El blog de Golcar

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Museo de Arte Nacional y “Crimen y castigo”

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Una mañana de mis días en Bogotá, salí a la calle decidido a encontrar el Museo de Arte Moderno para cumplir con un encargo que me hiciera el amigo Luis Brito.

El viaje estaba por terminar y entre una cosa y otra, no había podido hacer la diligencia encomendada. Ese día, autoengañándome, dije: “Hoy voy directo al Mambo”, un lugar que, además, parecía que jugaba al gato y al ratón conmigo pues -cosa rara porque en Bogotá normalmente me ubicaban bien al preguntar-, cada persona a la que consultaba el paradero del museo, me mandaba a una coordenada diferente.

Por la calle, a la altura de la torre Colpatria, el edificio más alto de Bogotá y que de noche tiene un impresionante juego de iluminación,IMG-20130927-13359 tropecé con un policía a quién le pregunté si sabía la dirección. No supo decirme y, quien iba a su lado, al parecer por su uniforme de gala, un militar, terció diciendo:

-El de Arte Moderno no sé dónde está, pero si le interesan los museos, aquí cerca está el Museo Nacional que es muy interesante. Vaya que le gustará lo que encontrará allí.

Sorprendido por la amabilidad del militar y agradeciendo su sugerencia, pensé: «Bueno, pues ya que estamos cerca, ¿por qué no aprovechar?». Posponiendo, una vez más el mandado de Brito, enfilé camino al Museo Arte Nacional.

Tenía razón el uniformado. El museo no solo es interesante, sino que es una visita obligada para conocer tanto de arte colombiano como de historia de Colombia. Es un sitio para visitarlo con calma y concienzudamente, con más tiempo IMG-20130927-13531del que yo disponía, sin duda, para poder captar el gran volumen de información que posee.

En una de las salas bajas había una exhibición de “Dioses, mitos y religión de la antigua Grecia” que recién acababan de inaugurar y en otra sala, con motivo de esa muestra, varias instalaciones interactivas con motivos griegos. Allí, sobre arena, escribí mi mensaje a Hermes manifestando el IMG-20130927-13380deseo de volver algún día a Bogotá.

Un grupo de escolares rodeando una piedra en mitad del pasillo de entrada me hizo parar a escuchar lo que les decía la guía. Se trataba de un meteorito caído en Colombia y que constituye la primera pieza adquirida por el Museo de Arte Nacional. A partir de allí comienza un profundo recorrido que merece ser re-visitado para conocer con detalle la historia de Colombia.

Entre las muchas piezas interesantes que tiene el museo, un cuadro me llamó la atención. Es una pintura de Botero en la que apenas se adivinan los trazos que más tarde definirían su estilo artístico y que, de no ser por la ficha técnica, muchos no se enterarían que es de él.

IMG-20130927-13376Casí tres horas en el Museo de Arte Nacional, resultaron pocas. Ya estábamos cerca de la hora cuando debíamos buscar a mi sobrina en el hotel y la última sala debimos verla apurados.

De nada nos sirvió el apuro. No hubo manera de llegar a tiempo. Más de una hora dando tumbos por La Candelaria para ubicar el Hostel en el que se hospedaba y no dábamos con el lugar. Hasta un locutorio fuimos a dar para buscarlo en Google Maps y el sitio parecía no existir. Luego de mucho patear y preguntar, muertos de hambre, por fin, conseguimos la bendita pensión “Chocolate”, una bonita y bien atendida casa, a precios solidarios. Recomendable para quienes no buscan lujos en un hospedaje y quieren estar bien ubicados.

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Un cuadro de Fernando Botero en el Museo de Arte Nacional

Como el hambre apretaba, decidimos comer por allí mismo, en La Candelaria, en el primer sitio que se nos atravesara. Entramos a un lugar de crepes del que salimos porque, primero, no mostraron la más mínima disposición para ayudarnos a conseguir un enchufe en donde pudiéramos poner a cargar las casi fenecidas baterías de los teléfonos (inconcebible, un restaurante en estos días que no le ofrezca ese servicio al turista), y, segundo y más importante, no aceptaban tarjeta.

Muy cerca del lugar de las crepes, había un restaurante de carnes estilo cadena americana llamado Toro Burguer y decidimos probar suerte. Encontramos los ansiados toma corrientes y tenían punto para tarjetas de crédito. ¡Ese era el lugar!

La atención fue bastante deficiente pero comimos un rico lomo de cerdo grillé, dorado por fuera y jugoso por dentro, acompañado de papitas criollas y arepitas. Realmente delicioso. De postre una rica torta de chocolate para compartir.

Luego de comer, paseamos un rato por La Candelaria mientras hacíamos tiempo para la hora de la función de teatro, por allí mismo. La Candelaria siempre resulta una buena opción para pasar el tiempo pues en cada esquina lo sorprende a uno con alguna actividad callejera, música, danza, o es divertido observar el ir y venir de gente a toda hora.

La sede del Teatro Libre de Bogotá es una hermosa, vieja y bien conservada casa de la zona, con un ameno café bar en lo que en su tiempo fue el patio central.

IMG-20130927-13426El lugar fue acondicionado para funcionar como escuela de teatro y, al fondo, adaptaron un espacio con un aforo de 250 butacas y un escenario para las representaciones teatrales. La obra era “Crimen y castigo”, una adaptación de la célebre novela sicológica de Dostoievski, hecha por Ricardo Camacho, quien a su vez dirigió la puesta en escena.

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Foto tomada de primiciadiario.com

El montaje fue sencillo. Una puesta que sin mayores recursos efectistas se centró en el texto y en las excelentes interpretaciones de los actores. La adaptación de Camacho de la novela de Dostoievski es de ese tipo de teatro que le demuestra al espectador que para disfrutar de un espectáculo, son suficientes un buen texto y una buenas actuaciones. No hacen falta grandes escenografías ni ingeniosos efectos especiales.

Solo tres buenos actores en escena, dos de ellos encarnando acertadamente varios personajes y una buena y bien adaptada historia de tipo sicológico y de misterio, bajo una atinada dirección bastan para que uno salga satisfecho del teatro, contento de haber presenciado un espectáculo de calidad y dispuesto a pasar una rica noche de sueño reparador para salir a conocer al día siguiente toda la zona rosa de Bogotá.

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