El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

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Cumplir 17 en el mundito de Nicolás

cumpleaños

El título podría prestarse para un tierno cuento infantil y el fuego de la foto podría confundirse con una de esas velas tipo fuegos artificiales que se usan ahora en las tortas de cumpleaños. Pero no, el cuento, si no fuera por lo hilarante de lo vivido, sería un cuento de terror y depresión, y el fuego de la imagen es el de una barricada.

Fuimos a llevarle su regalo de cumpleaños a mi sobrina Silvana. No había fiesta. Sólo queríamos llevarle un detallito y darle el beso y el abrazo que corresponde. Que, como dicen las viejas, ¡diecisiete no se cumplen todos los días! y cuando algún ser querido cumple esa edad, paso yo el día como Violeta Parra, queriendo “Volver a los 17”.

Volver a los diecisiete después de vivir un siglo
es como descifrar signos sin ser sabio competente
volver a ser de repente tan frágil como un segundo
volver a sentir profundo como un nino frente a Dios,
eso es lo que siento yo en este instante fecundo

Pues bien. Llegamos pasadas las seis de la tarde. Nos sentamos a la mesa del comedor y Katyana, la mamá de la cumpleañera, saca focaccia, pan de avena y cremas de ricota con yogourt, de caraota y vegetales y de ajonjolí con parchita. Todo rico y hecho por ella, excepto las galletitas de cazabe, que aunque están ricas y tostaditas, no fueron hechas en casa.

Chismes van y chismes vienen. Cuando nos reunimos no queda títere con cabeza y no se nos salva ni la familia. A todos les hacemos traje.

A las 7 y 15 de la noche, de un solo golpe y sin previo aviso, se apagan las luces. No, no vamos a cantar el cumpleaños feliz. Es un apagón. Bueno, no un apagón. Simplemente, el momento en que se inicia el racionamiento eléctrico que al régimen venezolano no le gusta que llamemos racionamiento y por eso nunca se sabe en qué momento sucederá pero sí se sabe que durará dos horas.

Es la segunda vez que estando a más de 10 pisos de altura, de visita en esta casa, nos cortan la luz de golpe y porrazo. Menos mal que la compañía es amena y, al encender las linternas y habituarnos a la penumbra, la conversa continúa sin mayor trauma que el arrecherón del momento.

Se va enredando enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay si, si, si

En medio de lo mejor de un chisme, se empiezan a oír gritos que vienen de abajo. De la calle.

Algunas detonaciones, y más gritos.

Nos asomamos al balcón y vemos en la oscuridad de la noche como una candelita empieza a arder en la esquina de la derecha. No se distingue lo que gritan pero a los pocos minutos ya se ven llamaradas y se empieza a levantar una espesa columna de humo negro. Están quemando cauchos. El olor se siente cuando sopla el viento.

Mi paso retrocedido, cuando el de ustedes avanza
el arco de las alianzas ha penetrado en mi nido
con todo su colorido se ha paseado por mis venas
y hasta la dura cadena con que nos ata el destino
es como un día bendecido que alumbra mi alma serena

Las llamaradas permiten distinguir algunas personas que se mueven alrededor del fuego como en un baile tribal, al tiempo que gritan ininteligibles consignas y le arriman al fuego bolsas de basura y escombros.

Llegan unos efectivos policiales a poner orden. En pocos minutos hay cinco patrullas con luces encendidas y un grupo de efectivos policiales caminan erráticamente por la calle. Se acercan a la esquina donde arde el fuego. Se repliegan. Vuelven a avanzar. Las llamaradas han crecido pero no se ven señas de los muchachos por ningún lado.

Cuando los policías han bajado la guardia. Los revoltosos le echan más combustible y basura al fuego. Los efectivos -palabra irónica para referirse a estos que vemos- desenfundan sus armas y empiezan a avanzar hacia donde se encuentran quienes protestan, disparando de frente. No disparan al aire. Los degenerados, a dos cauchos quemados, responden con balas. “¡Desgraciados!”, grito desde mis entrañas. No me pude contener. Es que lo tenía atragantado en el güergüero desde el mismo momento en que vi llegar a los uniformados.

Los alborotados lanzan piedras a los policías y los hacen retroceder. No sé con qué lanzan las piedras pero cubren hasta una cuadra de distancia. Los policías atraviesan una patrulla para trancar el paso de los carros. La vuelven a quitar. La vuelven a atravesar. Caminan unos pasos hacia adelante con los revólveres en mano. Echan de nuevo hacia atrás. Parecen un regimiento de Sargentos García. Dan risa. Desde la altura donde me encuentro veo que se iluminan las pantallas de sus teléfonos que usan para comunicarse entre ellos y con el comando, supongo.

Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber,
ni el mas claro proceder ni el mas ancho pensamiento
todo lo cambia el momento colmado condescendiente,
nos aleja dulcemente de rencores y violencias
solo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes

Los chicos lanzan una piedra que llega desde su esquina a la esquina donde está atravesada la patrulla y golpea al vehículo policial en un costado.

“¡Vayan a buscar malandros!”. Grito. Es que no me puedo contener.

Un camión de la basura aparece en escena. ¡Caramba, cuánta basura que hay por toda la ciudad sin que se dignen a recogerla y para esto sí hay camiones y personal!

El camión se acerca a la fogata escoltado por algunos policías. Avanza. Retrocede. Vuelve hacia adelante. Recogen algunos escombros pero no tienen ni una botellita de agua mineral para echarle a los cauchos que arden. No hallan como enfrentar las llamaradas. Desisten y se van. Los muchachos no se ven por todo eso.

El amor es torbellino de pureza original
hasta el feroz animal susurra su dulce trino,
retiene a los peregrinos, libera a los prisioneros,
el amor con sus esmeros, al viejo lo vuelve niño
y al malo solo el canino lo vuelve puro y sincero

El fuego comienza a extinguirse. La oscuridad se hace más espesa. Suenan de nuevo piedras hacia los policías y estos corren a esconderse. “¡Cuidado con los tacones!”, grito desde las alturas.

-¡Mal culeaos!

-¡Paridos por el culo!

-¡Sapolicías!

-¡Vayan a hacer cola!

Se oyen los gritos de los alborotados en la oscuridad. Escucho el ruido del camión de la basura que vuelve a hacer acto de presencia. “Pásale por encima”, le dice al conductor un policía. El camión obedece y pasa por encima de las pocas llamas que quedan.

De par en par la ventana se abrió como por encanto
entró el amor con su manto como una tibia mañana
y al son de su bella diana hizo brotar el jazmín,
volando cual serafín al cielo le puso aretes
y mis años en diecisiete los convirtió el querubín

El camión pasa, apaga el fuego al pisarlo y sigue de largo. En la penumbra vemos como los muchachos aparecen como por arte de magia y en cuestión de segundos, ya el fuego arde de nuevo con mayor intensidad que antes.

Los policías, como en un gag de película muda, avanzan, retroceden, disparan hacia donde suponen que están los muchachos, se esconden, tratan de dirigir el tráfico pero ni para eso sirven. Baten los brazos al aire como Locomía con sus abanicos para indicarles a los conductores que retrocedan pero nadie entiende las señas. No se atreven a atravesar de nuevo la patrulla para trancar el paso por miedo a las piedras…

A las 9:15 PM. dos horas después de que se fueron las luces. Vuelve a reinar la claridad. En la esquina, el fuego arde. En la otra esquina siguen los desorientados policías del comando del Zorro.

-¡Ya se pueden ir, malparíos, que ya nos vamos nosotros! Gritan los muchachos y no se ven más. Los policías siguen allí. Medio perdidos.

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el mus guito en la piedra
como el mus guito en la piedra, ay si, si, si...

Días de sacrificios… #SOSVenezuelaEnDictadura

Foto tomada del Twitter de Linda Suárez @linda0863

Foto tomada del Twitter de Linda Suárez @linda0863

Hoy quiero compartirles un cuento. Bueno, más que un cuento es una anécdota de la que que tal vez muchos podrán extraer alguna moraleja o sentirse identificados. No daré señas particulares, nombres de personas ni lugares en específico porque en tiempos de persecuciones y sapeos, de desvanecimiento del Estado de Derecho, es mejor no dar datos que marquen lugares o personas. Y, seguro estoy, que en todas, las partes de revueltas del país debe estar sucediendo lo mismo.

Aconteció en uno de estos convulsionados días que vive Venezuela desde el 12 de febrero, en algún lugar de esta atribulada y entristecida patria que todos los días llora la pérdida de un hijo, un hermano, un amigo. Seres queridos que caen en la refriega, en la lucha por lo que creen y por lo que aspiran.

Pasó en alguna de las tantas ciudades que se encuentran marcadas como zonas de fuego. Una de esas áreas en las que la gente por cansancio se termina durmiendo luego del ¡pump! de la última explosión de la madrugada y se despierta con la primera detonación antes del amanecer.

La gente de una comunidad se congregó para discutir acerca de si debían pedir la remoción de las barricadas aledañas a sus residencias y quitar el apoyo a los estudiantes que se mantenían en pie de lucha en esos edificios. La reunión se llevó a cabo a petición de algunos vecinos oficialistas que insistían en que debían restituir el libre tránsito por la zona y volver a la paz comunitaria.

La asistencia fue multitudinaria. Entre otros alegatos, los oficialistas sostenían que una bala (nunca mencionaron que era una bala que provenía de la GNB) había entrado por una ventana y había pasado a centímetros de la cuna donde se encontraba durmiendo el nieto de una vecina.

Ante esa aseveración, la vecina en cuestión se levantó y dijo:

-Es verdad. Mi apartamento resultó con los vidrios rotos y la bala pasó rozando la cuna de mi hijo, no de mi nieto. Pero yo no estoy de acuerdo con que vayamos a desalojar la protesta. Yo sigo apoyando a esos muchachos y si, Dios no quiera, la bala hubiera alcanzado a mi hijo, igual los seguiría apoyando porque ellos luchan por sus ideales y por su libertad.

Al final, la discusión se dirimió como se dirimen las cosas en democracia. Hubo votación de los vecinos y ganó por apabullante mayoría el apoyo a los jóvenes en protesta. Los oficialistas se fueron con sus manipulaciones y rabos entre las piernas.

Poco después de lo sucedido, una amiga me contó que una amiga de ella que vive en ese conjunto residencial de esa ciudad del país, y quien supuestamente es de oposición, le dijo que iba a convocar una reunión con los vecinos porque su apartamento estaba sufriendo con los enfrentamientos, las residencias se estaban deteriorando y ese apartamento es su único patrimonio, con lo único que cuenta ahora que está jubilada.

-Además, esos tipos que están allí protestando no son de las residencias. Son una cuerda de malandros que se han metido allí y yo voy a hacer que los saquen-. Dijo.

Inmediatamente llamé a gente que vive es esas residencias y consulté acerca de quiénes son los muchachos que mantienen la protesta allí y me confirmaron lo que sospechaba. Son estudiantes que viven en los edificios y solo en los momentos en que la policía, la GNB y los malandros de los colectivos, los atacan reciben refuerzos de jóvenes de las urbanizaciones vecinas para enfrentarlos.

Es evidente que una comunidad no iba a votar masivamente a favor de mantener una protesta en sus residencias de unos desconocidos. La protesta se mantiene allí y la comunidad continúa apoyando a los muchachos.

Días después de estos hechos, vi un video en el que el comunicador Chúo Torrealba, de Radar de los barrios, hablaba acerca de las barricadas y de las protestas que se han desarrollado en Venezuela y comentaba que una chica le había dicho que ella estaba dispuesta a “dar su vida en la lucha”.

Todo es cuestión de valores y prioridades. Todo es cuestión de hasta dónde está cada uno dispuesto a perder o a sacrificar en una lucha por sus ideales, por la justicia o por la libertad.

Unos, como la madre mencionada, defienden a costa de la vida de sus propios hijos la lucha. Otros, están dispuestos a perder la suya en la conquista de la democracia y la libertad. Son muchos los ejemplos: Bassil, Roberto, Génesis, Alejandro, Jimmy, Geraldine, Danny, Wilfredo…  son algunos de los nombres de quienes ofrendaron sus vidas en esta desigual batalla.

Otros arriesgan su libertad, son detenidos, torturados, perseguidos.

Pero algunos, a pesar de querer un cambio en el sistema político y de gobierno en Venezuela, se preocupan por el parqué de sus viviendas, por los vidrios de las ventanas de sus casas, por la incomodidad de no poder pasar por una calle trancada, por el incordio de una barricada frente a sus casas, por las pérdidas de sus negocios que se ven obligados a cerrar, porque sus viviendas se devalúan con los destrozos ocasionados por los enfrentamientos…

Todo es cuestión de prioridades, escalas de sacrificios, de cuánto está cada quien dispuesto a perder en la lucha. Del valor que le damos a esa lucha. Mientras algunos piensan en que la protesta debe terminar porque temen perder el vidrio de su carro, a otros se les va la vida en la pelea. Mientras unos dan su vida por la libertad, otros quieren que todo acabe y que vuelva la paz.

Pero, la paz puede tener un alto precio. A veces, se paga con libertad. Cuba, no hay duda, vive en “paz”.

Barricada nacional por decreto

Foto encontrada en Twitter del 27 de febrero de 2014, inicio del "carnaval bolivariano".

Foto encontrada en Twitter del 27 de febrero de 2014, inicio del “carnaval bolivariano”.

Hay en Venezuela una especie de “lógica” castro-socialista-comunista para actuar y responder en diferentes circunstancias que se nos hace difícil de entender a quienes estamos dentro del país y casi absolutamente imposible de explicar a quienes allende las fronteras nos consultan. Supongo que es algo así como la interpretación criolla y chapucera de la dialéctica marxista.

Más de 15 días tiene el país a media máquina por las protestas que se han desatado en las más importantes ciudades del país. La calle fue el camino a tomar por los estudiantes y ciudadanos para elevar su voz en contra de la insostenible situación de escasez de productos básicos de alimentación, aseo personal y medicamentos, contra la grave inseguridad que nos azota y diezma,  contra la hiperinflación que hace que los precios de los productos se dupliquen en menos de 15 días, contra el estancamiento económico en general.

La solución del régimen ante estas protestas ha sido una brutal represión que ha hecho que quienes manifiestan se sientan más agredidos y refuercen sus acciones. Es como si en su chapucera interpretación de la dialéctica marxista, el régimen haya concluido que la mejor manera de apagar un incendio es rociándolo con gasolina –perdón por hablar de este barricadacombustible que precisamente ha significado desde hace unos cuantos años una tortura para los habitantes del Táchira donde las protestas han sido más constantes y sostenidas­­–.

En esa misma tónica chapucera. El régimen convoca a “una mesa de diálogo por la paz” a algo parecido, que al final resultó un lamentable show mediático que no logró convencer a nadie. Un espectáculo televisado en el cual el único que tuvo un discursos serio, coherente y contundente fue el empresario Lorenzo Mendoza, dueño de una de las pocas empresas productoras de alimentos que aún permanecen en pie y producen a su máxima capacidad a pesar del acoso del régimen. Lo demás fue circo, un circo que cerró con broche de oro el representante de los medios de comunicación en esa reunión, Carlos Bardasano, de Venevisión, que se limitó a decir “Ya todos dijeron lo que había que decir, así que buenas noches”, palabras más palabras menos. Solo le faltó la coletilla final: “Y compren en CADA”.

En fin, que mientras se desarrollaba el show del diálogo en las televisoras, mucha gente en diferentes regiones del país no pudo escuchar su contenido porque el ruido de los disparos de la GNB y de los colectivos de “paz”, las detonaciones de bombas lacrimógenas lanzadas en zonas residenciales y los gritos de los manifestantes pacíficos que estaban siendo atacados, no permitía escuchar el audio que salía de los monitores de televisión. Sin duda, una manera “dialéctica” criolla de practicar y hablar de paz.

Dentro de esa chapucería de la dialéctica criolla, se podrían enmarcar dos anécdotas escuchadas recientemente:

Una contada por un amigo que vive en el municipio San Francisco del Zulia. Al consultarle si allí no habían hecho guarimba los estudiantes, me dijo con una media sonrisa, más mueca que sonrisa en realidad:

-Allá un grupo intentó el primer día protestar pero inmediatamente llegaron los motorizados del alcalde a amenazarlos y como todo el mundo sabe de lo que son capaces el alcalde y sus patotas, pues se fueron a sus casas y lo dejaron así. En San Francisco no está pasando nada.

La otra, contada por una cliente:

-Nosotros en mi edificio hemos montado barricadas todos los días. Los muchachos trancan la calle con basura y escombros y algunas madres los acompañamos y apoyamos. Pero anoche, cuando ya teníamos montada la tranca, los muchachos sacaron sus pinturas para pintar en el pavimento consignas. Cuando estábamos en eso, se acercó un carro todo destartalado y los tipos mal encarados empezaron a amenazarnos. Corrimos hacia dentro del edificio y ellos nos gritaban “¡Vengan, marditos guarimberos, vengan pa’coñacearlos”. El susto fue grande. Cuando se fueron, yo les decía a los chicos que mejor nos fuéramos ya a dormir porque esos tipos iban a volver. Pero ellos insistieron en que iban a terminar la pintura. Al poco tiempo, escuché el ruido de las motos que se aproximaban. Venía el carro destartalado, acompañado de encampuchados en motos y escoltados por policías. Tuvimos que escondernos en el cuarto del bajante de la basura hasta que se fueron. Ya no sé si seguiremos guarimbeando.

Así ha sido en todo el país. La protesta pacífica cuando no es agredida brutalmente por la Policía Nacional, sufre violentas arremetidas de colectivos armados, generalmente, escoltados por cuerpos policiales.

Pero nada de eso, ha sido éxitoso para replegar a los manifestantes. Las barricadas las siguen montando, las calles las siguen trancando. Unas veces con más éxito como el lunes 24 cuandobarricada1 se realizó el gran trancazo nacional que en verdad paralizó una gran parte del país, al punto de parecer un domingo por la soledad en las calles y avenidas y los comercios cerrados, y otras con menos, pero sin llegar a la completa normalidad.

El país tiene más de dos semanas andando a media máquina. Los comercios abren a medias y cierran antes de la hora acostumbrada. La gente llega tarde a sus trabajos, el tráfico aunque en menor cantidad se hace más dificultoso por los accesos cerrados por las guarimbas. Parece que esto puso cabezón al régimen. No le hace mucha gracia a los jerarcas que las protestas luzcan como exitosas y que logren paralizar las ciudades, aunque sea a medias.

Entonces, en un alarde de ingenio de la dialéctica chapucera, para evitar que las barricadas de las protestas paralicen el país, el jerarca del régimen decide que mejor lo paraliza él. Tras un sesudo análisis, supongo, consiguió la solución para evitar la paralización del país por las protestas, hizo una especie de barricada nacional por decreto, le agregó dos días más al carnaval y decidió que el jueves 27 y el viernes 28 serían días festivos y no laborables.

Así, de golpe y porrazo, los venezolanos nos conseguimos con las calles desoladas, los comercios cerrados, las empresas improductivas. Un país con la grave situación económica que atraviesa Venezuela, pierde dos días productivos porque el régimen lo decide así. Pero, no conforme con esto. Como parece ser que el régimen quiere una generación bruta y sumisa, no conforme con quitar dos días mencionados a los centros de educación, ahora decide que durante no sé cuantos días de marzo los muchachos desde pre escolar hasta los universitarios, tampoco tendrán clases. ¿Qué país puede echar hacia adelante y salir de una crisis así? ¿Seguirá el régimen decretando asuetos hasta unir carnaval con Semana Santa? ¿Se tendrá algo de tiempo productivo y de educación antes de que lleguen las vacaciones de agosto?

Lo peor de todo este cuento es que la gran barricada por decreto del régimen, efectivamente, logró paralizar al país tanto o más exitosamente que las guarimbas. El 27 fue tan desolado como el #24F día del trancazo. Las barricadas en algunas calles lucían como verdaderas manifestaciones de arte urbano trancando las vías. Los dos días de asueto no hicieron que las protestas cesaran y tampoco que cesaran la represión y la violencia del régimen contra esas protestas. Caracas, Táchira, Mérida, Maracaibo, pueden dar fe de esto último durante el transcurso del jueves 27 de febrero, primer día del “carnaval bolivariano” 2014 en la Venezuela socialista.

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