El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

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“Pajaralandia”, fábula de libertad

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Quiso la casualidad que al día siguiente de escribir “Pajaralandia” descubriese este grafitti en Maracaibo.

Pajaralandia se había vuelto triste y gris. Ya no se escuchaba el canto de las aves entre las ramas de los arboles ni entre las flores. Hacía tiempo que solo se oía el incesante parloteo del loro verde copete rojo y el graznido de su fiel asistente, el alcaraván gris.

Un día, atraída por el triste y melodioso canto de un canario en la copa de un árbol, la hermosa paraulata de plumas en tonos plata, cautelosamente, se fue acercando al lugar de donde provenía el melancólico sonido. Más que un canto, a ratos parecía un lamento y a ratos un furioso grito.

Escondida en el follaje, la paraulata llegó al punto desde dónde podía divisar, entre barrotes de madera, al hermoso canario gloster con cuerpo de plumaje blanco impoluto y copete entreverado de finas plumas negras, grises y blancas.

El cantor ya no tenía la vistosidad de cuando la paraulata lo conoció en libertad. Su cuerpo estaba un poco disminuido por el cautiverio, pero aún se podía adivinar en su enflaquecido semblante, el vigor de viejos tiempos, corroborados por su potente canto.

Un triste suspiro producido por las sentidas notas del canario, se escapó del pico de la paraulata, delatando su presencia. El canario la miró interrogativamente.

-¡Perdón! -Dijo la paraulata avergonzada- No pude evitar escuchar tu triste canto. ¿Por qué estás allí encerrado?

-Porque el envidioso loro verde copete rojo, me encerró aquí por cantar.

-¡Pero sigues cantando! –Replicó con temor la paraulata.

-Me encerró el cuerpo pero no pudo con mi voz.

La paraulata agachó la cabeza. Con pena y en un murmullo, dijo:

-A mí logró callarme. Tenía el canto más hermoso que la naturaleza haya podido producir. Silbaba las notas del himno de Pajaralandia como los  ángeles y, por eso, el loro copete rojo que solo puede parlotear sin emitir una sola nota musical, me tomó ojeriza y cada vez que yo empezaba a silbar las libertarias notas, me lanzaba con furia las piedras del camino o el alcaraván esbirro me amenazaba con su potente y puntiagudo pico. Hasta que, de tanto callar por miedo a sus pedruscos, terminé enmudeciendo para siempre.

Una lágrima saltó del ojo de la paraulata y en ella pudo distinguir el canario el reflejo de la figura de un ruiseñor que se acercaba dando saltitos entre las ramas del araguaney y que, ayudándose con su pico, se sostenía de las hojas y de las amarillas flores, para avanzar. El canario se puso en guardia y preguntó:

-¿Quién se acerca dando saltos y reptando? ¿Por qué no usas tus alas para volar?

El ruiseñor pechiazul de brillante plumaje, se apresuró a responder:

-¡No se asusten! Yo también soy víctima del odio del loro verde copete rojo y su alcaraván esbirro. Una mañana me encontraba feliz cantando mientras volaba entre las margaritas y, al descubrirme el alcaraván, comenzó a sonar su graznido de alarma y apareció furioso el loro verde oliva y de un picotazo me arrancó la mitad de mi ala derecha.

-¿Tampoco cantas ya? –Preguntó la paraulata.

-Cantó solo cuando cae la noche. Me escondo en los huecos de los troncos y canto sin parar protegido por la oscuridad. No me atrevo a hacerlo a plena luz del día.

-Yo aprendí a cantar solo las notas que al loro le gustan o, por lo menos, no le molestan –Terció un zorzal de plumaje marrón y rojizo-. Cada vez que cantaba una nota que le molestaba al loro copete rojo, él me lanzaba una semilla grande que me golpeaba en la cabeza. Cuando la nota le gustaba, me ofrecía un poco de alpiste. Así aprendí que no tengo que dejar de cantar, solo tengo que cantar las notas que al verde oliva copete rojo no le molesten.

Un búho de anteojos, con su máscara de plumas negras alrededor de los inmensos ojos y pecho de plumas amarillas, salió de su nido donde se encontraba cavilando sobre lo que oía.

-Esto no es vida para Pajaralandia. Nuestro territorio se ha ido tornando triste y silencioso. Los pájaros no cantan por temor al loro verde copete rojo. Otros cantan solo a escondidas o las notas que el loro les permite. La tensión entre nosotros se está volviendo inaguantable y esto solo puede terminar mal, muy mal. El canto y  el vuelo en libertad son nuestra vida y el loro nos los ha ido arrebatando. Mal, muy mal terminará…

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¿Por qué atar un país que nació para volar?

Todos callaron ante las palabras del maestro búho. La tristeza se apoderó del grupo. Sabían que el búho de anteojos tenía razón pero no sabían qué hacer para evitar lo que inminentemente veían venir con impotencia.

Un estruendoso aleteo hizo cimbrar las ramas del árbol.  Algunas hojas y flores amarillas cayeron por la fuerza del golpe de las alas en el aire. Un potente grito se sintió justo al momento cuando la guacamaya bandera, exhibiendo sus brillantes plumas rojas, amarillas y azules, se posó sobre la rama del árbol.

-Esta tierra no puede seguir sumida en la tristeza y en el llanto –Dijo la guacamaya con firmeza-. Pajaralandia es un territorio de canto y libertad y no puede ser que un loro verde oliva copete rojo nos tenga sometidos a su voluntad con la ayuda de un esmirriado alcaraván.

Voló hasta la copa del árbol y con dos potentes picotazos rompió los barrotes de madera de la jaula del canario copetón.

-La guacamaya tiene razón. Juntos somos más y más fuertes que un loro y un alcaraván. Dijo el canario volando para mirar a los ojos al zorzal, al ruiseñor, al búho, a la paraulata y a un pequeño gorrión que había permanecido indiferente hasta ese momento a lo que sucedía.

-Juntos algo podremos lograr, sin duda. Dijo el gorrión común con alas de plumaje en tonos marrón y pecho blanco.

Pasaron pocos días y la paraulata empezó a cantar las notas del himno guiada por el canario copetón. El ruiseñor se les unió a pesar de que en el cielo azul brillaba el sol en su esplendor, el gorrión hacía la segunda voz acompañado del zorzal y el búho marcaba el ritmo picoteando la madera hueca de un tronco.

El alcaraván comenzó su frenético graznido de alerta, pero cuando el loro escuchó la alarma y quiso reaccionar lanzando piedras y semillas, no lograba apuntar porque no sabía con exactitud a dónde tirar la munición. La guacamaya aprovechó el desconcierto del loro copete rojo y se abalanzó con furia sobre el plumífero que no cesaba de parlotear incoherencias.

Entre todos construyeron una jaula de barrotes de madera donde metieron al loro y a su esbirro, el alcaraván. La música volvió a Pajaralandia. Todas las aves entonaron su canto con alegría y gozo. El temor desapareció. Todo volvió a ser canto feliz y vuelo en libertad.

Fin

Maracibo, 27 de junio de 2014.

 

 

 

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El buitre hambriento nos ronda

Buitre

Captura de pantalla de la página http://www.cuentosinfin.com/el-buitre/

Quienes me siguen en la redes sociales deben haber leído el cuento de Kakfa que aparece en la foto porque lo he subido varias veces tanto a Facebook como a Twitter y Google+.

La razón por la que reincido en la publicación del corto relato de Franz Kafka titulado “El buitre” es porque desde que lo reencontré -hace pocos días, gracias a la mención que de él me hiciera mi sobrina Valentina-, “El buitre” me ha estado carcomiendo la mente. Me impresiona ver que en pocos párrafos, en apenas 20 líneas, el autor nacido en Praga ha logrado pintar de manera tan contundente y precisa la Venezuela de los últimos 15 años.

El cuento parece una alegoría de lo vivido y sufrido por los venezolanos desde que el socialismo a la cubana decidió instalarse en estas tierras benditas de las que parece haberse olvidado Dios.

A los venezolanos, como al hombre del cuento, desde hace 15 años nos empezaron a devorar como lo hace el buitre de la historia kafkiana. El régimen actúa como el hambriento emplumado y los ciudadanos hemos respondido tal y como lo hace el hombre de la historia, nos justificamos para no hacer nada contra el buitre, nos sobran las excusas para la inacción: “porque somos débiles”, “porque el buitre es muy fuerte”,”porque estamos solos”, “porque lo que nos ha quitado es poco” -al hombre del cuento apenas los zapatos y los pies. Todavía tiene el resto del cuerpo-. Como aquellos a quienes les expropiaron 2 de sus 5 fincas y lo asumieron sumisamente porque le quedaron 3 y no quisieron arriesgarlas…

Como en el caso del relato, algunos venezolanos no hacemos nada porque sentimos que hasta ahora es poco lo que hemos perdido y “No vale. Yo no creo” que pasen de allí. “Venezuela no es Cuba”…

Otros esperamos que la solución nos venga de afuera, que aparezca el hombre y diga que va a buscar el fusil para atacar al buitre y nos defienda. Porque “a los gringos no les conviene, porque el petróleo, y bla bla bla…”

Con cierta impotencia y resignación, hemos tolerado que el socialismo a la cubana se vaya afianzando en suelo patrio. Lo vemos venir, lo sentimos llegar pero todavía no parecemos convencernos.

15 años han pasado y todavía muchos dicen “No vale. Yo no creo”. Mientras otros celebran con la inconsciencia de quienes no se han percatado de que esa fiesta terminará en una resaca que Carianilos devorará a ellos también.

El buitre de Kafka tiene días revoloteando en mi cabeza. Leo la despedida del programa Zonalibre de Alexandra Cariani luego de 8 años al aire en horario estelar de la Emisora Cultural de Caracas y siento que el pajarraco ha asestado un certero picotazo en nuestra libertad.

¡Qué tristeza tan honda me da cuando leo noticias como esa!

Al leer a la Cariani siento que en este país se han conseguido tantas formas de irnos enmudeciendo, de irnos devorando la libertad, que una vez más recuerdo el cuento de Kafka y “El buitre” anida en mis neuronas.

Siento que la bestia nos va carcomiendo de a poco y nosotros por ignorancia, por estupidez, por cobardía, por desinterés, lo permitimos sin hacer nada. Me abruma la tristeza.

Pocas horas después, leo en Últimas Noticias que el régimen estudia una medida mediante la cual los “Extranjeros deberán pagar en dólares pasajes que compren en el país”. Sí, en dólares y no en moneda nacional. El buitre enfurecido ataca de nuevo, pienso.

Leo y releo la noticia porque el titular de un solo golpe me mandó 23 años atrás cuando fui a La Habana y como turista todo lo tenía que pagar en “divisas”, como decían ellos. Si quería como extranjero invitar a comer a un cubano, su comida también la debía pagar en dólares. El peso cubano era un entelequia que no servía para nada.

Vuelvo a leer y solo puedo pensar que luego será con el pago de hoteles, con el pago de servicios turísticos… En poco tiempo el bolívar fuerte valdrá lo mismo que el peso cubano. Nada.

En el cuento de Kafka, llega el momento cuando el buitre sabe que un hombre puede buscar la escopeta para enfrentarlo. Ante esa certeza, la plumífera y hambrienta bestia decide atacar con más saña e ir por todo. Picotea en el cuello con furia y la sangre que maná lo ahoga.

Solo falta saber si en nuestro caso la sangre que brote realmente ahogará al buitre o, por el contrario, lo fortalecerá como a un vampiro hasta terminar de arrasar con todo.

Adiós, Globovisión

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La protesta que se ha producido en Twitter contra Globovisión, no es contra los periodistas del canal. Es contra unos nuevos dueños que ofrecieron que la televisora no cambiaría sustancialmente y que buscaría el “equilibrio” informativo” y empezó por eliminar secciones que eran insignia de su parrilla de programación, siguió por sacar a Ismael García, continuó obviando actos en vivo de Capriles y, según los rumores, ya hay una lista de comunicadores que en los próximos días saldrán del canal.

El hecho de que el virado a rojo del canal lo hagan paulatinamente, no evitará que termine convertido en otro canal más de propaganda oficialista. Entiendo que los periodistas, por un lado, traten de mantener sus espacios y sus voces al aire para seguir siendo voceros de esa masa opositora que cada día se encuentra más amordazada, censurada y auto-censurada. Es loable su afán por mantener hasta el final ese huequito por donde la oposición pueda hacer sentir su voz y recibir la información que se le niega por los otros canales.

Por otro lado, se entiende también que los comunicadores traten de defender su campo de trabajo, su empleo, ese que les da el sustento de ellos y el de su familia. Nunca podría pedirles y, muchos menos exigirles, que renuncien a sus trabajos. Sé que la mayoría continúa fiel a sus principios dando la pelea desde donde consideran que es más viable y regidos por la defensa de los valores de la libertad de informar y ser informados y por el Derecho Humano fundamental de la libertad de expresión.

De Globovisión, desde siempre, son muchas más las cosas que me han distanciado que las que me han identificado. Siempre he considerado que es el anverso de una moneda que por el otro lado tiene a VTV. Lo veía con pinzas para extraer con sumo cuidado lo que era información y opinión y diferenciarlo de lo que era vulgar manipulación y propaganda disfrazada. De todo eso había mucho en Globo, cosa que se entendía y justificaba hasta cierto punto pues es la reacción natural ante el mismo hecho desde la acera de enfrente.

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Las redes sociales se desbocan contra Globovisión

No obstante, el canal era la única ventana que quedaba en pantalla de Tv. por la que uno podía acceder a la información que se nos niega tanto en los canales oficiales como en los privados que terminaron convertidos en medios de entretenimiento ligero, llenos de programas de concursos, reality shows y telenovelas, y en los que eliminaron todos los espacios de opinión y análisis, cuyos noticieros terminaron bastante limitados y auto-censurados en su deseo de no molestar a un régimen que fue cercando con efectividad todo lo que implicase información y comunicación para establecer la tan mentada “hegemonía comunicacional”.

El futuro de Globovisión, a estas alturas, me parece bastante previsible. Poco a poco irán eliminando de la parrilla los programas de opinión y análisis, especialmente los más “radicales”, para “favorecer” los “informativos”. Pretenderán convertirlo en lo que ya ellos han dado en llamar un “verdadero canal de noticias”. Todas estas comillas importantes y significativas pues sabemos a qué se refieren.

La pauta publicitaria oficial irá sustituyendo a la privada. Posiblemente perderá audiencia, como ya empezó a perder seguidores en Twitter pero, también es posible, que la recupere con creces, pues no es de extrañar que le den el permiso de transmisión libre a nivel nacional que por tantos años se les negó.

No sé hasta qué punto, siendo una canal privado, pueda la nueva Globovisión enfrentar pérdidas cuantiosas de pauta publicitaria como las enfrentó Tves, sin mucha preocupación, al pasar a estar en manos del Estado. Mantenido gracias a todos los venezolanos. El tiempo lo dirá. Posiblemente, si el objetivo era controlar un canal rebelde más que hacer un buen negocio, no les importará asumir las pérdidas porque “el fin justifica los medios” y esas pérdidas las verán compensadas por otros medios.

Los comunicadores sociales de Globovisión, así como sus técnicos, estoy seguro que no perderán el apoyo y el respeto de su audiencia, sea cual sea la decisión que tomen. Por lo menos, no, mientras se mantengan fieles a sus principios y a lo que los televidentes hemos apreciado y agradecido en ellos. Lo meses por venir serán tan amargos para ellos como para quienes, de una forma u otra, lamentamos la pérdida de canales de comunicación.

A quienes se siente derrotados, a quienes piensan que sin Globovisión estamos perdidos y están desesperanzados porque creen que quedaremos para siempre en manos del régimen autoritario, les recuerdo que muchos regímenes aún más fuertes que el actual venezolano, cayeron sin necesidad de radio y televisión. Con o sin medios radioeléctricos masivos se han tumbado regímenes dictatoriales a lo largo de la historia. Habrá que idear nuevos canales para comunicarse, el ingenio del ser humano es inagotable.

Ahora, cuando sentimos que perdemos un importante canal de comunicación, recuerdo que en mis tiempos de estudiante de Comunicación Social en la ULA, Táchira, había un periódico mural por el que los estudiantes lográbamos canalizar denuncias, informar y hasta entretener de manera clandestina. De un día a otro, aparecía en la puerta del edificio un inmenso pliego de papel periódico escrito a mano con todas las cosas que los estudiantes queríamos comunicar.

La creatividad dará frutos, el periódico mural tal vez es un punto de partida para idear nuevas formas de comunicar. Las redes sociales habrá que cuidarlas y multiplicar su poder. El boca a boca y el run run recobrarán importancia. A lo mejor resurgirán los grafittis, pasquines, panfletos…

Posiblemente se pierda un canal, pero la creatividad no. Es tiempo de imaginar, crear, ingeniar, luchar, resistir…

La verdad oficial Vs. la contundente realidad

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Si algún éxito se le puede atribuir al difunto Chávez en los 14 años de su autoritario régimen, fue el haber logrado, para el momento de su deceso, configurar un aparataje comunicacional eficiente y agigantado que logró llevar su mensaje “revolucionario” a los más apartados confines del mundo y al más recóndito rincón de la geografía venezolana.

Aquella “hegemonía comunicacional” de la que en varias oportunidades se les oyó hablar a los partidarios del régimen chavista, luego de 14 años en el poder, parece estar completamente desarrollada y establecida. Para alcanzarla, se valió de la creación de nuevos medios de comunicación como revistas, panfletos, emisoras de radio y televisión comunitarias,  emisoras de radio y televisión regionales, millonarias campañas publicitarias y de propaganda, así como  de cierres por vías “legales” de medios de comunicación que le resultaban incómodos a sus propósitos de llevar “Su Buena Nueva” a todos los lugares, con el menor ruido posible.

A esto hay que agregarle un gran lobby internacional de medios e intelectuales del planeta, unos pagados por el estado venezolano y otros atraídos por lo exótico que les resultan, a cierta intelectualidad de izquierda del mundo desarrollado europeo y estadounidense , todos los gobiernos que se erigen como anti imperialistas y contarios a todo lo que tenga la etiqueta de “gringo” o “pitiyanqui”, además de la creación de un canal internacional de televisión como Telesur al servicio absoluto de la “verdad” revolucionaria y la creación y aplicación de leyes de comunicación que estimularon la autocensura de los medios privados que tendían a ser opositores o medianamente imparciales, muchos de los cuales eliminaron de su parrilla de programación la mayoría de programas de opinión y de entrevistas, destinando sus programaciones a espacios de entretenimiento, concursos, bricolaje, cocina y telenovelas, o pura musiquita en las emisoras de radio.

Los pocos espacios de opinión que sobrevivieron se han visto obligados a ingeniárselas para cumplir con el reglamento de comunicación siempre ambiguo y discrecional, mediante el cual, con parámetros absolutamente subjetivos y sujetos a la arbitraria interpretación del ente regulador, el estado tiene la potestad de sancionar a periodistas y medios si considera que “incumplió” con la norma. De esta forma, el ejercicio de la comunicación en Venezuela en los últimos años, se ha desarrollado siempre bajo amenazas y tutelajes que han exacerbado la autocensura. Se comunica desde el miedo y de esto no se han salvado ni siquiera los programas de entretenimiento más banales. Todos pueden en cualquier momento pisar un callo que incomode al régimen y que haga que se “solicite” su suspensión y salida del aire bajo tácitas amenazas de acciones “legales” más fuertes.

Todo este panorama de hegemonía se ve coronado con las innumerable e interminables cadenas de medios de las cuales ha hecho uso y abuso el régimen amparándose en el derecho que la ley le otorga. Las cadenas de radio y televisión llegan hasta el más apartado rincón del país y son transmitidas en muchos casos a nivel internacional vía televisión por cable y por Telesur.

Mientras los medios de comunicación oficiales,  esos que se supone son de todos los venezolanos, aunque han devenido en oficinas de prensa del gobierno y del partido PSUV,  especialmente la televisión, tienen alcance realmente nacional; el único canal que permanece al aire con tendencia opositora es Globovisión, con señal abierta solo en el centro del país y solo vía cable en el interior, con lo cual su alcance es bastante limitado así como su audiencia.

Globovisión ha estado bajo amenaza desde hace muchos años. Han recibido sanciones y multas multimillonarias y siempre mantiene un “expediente abierto” dentro del régimen. La razón principal por la que el gobierno no se ha decidido a cerrarla por completo es porque le ha funcionado como “detergente” para lavar ante el mundo el carácter autoritario y dictatorial del gobierno. Efectivamente, quien vea por un rato un “Aló, ciudadano”, podría decir que Venezuela es el país con la mayor “libertad de expresión del mundo”, como le gusta decir a los oficialistas. No obstante, esa supuesta libertad, esté siempre vigilada y amenazada y, al hurgar un poco más la superficie, se constate que no hay tal libertad si los periodistas y presentadores trabajan con una espada de Damocles sobre sus cabezas, atentos no solo a lo que ellos dicen sino a lo que digan sus invitados y entrevistados pues las opiniones de estos también terminan siendo responsabilidad del periodista y del medio.

Por ejemplo, solo para ilustrar, si un periodista entrevista a alguien y a esa persona se le ocurre decir: “Anoche salí y me tomé unos vinos”, si es en vivo, el periodista debe saltar a decir que eso no se puede decir so pena de ser sancionado si no lo hace, y si es grabado, a la palabra “vino”, le montarán un pitico de censura, como sucede con una canción muy sonada en la radio a la que le ponen el pito censor sobre la palabra “cerveza”.

De todo este poder comunicacional se ha valido el régimen para esparcir por el mundo su “verdad”. Es este poderío el que ha logrado vender en el exterior la especie de “una revolución equitativa y justa”, con plenas libertades democráticas, exitosa e incluyente, mientras que en el plano interno ha sumido al país en la bancarrota, la escasez, la inseguridad, la división, el odio entre hermanos… El viejo truco de la mentira repetida mil veces y de, si piden ajo, les damos ajo hasta que lo repitan.

De esta estrategia viene la falsa creencia en el mundo y en gran parte de la población venezolana de que Chávez fue el que vio hacia los pobres, los tomó en cuenta por primera vez y los “empoderó” como les gusta decir. En realidad, el régimen no hizo más que continuar con las viejas políticas sociales de anteriores gobiernos democráticos. El vaso de leche escolar, los comedores escolares, los hogares de cuidado diario, las casitas de Inavi, el programa ACUDE de alfabetización, los programas de formación del INCE, las escuelas técnicas industriales… Por nombrar las primeras que me vienen a la mente, fueron el germen de las “Misiones”. Es poco lo realmente nuevo durante su gobierno, y no mucho más efectivo que sus originales.

Pero el aparataje comunicacional hizo que la gente olvidara lo que habían hecho otros gobiernos y de tanto repetirles que antes no tenían asistencia social, terminamos todos convencidos de que fue así y repitiendo el estribillo de que “con Chávez, por primera vez, se tomaban en cuenta los pobres”.

Lo único que tiene de cierta esa afirmación es que, por primera vez, un gobierno empezó a conectarse con el resentimiento de los pobres, empezó a utilizarlos de manera impúdica y descarada para sus fines absolutistas.  Desde las altas esferas del gobierno se fueron a los barrios del país, especialmente en Caracas, con armas y un discurso de odio y división para conformar milicias y cuerpos para-policiales con los cuales enfrentar a la oposición cuando esta saliera a reclamar y protestar por sus derechos.

A fuerza de repetir en sus medios de comunicación que la escasez de alimentos, la inseguridad, la falta del servicio eléctrico, de agua, y de todos los servicios básicos son culpa de los burgueses y del imperio, el régimen logró imponer su verdad y sembrar su odio en aquellos que compraron su discurso. Muchos de esos son los que en la actualidad dicen: -No me importa que me maten, que me roben, que mis hijos no tengan leche, que no consiga medicinas, pero NO VOLVERÁN”.

La propaganda logró imponer ante el mundo el éxito de la “Misión Vivienda”. Entregan 200 casas y la propaganda la repiten incansablemente hasta que pareciera que son 2 millones de casas, aunque en la realidad, el déficit habitacional se ha incrementado cada año hasta niveles alarmantes. Esa capacidad propagandística es la que hace que un proyecto que en cualquier país civilizado del mundo sería considerado un oprobio como lo es La Torre de David en Caracas, donde una invasión terminó siendo un barrio vertical, controlado por “líderes” al mejor estilo de los “pranes” que gobiernan las cárceles, con armas, drogas y el abuso producto del hacinamiento, haya terminado siendo enviado a la Bienal de Venecia y premiado como ejemplo de “organización social”.

“Por primera vez al pobre lo toman en cuenta” y en realidad lo que han hecho es mudarle el rancho y el mal vivir. Muchas viviendas de las que han entregado están en pésimas condiciones, edificios de 12 pisos sin ascensor, escaleras sin acabar y sin barandas. Edificios mal construidos junto a urbanizaciones de clase media y entregados a “sus pobres” no con la finalidad de mejorarles su calidad de vida sino para utilizarlos como banda de choque contra esa clase media que no termina de arrodillarse ante el poder y la revolución. A muchos los sacaron del rancho en el cerro para llevarlos al rancho en la urbanización. Cambio de escenario sin que en realidad eso signifique un cambio ni en la calidad de vida del pobre ni es su capacidad para salir de la pobreza. Mientras tanto  la lista de damnificados esperando solución a su problema de vivienda se mantiene por años.

Hablan de “seguridad alimentaria” y uno pasa frente a los supermercados y ve las colas de personas interminables para comprar 2 pollos, un kilo de azúcar y un kilo de harina. Pero, los seguidores del régimen que están en la cola, están convencidos que esa escasez es culpa de la “burguesía apátrida” y del “saboteo” con el que lo bombardean 20 veces al día en los medios oficiales. O, se dejan convencer, en otros casos, de que la escasez se debe a que como ahora los pobres tienen poder adquisitivo, se consume más y no alcanza la producción.

Esas personas que creen y quieren creer la verdad oficial, en muchos casos, no tienen acceso a la información que la contrasta. Para ellos la verdad oficial es “la verdad”, pues no tienen señal de “Globovisión” en sus casas para que, al menos, les siembren la duda. A ellos les llega la versión del CDI quemado pero no la réplica de las personas que investigan el hecho. Como sucedió con Provea. A ellos no parecen llegarles las informaciones que dan cuenta de la caída en la producción en todos los rubros, de los cierres de empresas, de la huida de la inversión a países como Colombia y Panamá porque el capital escapa de países donde se siente inseguro. Quienes consumen la verdad oficial no tienen posibilidad de pasear por países como Uruguay o Colombia y contrastar su realidad con la que vive la gente en esos países. Ellos creen lo que dicen sus medios de que la crisis es mundial y se imaginan que los supermercados y servicios públicos en otros países están en el mismo deplorable estado que el nuestro, o peor, porque son países más pobres.

Todo este panorama convirtió  al régimen venezolano en un fascismo de librito, terminó cumpliendo con la mayoría de las características que identifican a ese tipo de regímenes o, en su ampliación, a gobiernos autocráticos, totalitarios y dictatoriales. Cito algunas de esas características:

–        Buscó legitimarse a través de la movilización popular, invocando ser los auténticos representantes de los intereses del pueblo.

–        El dominio de su prédica ante las masas llevaba a la construcción de una falsa realidad a través del dominio de los medios de comunicación y de un aparato propagandístico que martillaba una sola “verdad”. Como afirmara el ministro de Propaganda Nacionalsocialista, Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Para ello procuraron re-escribir la historia para hacerla coincidir con sus designios de poder. (Aquí le agrego que basta decir que hasta una nueva imagen de Simón Bolívar llegaron a producir).

–         Las pretensiones de este liderazgo por amasar cada vez más poder demandaba señalar la existencia amenazante de un “enemigo”, tanto externo como interno, que ponía en peligro los avances de la revolución fascista. Ello “justificaba” la eliminación de toda traba a la concentración de poder y exigía lealtad absoluta a sus seguidores, pues se trataba de librar una batalla victoriosa contra ese “enemigo”.

–        El nazi-fascismo se propuso la destrucción del Estado de Derecho “burgués” argumentando que su “blandenguería liberal” obstaculizaba la conquista de los fines trascendentales reservados al pueblo. Al “enemigo” no se le podían reconocer los mismos derechos que el “ciudadano de bien” y se le discriminaba política, social y jurídicamente. El régimen Nacionalsocialista buscó acabar con la institucionalidad existente mientras edificaba una institucionalidad paralela, dependiente del partido.

–        Lo anterior implicaba la politización de la justicia, siempre en nombre de la “voluntad del pueblo”, y la “judicialización” –penalización- de toda acción política opositora.

–        Esta especie de “revolución permanente” se basaba en la polarización maniquea de la lucha política –los buenos, patriotas, “nosotros”, contra los malos, vendepatrias, “ellos”- y buscaba galvanizar a las masas para cerrar filas detrás del líder.

–        Consustancial a lo anterior era el ejercicio extendido de la violencia callejera por parte de organizaciones partidistas uniformadas de naturaleza para-militar.

No obstante, todo el poderío y hegemonía comunicacional y el inmenso aparato de propaganda que quedó completamente establecido dentro y fuera de las fronteras de Venezuela para el momento del deceso de Chávez, bastaron los pocos meses de la enfermedad del líder y los siguientes meses a su muerte para que Nicolás Maduro se terminara llevando por los cachos el trabajo de 14 años del líder del “proceso socialista” venezolano.

A pesar de la limitada, semi-amordazada y el corto alcance de la señal de Globovisión y de lo poco extendido que está el uso de las redes sociales en el país, el manejo de las (des) informaciones de los partes médicos sobre el estado de salud del mandatario, el hermetismo y la falta de rigurosidad y seriedad al momento de comunicar, empezaron a medrar el poder del inmenso aparataje comunicacional y de propaganda del régimen.

Los seguidores del chavismo podrán ser humildes y en muchos casos de escasa formación académica, pero no son tontos ni faltos de inteligencia y sentido común y, a pesar del fanatismo y amor profesado al líder, en el fondo no los engañaron por completo y la duda acerca de la veracidad de las informaciones que les ofrecían empezó a sembrarse en sus cabezas. Confirmadas cuando, luego de haberlos mantenido por meses con la expectativa de que su querido líder regresaría fortalecido y robustecido y de “partes médicos” que daban cuenta de largas horas de trabajo en su lecho de convaleciente, el 5 de marzo le informaron que había muerto. La duda sobre la sinceridad de los herederos quedó subyacente bajo el duelo y el dolor de la noticia del fallecimiento.

Las mentiras evidenciadas en todos los voceros del oficialismo hicieron que la duda cobrara cuerpo en sus seguidores y, esa duda, aparte de la falta de liderazgo de Nicolás Maduro, hizo que la cantidad de votos para su candidatura menguara por miles a diario, hasta llegar al desastroso resultado para el oficialismo de las elecciones del 14A.

Pero, el desespero por la aplastante derrota hizo que los voceros oficiales siguieran cometiendo errores. A los abusos y trampas que se vivieron durante el proceso electoral que dejaban en el ambiente un sospechoso tufillo a fraude, se le sumó la desorientada política comunicacional del régimen que empezó a dar palos de ciegos en su afán por montar una matriz de opinión de un supuesto golpe de estado fraguado desde la oposición y de supuestos hechos de violencia orquestados desde las filas del candidato opositor quien, desde la misma noche cuando se dieron los resultados salió a exigir un reconteo y auditoría de los votos.

La realidad empezó a imponerse por encima del aparato de propaganda y a atornillar la sospecha y la duda en ambos bandos del electorado.

Los acompañantes internacionales vieron las irregularidades que se cometieron en los centros de votación, como las vieron los votantes de ambos candidatos. La sensación de trampa, existente en los venezolanos desde hace varios procesos electorales, se fue materializando y el hecho de que el oficialismo empezara a circular falsas informaciónes, medias verdades y mentiras completas, fácilmente descubribles al asomarse a la realidad como las de los ataques a centros de salud y a instalaciones partidistas corrieron como agua desbordada por las redes sociales y en el boca a boca.

La realidad no podía ser ocultada con cadenas de medios ni con declaraciones de quienes cada vez que hablan terminan más desacreditados ante la sociedad. Ni siquiera manipulaciones como la información transmitida por Telesur cuando daba cuenta de los fuegos artificiales en la toma de posesión de Maduro quitando el audio ambiente para eliminar el ruido de las estruendosas cacerolas que se imponía a las detonaciones, como protesta por la apresurada juramentación, pudo calmar la duda de la gente.

La verdad oficial parece tener simientes de barro y la lluvia desaforada de mentiras, amenazas y transmisiones de imágenes espectaculares como las logradas durante el acto de juramentación logran evitar que en la opinión nacional e internacional quede la sensación de que “se robaron las elecciones”, como lo dijo Capriles. Las apresuradas declaraciones de representantes del resto de los poderes que siempre han estado en contubernio con el ejecutivo, generaban más suspicacias que certezas.

La persecución de los empleados públicos que votaron por la oposición para despedirlos de sus trabajos ayuda a confirmar la duda de si esos resultados dados son realmente los que son y hace que al final de esta jornada, cerca del 80 por ciento de la población esté de acuerdo con que se haga una auditoría seria y completa que despeje las dudas de los votantes de ambos lados. La negativa del ente comicial, bajo leguleyas objeciones, no hace más que acrecentar la sospecha y lo que empezó siendo un tufillo a fraude ha devenido en un penetrante hedor a trampa.

Al final, los intelectuales y políticos serios tanto dentro como fuera del país, que en diarios y foros de internet alguna vez apoyaron con sus opiniones al régimen chavista, parecen hacerse a un lado ante las flagrantes evidencias de trampa y la apabullante duda y las constantes sospechas que dejan la elección. Muchos piden explicaciones de la derrota y están de acuerdo con que se produzca una profunda auditoría. La defensa de la verdad oficial del régimen ha quedado en gente de muy dudosa reputación y credibilidad, las voces serias del mundo, aunque no terminen de pronunciarse directamente con respecto al tema, con su silencio parecen convalidar la tesis de que se hace necesaria la auditoría de las elecciones, satisfaciendo las demandas hechas por la oposición que, a fin de cuentas, tiene todo el derecho de dudar y de que se le despejen sus dudas de manera contundente.

El hecho de que tanto Nicolás Maduro como Jorge Rodríguez y el mismo CNE se desdijeran sobre su posición respecto a la auditoría luego de que había aceptado la solicitud, no ayuda a aclarar las sospechas. Todo apunta a que fue una burda estrategia para tener un país relativamente en calma para el show de la juramentación al que asistirían algunos presidentes y representantes de países extranjeros, quienes fueron, aparentemente, engañados en su “buena fe”.

Falta por saber si la perdida de eficiencia del aparataje comunicacional y de propaganda enfrentada a la realidad que parece golpear con mano de acero al régimen, acabarán siendo el germen que termine por derrumbar esta farsa que se ha llamado “socialismo del Siglo XXI”, que no ha sido más que la imposición en Venezuela de un sistema autocrático, totalitario, dictatorial que, como dije anteriormente, terminó convertido en una régimen fascista de librito.

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