecha.

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Los ángeles de Brito hablan de una soledad sin desahucio. Es la soledad de quien sufre un dolor pero se aferra a una fe, para no sucumbir. De quien enfrenta un momento crucial en su existencia.

Arriba hay un cielo y, al final, eso es lo que importa. Es lo que da la fuerza para no caer, para no paralizarse, para no rendirse. Es la fe, la creencia en un “algo más”, lo que se desprende de las imágenes. La certeza de que la respuesta a preguntas y plegarias debe llegar.

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Es un sistema de fe, el de Brito, poco convencional, como su fotografía. Construido a partir de sus inquietudes y necesidades. Es la fe de quien se crió en un pueblo cuya vida circulaba alrededor de “la religión, la locura y la muerte” y cuyos miedos y dudas lo hicieron rechazar la Primera Comunión hasta bien entrada la adultez. De quien logró construirse un sistema de creencias con el que compensó sus vacilaciones ante la religión. Brito se forjó una fe particular, formada y fortalecida con su recorrido vital y espiritual.

Locura, religión y muerte son constantes y recurrentes en el trabajo de Luis Brito. Son el leitmotiv en sus imágenes. Y, en el medio de todo, la belleza. La insaciable búsqueda de la belleza. La sensibilidad del fotógrafo le ha permitido, como se ve en esta serie de ángeles, extraer lo hermoso hasta de los más dolorosos sentimientos y eventos y plasmarlo en imágenes que perturban y conmueven.

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Lindsay Kemp y Luis Brito, dos lenguajes, una esencia

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“Inútil es matar. La muerte prueba que la vida existe.”

Lindsay Kemp

Contó Lindsay kemp alguna vez que, cuando tenía seis o siete años, divertía a los vecinos, subiéndose a la mesa de la cocina, completamente maquillado, a bailar en punta.

Al parecer, el juego de la danza y el maquillaje se sembró en él desde esa tierna edad y no lo abandonó nunca más.  Así nació el personaje “Linsay Kemp” que surge, “Como Sherezade, de la necesidad de contar historias –dijo en una entrevista-. Imagínate, para un niño que ha nacido y pasado su juventud en una ciudad como Liverpool, las historias eran la única forma de sobrevivir y de protegerme a mí mismo. Sin el humor tampoco habría podido sobrevivir”.

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El inquieto, juguetón, imaginativo y creativo niño de Liverpool, creció, se hizo bailarín, mimo, coreógrafo, director, actor, pintor… Nunca dejó de jugar, de experimentar, de buscar una manera propia de expresarse, de conseguir ese lenguaje con el cual hacerse entender más allá de las palabras, que siempre le parecieron escurridizas.

Así lo descubrió Luis Brito, el fotógrafo, a quien también las palabras parecen huirle, se le deshacen en el camino; pero que, con su cámara, logra construir un lenguaje capaz de comunicar, a través de impactantes y dramáticas imágenes, todo el mundo interior de las personas a quienes apunta con su lente, y el suyo propio.

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Las fotografías que Luis le hiciera a Lindsay Kemp en Roma, en 1980, en los camerinos del teatro, captan toda la fuerza expresiva del artista inglés, con su mirada retadora y a la vez seductora.

Las imágenes hablan de un hombre que se transforma, más allá del travestismo o del espectáculo Drag Queen, en un artista que explora, que escudriña en la feminidad. No se ve el hombre que quiere ser mujer, que simula ser mujer; se observa a un artista que quiere sumergirse en el mundo femenino.

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Las fotografías hablan de ese niño de Liverpool que se maquillaba y bailaba para los vecinos, convertido en un artista que, en el fondo, sigue haciendo lo mismo, pero desde la perspectiva de la creación artística y el estudio de la interioridad del ser humano.

De allí, el drama y la belleza de las imágenes de Luis Brito. Con esos contrastes y claroscuros que dan fe tanto de la esencia de Kemp como de la del mismo Brito. Es que, al final, con diferentes lenguajes y maneras de expresarse, ambos artistas –Kemp con su cuerpo y Brito con su cámara–, parecen perseguir los mismos objetivos y estar obsesionados por los mismos motivos: la búsqueda de la belleza, la muerte y la locura… la esencia de la vida. Tal vez por eso las fotografías impactan tanto a quien las observa, porque es evidente que entre el objeto retratado y el fotógrafo hay lazos intangibles pero perfectamente perceptibles.

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La presencia de los espejos en varias de las fotografías contribuye a dar la sensación de drama e irrealidad a la imagen. El espejo parece mostrar la realidad que se esconde detrás del fuerte maquillaje de trazos gruesos y colores intensos, la realidad que minutos más tarde se presentará en el escenario. O tal vez, en esos espejos  quedará escondida la realidad que ya no será, cuando el artista esté en escena.

Son fotografías que hacen que a veces con drama y otras con humor, el espectador se remonte al teatro griego, al antiguo teatro japonés, a esas representaciones antiguas cuando los hombres interpretaban personajes femeninos. No imitaban a las mujeres, las interpretaban.

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Cuando se miran estas fotografías hay que detenerse en la textura de las pieles, en la fuerza del maquillaje, en la intimidad del ambiente, en la fuerza y profundidad de las miradas, en el movimiento de los personajes, en la intensidad del gesto. Es allí, donde está la esencia tanto de Lindsay Kemp como del propio Luis Brito.

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