El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

Día de Mambo y lechona en Bogotá

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“¿Me podría decir dónde queda el Museo de Arte Moderno?” Fue la pregunta a repetir por las calles del centro de Bogotá ese día. Inexplicablemente, no hallábamos una sola persona que nos logrará orientar con certeza hacia dónde debíamos coger. Algunos nos decían que estábamos cerca pero no sabían dónde se ubicaba el Mambo con exactitud.

Un policía, con plena seguridad, nos dijo: “Es ese que está allí”, señalando una casa a mitad de cuadra a la que nos acercamos para descubrir que se trataba de la antigua casa de Manuelita Saenz mambo12y que en la actualidad es el Museo del Traje Típico Colombiano. Una mujer nos mandó para detrás de la Alcaldía y, otra, por los predios del Museo del Oro.

Finalmente, sin saber cómo, nos vimos subiendo los peldaños de ladrillos rojos que nos llevaban a la entrada de un hermoso edificio diseñado por el renombrado arquitecto Rogelio Salmona, quien concibió los amplios espacios en la Calle 24 donde se emplaza actualmente el Museo de Arte Moderno de Bogota, conocido por su siglas con el rítmico nombre de “Mambo”.

mambo6Desde los escalones de entrada, pude distinguir la figura de un vigilante que echaba candado a la reja de entrada sin percatarse de que nos dirigíamos hacia él. En la puerta comencé a dar voces llamando sin que nadie respondiera. ¡No lo podía creer! Después de tanto caminar y dar tumbos, llegamos a la hora que el museo cerraba.

Aferrado a la esperanza de que alguien apareciera, me quedé parado en la puerta, oteando hacia el penunmbroso interior. Una señora con uniforme gris y utensilios de limpieza en las manos, apareció por el lobby. Saludé y le pregunté si el museo abriría en la tarde.

-Hoy no abre. Es lunes y los lunes no abre el museo.

Andrea Cháves del departamento de Curaduría del Mambo.

Andrea Cháves del departamento de Curaduría del Mambo.

Decepcionado, le pregunté si la parte administrativa tampoco laboraba los lunes.

-Necesito hablar con la señora María Elvira Ardila en Curaduría. ¿Podría decirle que la buscan de parte de Luis Brito, de Venezuela?

La diligente señora entró y, a los pocos minutos estaba de vuelta con el vigilante, quien nos abrió la reja y nos dio las señas para llegar a la oficina de Curaduría. “No podremos recorrer el museo pero, por lo menos, podré cumplir con la encomienda del Gusano de averiguar cómo se encontraban los preparativos para la exposición de sus fotografías que próximamente se hará aquí”, pensé mientras bajaba las escaleras y recorría el pasillo hacia la oficina indicada.

María Elvira no se encontraba. Un inconveniente familiar la había obligado a ausentarse de su mambo5oficina. Sin embargo, nos recibió Andrea Chaves, su atenta asistente quien nos puso al tanto de lo que requeríamos.

-La muestra del maestro está programada para abrir a partir del ocho de noviembre en la sala 4. Todo el cuarto piso será para las fotografías de Luis Brito y en esa misma fecha se montará la exhibición de la colección permanente del Mambo que llama mucho público.

Andrea nos daba la información al tiempo que no guiaba hacia las salas del museo enseñándonos mambo2los diferentes espacios de la institución.

-Ya las fotografías están todas montadas con un mismo marco. Las de los ángeles y las de las muñecas de Reverón. Solo esperamos por la respuesta del maestro para estar seguros. La muestra se monta en noviembre y se desmonta en enero.

Intercambiamos teléfonos y correos y Andrea regresó a atender sus labores dejándonos a nosotros para recorrer el museo y ver las exhibiciones de ese momento.

Es una sensación extraña la de recorrer un museo con las luces de las salas apagadas, mientras una señora realiza las labores de limpieza y los espacios que en un día normal estarían iluminados, con guardasalas y gente visitando, bañados solo por la luz natural que entra por las ventanas y una que otra bombilla eléctrica. Extraña, pero interesante. Un museo para mí solo.

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En el cuarto piso, en el espacio donde a partir del ocho de noviembre estarán las fotos de Luis Brito, el fotógrafo venezolano Premio Nacional de Fotografía, se encontraba exhibida una interesante muestra de Elsa Zambrano llamada “Museo imaginario en el museo” y que consistía en una exhibición de piezas hechas a partir imágenes icónicas de obras de arte universales, réplicas en miniatura adquiridas en las tiendas de los museos, o postales compradas en esas tiendas por la artista en sus recorridos por los museos del mundo y dispuestas en pequeñas cajas de madera, reinterpretando lo que es el arte y su comercialización en el mundo actual. Allí estaban reproducciones de La Mona Lisa, de piezas de Warhol, de Vermeer, de Velasquez… Pequeñas piezasmambo13 que Elsa fue coleccionando y con las que se construyó su pequeño museo imaginario que le permite reflexionar sobre el arte y su comercialización a la vez de aproximarse al arte universal desde una mirada particular.

Las otras salas del Mambo estaban llenas de la magia y el color de las piezas de gran formato del artista Carlos Jacanamijoy. 70 obras creadas entre 1992 y 2013 y que constituyen la retrospectiva “Magia, memoria y color” del artista indígena, descendiente de los quechuas y perteneciente a la etnia Inga del Putumayo.mambo7

Son pinturas expresionistas que nada tienen que ver con arte indigenista, hechas en grandes formatos al óleo en las que el artista toma algunos aspectos de su historia y cultura y los reinterpreta en composiciones oníricas cargadas de simbolismo y significación.

En la retrospectiva del Mambo uno puede hacer un interesente recorrido por la historia del proceso creador de Jacanamijoy, reconociendo su crecimiento como artista hasta llegar a su definido estilo expresionista actual. En los cuadros se mezcla la naturaleza con lo que parecen ser símbolos religiosos o supersticiosos de la etnia a la que pertenece el artista, en una interesante mezcla de mambo8color y luz. Las figuras parecen plantas, insectos, animales, se mezclan como en un sueño desplegado en un inmenso lienzo cargado de imaginación y simbolismo.

En una área de la exhibición de Jacabamijoy encontramos una instlación conformada por lo que a primera vista parecen insectos o arácnidos, pero que se trata de semillas de cacao hechas en metal y dispuestas como una especie de comuna de hormigas. Mientras en algunas paredes, como denuncias contra la discriminación, unos pizarrones negros con órganos humanos en alto relieve y mensajes escritos con tiza blanca, son expresión de un discurso de igualdad y respeto a la diversidad y a la diferencia.

A la salida del museo, pudimos ver, aunque estaba cerrada, la tienda del museo con interesantes piezas de arte, souvenirs y algunas prendas de vestir en cuyos estampados se podían apreciar losmambo15 motivos y dibujos del artista colombiano, originario de los Inga del Putumayo, Carlos Jacanamijoy, quien reside en Nueva York pero retorna a sus orígenes cada cierto tiempo donde parece nutrirse con el inagotable caudal de creatividad que le ofrecen su etnia y su tierra natal.

El resto de esa tarde de lunes, agradecidos por la atención de la gente del Mambo, lo pasamos recorriendo el centro, en tiendas para comprar recuerdos. Disfrutando de las vistas cálidas y coloridas que el atardecer le otorga a las viejas y bien conservadas fachadas de la ciudad y de la diversidad de gente que recorre sus calles y puestos de bogota8mercado sin que nadie se meta con nadie. En los alrededores de la Plaza de Bolívar se llevaba a cabo el ensayo de lo que al día siguiente sería la transmisión de mando del gobierno capitalino. Allí paramos un rato para ver las diversas fuerzas policiales en formación y hacer fotos.

Recordé que no quería dejar Bogotá sin probar la lechona rellena. Así que nos pusimos a investigar con los paseantes y tenderos dónde podríamos degustar ese plato.

-Las lechonas más ricas están en la avenida Caracas. Por aquí en el centro hay muy pocos lugares, bogota10pero allá tendrán para escoger.

Nos dijo un chico que atendía un locutorio al que entramos para consultar cómo estaba el tema de los dólares Cadivi en nuestras tarjetas y tratar de organizar económicamente las pocas horas que nos quedaban en Colombia.

Pues sí la cosa es en la Caracas, hacia la Caracas vamos. Al rato nos encontrábamos en el atestado transmilenio de la hora pico, rumbo a las coordenadas que nos mambo18dieron.

Al salir de la estación, desde lejos se podían distinguir los pequeños puestos, uno tras otro, de ventas de lechona rellena. Dos cuadras en las que solo se consigue el rico cerdo horneado. En el horizonte se veía el cerro La Loma, lleno de ranchos que me recordaron los cerros caraqueños, bañado con una hermosa luz entre rosa, naranja y lila del atardecer.

Al empezar a recorrer el lugar, comenzaron a ofrecernos tenedores de plástico atapuzados de mambo17relleno de lechona para probar. En cada uno de los puestos nos dieron su preparación pudiendo verificar que, como el ajiaco, cada familia tiene su propia forma de prepararlo y su sabor y sazón particular.

Al terminar la especie de cata, no hallábamos por cual decidirnos. Una simpática señora ya casi al final del recorrido, con coquetería y zalamerías trataba de conquistarnos para que optáramos por su lechona.

Fue ella quien me dijo que en el cerro La Loma que está frente a la zona de las lechonas, no entra nadie que no sea de allí. Es un lugar peligroso.

-Allí hay una iglesia muy linda a donde, lamentablemente, no podemos ir. En ese matorral que se ve allí, en toda esa zona verde, cada nada aparecen cadáveres. Ayer, consiguieron uno que tenía

Lechonerías de la Avenida Caracas

Lechonerías de la Avenida Caracas

días muerto, envuelto en vendas como una momia. Son indigentes y drogadictos que los matan en otros sitios y los depositan allí.

Ni las historias ni la zalamería de la cocinera nos convencieron de comer allí la lechona, a pesar de tener buen sabor. Nos decantamos por un puesto unos 3 locales más allá, cuyo sabor y textura nos había gustado más y cuya piel estaba más seca y tostada.

A primera vista la cosa impresiona. Ver esos cerditos dorados por las doce horas de horno que llevan, con sus hocicos como sonrientes y algunos incluso

María Edith Pinzones, lechonera de tradición.

María Edith Pinzones, lechonera de tradición.

adornados con lazos en las tostadas orejas, es una visión que un vegetariano o activista de derechos de los animales no podría tolerar sin lanzar piedras de protesta. Pero a quienes somos carnívoros y tragones, la impresión se nos pasa al degustar el rico sabor de la carne tierna del léchón, sazonada con especias, guisantes y horas de cocción.

El puesto que escogimos era el de María Edith Pinzón Licht, una mujer que heredó el negocio y la sazón de sus padres y éstos a su vez de los suyos. Es un negocio de tradición familiar y María Edith lo atiende con orgullo y cariño. Pedimos la ración más pequeña para cada uno. La que costaba 5 mil pesos acompañada de arepas. De tomar, una gaseosa colombiana. La cocinera nos mimaba y contaba su historia.

-En realidad, lo que a nosotros más nos interesa, es que nos contraten lechonas para fistas y cerdaeventos. El puesto sirve para el diario y para que la gente pruebe nuestro producto, pero el grueso del negocio está en que nos contraten lechonas de 400 raciones o más -Nos explicó-.

María Edith nos confirmó la historia que la otra lechonera nos dijera sobre los cadáveres que aparecían en La Loma:

-Sí. Son indigentes por lo general, delincuentes y drogadictos que azotan algunos lugares y a los que mandan a eliminar los vecinos de las zonas. Es una “limpieza” por encargo.

Es de esas historias que aparecen a diario en las páginas rojas de lo periódicos y que siembran en muchos el conflicto moral entre los derechos humanos de esas personas víctimas de “la limpieza”, y el derecho a la vida y seguridad de unas 50 o más personas que posiblemente perezcan víctimas de esos delincuentes linchados. ¡No es fácil!

Para pasar un poco el mal trago de la conversa, María Edith apareció con sus manos a la espalda, escondiendo algo, y nos dijo:

-Le voy a hacer un regalo. Pero lo voy a rifar. Me van a decir un número del 1 al 5 y quien acierte se lobogota12 gana. Lo voy a anotar aquí para que no crean que hay trampa.

-El tres -Dijo Cristian inmediatamente y, sorprendida, María Edith nos mostró que efectivamente ese era el número ganador. El premio: una linda cochinita rosada de barro, una alcancía de largas y coquetas pestañas pintadas.

Al despedirnos de María Edith, volví a dar una mirada a la lechona en su bandeja y no pude evitar imaginar los ojos brillantes de Luis Brito, el querido fotógrafo, fanático de los chicharrones y patas de cochino, dando brincos de lechonería en lechonería, emocionado como niño en una juguetería. La calle 26 de la avenida Caracas de Bogotá será, sin duda, una visita obligada para el Gusano cuando en noviembre vaya a la inauguración de su muestra en el Mambo.

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4 pensamientos en “Día de Mambo y lechona en Bogotá

  1. Margarita Liscano en dijo:

    Interesante la visita a Bogota, de tu mano uno va descubriendo sitios y lugares que quizás no sucedería en visitas turisticas comunes; coinsidir lo del MAMBO y las LECHONAS, no es mera casualidad, es la relación inspirada por un adicto a estos bonachones cuadrupedos que son el deleite del maestro y próximo expositos del MAMBO, el querido Luis Brito, a quien desde ahora le deseamos los mayores éxitos….Golcar, nos debes otro relato, sobre la mujer que tiene algo que ver con los extraterrestes…

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  2. labea en dijo:

    ¿Por qué lechonas y no lechones? ¿Será que saben mejor? je je.

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  3. Lala de Balestrini en dijo:

    Bello el relato, al menos pudieron conocer el museo por dentro gracias a que le iban a hacer la diligencia “al gusano”, Luis Brito fue la llave que les abriò esa puerta, porque sino a lo mejor se hubieran tenido que venir sin entrar, menos mal que para todo sirven los amigos hasta para abrir las puertas mas cerradas, y tambièn que bien que dieron con esa señora tan simpàtica que vende lechona y le regalò a Cristian la lechoncita de barro un recuerdo bien bonito del viaje, disfrutè el viaje con ustedes me encantaron los post y no se si de repente todavìa quede alguno en el tintero, aqui lo espero.

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