El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

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La trampa

Por siglos las banderas nacionales invertidas han sido usadas como señales de socorro. (Tomado del Facebook de Mariam Martínez

Por siglos las banderas nacionales invertidas han sido usadas como señales de socorro. (Tomado del Facebook de Mariam Martínez

En qué momento cambió su forma de pensar aquel hombre que en 1998 ganó la presidencia de Venezuela con un discurso en el que decía que él “No” era socialista –mucho menos, comunista-, que Fidel Castro era un dictador y que al terminar su período de gobierno entregaría la presidencia porque un período presidencial era más que suficiente para acometer los cambios que necesitaba el país para enrumbarse por el camino del progreso, el desarrollo y la justicia social, seguirá siendo un misterio.

Lo cierto es que un buen día se sintió ungido por una especie de maná divino, comenzó a sentirse la reencarnación de Bolívar, el Robin Hood Criollo, el Jesús de Nazareth vuelto a resucitar y en consecuencia empezó a actuar como quien se mueve mandado por una orden divina y, a partir de allí, maquiavélicamente y a conciencia, empezó a armar una trampa que le garantizaría su permanencia en el poder, por lo menos, hasta el 2031, según se le escuchó decir en alguna oportunidad, o “hasta el dosmilsiempre”, como le gustaba decir para pavonearse de su poderío.

Mientras una oposición “ingenua” sostenía que al teniente coronel no se le podía catalogar de dictador o autócrata porque había sido elegido con la mayoría del voto popular (a pesar de que con los años su ejercicio del poder demostraba lo contrario) y otra oposición inescrupulosa negociaba con el gobierno, enriqueciéndose al descubrir que ser oposición en el régimen del militar era tan buen negocio como ser parte del gobierno corrupto, ambos sectores se hacían de la vista gorda ante la instalación paulatina de estantillos y rejas con los que ideológica, sicológica y comunicacionalmente nos iban cercando hasta dejarnos prácticamente de manos atadas.

Con un grande, efectivo y cada vez más hegemónico poder comunicacional y de propaganda, el caudillo del Siglo XXI, tanto dentro de nuestras fronteras como fuera –incluyendo países desarrollados de Europa donde habita una intelectualidad de izquierda con cierta debilidad por los dictadores latinoamericanos que seguramente no tolerarían ni un segundo en sus países- , logró implantar la creencia de que su gobierno estaba orientado hacia la justicia social y la reivindicación de los más débiles, de los marginados y de los olvidados de siempre. Se autoerigió en el líder de los desposeídos y excluidos y su discurso repetido mil veces llegó a ser considerado y creído como una verdad, a pesar de que la realidad existente en Venezuela demostraba lo contrario y nadie se atrevía a decirlo para no ser catalogado de fascista, derechista, conservador, pitiyanqui, imperialista, majunche, vende patria…

Con tácticas militares de avanzada y recule de acuerdo a las conveniencias y circunstancias, el teniente coronel fue instaurando una supuesta “revolución”, aprovechándose de las pifias y debilidades de los líderes de oposición. Algunos cada vez más amordazados por temor a las adjetivaciones o directamente vendidos otros sin el menor sonrojo y escrúpulos.  El militar supo sacar provecho del resentimiento asentado por años en la gente por un sector adinerado, las familias pudientes, esos que construyeron fortunas a fuerza de la explotación de los más necesitados. Los hacendados terratenientes que cambiaban jornadas de trabajo por casa y comida, los dueños de medios de comunicación que utilizaban a los jóvenes estudiantes y recién graduados periodistas, ansiosos por entrar a trabajar en los medios, obligándolos a trabajar sin paga o con pagas miserables en el mejor de los casos y en condiciones laborables deplorables bajo la promesa de que, si eran buenos en su trabajo y lo demostraban, algún día podrían exigir una mejor paga o pasar de allí a otro medio donde se les respetara y valorara como trabajadores. Esto por poner de ejemplo solo dos situaciones de las que todos en algún momento de nuestra vida pudimos haber conocido.

Cómo buen militar, el caudillo supo sacar partido del largo rabo de paja de quienes consideraba sus enemigos, al tiempo que alentaba el resentimiento legítimo de los explotados, aprovechaba las pruebas –en algunos casos podrían ser simples rumores que al él decirlos en cadena pasaban a ser pruebas para la justicia- que tenía de políticos de oposición corruptos para utilizarlas en el momento político oportuno o para chantajearlos y hacerlos bailar al son que les tocaba, como hizo también con empresarios y terratenientes latifundistas que preferían perder parte de sus fortunas antes de arriesgarse a perderlo todo o ir presos por su pasado poco claro en el manejo de sus riquezas, o porque el militar en su programa dominical diera la orden de investigarlo y detenerlo.

La trampa fue tomando forma, el teniente con paciencia china y muchos dólares iba cercando a Venezuela y convirtiéndola en su hacienda particular donde todo el mundo empezaba a moverse al ritmo que le marcaba el caudillo.

El 2002 dos marcó la era más propicia para el ensamblaje de la trampa. Un fallido golpe de estado de oposición –algún día la historia dirá cuáles fueron las negociaciones que entre militares y opositores hubo para hacer de ese golpe un acto fallido-, fue sabiamente aprovechado para terminar de labrar su imagen de víctima y perseguido por los poderes desterrados por su “revolución” y hacer que a escala internacional se le reconociera como un presidente derrocado y vuelto al poder gracias al “pueblo” que se lanzó a la calle… Otra realidad virtual convertida en verdad gracias a la propaganda.

Pero el país entero convino en que lo del 2002 fue un golpe de estado, el peor error de la oposición, se calló las posibles negociaciones entre sectores militares y políticos para ver si devolvían el caudillo al poder o no, y para el mundo entero, el golpe del 2002 sirvió para justificar el descalabro, la ruina, la depauperada economía que al día de hoy vive el país. Hoy me pregunto qué habría pasado, que estarían diciendo algunos líderes mundiales si el golpe hubiera sido exitoso y sus autores estuvieran gobernando…

Pero la historia la escriben los vencedores y el teniente, una vez más, venció. El y sus seguidores siguieron por el resto de sus días apelando al golpe del 2002 para justificar su incompetencia, la caída de la producción, la inflación, la devaluación, la inseguridad… Todo pasó a ser consecuencia del golpe del 2002 y el mundo así lo aceptó.

En el 2005, la oposición “ingenua” pensó que si no participaban en las elecciones parlamentarias, el régimen tendría que reaccionar pues se consideraría un gobierno completamente ilegítimo e ilegal uno en cuyo parlamento no estuviera representada la casi mitad del país que conforma la oposición. El mundo así tendría que reconocerlo y, en consecuencia, se tendría que actuar.

¡Demasiada ingenuidad! ¿Cómo esperar que a un presidente a quien por muchos meses la mitad del país salió a las calles en multitudinarias manifestaciones a protestarlo por sus acciones sin que se le moviera ni un pelo, podría tomar en cuenta que la Asamblea Nacional fuera solo de un color? Eso tendría alguna repercusión en líderes con conciencia democrática y en países civilizados; no en caudillos de repúblicas bananeras. El militar aprovechó la circunstancia para a fuerza de leyes y decretos seguir configurando su trampa mientras los dólares, el petróleo y su inmenso aparato comunicacional se encargaban de dar la cara a los países del mundo que no dudarían en hacerse de la vista gorda ante el evidente abuso y concentración de poder.

El Tribunal Supremo de Justicia, La Fiscalía General de la República, el Consejo Nacional Electoral, las Fuerzas Armadas, la Asamblea Nacional, todos, absolutamente todos los poderes terminaron siendo manejados por el poder ejecutivo. La independencia de poderes se volvió añicos. Todos respondían “rodilla en tierra” a las órdenes de quien, en adelante llamarían el “comandante presidente”.

Ya la trampa estaba montada. Solo faltaba cerrar la puerta y para eso se dedicaron a poner en todos los estamentos del estado a cubanos castristas en puestos claves. Los Registros, el Ministerio de Educación, las Fuerzas Armadas, la Petrolera, las empresas de electricidad, de telefonía… En todos lados se comenzaron a recibir órdenes de Cuba las cuales eran hechas cumplir por los cubanos del régimen castrista adoptado por el país. Todo el modelo de control del aparato cubano se instauró en el país. Y los médicos cubanos de Barrio Adentro, los alfabetizadores traídos desde La Habana, los entrenadores deportivos cumplirían una importante función de adoctrinamiento y vigilancia en las barriadas. La trampa estaba completa.

Hoy el comandante presidente está muerto. Ahora es fiambre de exposición circense. Murió pero nos dejó en su jaula, en su trampa. Nombró un sucesor cual monarca que se apresta a partir y deja el trono en manos de un heredero y sus seguidores parecen estar conformes con la designación.

Dejo montada su trampa y dejó instaurado el miedo. Ese miedo que ha obligado a los comercios a cerrar “por duelo” ante el temor de que algún exaltado doliente pueda arremeter contra ellos. El miedo que han mostrado los canales de TV y emisoras de radio que han tenido que acatar un duelo obligatorio de no se sabe cuántos días por temor a represalias del régimen. El miedo infundido cuando un ministro de la Defensa sale en televisión y dice que quienes toquen cornetas estén alegres o hagan cualquier manifestación de alegría que se atengan a las consecuencias porque eso podría ser tomado como una provocación.

Miedo de los dueños de licorerías, restaurantes y discotecas a abrir y vender licor porque se impone una ley seca “por duelo”. Miedo a manifestar cualquier emoción que no sea de duelo y pesar porque un taxista acólito del régimen dijo a viva voz que él sí era capaz de bajar a cualquier pasajero que dijera que estaba contento por la muerte del caudillo y “Hasta sus coñazos le doy”. Miedo que pretenden infundir cuando al final de la juramentación del presidente encargado dicen que “seremos capaces de hacer lo que sea para hacer que la constitución se cumpla”, dicho en un acto donde quedó evidenciado que “cumplir la constitución” es hacer lo que ellos digan e interpreten que a su conveniencia dicta la Carta Magna, y que para rematar dice que no les importará si la oposición chilla o dice lo que sea. Es decir, el continuismo de “porque me da la gana”.

Uno analiza la situación del país y se le hace muy difícil encontrar una salida. Los sentimientos quedaron absolutamente exaltados tanto de parte de los seguidores del caudillo como de sus opositores. A nivel de pueblo se hace muy cuesta arriba la tan necesaria reconciliación. El odio y el resentimiento sembrado por 14 años parecen estar dando frutos y los estamos cosechando.

Hay quienes ante la rocambolesca interpretación de la Constitución que se ha hecho para ajustarla a las aspiraciones de permanencia en el poder de los herederos del caudillo, dicen que hay que exigir y protestar, se escucha que dicen que no nos vamos a dejar gobernar por los cubanos, que la ley y la Constitución tienen que ser acatadas y cumplidas. Que las condiciones electorales tienen que ser cambiadas, que hay que exigirle al CNE que cumpla con su deber… En esos momentos uno se pregunta, ¿ante quién se va a exigir y protestar? ¿Ante unos poderes sumisos y genuflexos al régimen? ¿Les “exigiremos” a las FAN cubanizadas y plegadas al sucesor que hagan respetar las leyes? ¿Pediremos al TSJ una interpretación ajustada a derecho de la Costitución?

¿Qué haremos cuando todos esos poderes digan que todo está bien, como tiene que estar y apegados a la constitución y a la ley, que no hay nada qué exigir ni por qué protestar?

¿Apelaremos a las declaraciones de apoyo internacionales? ¿Pediremos pronunciamientos de organizaciones de países del mundo? ¿Clamaremos a un panorama internacional que se ha hecho de la vista gorda a todo lo que aquí sucede? ¿Apelaremos a quienes vinieron al funeral y manifestaron la gran labor de líder mundial del difunto teniente, su incansable labor en la unión de los países del mundo? ¿Pediremos que fijen posición quienes reciben un cheque y obvian que uno de los peores legados del militar, puertas adentro de su país, además de la ruina económica, es la división y el odio entre sus pobladores, sin contar con la degradación ética y moral en la que sumió al país?

A lo más que podemos aspirar del resto del mundo, como para consolarnos, es a que se vayan algunos de regreso a su país sin participar en la inconstitucional juramentación. Lo tomamos como un tímido y cobarde gesto de apoyo pues no se atreven a más porque saben que opinar sobre este país solo es tomado a bien si se hace a favor del régimen y de la “revolución”. Lo contrario es intervencionismo, imperialismo, pitiyanquismo, majunchismo…

Posiblemente el teniente coronel descansa en paz, en esa paz que durante 14 años nos negó a los habitantes de esta tierra de gracia maldecida por el petróleo. Esa paz que se ve cada vez más extraña y lejana para este pueblo que tendrá que seguir buscando, insistentemente, de manera pacífica y si es posible a través del voto, la forma de salir de la trampa en la que lo han eficientemente encerrado.

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¿Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla?

Imagen tomada del blog "Sucede Ahora por Angélica Mora"

Imagen tomada del blog “Sucede Ahora por Angélica Mora”

-¿Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla?

-¡Sííííí!

-¡Sííííí! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡Tiene cáncer!

-¡Tiene cáncer!, No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡A Bocaranda le dijeron que tiene un absceso pélvico!

– ¡A Bocaranda le dijeron que tiene un absceso pélvico! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡A Marquina le dijeron que convulsionó y vomitó y por eso se lo llevaron de emergencia a Cuba!

-¡A Marquina le dijeron que convulsionó y vomitó y por eso se lo llevaron de emergencia a Cuba! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡El cura palmar dijo que se murió y lo tienen esperando a la fecha oportuna para decirlo!

-¡El cura palmar dijo que se murió y lo tienen esperando a la fecha oportuna para decirlo! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡Que viene con todos los hierros a la toma de posesión: Muletas, silla de ruedas, bastón y andadera!

-¡Que viene con todos los hierros a la toma de posesión: Muletas, silla de ruedas, bastón y andadera! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡Villegas dice que lo operaron y que está muy bien, recuperándose!

-¡Villegas dice que lo operaron y que está muy bien, recuperándose! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡Maduro dice que la operación fue muy larga y delicada pero oremos por su pronta recuperación y que los malditos escuálidos dejen el odio!

-¡Maduro dice que la operación fue muy larga y delicada pero oremos por su pronta recuperación y que los malditos escuálidos dejen el odio! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡Habló y criticó a los que majunches que votaron por la oposición!

-¡Habló y criticó a los que majunches que votaron por la oposición! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡MuertoQueHabla tiene cables tornillos, tubos, clavos… Solo le falta centrifugar y listo, es una lavadora!

-¡MuertoQueHabla tiene cables tornillos, tubos, clavos… Solo le falta centrifugar y listo, es una lavadora! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡Berenice dice que los familiares siguen pidiéndole a Dios que él acepte que está enfermo, porque “los paleros le aseguraron que está curado y él se lo cree”!

-¡Berenice dice que los familiares siguen pidiéndole a Dios que él acepte que está enfermo, porque “los paleros le aseguraron que está curado y él se lo cree”! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡Diosdado dijo que la toma de posesión de MuertoQueHabla puede retrasarse por el reposo!

-¡Diosdado dijo que la toma de posesión de MuertoQueHabla puede retrasarse por el reposo! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡Nilcia dice que lo vio rozagante en una foto!

-¡Nilcia dice que lo vio rozagante en una foto! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡Arreaza dice que está bien, dando órdenes y gobernando desde su reposo!

-¡Arreaza dice que está bien, dando órdenes y gobernando desde su reposo! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

-¡Marquina y Palmar dijeron que se filtró del Cimeq que está intubado y le queda poco tiempo de vida!

-¡Marquina y Palmar dijeron que se filtró del Cimeq que está intubado y le queda poco tiempo de vida! No, que si Quieren que les cuente el cuento de MuertoQueHabla.

Y así ha pasado año y medio. Desde junio de 2011 con la bendita historia interminable de MuertoQueHabla. Ya a mí me está entrando esa extraña sensación en la boca del estómago que me sucedía a los 15 minutos de estar con el desgraciado cuento del gallo pelón. A ratos me provoca mandar a Twitter a la mierda, no volver a abrir el Facebook, ni de vainas acercarme por Globovisión y mucho menos por VTV.

La úlcera me va dejando un sabor metálico en la boca cada vez que veo algo del inacabable  cuento o lo escucho por radio. A lo que mientan las palabras “Cáncer de MuertoQueHabla”  corro despavorido. Solo quiero escuchar música en la radio y ver “Aquí no hay quien viva” o “Corazón corazón” en televisión de España para no toparme con la historia sinfín.

A todas estas, después de año y medio, lo único que hay es: “dicen que”, “se filtró que”, “se supo de buena fuente que”. Nadie ha visto un informe médico, nadie ha visto ni siquiera una piche radiografía, no se sabe a ciencia cierta ni siquiera quiénes y de dónde son los médicos tratantes y mucho menos qué cáncer es, si es ciertamente un cáncer, si el fulano absceso pélvico originario era evidencia del bendito cáncer o solo una espinilla, un furúnculo.

Ni pensar en tener esperanzas de que el equipo médico tratante, o al menos uno de ellos, una enfermera, un camillero aunque sea, dé una declaración de prensa en la que explique de qué enfermedad se trata, qué le han sacado o metido cada vez que supuestamente lo intervienen, cuáles son las expectativas de vida. Nada. Solo dimes y diretes, runrunes y lamentaciones.

Ya el país tiene un buen tiempo sin Presidente, con lo cual hemos podido darnos cuenta de que no hace mucha falta que alguien ejerza ese cargo pues, la vida nacional no se ha parado. Venezuela no ha mejorado; pero tampoco ha empeorado con la ausencia. Simplemente sigue, tan mal como venía, pero sigue.

El problema es que una Nación necesita a un responsable, aunque sea para que firme los cheques, dé el mensaje de año nuevo, lo represente de cumbre en cumbre. No me imagino lo que son esas reuniones de los mandatarios del mundo sin las mamarrachadas del camarada venezolano. Eso debe parecer un velorio.

En esa historia interminable de MuertoQueHabla cayó el país entero. Unos se lamentan, lloran, oran, se jalan los pelos, piden a Dios, ruegan a los santos y a las vírgenes –esos que poco tiempo atrás eran acribillados y descabezados a piedra y palo por los supuestos socialistas ateos- a ellos piden por la vida y sanación de MuertoQueHabla. El problema es que no pueden rezar correctamente porque no saben si tienen que pedir la cura de un cáncer o de un uñero.

Hasta la gente de oposición, esa misma gente a la que cada nada le ofrecían que los iban a pulverizar, a borrar de la faz de la tierra, a freír sus cabezas, a volverlos polvo cósmico.  La gente a la que constantemente amenazaban con la revolución pacífica pero armada, con tanques, sukhois, AKs, esa gente de la que no quedaría ni para el recuerdo, aparecen con caras compungidas pidiendo por la pronta sanación y rápido aaaweilregreso de MuertoQueHabla. Se ponen la mano en el pecho, ponen carita de becerrito degollado y piden por la salud del verdugo. Se compadecen de quien nunca mostró la más mínima compasión por Franklin Brito, por Afiuni, por Simonovis.

Algunos de lado y lado incluso claman por “respeto” por MuertoQueHabla  y su enfermedad, se molestan si uno hace bromas al respecto, sin terminar de entender que respeto debemos exigir nosotros como ciudadanos y seriedad deberían tener tanto el paciente como sus segundones a la hora de darnos información acerca de su estado de salud. Informar oportuna, veraz y eficientemente, y no este show mediático, dosificado por capítulos, en los que, no solo no se informa; se desinforma y manipula a la población con datos sin importancia, que al analizarlos se descubre que, no dicen nada.

En la Asamblea, de manera unánime, acólitos y opositores, votan para que MuertoQueHabla se vaya tranquilo a operarse, que se tome todo el tiempo de reposo necesario para su recuperación, sin siquiera exigir un informe médico, un certificado, aunque sea una foto, que evidencie que lo que están votando es verdad.

Yo me pregunto ¿En qué trabajo le permiten a una persona que llegue un día y diga: “Estoy enfermo. Me tienen que operar y necesito un permiso indefinido. Me voy mañana. Volveré cuando pueda. Me siguen pagando el sueldo, me guardan el puesto y ni se les ocurra poner a alguien en mi cargo. Si algo sale mal, ponen en mi lugar a Perico de los Palotes”.

¡Ajá, y ya está que le creyeron y se lo calaron!

Pues no, mijito. Te vas al Seguro Social, te haces los exámenes pertinentes, me traes los certificados médicos y los informes firmados y sellados. Originales y copia y ya estudiaremos tu caso para ver qué se decide. Y una vez que regreses me traes otro informe con los resultados del tratamiento.

Pero en Venezuela no. Nosotros, unos por lástima, otros por miedo a que los cataloguen de insensibles, otros porque están acostumbrados a que este país es del más vivo, del más bravo, del  más arrecho y del que hace las cosas porque puede y le da la gana, se meten la lengua en el bolsillo y permiten el abuso. ¡Si hasta se ofenden si uno duda de la enfermedad o se burla! Como si tuvieran alguna certeza de verdad de la misma, más allá de que “el primo, de la tía del hermano de la cuñada de un señor que compra el ron Havanna Club en una tienda donde trabaja la hermana, del cuñado de la que limpia en el Cimeq, cuyo nombre siempre se reservan para preservar su seguridad, dijo…”.

#VayaPalaMierda

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Yo no estoy triste

 

Foto de Eliana Balestrini

Foto de Eliana Balestrini

¨Yo no estoy triste. Estoy decepcionado, defraudado, arrecho, pero no triste¨. Esto es lo que les respondí a algunos amigos, cuando me preguntaron si estaba muy triste con los resultados de las elecciones en el Zulia. Así que si lo que usted quiere leer es sobre la Venezuela bella y su pueblo heroico, de su “bravo pueblo que el yugo lanzó”, la “victoria de la democracia” o algo parecido que le devuelva un poco la esperanza; le recomiendo que pare aquí y vaya a buscar el horóscopo del iluminado o de Adriana Azzis.

Hace más o menos 3 meses, les comentaba a mis amigos que si Pablo Pérez no se ponía las pilas y se empezaba a trabajar como es debido, perdería los comicios. Algunos se molestaron conmigo porque decían que eso no podía ser. Yo insistía, perderemos. Así que para mí, en realidad, no fue ninguna sorpresa. Como no lo fue la derrota de Lester en Mérida y sí lo fue la de Pérez Vivas en Táchira, a apenas poco más de un mes de haberse obtenido en ese estado las más altas votaciones del país contra Chávez.

No me sorprendieron los resultados porque siempre he pensado que el liderazgo opositor ha estado completamente desconectado de la realidad del país. Para ellos, hacer política se ha limitado a ir a Globovisión a pegar cuatro gritos y a hacer publicidad y pegar afiches, sin hacer el trabajo de bases que desde hace mucho está pidiendo el país.

Capriles, con sus visitas casa a casa durante la campaña presidencial, demostró que ese es el camino para reconquistar el favor del electorado; sin embargo, la dirigencia política hizo caso omiso de ese mensaje y ahora está recogiendo lo sembrado. Nadie quiere embarrarse los zapatos y salir a los barrios y pueblos a conectarse con la gente y estas derrotas son la consecuencia.

Mientras los políticos no se aparten de Globovisión, que por otro lado le hace tanto daño al país como VTV -Ambos son las dos caras de una moneda, con sus manipulaciones de la información y la emisión de medias verdades y mentiras completas-. Mientras sigamos haciendo lo mismo y no se escuche lo que la gente está diciendo de una u otra forma, el mensaje que nos está dando, seguiremos obteniendo los mismos resultados. ¿Qué más se podría esperar?

La unidad alcanzada por la Mesa de la Unidad me parece un importantísimo logro pero se quedó en un pacto de partidos sin llegar a concretarse en un movimiento de acción política que llevara su mensaje de unión y de proyecto político y de país a las masas populares. Si no se proponen bajar a la calle, llegar a las zonas rurales y subir a los barrios, terminarán convertidos en un parapeto de negociación y en un elefante blanco.

Mientras tanto, del lado del gobierno, demostraron una vez más conocer al dedillo de qué pata cojea nuestro pueblo y es que en estos 14 años han captado perfectamente que todo tiene un precio y que algunos se venden por un exprimidor de jugos, otros por una nevera, algunos por una misión, otros por una vivienda, unos pocos por una buena tajada en adjudicaciones de contratos y pagos de comisiones; y ha echado mano de eso para conquistar al elector.

De allí que las tiendas de electrodomésticos no se daban abasto los días antes de la elección, durante la campaña y el mismo día del evento para satisfacer la demanda de quienes llegaban, con cheques de Pdvsa en blanco, para comprar hasta el último bombillito en existencia para pagar votos. O aquellos que llegaban con fajas de billetes en efectivo destinados al mismo fin.

Son 14 años de un proceso en el que han hecho creer a la gente que a lo más a que pueden aspirar en esta vida es a una misión de 400 bolívares, un mercadillo o feria de comida montado a trancas y mochas en la calle para venderles los productos de la cesta básica y ya. Como pueblo, parece que no merecemos más que eso. Que nos consuelen con dádivas, nos traten como cualquier cosa menos como ciudadanos y, encima les agradezcamos el gesto. Tan agradecidos nos mostramos que votamos por ellos para que la humillación continúe.

Es irónico que un gobierno que se jacta de tomar en cuenta por primera vez a los pobres, los trata como a animales que se amaestran con premios, medran su dignidad, los humillan haciéndolos creer que no merecen más que las migajas que “por primera vez reciben”, les repiten hasta el cansancio que los quieren y, quererlos, es hacerlos pasar humillaciones en una cola para recibir lo que les dan como limosna. Los han convertido en pedigüeños. Y encima de todo, el pueblo va con la cabeza agachada y como agradecimiento por “haber sido tomados en cuenta” vota por ellos.

Cuando Chávez les ha hablado a los pobres y les dice “Es que a ustedes les decían zarrapastrosos, niches, bajo perraje, malandros” y les da a entender que él los quiere, en el fondo, lo que está es tratándolos como zarrapastrosos, niches, bajo perraje, malandros, a los que sabe que puede comprar con una limosna, con una lavadora… Eso no parecen verlo quienes se sienten queridos por el líder. No comprenden que si en verdad los quisiera no los utilizaría para poner a pueblo contra pueblo y hace mucho tiempo les hubiese mejorado, de manera efectiva, sus condiciones de vida. Los ha mantenido igual de pobres que siempre, los ha humillado, ha pisoteado su dignidad y ellos se lo agradecen con votos. Es lamentable que un ser humano tenga en tan poca estima su valía pero es aborrecible que seres humanos con poder y más formación, se aproveche de la minusvalía intelectual y afectiva para manipularlos y utilizarlos. Manipulación que llegó al límite extremo en estas últimas campañas con la utilización de la supuesta enfermedad mortal del mandatario con fines de proselitismo político para captar votos.

Pero, de otro lado está ese medio país al que no parece importarle nada. Los que no oyen, no sienten, no ven. Ese tolete de venezolanos que viven en el temor de la violencia acrecentada, que no puede salir tranquilo a la calle porque sabe que puede haber una bala sin nombre en el aire que se consiga con él, que no consigue los productos básicos para sus alimentación y aseo, que padece los pésimos servicios públicos administrados por el gobierno pero son incapaces de moverse. Se quejan en cada esquina, pero prefieren irse a un centro comercial un día de elecciones antes que acudir a votar.

Un inmenso grupo de venezolanos que comentan acerca de cómo desde las cárceles los pranes dirigen y disponen de nuestras vidas; sobre cómo el narcotráfico se ha ido apoderando de la cotidianidad del país; de cómo en cualquier esquina un motorizado, revolver en mano, te puede arrebatar lo que llevas, o un militar envalentonado puede hacer lo que le da la gana. Hablan de los bingos clandestinos que pululan por la ciudad a la vista de todos y regentados por guardias nacionales, de las mafias de los buhoneros, de los carretilleros de los mercados que amenazan hasta a gobernantes. Uno los escucha, ve la expresión en sus caras y no logra descifrar si es de repudio, sorna, admiración o temor, lo que manifiestan, pero igual se quedan apoltronados y son incapaces de hacer el menor esfuerzo para cambiar la situación como podría ser votar.

Y en este panorama de país, vemos, por un lado, a un sector de la oposición que ha descubierto que ser oposición en este país es tan buen negocio como ser gobierno, lo aprovechan y le sacan dividendos incluso hasta a la pelea por los presos políticos. Y, de otro lado, a la gente que uno creía consciente e inteligente que siguen apoyando al comandante, trabajan en sus campañas y en las de sus candidatos, participan de ¨la hora loca¨ de la repartición de limosna compra conciencia, se hacen cómplices de lo que está sucediendo con la excusa de que los gobiernos de antes lo hacían igual y ¨lo que es igual no es trampa¨.

Al ver los resultados del 16 de diciembre, lo primero que pensé fue que, efectivamente, hemos sido víctimas de un fraude. Pero este no fue un fraude electoral, fue un fraude histórico. Nos hicieron creer que somos un ¨bravo pueblo¨, un pueblo de luchadores. Que llevamos sangre de libertadores en nuestras venas. Que la herencia de Bolívar está repartida en todos los venezolanos.

¡Falso! El orgullo venezolano resultó no ser más que un mito. El pueblo de libertadores no es más que una falacia. El país aguerrido y luchador, una entelequia. “El bravo pueblo que al yugo lanzó”, una quimera, una canción de cuna.

Estos 14 años nos han demostrado que somos comprables, sobornables, manipulables. Chávez nos ha convertido en un pueblo enfermo, con la autoestima por el subsótano 10. Los ciudadanos venezolanos devenimos en una especie de pueblo cubano, atenido, vividor, chulo, malviviente, indolente e indiferente al que no le importa que nuestros destinos estén siendo controlados por los pranes desde las cárceles y penetrado por el narcotráfico mientras le monten una feria de comida en donde le vendan un kilo de azúcar y un pote de leche. Gente a la que le compran su conciencia; con tres lochas, a unos; con una nevera, a otros, o con cuantiosos y corrompidos contratos, a otros. Un país cuya dignidad se la han pasado olímpicamente por las bolas quienes lograron, con la ayuda de los Castro de Cuba, conseguir nuestros puntos débiles.

La semilla de la mala yerba sembrada en la Cuarta República dio sus frutos en la Quinta y el tiempo de cosecha empezó hace 14 años. Ahora los modelos a seguir son los del vivo y el abusador, so pena de pasar por pendejos si hacemos lo que se debe hacer.

Terminamos siendo, como los cubanos, un pueblo que se queja por las esquinas y rincones, que arrastra sus penas como cadenas completamente impotente, a la espera de que venga la muerte y nos resuelva el problema. Tal y como Cuba, donde llevan más de 50 años esperando que el ¨enfermo¨ Fidel se muera.

Ya no es cuestión de si Chávez vive o muere. Eso viene a ser los de menos porque nuestro problema, la enfermedad del país, no se resuelve con un cambio de gobernantes. Estamos mortalmente enfermos y da lo mismo que sea Chávez, no importa si hay o no chavismo sin Chávez, el tratamiento que amerita este país enfermo va mucho más allá de la supervivencia física del comandante o de su movimiento.

Tal vez haya que empezar por abandonar los platós de televisión e irse a los pueblos y barrios a hacer trabajo de base, de educación. Olvidarnos de Globovisión y de VTV -que hacen el mismo daño a la mente del ciudadano- y embarrarse los pies para llegar a la gente. Ese podría ser el inicio de la terapia curativa. Ahí están los resultados de los dos últimos procesos electorales, 6 años más de presidencia y 4 de gobernaciones para continuar agrietando la ya disminuida autoestima del venezolano y haciéndolo más dependiente e impotente. El 16 de diciembre pasó lo de siempre, pretendimos obtener resultados diferentes haciendo lo mismo. Y nos lo cobraron.

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Cuba nos mandó un muerto que habla

 

 

Captura de pantalla de Ustream Alba TV

Captura de pantalla de Ustream Alba TV

Yo lo veo así:

Ya Giordanni anticipó hace poco que lo que viene no es fácil. Que regalado se acabó. Que hay que devaluar y aumentar la gasolina con todas las consecuencias que eso trae y otras tantas medidas “empaquetadas” e impopulares más que no podrán seguir aplazando por mucho tiempo.

Entonces, Chávez se va a Cuba, aprovecha de darse unos re-potenciadores baños en la cámara hiperbárica de Fidel (que bien podría haberse dado aquí en una de las tantas máquinas compradas para tal fin), descansar y maquinar con el dictador cubano la estrategia a seguir para que el impacto de las medidas sea lo menos dañino para la imagen y popularidad de Chávez posible.

Ambos caudillos, maquiavélicamente,  llegan a la conclusión de que conviene que se separe, que tome distancia del paquete capitalista salvaje que habrá que adoptar en Venezuela. Que su imagen no se vea para nada vinculada a la crisis sin precedentes que se avecina.

En conjunto, deciden que lo mejor es decir que hizo metástasis en el mismo lugar de la lesión anterior y que hay que operar (Esto servirá para que todos digamos que, si hizo metástasis en el mismo sitio, es grave y le queda poco tiempo de vida).

Buscan un cordero a quien sacrificar y llegan a la conclusión de que Maduro cumple con el perfil ideal; pues, un chófer de metrobús no tiene capacidad para gobernar un país tan difícil como Venezuela.

En tres meses regresa Chávez como salvador a recuperar la patria socialista perdida en manos de ineptos subalternos que echaron por tierra en poco tiempo los “grandes logros obtenidos en 14 años”.

Cómo ñapita, al anunciar la fatídica noticia de su metástasis y su próxima intervención -en Cuba, por supuesto, donde es más fácil resguardar los secretos y que se filtre solo la información que se interesa se filtre al exterior-, siembra el sentimiento de lástima por el moribundo en sus acólitos, los insta a votar el 16 D, a tomar plazas Bolívar del país en apoyo al “muerto que habla”, a unirse en esta hora menguada, para que la revolución siga su triunfo.

Que ninguno de sus seguidores se achinchorre en la casa el día de las elecciones que, mientras él se recupera del nefasto cáncer que le amenaza su vida, su grey, religiosamente, se encargue de asegurar el socialismo del Siglo XXI en cada gobernación del país. Los cohesiona y los arenga para que con sus votos defiendan la revolución.

¿Qué está enfermo? Debe estarlo. ¿Qué se va a morir? Algún día, como todos. Pero desde que lo vi no he podido dejar de pensar que en Cuba llevan más de 50 años esperando que Fidel se muera. El guión venezolano, hasta ahora, ha sido una copia al calco del de la isla de los Castro. Fidel ha muerto y resucitado un promedio de unas seis veces por año en este medio siglo de dictadura.

¿Qué podría hacernos pensar que en el caso de Venezuela no se repita, también en las reiteradas muertes y resurrecciones, la historia cubana?

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