El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

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Postales para Luis Brito. Un mes sin El Gusano

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Hace un mes, el timbre del teléfono, el domingo a deshoras, sonó hueco.

La sorpresa venía acompañada de lágrimas incontenibles y de un dolor en la boca del estómago y un vacío en el pecho.
El sueño se espantó de golpe.
Lo inesperado fue un mazazo en el vientre.

¡Murió El Gusano!

Cayó en la acera cuando su corazón no dio para más.
Murió como le correspondía, de corazón y en la calle, porque así vivió.
A todo corazón y callejeando incansablemente, como lo recordó la querida Elsy Manzanares.
La calle era su hábitat y su escenario. Su fuente de creación. Su inspiración.
No era hombre de camas y mezquindades. Era callejero y querendón.

En el 2009, se apareció con un pequeño sobre en la puerta de mi casa.
Venía cargado de flores.
Las tres flores que iluminan este escrito.
Tres flores que eran un cuento de vida, belleza y muerte.
Tres flores que eran un homenaje a la belleza y a lo efímero.
A la belleza de lo efímero.

Es que Luis nos enseñó a ver. Nos enseñó a mirar más allá de lo aparente.
Con Luis, el cielo dejó de ser sólo cielo.
El cielo se volvio Brito, ‘azul Brito’
y ya más nunca pudimos verlo sin verlo a él y presentir a sus ángeles.

Nos enseñó a ver la belleza de una flor marchita.
La desintegración de una flor cobró significado. Se hizo discurso de lo efímero de la vida
y la belleza insondable de la muerte.

Luis nos enseñó a ver lo que hay más allá de unas manos,
de unos pies.
Nos mostró que un gesto captado al paso es todo un discurso.
Nos mostró que los rostros son un mapa. Que cada surco de la piel, cada mancha,
es una historia de vida y en los ojos de los fotografiados nos dejó su alma
y nos mostró la suya.

Imposible volver a mirar las cosas de la misma manera después de conocer a Luis y sus fotografías.
No hay manera de ser indiferente ante la imagen o ante la realidad.

El Gusano tenía esa capacidad que solo tiene un artista de mostrarnos lo feo de la realidad, de manera hermosa, con imágenes que son cachetadas en la conciencia. Como esas excelentes fotografías que hizo de los adefesios con los que la revolución ha inundado muros y calles del país.

Más allá de lo que tiene que ver con la imagen y la fotografía, una escuela que por siempre estará allí, en su obra. El Gusano nos mostró la parte humana del hombre.
Su desprendimiento y su capacidad para darse también fueron una escuela.
Su ‘nalgasprontismo’ nos ensenó a ser mejores seres humanos porque así debe ser ‘la vida humana’
-esa frase con la que lo recuerda la hermana pendeja, Mercedes Vázquez-.
Su esencia era desprendida y desinteresada.
Engullía la vida con ‘alegría sincera’.

En mi mente siempre ronda una linda chaqueta de jean rojo vino que llevaba una vez que nos vimos.
‘Me gusta’, le dije.
En su siguiente visita, llegó con la chaqueta en la mano,
Sin más, me la regaló.
Una chaqueta en la memoria y en mi corazón el agradecimiento eterno por los tantos favores recibidos y su espléndida entrega a la amistad.

Por esto, el domingo primero, al escuchar la infausta noticia,
el corazón se resquebrajó y el vientre se contrajo.
Se murió un hermano y dolió como sólo puede doler la muerte de un ser querido.

Entonces, surgieron estas postales, como una forma de desahogar tanto dolor…
Mantener vivo el recuerdo y el cariño.

El Gusano se nos fue ese domingo pero sigue en el cielo azul Brito,
en los ángeles,
en las flores,
en las manos y en los pies,
en las arrugas de los rostros de la gente que fotografió,
en la sonrisa y en la mirada de la gente que amó.
‘Los seres que uno ama’.

Postal #1

postal1Ya para ti no es un misterio,
Gusano.
Ahora estás allá.
A la vida le sacaste todos sus misterios. La escudriñabas a placer.
Te la comiste en unas patas de cochino.
La devoraste con pasión.
Frenético.
Te vas siendo joven.
Ya quisieran muchos jóvenes tener la mitad de la pasión y el frenesí con que viviste hasta el último respiro.
La muerte, Gusano, ya no te obsesionará más.
Ahora, ya lo sabes,
El último misterio se te ha revelado.
Salúdane a Franklin Brito.
Abraza de mi parte a Reverón..
Espéranos, Luis.
No nos olvides.
Nosotros no podremos olvidarte.
El dolor pasará, siempre pasa.
Pero el amor estará siempre.
Con tus amigos los ángeles un día nos encontraremos y seguiremos juntos en la cofradía de los nalgasprontas.
¡Coño, Gusano!
Qué dolor.
Qué desgarro.

Postal #2

postal2Aquí está tu sofá cama, Gusano.
Frente a tus caballos. Junto a tus manos. Frente a los ángeles.
Estás a donde mire.
Estás en el gallo del baño.
Estás en una gaveta donde están tus flores. En otra donde están tus zapatos y el caniche.
Estás en el dramático cielo azul cobalto como el de tus fotos donde hoy te reciben.
Estás sobre el cpu en una miniatura de la foto de Linsay Kemp para llevar en el pecho.
Ahí, donde ahora duele tu ida.
Un broche para llevar del lado del corazón que no para de llorarte.

 

Postal #3

postal3

 

Tenías cosas que decirme.
Siempre teníamos cosas que decirnos, Luis.
Me debes esa llamada.
No te lo tendré en cuenta.
Yo te debo tanto.
Qué orgullo haberte tenido.
Seguirte teniendo.
Siempre estarás. Nunca te irás.

 

Postal #4

postal4

Me quedé con las ganas de recorrer los salones de alguna galería o museo de #Maracaibo junto a Luis para que me hablara de las muñecas de Reverón, de SUS muñecas, las de Luis.

Maracaibo nunca respondió. Ni el Camlb ni LUZ hicieron el esfuerzo por traer esas fotos.
Yo quería ver en los muros de una galería o museo de Maracaibo esas muñecas cuyas fotos vi nacer desde una prueba de contacto. Pero nadie respondió.

Postal #5

postal5Cuando terminé de.escribir ‘Te voy a llevar al cielo’, al primer amigo al que se la envié fue a Luis Brito. Yo estaba contento y me interesaba su opinión. Sabía que no andaría con eufemismos.
Al día siguiente, le pregunté:
-¿Qué te pareció, Gusanito?
-Me la leí dos veces.
Fue su respuesta. No hizo falta más. Entre nosotros no hacían falta muchas palabras.
Como a los dos días sonó el teléfono:
-Golcar Margarito -dijo sin mediar saludo-, esa vaina hay que publicarla y, cuando la vayas a publicar, yo me voy a Maracaibo o tú te vienes para acá porque te regalaré la foto para el libro.
Eso.

Postal #6

postal6

¿No entiendo para quién se exhibe hoy este cielo

sin pudor

si ya no está Luis para fotografiarlo?

 

 

 

 

Postal #7

postal10Pensé en agarrar un avión para ir a despedirte Gusano.
Son sólo 45 minutos de vuelo, pensé.
Pero es mucho más que eso.
Es el miedo a enfrentarlo.
El pavor a la certeza.
No soportaría el gentío de duelo.
No tengo valentía para escuchar el llanto, las oraciones, los rezos.
Los chistes, porque tratándose de ti, siempre habrá un chiste, una locura, una necedad.
No quiero tener ese recuerdo de poleas chirriantes.
Quiero, cuando mengue el dolor convencerme de que sigues de viaje.
Olvidaré ese timbre de teléfono a deshoras un domingo.
La memoria no guardará el gemido ahogado de Cristian al recibir la fatal noticia de boca de Mercedes.
Todo será una alucinación de una mañana de mal dormir.
Entonces, sabré que un día sonará el teléfono: ‘Golcar Margarito, prepara el sofá que llego mañana’. Y te diré: ‘Necio. Tú sabes que ese sofá siempre está listo para ti. Siempre te espera’.
O nos tropezaremos en una calle y el abrazo será eterno.
Hoy, pasamos horas de nalgasprontas, Gusano. Creo que fuiste tú quien hizo que todo se traspapelase para ponernos a prueba a ver si aprendimos algo. Creo que estuvimos a la altura, Luis.
Fuiste luz, Gusano y ahora iluminas como nunca.
Téngase la delicadeza de no dejar nunca de alumbrarnos el camino con alegría sincera.

Postal #8

postal7Luis nunca dejará de ser el mágico Gusano de la luz.
Fue una noche de mal dormir.
De dar vueltas en la cama con su presencia en el alma y sueños cortos, extraños y bonitos.
Estaba en Montevideo, mi sobrino nuevo, Valentino, a quien aún no abrazo en carne, estaba hermoso y sonriente. Inmenso. Mucho mayor que el corto mes que apenas cumple.
Pasé frente a una casa que era como un escenario teatral. Quienes allí vivían parecían personajes en escena.
Sobre una mesa, tapados con lienzos crudos y beis, había postres.
Me robé un pedazo de una exquisita milhojas con dulce de leche.
Estaba deliciosa, producía una rica sensación. Estaba hecha con marihuana.
Un hombre de gesto adusto y barba entrecana me reclamó que si yo iba a Uruguay sólo para drogarme. Le respondí que no era en mí país donde la marihuana se vendía legalmente, y seguí.
Ja ja sólo en sueños me gustará la sensación de la marihuana. Y entre una imagen onírica y otra, siempre está Luis.
Desperté. Sonó el teléfono.
Una voz diáfana, cantarina, caraqueña como el Ávila, me abrazó y me habló de Luis.
Era Faitha Nahmens, cálida como un cielo azul con luna tempranera.
Una voz que abraza, cobija, consuela y pone un delicioso sonido a una amista de LCD,
para leerme su semblanza del Gusano.
Gracias, queridísima.

Postal #9

postal9Gusano de agua
Gusano de tierra
Gusano de luz
Y de dramática sombra.
Gusano de aurora.
De luz de atardecer.
Crisálida que el primer día de marzo
Se convirtió en mariposa
Y voló hacia el cielo azulísimo
que siempre fue suyo
Para hacerse eterno.
#LuisBrito
Foto de Ramón Lepage.

Postal #10

postal8El humo y el fuego le dan el último impulso para ascender a los cielos.
Esos cielos que siempre fueron de él.
Tendrá arreboles de Carora
Y amaneceres y atardeceres de Río Caribe.
Su paz será azul cielo.
Su eternidad será una foto
de azul cobalto sobre soporte de plata
como nos regaló siempre.
#LuisBrito

Estará en paz, pero no descansará.
Luis Brito no fue un hombre de descansos.

Ha pasado un ángel…

 

 

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“¿Recuerdas a Eleonor Rigby?” Llamó Luis Brito a su muestra de ángeles de camposantos en homenaje a Lennon. Una canción que habla de soledad, de fe, de desamparo… de muerte:

«Mira toda la gente solitaria
¿De dónde vienen todos?

Mira a toda la gente solitaria
¿A dónde pertenecen?»

… Desde los tiempos de la antigua Roma, cuando en algún momento se produce un silencio abrupto, se dice: «ha pasado un ángel».

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Estando en El Cairo, Luis Brito, tomaba su desayuno en un restaurante, el 9 de diciembre de 1980, cuando escuchó la noticia de que cinco disparos dejaron, la noche anterior, sin voz a John Lennon. El fotógrafo tomó su cámara y salió, tras el último bocado, movido por el subconsciente, a buscar a ese ángel que surcó el cielo en el momento cuando la voz del Beatles se apagó repentina, abrupta e irremediablemente.

De allí nace la serie de los ángeles. De esa impresión que produce el primer contacto con la muerte. Lennon fue el primer «familiar» que se le murió a Brito. Con su asesinato, Tánatos se acercó por primera vez a las emociones del joven fotógrafo.

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Los Beatles eran sus hermanos, sus compañeros. A cualquier parte del mundo que fuera, allí estaban ellos. Su música sonaba por doquier. Eran sus compinches, sus compañeros de viajes. Esa mañana, uno de ellos se había marchado para siempre sembrando en el fotógrafo la inquietud por lo efímero de la vida, la impresión de la fatalidad y la incertidumbre por la implacable parca.

Al cementerio de El Cairo llegó con su sensación de luto y soledad a exorcizar sus fantasmas con la cámara. Venciendo sus propios prejuicios contra el uso del color en la fotografía, optó por llenar sus imágenes con un intenso y dramático cielo azul. Fue un momento de rupturas y de inicios.

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Pero, ¿es realmente color lo que se aprecia en las imágenes de los ángeles? ¿O es solo un guiño del fotógrafo, un engaño, para hacernos creer y, creer él mismo, que está irrumpiendo en el uso del color en la imagen, cuando en realidad está solo versionando el blanco y negro?

Si observamos con detenimiento, la serie de los ángeles es como un sucedáneo de su trabajo en blanco y negro. El intenso azul toma el lugar del dramático negro pero no se puede hablar de abundancia del color.

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A las fotografías de los Ángeles de El Cairo, le siguieron instantáneas captadas en cementerios de Valencia, Buenos Aires, Maracaibo, Roma… Para el fotógrafo de Río Caribe es muy importante conocer los cementerios de las ciudades para profundizar en la cultura de los seres humanos que las habitan. Los hombres se retratan en la manera como se relacionan con sus muertos.

Las imágenes de la serie rompen con los convencionalismos de la fotografía. Son des-estructuradas. ¿Quién dijo que el sujeto fotografiado siempre debe estar en el centro? ¿Dónde se encuentra el punto de fuga? ¿A dónde fue a parar el horizonte?

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Los ángeles, sin dar referencias de lugar, parecen interrogar el firmamento. Cada imagen es una crónica del desamparo y la soledad. Un relato del dolor tras el clic de quien se interroga por el sentido de la vida y clama al cielo por respuestas. El infinito cielo azul es evidencia de lo pequeño que es el ser humano y lo finita que es la vida. Esa vida que se fuga como parecen fugarse los ángeles del encuadre.

Ante tan contundentes sensaciones y emociones, pierden toda importancia las nociones del lugar y el momento. La soledad, como el cielo, es igual en todas partes del mundo. No hace falta poner un territorio al firmamento, como no es necesario darle ubicuidad a la soledad. De allí que las fotografías no tengan referencias a lugar o fecha.

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Los ángeles de Brito hablan de una soledad sin desahucio. Es la soledad de quien sufre un dolor pero se aferra a una fe, para no sucumbir. De quien enfrenta un momento crucial en su existencia.

Arriba hay un cielo y, al final, eso es lo que importa. Es lo que da la fuerza para no caer, para no paralizarse, para no rendirse. Es la fe, la creencia en un «algo más», lo que se desprende de las imágenes. La certeza de que la respuesta a preguntas y plegarias debe llegar.

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Es un sistema de fe, el de Brito, poco convencional, como su fotografía. Construido a partir de sus inquietudes y necesidades. Es la fe de quien se crió en un pueblo cuya vida circulaba alrededor de «la religión, la locura y la muerte» y cuyos miedos y dudas lo hicieron rechazar la Primera Comunión hasta bien entrada la adultez. De quien logró construirse un sistema de creencias con el que compensó sus vacilaciones ante la religión. Brito se forjó una fe particular, formada y fortalecida con su recorrido vital y espiritual.

Locura, religión y muerte son constantes y recurrentes en el trabajo de Luis Brito. Son el leitmotiv en sus imágenes. Y, en el medio de todo, la belleza. La insaciable búsqueda de la belleza. La sensibilidad del fotógrafo le ha permitido, como se ve en esta serie de ángeles, extraer lo hermoso hasta de los más dolorosos sentimientos y eventos y plasmarlo en imágenes que perturban y conmueven.

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Lindsay Kemp y Luis Brito, dos lenguajes, una esencia

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“Inútil es matar. La muerte prueba que la vida existe.”

Lindsay Kemp

Contó Lindsay kemp alguna vez que, cuando tenía seis o siete años, divertía a los vecinos, subiéndose a la mesa de la cocina, completamente maquillado, a bailar en punta.

Al parecer, el juego de la danza y el maquillaje se sembró en él desde esa tierna edad y no lo abandonó nunca más.  Así nació el personaje “Linsay Kemp” que surge, “Como Sherezade, de la necesidad de contar historias –dijo en una entrevista-. Imagínate, para un niño que ha nacido y pasado su juventud en una ciudad como Liverpool, las historias eran la única forma de sobrevivir y de protegerme a mí mismo. Sin el humor tampoco habría podido sobrevivir”.

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El inquieto, juguetón, imaginativo y creativo niño de Liverpool, creció, se hizo bailarín, mimo, coreógrafo, director, actor, pintor… Nunca dejó de jugar, de experimentar, de buscar una manera propia de expresarse, de conseguir ese lenguaje con el cual hacerse entender más allá de las palabras, que siempre le parecieron escurridizas.

Así lo descubrió Luis Brito, el fotógrafo, a quien también las palabras parecen huirle, se le deshacen en el camino; pero que, con su cámara, logra construir un lenguaje capaz de comunicar, a través de impactantes y dramáticas imágenes, todo el mundo interior de las personas a quienes apunta con su lente, y el suyo propio.

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Las fotografías que Luis le hiciera a Lindsay Kemp en Roma, en 1980, en los camerinos del teatro, captan toda la fuerza expresiva del artista inglés, con su mirada retadora y a la vez seductora.

Las imágenes hablan de un hombre que se transforma, más allá del travestismo o del espectáculo Drag Queen, en un artista que explora, que escudriña en la feminidad. No se ve el hombre que quiere ser mujer, que simula ser mujer; se observa a un artista que quiere sumergirse en el mundo femenino.

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Las fotografías hablan de ese niño de Liverpool que se maquillaba y bailaba para los vecinos, convertido en un artista que, en el fondo, sigue haciendo lo mismo, pero desde la perspectiva de la creación artística y el estudio de la interioridad del ser humano.

De allí, el drama y la belleza de las imágenes de Luis Brito. Con esos contrastes y claroscuros que dan fe tanto de la esencia de Kemp como de la del mismo Brito. Es que, al final, con diferentes lenguajes y maneras de expresarse, ambos artistas –Kemp con su cuerpo y Brito con su cámara–, parecen perseguir los mismos objetivos y estar obsesionados por los mismos motivos: la búsqueda de la belleza, la muerte y la locura… la esencia de la vida. Tal vez por eso las fotografías impactan tanto a quien las observa, porque es evidente que entre el objeto retratado y el fotógrafo hay lazos intangibles pero perfectamente perceptibles.

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La presencia de los espejos en varias de las fotografías contribuye a dar la sensación de drama e irrealidad a la imagen. El espejo parece mostrar la realidad que se esconde detrás del fuerte maquillaje de trazos gruesos y colores intensos, la realidad que minutos más tarde se presentará en el escenario. O tal vez, en esos espejos  quedará escondida la realidad que ya no será, cuando el artista esté en escena.

Son fotografías que hacen que a veces con drama y otras con humor, el espectador se remonte al teatro griego, al antiguo teatro japonés, a esas representaciones antiguas cuando los hombres interpretaban personajes femeninos. No imitaban a las mujeres, las interpretaban.

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Cuando se miran estas fotografías hay que detenerse en la textura de las pieles, en la fuerza del maquillaje, en la intimidad del ambiente, en la fuerza y profundidad de las miradas, en el movimiento de los personajes, en la intensidad del gesto. Es allí, donde está la esencia tanto de Lindsay Kemp como del propio Luis Brito.

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Mirna Chacín, el hedonismo hecho fotografía

"Exuberance" se llama la muestra que la fotógrafa venezolana Mirna Chacín exhibirá en Toronto, Canadá.

«Exuberance» se llama la muestra fotográfica que la venezolana Mirna Chacín exhibirá en Toronto, Canadá.

Un banco dibujado con delicadas líneas negras en medio del plano parece invitar a  sentarse y disfrutar del exuberante espectáculo de la primavera canadiense. Los robustos y floridos árboles regalan su delicada sombra y todo su esplendor. El parque parece haberse quedado vacío solo para uno y, en la esquina inferior derecha de la imagen, una pareja alista a un niño pequeño para regresar a casa luego de un día de sol primaveral y relax.

Esta imagen es la fotografía inicial que constituye un anticipo del placer que se irá descubriendo a medida que se contemple el sublime conjunto de fotografías de la primavera en Canadá, realizadas por la fotógrafa venezolana Mirna Chacín.

Imaginariamente, me arrellano cómodamente en el banco y así comienza el recorrido por ese mundo cargado de naturaleza, disfrute, armonía, belleza y placer que se desprende de cada una de las imágenes captadas por el ojo especial de Mirna.

Si me piden que en una palabra describa lo que es para mí la fotografía de Mirna Chacín, la primera que se me viene a la mente es “hedonismo”.  Placer. Cada imagen es un derroche de placer. Es contemplar una escena de goce, participar de un cuento, de una historia preñada de belleza para el disfrute de quien observa.  Sí, hedonismo en toda la extensión de la palabra, porque al mirar una fotografía hecha por Mirna, uno intuye el regodeo que la fotógrafa siente al momento de hacer el click en la cámara, siente que quienes participan de la escena están teniendo un momento también placentero y todo esto se convierte en un instante de gozo y disfrute para quien contempla, extasiado, la imagen.

Ya ubicado en ese privilegiado lugar, se descubre a una pareja de mujeres que, distraídas, conversan a la orilla de un reservorio de agua, ajenas a esas ramas del sauce llorón que caen como lluvia de estrellas sobre sus cabezas  y alejadas del ajetreo citadino. Dos amigas que parecen haber hecho un alto en el camino para compartir a la orilla del espejo de agua.

Más adelante, un hombre y una mujer disfrutan de un apasionado beso, recostados al tronco de un florido árbol, sin importarles las miradas de quienes contemplan la escena, sentados en sus bancos de reposo, ni el ir y venir de gente que a sus espaldas recorre el boulevard, a la ribera del lago, con alborozo. Absortos en su cariño, están ajenos por completo al grupo de ciclistas que en otra fotografía  se aprestan para arrancar su paseo dominical por el parque, desafiando el fuerte viento que sacude las ramas del sauce llorón bajo el cual se han reunido.

Todo en estas imágenes es placer, es ocio, disfrute del tiempo de esparcimiento, jolgorio. La pupila se regocija con la fotografía de la niña ataviada con su impecable vestido, gorrito de muñeca de porcelana y el pequeño balde de juegos playeros que mira paralizada a los estilizados cisnes en el agua, sin atreverse a importunar a las imponentes aves blancas con sus juegos acuáticos y con el niño que se entretiene lanzando piedras al agua, mientras en el fondo se divisa un velero, tras el amasijo de rocas que parecen hacer una pileta natural para que los más pequeños armen su juerga dentro de las llanas y seguras aguas.

En algunas de las fotografías de Mirna, parece develarse su primera vocación por la arquitectura ,por su manera de componer el cuadro y jugar con las líneas, como en esa imagen playera que resalta en el conjunto por su constante y reiterartiva horizontalidad. En un primer plano se observa una pareja acostada boca abajo con sus cabezas enfrentadas formando una línea horizontal que se repite en la orilla del agua y se reitera más atrás con la hilera de rocas, la línea final del horizonte y las nubes que en formación también horizontal participan en el plano. Una absoluta horizontalidad que se remarca con los pequeños puntos verticales de los veleros al fondo y de algunos bañistas de pie. Una deliciosa imagen de juegos de líneas y contrastes.

Mirna1

Pica en la foto para ir al sitio web de Mirna Chacín y conocer más de su trabajo.

La utilización que hace Mirna del efecto infrarrojo es original y fascinante. Mientras otros fotógrafos como Simon Marsden,  han utilizado la técnica para dar sensación espectral y de  fantasmagoría, o para producir imágenes oníricas, en el caso de la fotógrafa maracucha, el infrarrojo le otorga a la imagen un matiz romántico, bucólico, hace que la composición se torne en una visión sublime de la naturaleza con unos cielos y nubes indescriptibles, realzando las texturas, como en la fotografía en la que el robusto tronco rugoso de un frondoso árbol enmarca el divertido juego de pelota de unos jóvenes. Las blanquísimas nubes al fondo y un velero que navega sobre las tranquilas aguas del lago, completan la armónica composición.

La profundidad de campo en las fotografías de Mirna nunca deja de sorprender. Se distingue con perfección hasta el más pequeño detalle en la distancia, en perfecto balance dentro de la composición. Así mismo, sorprende también la amplitud de sus encuadres que parecieran captar más allá de los márgenes que la visión humana natural pueden permitir. Como en esa deliciosa imagen de parejas que se solazan frente al lago, con el puente a un lado  y el hombre tumbado en la orilla que parece dormitar al calor del sol.

La imagen de un par de cisnes blancos que en la orilla del lago parecen contemplar, extrañados, a una pareja que boga en un bote en medio del lago, hace sonreír. Es hilarante el momento captado. Como si los papeles se hubiesen invertido y quienes, de forma natural debieran ser observados nadando en el agua, pasan a ser los observadores de quienes se supone deberían observar. Es un guiño, un toque de humor, porque reír también es un placer.

Cada imagen de Mirna es una historia para contar. Sus fotografías son crónicas del regocijo cotidiano. En alguna oportunidad leí que si la fotografía logra conmover, producir alguna emoción, es arte. Sin duda, lo que se desprende de cada fotografía de Mirna es arte puro. Uno no puede permanecer impávido ante sus imágenes, pues cada una despierta una emoción en el espectador.

Por momentos, uno no puede dejar de imaginar las poses de la fotógrafa al instante de pulsar el obturador para poder captar esas imágenes casi rasantes. Es una búsqueda incansable por captar la belleza en cada click, llegando a niveles absolutamente poéticos como en «El cometa»,  la imagen de la chica con su bicicleta, sentada en un banco a la orilla del lago, con un único y florido árbol en frente y el cielo con un racimo de nubes blancas al fondo, de las que se desgarra una, como un trazo de pintor. O la del chico solitario, con pinta de cowboy,  sentado bajo la sombra de un robusto árbol, rodeado solo por luces, sombras y primaveral vegetación.

Las dos imágenes que siguen parecen resumir en ellas todo el hedonismo de la fotografía de Mirna Chacín. Son dos escenas absolutamente domingueras, de domingos de primavera o verano al aire libre. Día de picnic, de andar en bici, de pasear con los niños por el parque, de disfrutar del sol tumbados en la playa, de sentir la arena en la piel, de jugar sobre el césped. Días de reunirse en una rueda los amigos, sobre la grama recién crecida, para hacer ejercicios. Un poco de yoga, tal vez…

Y una última fotografía en la que dos botes de remos, uno con una pareja y, el otro más grande,  con todo un equipo de remeros a bordo y su líder de pie, en la embarcación, surcan el agua oscura bajo un imponente cielo con nubes desgarradas como ovillos de algodón en manos de expertas hilanderas. Una imponente imagen en la que se contrasta la serenidad del agua con la fuerza de los hombres y el majestuoso cielo que parece ir contra la dirección de las naves.

Después del exquisito y sublime recorrido visual, me quedo imaginariamente sentado en el banco, con las pupilas cargadas de primavera. Lleno de un exquisito deleite y regocijo en el alma. Agradeciendo tanto disfrute visual y gratificado por la suerte de contar con ese particular ojo de Mirna para mostrarnos, en sus fotografías,  el placer de vivir.

Un placer del que se podrá disfrutar en Toronto, Canadá, del 6 al 31 de julio,  cuando en los muros de la Mimico Centenial Library, se exhiban las imágenes de «Exuberance», fotografías cargadas de floridos paisajes y colmadas del hedonismo, ocio, esparcimiento y contemplación, que la venezolana captó en la primavera de ese país del norte que desde el 2011 la recibió como inmigrante.

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