El blog de Golcar

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La Zona Rosa de Bogotá de la mano de Idania

Idania Chirinos nos muestra su Jardín de Infancia antes de empezar el recorrido por La Zona Rosa

Idania Chirinos nos muestra su Jardín de Infancia antes de empezar el recorrido por La Zona Rosa

Contar el fin de semana con Idania Chirinos y que ella dedicara sus días de descando a pasearnos por La Zona Rosa de Bogotá fue de la mejores cosas que nos pudieron pasar durante los pocos días que disfrutamos en Colombia.

Idania se conoce la ciudad como una cachaca más, luego de cuatro años viviendo allí. Es una baqueana de Bogotá y es un placer recorrer la ciudad en su compañía contando sus experiencias, primero como reportera a quien destacaban para cubrir informaciones de Colombia y, ahora, como habitante y trabajadora de esa inmensa ciudad.

El sábado, luego de desayunar en casa, fuimos a buscar a Anahí, la prima de Idania que administra el jardín de infancia “Educación para el futuro”, una guardería para niños desde meses de nacidos idania3hasta los cuatro años de edad, que la periodista -en sociedad con otras personas- montara en Colombia hace un par de años. Es una linda casa llena de colorido, con espacios para la diversión y educación de los infantes, diminutas mesas, lavamanos y pocetas, todo a escala, con juguetes y espacios concebidos para que los niños se sientan bien, queridos y felices. Recientemente, inauguraron el área de cama-cunas para atender a los más pequeños. Un espacio diseñado con cariño y dedicación para los peques.

idania21El jardín de Idania es de esas inversiones que los venezolanos han podido hacer en nuestro país pero que por las condiciones políticas y económicas actuales, han migrado como lo han hecho miles de personas en busca de un futuro más amable y seguro.

Ya con Anahí unida al grupo, Idania nos llevó a “Paloquemao”, un delicioso mercado de frutas, verduras, especias y flores en el sector oriental de Bogotá. Es el sitio dónde los bogotanos van a abastecerse idania22de alimentos y flores frescos y a precios solidarios. Está lleno de colores, olores y gente. Los sentidos se estimulan al visitarlo. Uno quiere verlo, olerlo, palparlo y saborearlo todo. Es fascinante ver la forma como exhiben y venden los huevos frescos de diferentes colores y tamaños, con precios que varían de acuerdo al tamaño. Allí, aunque ya había desayunado, no pude dejar de saborear un rico jugo de lulo idania5con leche.

Como debíamos regresar a la zona del Jardín de infancia para recoger algo que Anahí había olvidado, Idania nos llevó a tomar un café a “Jacques”, una excusa para hacernos conocer un restaurant con decoración rococó, que me hizo sentir, al no más entrar, que llegaba a un apéndice de la ecléctica basílica de La Chinita. A pesar de lo recargado de la decoración uno se siente a gusto en el lugar y quedó pendiente una futura visita para probar la comida. El café no nos dejó muy conformes. Como marrón estaba sabroso pero como bien dijo Idania, no era el machiatto que habíamos pedido. Los dulcitos de merengue sí estaban, además de bonitos, ricos. Especialmente el relleno con mermelada de rosas.

Compramos pan para el desayuno del día siguiente y tomamos rumbo a El Retiro, para comer en Andrés Carne de Res, donde teníamos mesa reservada para la 3 de la tarde y nos encontraríamosidania12 con mi sobrina Moreli para almorzar.

Andrés Carne de Res es un sitio divertido, grande, de varios pisos llenos de imágenes religiosas, con una decoración que sorprende a cada paso por la creatividad y el uso del recurso de reciclaje. Pedimos dos bandejas de carnes mixtas de pollo, res, cerdo, chorizos, morcillas y salchichas, y una bandeja mixta de fritangas con patacones, yucas fritas, empanadita, papas criollas y arepitas y los más crocantes y espectaculares chicharrones que uno pueda imaginar. Queríamos probarlo todo. Los alimentos estaban sabrosos, las carnes jugosas y gustosas y en su punto. idania9Hermosa la presentación de los jugos, infusiones y postres. El mousse de chocolate y el merengón de guanábana indescriptibles. Todo cuidado al detalle y servidos con una excelente atención por parte de meseros jóvenes, estudiantes, bien entrenados para hacerlo sentir a uno a gusto.

Luego de comer, apareció por nuestra mesa, Felipe Saenz, un simpático y divertido mago que nos dejó sorprendidos con sus prestidigitación con barajas, bolas de goma espuma y ligas y con su labia cargada de humor chispeante, tan idania11característica del colombiano.

El restaurante es un lugar para ir a disfrutar con tiempo, comer y degustar con calma y divertirse por horas. Nos quedó pendiente una visita al de Chía, a una hora de Bogotá, que por problemas de distancia y transporte no pudimos conocer en esta oportunidad. A dónde sí volvimos más tarde fue a la Feria de Andrés, el lugar de comida rápida donde nos tomamos un café mientras Idania nos contaba sus andanzas idania15en Bogotá para luego llevarnos a comprar infusiones de diversos sabores en una aromática y bonita tienda de tés.

Después paseamos por la zona viendo tiendas de marca con espectaculares vitrinas y sintiendo lo pobres que nos hemos vuelto los venezolanos pues, cuando consultábamos precios y multiplicábamos por los 18 bolívares que hay que dar por peso, ratificábamos que son cosas prohibidas para el común del venezolano por sus altos precios al hacer la conversión monetaria.  Igual el paseo es una delicia. En una esquina nos sorprendió una ingeniosa y elegante zapatería rodante ubicada dentro de una idania26van y parada en el hombrillo de la calle. La decoración e iluminación minimalista del vehículo le otorgaban un toque chic y distinguido que invitaba a hacerle fotos y entrar.

Al día siguiente, domingo, luego de pasear un poco más por Bogotá guiados por Idania y Anahí, fuimos a Usaquén una pequeña localidad que recuerda un poco a El Hatillo en Caracas y donde montan un mercado callejero lleno de artesanías. Es más pequeño que el de San Telmo en Buenos Aires o El Rastro en Madrid pero no tiene nada que envidiarle a estos. Cuenta con stands bien seleccionados y mercancías hechas con buen idania28gusto y excelente calidad. Comimos jojotos hechos a la brasa en la calle, de ese jojoto sabanero de grano grande, blando y dulzón que a uno le provoca no parar de comer, y dulces caseros.

En un puesto de productos hechos a base de caléndula, luego de que Dianita Montoya una joven linda y atenta, viuda a destiempo porque a su esposo, a los 32 años, un infarto hizo que el corazón  “le explotara”, nos explicara los detalles para la obtención del aceite y esencia de la planta de manera artesanal,  compramos algunos perfumes y aceites que presentaban en hermosos empaques de papel idania30artesanal también. Dianita me aseguró que un mes tomando unas cuantas gotas del aceite me curarían la úlcera gástrica.

Dejamos el mercadillo y entramos a conocer la pequeña, acogedora y vieja iglesia de Usaquén, que data del Siglo XVII. Paseamos por la plaza donde, en un costado, un hombre daba un discurso de historia a la gente sentada en unos escalones y, en otro costado, un grupo de gente celebraba con bulla y algarabía la graduación de unos cursos de crecimiento personal. En una punto de la acera una chica vendía sus divertidos sombreros hechos a base de fibra idania36vegetal coloreada, acompañada de su perrita y con la esperanza de reunir el dinero suficiente para hacer su soñado viaje a Brasil y en otro punto de la movida y concurrida localidad un niño hacía pompas gigantes de jabón.

El día se nos pasó volando. Usaquén nos envolvió con su grata energía. En un puesto de un callejón donde había artesanos tomamos canelazo, una bebida a base de aguardiente y canela especial para quitar el frío. Conocimos el centro comercial Hacienda Santa Barbara, construido en lo que antiguamente era una hacienda colonial a la que le anexaron arquitectónicamente una parte para ampliar el espacio comercial.

Fue un delicioso fin de semana en Bogotá que no tendremos cómo agradecerle a Idania por tanto cariño y dedicación. Nuestros días de paseo por Colombia estaban llegando a su fin. Ya sentíamos que empezábamos a extrañar la ciudad y los afectos que allí quedarían.

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