El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

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Postales para Luis Brito. Un mes sin El Gusano

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Hace un mes, el timbre del teléfono, el domingo a deshoras, sonó hueco.

La sorpresa venía acompañada de lágrimas incontenibles y de un dolor en la boca del estómago y un vacío en el pecho.
El sueño se espantó de golpe.
Lo inesperado fue un mazazo en el vientre.

¡Murió El Gusano!

Cayó en la acera cuando su corazón no dio para más.
Murió como le correspondía, de corazón y en la calle, porque así vivió.
A todo corazón y callejeando incansablemente, como lo recordó la querida Elsy Manzanares.
La calle era su hábitat y su escenario. Su fuente de creación. Su inspiración.
No era hombre de camas y mezquindades. Era callejero y querendón.

En el 2009, se apareció con un pequeño sobre en la puerta de mi casa.
Venía cargado de flores.
Las tres flores que iluminan este escrito.
Tres flores que eran un cuento de vida, belleza y muerte.
Tres flores que eran un homenaje a la belleza y a lo efímero.
A la belleza de lo efímero.

Es que Luis nos enseñó a ver. Nos enseñó a mirar más allá de lo aparente.
Con Luis, el cielo dejó de ser sólo cielo.
El cielo se volvio Brito, ‘azul Brito’
y ya más nunca pudimos verlo sin verlo a él y presentir a sus ángeles.

Nos enseñó a ver la belleza de una flor marchita.
La desintegración de una flor cobró significado. Se hizo discurso de lo efímero de la vida
y la belleza insondable de la muerte.

Luis nos enseñó a ver lo que hay más allá de unas manos,
de unos pies.
Nos mostró que un gesto captado al paso es todo un discurso.
Nos mostró que los rostros son un mapa. Que cada surco de la piel, cada mancha,
es una historia de vida y en los ojos de los fotografiados nos dejó su alma
y nos mostró la suya.

Imposible volver a mirar las cosas de la misma manera después de conocer a Luis y sus fotografías.
No hay manera de ser indiferente ante la imagen o ante la realidad.

El Gusano tenía esa capacidad que solo tiene un artista de mostrarnos lo feo de la realidad, de manera hermosa, con imágenes que son cachetadas en la conciencia. Como esas excelentes fotografías que hizo de los adefesios con los que la revolución ha inundado muros y calles del país.

Más allá de lo que tiene que ver con la imagen y la fotografía, una escuela que por siempre estará allí, en su obra. El Gusano nos mostró la parte humana del hombre.
Su desprendimiento y su capacidad para darse también fueron una escuela.
Su ‘nalgasprontismo’ nos ensenó a ser mejores seres humanos porque así debe ser ‘la vida humana’
-esa frase con la que lo recuerda la hermana pendeja, Mercedes Vázquez-.
Su esencia era desprendida y desinteresada.
Engullía la vida con ‘alegría sincera’.

En mi mente siempre ronda una linda chaqueta de jean rojo vino que llevaba una vez que nos vimos.
‘Me gusta’, le dije.
En su siguiente visita, llegó con la chaqueta en la mano,
Sin más, me la regaló.
Una chaqueta en la memoria y en mi corazón el agradecimiento eterno por los tantos favores recibidos y su espléndida entrega a la amistad.

Por esto, el domingo primero, al escuchar la infausta noticia,
el corazón se resquebrajó y el vientre se contrajo.
Se murió un hermano y dolió como sólo puede doler la muerte de un ser querido.

Entonces, surgieron estas postales, como una forma de desahogar tanto dolor…
Mantener vivo el recuerdo y el cariño.

El Gusano se nos fue ese domingo pero sigue en el cielo azul Brito,
en los ángeles,
en las flores,
en las manos y en los pies,
en las arrugas de los rostros de la gente que fotografió,
en la sonrisa y en la mirada de la gente que amó.
‘Los seres que uno ama’.

Postal #1

postal1Ya para ti no es un misterio,
Gusano.
Ahora estás allá.
A la vida le sacaste todos sus misterios. La escudriñabas a placer.
Te la comiste en unas patas de cochino.
La devoraste con pasión.
Frenético.
Te vas siendo joven.
Ya quisieran muchos jóvenes tener la mitad de la pasión y el frenesí con que viviste hasta el último respiro.
La muerte, Gusano, ya no te obsesionará más.
Ahora, ya lo sabes,
El último misterio se te ha revelado.
Salúdane a Franklin Brito.
Abraza de mi parte a Reverón..
Espéranos, Luis.
No nos olvides.
Nosotros no podremos olvidarte.
El dolor pasará, siempre pasa.
Pero el amor estará siempre.
Con tus amigos los ángeles un día nos encontraremos y seguiremos juntos en la cofradía de los nalgasprontas.
¡Coño, Gusano!
Qué dolor.
Qué desgarro.

Postal #2

postal2Aquí está tu sofá cama, Gusano.
Frente a tus caballos. Junto a tus manos. Frente a los ángeles.
Estás a donde mire.
Estás en el gallo del baño.
Estás en una gaveta donde están tus flores. En otra donde están tus zapatos y el caniche.
Estás en el dramático cielo azul cobalto como el de tus fotos donde hoy te reciben.
Estás sobre el cpu en una miniatura de la foto de Linsay Kemp para llevar en el pecho.
Ahí, donde ahora duele tu ida.
Un broche para llevar del lado del corazón que no para de llorarte.

 

Postal #3

postal3

 

Tenías cosas que decirme.
Siempre teníamos cosas que decirnos, Luis.
Me debes esa llamada.
No te lo tendré en cuenta.
Yo te debo tanto.
Qué orgullo haberte tenido.
Seguirte teniendo.
Siempre estarás. Nunca te irás.

 

Postal #4

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Me quedé con las ganas de recorrer los salones de alguna galería o museo de #Maracaibo junto a Luis para que me hablara de las muñecas de Reverón, de SUS muñecas, las de Luis.

Maracaibo nunca respondió. Ni el Camlb ni LUZ hicieron el esfuerzo por traer esas fotos.
Yo quería ver en los muros de una galería o museo de Maracaibo esas muñecas cuyas fotos vi nacer desde una prueba de contacto. Pero nadie respondió.

Postal #5

postal5Cuando terminé de.escribir ‘Te voy a llevar al cielo’, al primer amigo al que se la envié fue a Luis Brito. Yo estaba contento y me interesaba su opinión. Sabía que no andaría con eufemismos.
Al día siguiente, le pregunté:
-¿Qué te pareció, Gusanito?
-Me la leí dos veces.
Fue su respuesta. No hizo falta más. Entre nosotros no hacían falta muchas palabras.
Como a los dos días sonó el teléfono:
-Golcar Margarito -dijo sin mediar saludo-, esa vaina hay que publicarla y, cuando la vayas a publicar, yo me voy a Maracaibo o tú te vienes para acá porque te regalaré la foto para el libro.
Eso.

Postal #6

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¿No entiendo para quién se exhibe hoy este cielo

sin pudor

si ya no está Luis para fotografiarlo?

 

 

 

 

Postal #7

postal10Pensé en agarrar un avión para ir a despedirte Gusano.
Son sólo 45 minutos de vuelo, pensé.
Pero es mucho más que eso.
Es el miedo a enfrentarlo.
El pavor a la certeza.
No soportaría el gentío de duelo.
No tengo valentía para escuchar el llanto, las oraciones, los rezos.
Los chistes, porque tratándose de ti, siempre habrá un chiste, una locura, una necedad.
No quiero tener ese recuerdo de poleas chirriantes.
Quiero, cuando mengue el dolor convencerme de que sigues de viaje.
Olvidaré ese timbre de teléfono a deshoras un domingo.
La memoria no guardará el gemido ahogado de Cristian al recibir la fatal noticia de boca de Mercedes.
Todo será una alucinación de una mañana de mal dormir.
Entonces, sabré que un día sonará el teléfono: ‘Golcar Margarito, prepara el sofá que llego mañana’. Y te diré: ‘Necio. Tú sabes que ese sofá siempre está listo para ti. Siempre te espera’.
O nos tropezaremos en una calle y el abrazo será eterno.
Hoy, pasamos horas de nalgasprontas, Gusano. Creo que fuiste tú quien hizo que todo se traspapelase para ponernos a prueba a ver si aprendimos algo. Creo que estuvimos a la altura, Luis.
Fuiste luz, Gusano y ahora iluminas como nunca.
Téngase la delicadeza de no dejar nunca de alumbrarnos el camino con alegría sincera.

Postal #8

postal7Luis nunca dejará de ser el mágico Gusano de la luz.
Fue una noche de mal dormir.
De dar vueltas en la cama con su presencia en el alma y sueños cortos, extraños y bonitos.
Estaba en Montevideo, mi sobrino nuevo, Valentino, a quien aún no abrazo en carne, estaba hermoso y sonriente. Inmenso. Mucho mayor que el corto mes que apenas cumple.
Pasé frente a una casa que era como un escenario teatral. Quienes allí vivían parecían personajes en escena.
Sobre una mesa, tapados con lienzos crudos y beis, había postres.
Me robé un pedazo de una exquisita milhojas con dulce de leche.
Estaba deliciosa, producía una rica sensación. Estaba hecha con marihuana.
Un hombre de gesto adusto y barba entrecana me reclamó que si yo iba a Uruguay sólo para drogarme. Le respondí que no era en mí país donde la marihuana se vendía legalmente, y seguí.
Ja ja sólo en sueños me gustará la sensación de la marihuana. Y entre una imagen onírica y otra, siempre está Luis.
Desperté. Sonó el teléfono.
Una voz diáfana, cantarina, caraqueña como el Ávila, me abrazó y me habló de Luis.
Era Faitha Nahmens, cálida como un cielo azul con luna tempranera.
Una voz que abraza, cobija, consuela y pone un delicioso sonido a una amista de LCD,
para leerme su semblanza del Gusano.
Gracias, queridísima.

Postal #9

postal9Gusano de agua
Gusano de tierra
Gusano de luz
Y de dramática sombra.
Gusano de aurora.
De luz de atardecer.
Crisálida que el primer día de marzo
Se convirtió en mariposa
Y voló hacia el cielo azulísimo
que siempre fue suyo
Para hacerse eterno.
#LuisBrito
Foto de Ramón Lepage.

Postal #10

postal8El humo y el fuego le dan el último impulso para ascender a los cielos.
Esos cielos que siempre fueron de él.
Tendrá arreboles de Carora
Y amaneceres y atardeceres de Río Caribe.
Su paz será azul cielo.
Su eternidad será una foto
de azul cobalto sobre soporte de plata
como nos regaló siempre.
#LuisBrito

Estará en paz, pero no descansará.
Luis Brito no fue un hombre de descansos.

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Jesús de La Misericordia 2014

Imágenes de la procesión del Jesús de La Misericordia 2014 en Maracaibo

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Ver también: Jesús de la Misericordia recorre Maracaibo: http://wp.me/pEXLe-CZ

Ha pasado un ángel…

 

 

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“¿Recuerdas a Eleonor Rigby?” Llamó Luis Brito a su muestra de ángeles de camposantos en homenaje a Lennon. Una canción que habla de soledad, de fe, de desamparo… de muerte:

“Mira toda la gente solitaria
¿De dónde vienen todos?

Mira a toda la gente solitaria
¿A dónde pertenecen?”

… Desde los tiempos de la antigua Roma, cuando en algún momento se produce un silencio abrupto, se dice: “ha pasado un ángel”.

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Estando en El Cairo, Luis Brito, tomaba su desayuno en un restaurante, el 9 de diciembre de 1980, cuando escuchó la noticia de que cinco disparos dejaron, la noche anterior, sin voz a John Lennon. El fotógrafo tomó su cámara y salió, tras el último bocado, movido por el subconsciente, a buscar a ese ángel que surcó el cielo en el momento cuando la voz del Beatles se apagó repentina, abrupta e irremediablemente.

De allí nace la serie de los ángeles. De esa impresión que produce el primer contacto con la muerte. Lennon fue el primer “familiar” que se le murió a Brito. Con su asesinato, Tánatos se acercó por primera vez a las emociones del joven fotógrafo.

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Los Beatles eran sus hermanos, sus compañeros. A cualquier parte del mundo que fuera, allí estaban ellos. Su música sonaba por doquier. Eran sus compinches, sus compañeros de viajes. Esa mañana, uno de ellos se había marchado para siempre sembrando en el fotógrafo la inquietud por lo efímero de la vida, la impresión de la fatalidad y la incertidumbre por la implacable parca.

Al cementerio de El Cairo llegó con su sensación de luto y soledad a exorcizar sus fantasmas con la cámara. Venciendo sus propios prejuicios contra el uso del color en la fotografía, optó por llenar sus imágenes con un intenso y dramático cielo azul. Fue un momento de rupturas y de inicios.

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Pero, ¿es realmente color lo que se aprecia en las imágenes de los ángeles? ¿O es solo un guiño del fotógrafo, un engaño, para hacernos creer y, creer él mismo, que está irrumpiendo en el uso del color en la imagen, cuando en realidad está solo versionando el blanco y negro?

Si observamos con detenimiento, la serie de los ángeles es como un sucedáneo de su trabajo en blanco y negro. El intenso azul toma el lugar del dramático negro pero no se puede hablar de abundancia del color.

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A las fotografías de los Ángeles de El Cairo, le siguieron instantáneas captadas en cementerios de Valencia, Buenos Aires, Maracaibo, Roma… Para el fotógrafo de Río Caribe es muy importante conocer los cementerios de las ciudades para profundizar en la cultura de los seres humanos que las habitan. Los hombres se retratan en la manera como se relacionan con sus muertos.

Las imágenes de la serie rompen con los convencionalismos de la fotografía. Son des-estructuradas. ¿Quién dijo que el sujeto fotografiado siempre debe estar en el centro? ¿Dónde se encuentra el punto de fuga? ¿A dónde fue a parar el horizonte?

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Los ángeles, sin dar referencias de lugar, parecen interrogar el firmamento. Cada imagen es una crónica del desamparo y la soledad. Un relato del dolor tras el clic de quien se interroga por el sentido de la vida y clama al cielo por respuestas. El infinito cielo azul es evidencia de lo pequeño que es el ser humano y lo finita que es la vida. Esa vida que se fuga como parecen fugarse los ángeles del encuadre.

Ante tan contundentes sensaciones y emociones, pierden toda importancia las nociones del lugar y el momento. La soledad, como el cielo, es igual en todas partes del mundo. No hace falta poner un territorio al firmamento, como no es necesario darle ubicuidad a la soledad. De allí que las fotografías no tengan referencias a lugar o fecha.

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Los ángeles de Brito hablan de una soledad sin desahucio. Es la soledad de quien sufre un dolor pero se aferra a una fe, para no sucumbir. De quien enfrenta un momento crucial en su existencia.

Arriba hay un cielo y, al final, eso es lo que importa. Es lo que da la fuerza para no caer, para no paralizarse, para no rendirse. Es la fe, la creencia en un “algo más”, lo que se desprende de las imágenes. La certeza de que la respuesta a preguntas y plegarias debe llegar.

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Es un sistema de fe, el de Brito, poco convencional, como su fotografía. Construido a partir de sus inquietudes y necesidades. Es la fe de quien se crió en un pueblo cuya vida circulaba alrededor de “la religión, la locura y la muerte” y cuyos miedos y dudas lo hicieron rechazar la Primera Comunión hasta bien entrada la adultez. De quien logró construirse un sistema de creencias con el que compensó sus vacilaciones ante la religión. Brito se forjó una fe particular, formada y fortalecida con su recorrido vital y espiritual.

Locura, religión y muerte son constantes y recurrentes en el trabajo de Luis Brito. Son el leitmotiv en sus imágenes. Y, en el medio de todo, la belleza. La insaciable búsqueda de la belleza. La sensibilidad del fotógrafo le ha permitido, como se ve en esta serie de ángeles, extraer lo hermoso hasta de los más dolorosos sentimientos y eventos y plasmarlo en imágenes que perturban y conmueven.

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Cerro Monserrate

IMG-20130924-12707Cuando viajo a una ciudad que no conozco, me gusta ir con los sentidos bien abiertos a todo lo que se pueda presentar en el camino. Me me agrada cuando las ciudades se me van descubriendo espontáneamente, sin mucha planificación. Algo así a “como va viniendo vamos viendo”. Planificar solo lo absolutamente necesario y siempre estar dispuesto a cambiar el rumbo si se presenta una alternativa diferente.

Así nos pasó un día a Cristian y a mí en Bogotá cuando salimos de la casa derechito al centro de la ciudad para recorrer de nuevo, con calma, los lugares enseñados por “Popeye”, el indigente guía turístico de la Plaza Bolívar el día anterior. Queríamos entrar a las iglesias, hacer fotos y ver qué novedades IMG-20130924-12605nos deparaba esa interesante y concurrida zona de Bogotá.

Como el día anterior, tomamos en la misma parada la buseta que ponía en el aviso “Germania”. El recorrido parecía el mismo pero, en algún momento indeterminado por nosotros, cambió el rumbo y no dobló como pensábamos que lo haría. La buseta siguió cerro arriba y nosotros aprovechamos para pasear. Pasamos por la estación del teleférico de Monserrate y continuamos subiendo. Entre las humildes viviendas había unos claros que permitían observar algunas vistas espectaculares de la ciudad abajo.

Cuando llegamos a la parada de Funda Vitro, el conductor nos indicó que hasta allí llegaba el recorrido.

-¿Podemos volver a bajar con usted? Pregunté.

-Sí, cómo no. Solo tienen que cancelarme un nuevo pasaje.

Estábamos en el barrio Egipto, un estrato de los más pobres de Bogotá. Ubicado en la circunvalar. Cuando le contamos a “Super Nuvia”, la asistente de Idania, nuestra travesía, nos dijo:

-¡Qué locos! Eso es peligrosísimo. Es estrato 2.IMG-20130924-12611

-Pero no nos bajamos de la buseta- Dije.

-De todos modos en muy peligroso- Sentenció.

No obstante, días después conocimos por la estación Las Aguas a una vendedora ambulante que vive por el Guavio, un barrio vecino al Egipto quien nos dijo que no es tan peligroso.

-Yo bajo y subo todos los días a pie. Es solo cuestión de saber por dónde y a qué horas andar por allí.

Cuando ibamos descendiendo del Egipto, decidimos quedarnos en la estación del teleférico. Y subir al Monserrate, una visita que teníamos programada para el día siguiente pero, ya que estábamos…

Compramos los dos tickets para subir por 13 mil pesos cada uno y, venciendo mi terror a las alturas, me encaramé en el vagón. La subida es suave y rápida, no tuve tiempo de desarrollar mi vértigo.

IMG-20130924-12640El clima arriba estaba cálido aunque soplaba viento frío. Era un día soleado con cielo espectacularmente azul adornado con hermosas nubes blancas. Las vistas de Bogotá, la inmensa Bogotá, desde los 3 mil 200 metros de altura sobre el nivel del mar del Monserrate son indescriptibles. Es como sentir una gran metrópolis a tus pies.

Hicimos el camino del Vía Crucis escenificado en cada una de las 14 estaciones con esculturas a lo largo del recorrido. Visitamos el mercadito de artesanías y comiderías y visitamos la iglesia con su hermoso Cristo del Monserrate.

Había mucha vigilancia policial por todos lados. Efectivos especialmente formados para interactuar y respetar al turista sin amedrentar. Su función es orientar y brindar seguridad.IMG-20130924-12710

Un uniformado que apenas debe pasar de los 18 años con cara como de 16, me contó que empiezan a subir a las 5 de la mañana todos los días por el sendero a pie. Sube un gran número de efectivos pues van dejando apostados en el camino, cada cierta distancia, policías. Quienes tienen que llegar hasta el tope, arriban a su puesto de trabajo al filo de las siete de la mañana. El muchacho tiene 6 meses de alistado y aunque no parece entusiasmarle mucho su trabajo, especialmente los días que le toca subir el cerro, lo hace -como la mayoría de los colombianos en sus empleos- de buen humor y con amabilidad.

Carolina y Javier son una pareja de chilenos que conocimos arriba y con quienes compartimos impresiones del viaje. Venían de estar dos días en Cartagena, disfrutando de las cálidas playas y vinieron a dar un paseo por Bogotá. La pareja nos dejó con el gusanito de ir algún día a conocer Chile, su país y gracias a ellos decidimos comer en el Santa Clara un elegante restauran en Monserrate de comida típica colombiana, con una hermosa construcción de estilo europeo y fabulosas vistas de la ciudad.

No puedo decir que la bandeja paisa que me comí (frijoles rojos, arroz, carne molida, chicharrón, aguacate salchicha y huevo frito) es de las mejores que he comido -las de Cartagena son insuperables-, pero estaba sabroso, con una sazón más suave, como para complacer paladares gringos o europeos pero que a quienes conocemos el sabor de la comida de Cundinamarca nos deja con ganas. El precio bastante costoso, por un 30 por ciento del valor IMG-20130924-12715del plato en el Santa Clara es posible conseguir en las comiderías de la zona G una bandeja paisa con sabores más autóctonos.

En Monserrate conocimos a los integrantes de un grupo argentino llamado “Qué más?!” Quienes me invitaron a escuchar una canción dedicada a un guerrillero de las Farc asesinado. Los músicos vinieron a Colombia para la grabación de un video clip. Luego de la canción al guerrillero, me dieron los huevitos azules de madera para acompañarlos a tocar una rica y rítmica cumbia villera. Toda una experiencia, en verdad.

A eso de las cuatro y pico de la tarde tomamos el vagón para descender y nos fuimos en buseta

Grupo argentino "Qué más?!"

Grupo argentino “Qué más?!”

hacia el centro, a los alrededores de la Plaza Bolívar a ver que sorpresa nos deparaba la ciudad. Esa es una zona por la que jamás me cansaré de andar. En esa oportunidad había musica del altiplano andino y unas bellas llamas en la plaza.

Entramos a visitar la antigua Ermita de la Vera-Cruz, hoy iglesia de la Vera Cruz, parcialmente destruida en un terremoto y reconstruida.

Caminando por la hermosas y antiguas calles del centro, tropezamos con El Museo de Bogotá, una bella casa colonial restaurada en la que estaba en exhibición una muestra fotográfica llamada “Dogs days in Bogotá”, del fotógrafo estadounidense Alec Soth quien montó su exposición con las imágenes que fue obteniendo en los meses que duró el proceso de adopción de su hija.

IMG-20130924-12731Son fotografías entre artísticas y documentales, que transmiten la angustia vivida por el fotógrafo en esos días de incertidumbre y que nos dan una clara impresión de la Bogotá que recorrió y fotografió para crear un álbum familiar que le mostrase a su hija, en un futuro, sus orígenes.

Impactado por la fuerza de las imágenes y la carga emotiva de esas fotografías de perros, paisajes y gente, colombianos de a pié, con fuertes cargas emocionales en las poses y miradas, salimos del Museo de Bogotá para irnos a descansar, a eso de las ocho y pico de la noche, cuando ya el vigilante había trancado la puerta de entrada porque el museo había cerrado.

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Lindsay Kemp y Luis Brito, dos lenguajes, una esencia

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“Inútil es matar. La muerte prueba que la vida existe.”

Lindsay Kemp

Contó Lindsay kemp alguna vez que, cuando tenía seis o siete años, divertía a los vecinos, subiéndose a la mesa de la cocina, completamente maquillado, a bailar en punta.

Al parecer, el juego de la danza y el maquillaje se sembró en él desde esa tierna edad y no lo abandonó nunca más.  Así nació el personaje “Linsay Kemp” que surge, “Como Sherezade, de la necesidad de contar historias –dijo en una entrevista-. Imagínate, para un niño que ha nacido y pasado su juventud en una ciudad como Liverpool, las historias eran la única forma de sobrevivir y de protegerme a mí mismo. Sin el humor tampoco habría podido sobrevivir”.

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El inquieto, juguetón, imaginativo y creativo niño de Liverpool, creció, se hizo bailarín, mimo, coreógrafo, director, actor, pintor… Nunca dejó de jugar, de experimentar, de buscar una manera propia de expresarse, de conseguir ese lenguaje con el cual hacerse entender más allá de las palabras, que siempre le parecieron escurridizas.

Así lo descubrió Luis Brito, el fotógrafo, a quien también las palabras parecen huirle, se le deshacen en el camino; pero que, con su cámara, logra construir un lenguaje capaz de comunicar, a través de impactantes y dramáticas imágenes, todo el mundo interior de las personas a quienes apunta con su lente, y el suyo propio.

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Las fotografías que Luis le hiciera a Lindsay Kemp en Roma, en 1980, en los camerinos del teatro, captan toda la fuerza expresiva del artista inglés, con su mirada retadora y a la vez seductora.

Las imágenes hablan de un hombre que se transforma, más allá del travestismo o del espectáculo Drag Queen, en un artista que explora, que escudriña en la feminidad. No se ve el hombre que quiere ser mujer, que simula ser mujer; se observa a un artista que quiere sumergirse en el mundo femenino.

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Las fotografías hablan de ese niño de Liverpool que se maquillaba y bailaba para los vecinos, convertido en un artista que, en el fondo, sigue haciendo lo mismo, pero desde la perspectiva de la creación artística y el estudio de la interioridad del ser humano.

De allí, el drama y la belleza de las imágenes de Luis Brito. Con esos contrastes y claroscuros que dan fe tanto de la esencia de Kemp como de la del mismo Brito. Es que, al final, con diferentes lenguajes y maneras de expresarse, ambos artistas –Kemp con su cuerpo y Brito con su cámara–, parecen perseguir los mismos objetivos y estar obsesionados por los mismos motivos: la búsqueda de la belleza, la muerte y la locura… la esencia de la vida. Tal vez por eso las fotografías impactan tanto a quien las observa, porque es evidente que entre el objeto retratado y el fotógrafo hay lazos intangibles pero perfectamente perceptibles.

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La presencia de los espejos en varias de las fotografías contribuye a dar la sensación de drama e irrealidad a la imagen. El espejo parece mostrar la realidad que se esconde detrás del fuerte maquillaje de trazos gruesos y colores intensos, la realidad que minutos más tarde se presentará en el escenario. O tal vez, en esos espejos  quedará escondida la realidad que ya no será, cuando el artista esté en escena.

Son fotografías que hacen que a veces con drama y otras con humor, el espectador se remonte al teatro griego, al antiguo teatro japonés, a esas representaciones antiguas cuando los hombres interpretaban personajes femeninos. No imitaban a las mujeres, las interpretaban.

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Cuando se miran estas fotografías hay que detenerse en la textura de las pieles, en la fuerza del maquillaje, en la intimidad del ambiente, en la fuerza y profundidad de las miradas, en el movimiento de los personajes, en la intensidad del gesto. Es allí, donde está la esencia tanto de Lindsay Kemp como del propio Luis Brito.

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Mirna Chacín, el hedonismo hecho fotografía

"Exuberance" se llama la muestra que la fotógrafa venezolana Mirna Chacín exhibirá en Toronto, Canadá.

“Exuberance” se llama la muestra fotográfica que la venezolana Mirna Chacín exhibirá en Toronto, Canadá.

Un banco dibujado con delicadas líneas negras en medio del plano parece invitar a  sentarse y disfrutar del exuberante espectáculo de la primavera canadiense. Los robustos y floridos árboles regalan su delicada sombra y todo su esplendor. El parque parece haberse quedado vacío solo para uno y, en la esquina inferior derecha de la imagen, una pareja alista a un niño pequeño para regresar a casa luego de un día de sol primaveral y relax.

Esta imagen es la fotografía inicial que constituye un anticipo del placer que se irá descubriendo a medida que se contemple el sublime conjunto de fotografías de la primavera en Canadá, realizadas por la fotógrafa venezolana Mirna Chacín.

Imaginariamente, me arrellano cómodamente en el banco y así comienza el recorrido por ese mundo cargado de naturaleza, disfrute, armonía, belleza y placer que se desprende de cada una de las imágenes captadas por el ojo especial de Mirna.

Si me piden que en una palabra describa lo que es para mí la fotografía de Mirna Chacín, la primera que se me viene a la mente es “hedonismo”.  Placer. Cada imagen es un derroche de placer. Es contemplar una escena de goce, participar de un cuento, de una historia preñada de belleza para el disfrute de quien observa.  Sí, hedonismo en toda la extensión de la palabra, porque al mirar una fotografía hecha por Mirna, uno intuye el regodeo que la fotógrafa siente al momento de hacer el click en la cámara, siente que quienes participan de la escena están teniendo un momento también placentero y todo esto se convierte en un instante de gozo y disfrute para quien contempla, extasiado, la imagen.

Ya ubicado en ese privilegiado lugar, se descubre a una pareja de mujeres que, distraídas, conversan a la orilla de un reservorio de agua, ajenas a esas ramas del sauce llorón que caen como lluvia de estrellas sobre sus cabezas  y alejadas del ajetreo citadino. Dos amigas que parecen haber hecho un alto en el camino para compartir a la orilla del espejo de agua.

Más adelante, un hombre y una mujer disfrutan de un apasionado beso, recostados al tronco de un florido árbol, sin importarles las miradas de quienes contemplan la escena, sentados en sus bancos de reposo, ni el ir y venir de gente que a sus espaldas recorre el boulevard, a la ribera del lago, con alborozo. Absortos en su cariño, están ajenos por completo al grupo de ciclistas que en otra fotografía  se aprestan para arrancar su paseo dominical por el parque, desafiando el fuerte viento que sacude las ramas del sauce llorón bajo el cual se han reunido.

Todo en estas imágenes es placer, es ocio, disfrute del tiempo de esparcimiento, jolgorio. La pupila se regocija con la fotografía de la niña ataviada con su impecable vestido, gorrito de muñeca de porcelana y el pequeño balde de juegos playeros que mira paralizada a los estilizados cisnes en el agua, sin atreverse a importunar a las imponentes aves blancas con sus juegos acuáticos y con el niño que se entretiene lanzando piedras al agua, mientras en el fondo se divisa un velero, tras el amasijo de rocas que parecen hacer una pileta natural para que los más pequeños armen su juerga dentro de las llanas y seguras aguas.

En algunas de las fotografías de Mirna, parece develarse su primera vocación por la arquitectura ,por su manera de componer el cuadro y jugar con las líneas, como en esa imagen playera que resalta en el conjunto por su constante y reiterartiva horizontalidad. En un primer plano se observa una pareja acostada boca abajo con sus cabezas enfrentadas formando una línea horizontal que se repite en la orilla del agua y se reitera más atrás con la hilera de rocas, la línea final del horizonte y las nubes que en formación también horizontal participan en el plano. Una absoluta horizontalidad que se remarca con los pequeños puntos verticales de los veleros al fondo y de algunos bañistas de pie. Una deliciosa imagen de juegos de líneas y contrastes.

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Pica en la foto para ir al sitio web de Mirna Chacín y conocer más de su trabajo.

La utilización que hace Mirna del efecto infrarrojo es original y fascinante. Mientras otros fotógrafos como Simon Marsden,  han utilizado la técnica para dar sensación espectral y de  fantasmagoría, o para producir imágenes oníricas, en el caso de la fotógrafa maracucha, el infrarrojo le otorga a la imagen un matiz romántico, bucólico, hace que la composición se torne en una visión sublime de la naturaleza con unos cielos y nubes indescriptibles, realzando las texturas, como en la fotografía en la que el robusto tronco rugoso de un frondoso árbol enmarca el divertido juego de pelota de unos jóvenes. Las blanquísimas nubes al fondo y un velero que navega sobre las tranquilas aguas del lago, completan la armónica composición.

La profundidad de campo en las fotografías de Mirna nunca deja de sorprender. Se distingue con perfección hasta el más pequeño detalle en la distancia, en perfecto balance dentro de la composición. Así mismo, sorprende también la amplitud de sus encuadres que parecieran captar más allá de los márgenes que la visión humana natural pueden permitir. Como en esa deliciosa imagen de parejas que se solazan frente al lago, con el puente a un lado  y el hombre tumbado en la orilla que parece dormitar al calor del sol.

La imagen de un par de cisnes blancos que en la orilla del lago parecen contemplar, extrañados, a una pareja que boga en un bote en medio del lago, hace sonreír. Es hilarante el momento captado. Como si los papeles se hubiesen invertido y quienes, de forma natural debieran ser observados nadando en el agua, pasan a ser los observadores de quienes se supone deberían observar. Es un guiño, un toque de humor, porque reír también es un placer.

Cada imagen de Mirna es una historia para contar. Sus fotografías son crónicas del regocijo cotidiano. En alguna oportunidad leí que si la fotografía logra conmover, producir alguna emoción, es arte. Sin duda, lo que se desprende de cada fotografía de Mirna es arte puro. Uno no puede permanecer impávido ante sus imágenes, pues cada una despierta una emoción en el espectador.

Por momentos, uno no puede dejar de imaginar las poses de la fotógrafa al instante de pulsar el obturador para poder captar esas imágenes casi rasantes. Es una búsqueda incansable por captar la belleza en cada click, llegando a niveles absolutamente poéticos como en “El cometa”,  la imagen de la chica con su bicicleta, sentada en un banco a la orilla del lago, con un único y florido árbol en frente y el cielo con un racimo de nubes blancas al fondo, de las que se desgarra una, como un trazo de pintor. O la del chico solitario, con pinta de cowboy,  sentado bajo la sombra de un robusto árbol, rodeado solo por luces, sombras y primaveral vegetación.

Las dos imágenes que siguen parecen resumir en ellas todo el hedonismo de la fotografía de Mirna Chacín. Son dos escenas absolutamente domingueras, de domingos de primavera o verano al aire libre. Día de picnic, de andar en bici, de pasear con los niños por el parque, de disfrutar del sol tumbados en la playa, de sentir la arena en la piel, de jugar sobre el césped. Días de reunirse en una rueda los amigos, sobre la grama recién crecida, para hacer ejercicios. Un poco de yoga, tal vez…

Y una última fotografía en la que dos botes de remos, uno con una pareja y, el otro más grande,  con todo un equipo de remeros a bordo y su líder de pie, en la embarcación, surcan el agua oscura bajo un imponente cielo con nubes desgarradas como ovillos de algodón en manos de expertas hilanderas. Una imponente imagen en la que se contrasta la serenidad del agua con la fuerza de los hombres y el majestuoso cielo que parece ir contra la dirección de las naves.

Después del exquisito y sublime recorrido visual, me quedo imaginariamente sentado en el banco, con las pupilas cargadas de primavera. Lleno de un exquisito deleite y regocijo en el alma. Agradeciendo tanto disfrute visual y gratificado por la suerte de contar con ese particular ojo de Mirna para mostrarnos, en sus fotografías,  el placer de vivir.

Un placer del que se podrá disfrutar en Toronto, Canadá, del 6 al 31 de julio,  cuando en los muros de la Mimico Centenial Library, se exhiban las imágenes de “Exuberance”, fotografías cargadas de floridos paisajes y colmadas del hedonismo, ocio, esparcimiento y contemplación, que la venezolana captó en la primavera de ese país del norte que desde el 2011 la recibió como inmigrante.

#ZuliaHeroica (+Fotos)

8No sé qué va a pasar el domingo 14 de abril. La emoción de lo vivido hoy en la avenida 5 de Julio me hace intuir que el triunfo de Henrique Capriles ya muestra “una tendencia irreversible”, como le gustaría decir a Tibisay, la ministra de elecciones del gobierno.

No es la primera vez que, luego de asistir a una concentración tan masiva como la de hoy, llego a casa con la sensación de triunfo. A decir verdad, en el cierre de campaña de las elecciones del 7 de octubre de 2012, también sentí algo parecido. La diferencia en esa oportunidad es que, entonces, mientras la emoción me decía que ganaría Capriles, la razón insistía en devolverme los pies a tierra y me decía: “no te ilusiones, recuerda al mesonero que bajito decía que apostaría que Capriles perdería”, y como él, tantos otros que por lo bajo me indicaban que Chávez volvería a ganar.

Esta vez es al revés. La razón me dice que el triunfo de Capriles está marcado pero la emoción me dice: “No te ilusiones que  otra desilusión podría resultar fatal”. Entonces, recuerdo que en octubre viajé a Mérida y, mientras la imagen del hoy difunto candidato, la veía en las puertas y ventanas de las casas de la gente humilde de los pueblos; la de Capriles solo colgaba de postes de alumbrado público y de árboles. En un reciente viaje, me llamó la atención que en esos pueblos de carretera vi gente haciendo activismo político a favor de Capriles, su foto ya estaba en las fachadas de algunas casas y no vi ninguna manifestación oficialista. Muestra de que algo cambió en estos 6 meses en el contexto electoral venezolano.

Pareciera que el candidato oficialista se dedicó a hacer campaña desde las pantallas de tv, apoyado solo en la imagen del difunto y el mito que pretenden construir. Su fuerza se centró en nombrar al presidente difunto, cargando con su cadáver como único aval y ofrecimiento de campaña, sin interesarse en lo más mínimo en pisar barrios.

A 5 de Julio llegué como a las 5 y 20 de la tarde. Ya me habían advertido que desde las tres la multitud llegaba a la Plaza de La República, pero al llegar era imposible determinar la cantidad de gente que se podía encontrar allí congregada. Era un río tricolor cuyas orillas se hacían impalpables y uno no podía intuir donde se iniciaba el torrente de gente. Al ver las cabezas tocadas por la gorra tricolor del Flaco pensé: “Por más que intentaron desde el oficialismo robarse la gorra, no pudieron. Es un símbolo esencialmente opositor”.

Allí vi a todo tipo de personas. Estaba la sifrinita de uñas postizas y tetas compradas, pero también la trigueña que logró que le pusieran sus pechos pagándolos por cuotas. El muchacho con cara de malandro junto a otro con pinta de ejecutivo escapado del trabajo. La guajira con su bata colorida y la Yukpa con su niño de año y medio sin franela, para tolerar el sofocón. La amiga que fue chavista durante mucho tiempo y el cliente opositor de toda la vida. Había gente de todos los estratos sociales, de todas las edades, de todos los colores de piel. Había chinos, cubanos, colombianos, venezolanos, guajiros, yukpas… Una hermosa representación de la zulianidad.

Al llegar no pude evitar pensar “cuánta razón tuvo quien dijo que Venezuela es como un cuero seco, la pisan por un lado y se levanta por el otro”.

¿Hace 6 meses cuántas de esas personas que estaban hoy abarrotando la avenida y sus calles adyacentes no habrían pensado y dicho que no volverían a votar?

El recuerdo de los depresivos días luego del 7 de octubre acudió a mi mente para descubrirme asombrado que allí estábamos otra vez, ahora incluso muchos más que en el cierre de campaña de octubre. ¡Caramba, es que algunos llevamos 14 años siendo oposición! Hay qué ver cuánto hemos aguantado y padecido pero aún tenemos convicción y ánimo para salir a manifestar y a votar.

El gentío en esta oportunidad no me permitió ni siquiera atisbar a lo lejos al candidato. Cada vez que parecía acercarse el vehículo que entre la multitud transportaba a Henrique hacia la tarima, estiraba el cuello y me ponía en puntas de pies para ver si podía distinguirlo aunque fuera a lo lejos. Un disparo de papelillos multicolores y vuelta a las sesiones de estiramiento con la esperanza de verlo. Nada. Misión imposible.

Por los movimientos de la gente, intuía el pasó del candidato pero en ningún momento pude distinguirlo entre el río humano. Supe que llegó a la tarima porque en algún momento, entre bubucelas, aplausos, gritos y pitos, distinguí la voz de Ricardo Montaner, señal de que el candidato ya se encontraba en el lugar desde donde hablaría a la multitud.

La Pequeña Venezia de Montaner la escuché más por el coro de la gente que en la voz del cantautor. El sonido se hizo insuficiente, el espacio resultó pequeño. Vi que levantaban todos las manos y supuse que Montaner hacía una especie de juramento porque no lograba distinguir las palabras, pero todos, con absoluta convicción repetían lo que decía el cantante y fue cuando entendí que se trataba de una especie de plegaria y de una bendición.

Montaner dio paso a Henrique Capriles y, mientras lo escuchaba, pensaba en cuántas veces, desde hace 14 años, me he mezclado en multitudes semejantes, a pesar de mi agorafobia. Incontables. Hubo incluso una época en que cargaba en el carro el “kit de marcha”: un pito, una bandana y una bandera de Venezuela y en cualquier esquina que encontraba alguna manifestación, allí me disponía a apoyar con mi presencia.

¿Qué va a pasar el 14 de abril? No sé. Lo que sé con certeza es lo que podrá suceder después de ese día. De ganar Capriles, como parecen indicar las desbordantes manifestaciones de gente que en todas las ciudades del país se ha lanzado a las calles a apoyarlo, habrá un pueblo dispuesto a echarle pichón para sacar a este país del hoyo de atraso, odios y resentimiento en el que lo han sumido estos 14, mal llamados, años de revolución.

De perder nuestro candidato, ese pueblo se repondrá una vez más de la depresión, vivirá unos días de luto y tristeza y volverá a seguir trabajando y luchando incansablemente hasta que los anhelos de libertad, justicia, igualdad y, sobre todo, hermandad y reconciliación de todos los venezolanos sean alcanzados.

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La ventana de Paco Elvira ahora se ubica en el cielo

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La noticia de la trágica muerte de Paco me ha dejado muy impresionado.

No lo conocí personalmente, solo mantuvimos escasos contactos virtuales a través de su blog y de twitter,  pero todas las mañanas, al abrir mi correo, me encontraba con el post del día en su blog. Paco Elvira era un bloguero disciplinado y constante. Su periodicidad para publicar era diaria. Sin importar cuan ocupado estuviese o si se encontraba de viaje, todas las mañanas su nueva entrada esperaba en mi bandeja de entrada.

Cada día, Paco nos dejaba un nuevo post.  Generalmente era sobre fotografía, que era su profesión. El fotoperiodismo era su pasión. Bien podría tratarse de algo relacionado con  alguna imagen que acabara de tomar, sobre viejas fotografías hechas por él o de otros fotógrafos que hayan marcado historia. Nos mantenía siempre al tanto de sus proyectos, de sus libros. Contaba la historia detrás de alguna fotografía o enseñaba paso a paso cómo hacer para lograr obtener una buena imagen.

La fotografía era su pasión pero también nos deleitaba con entradas sobre gastronomía, compartía sus recetas de cocina, nos daba tips culinarios y excelentes pistas para obtener buenas imágenes de los platos de comida. En otras ocasiones nos hacía viajar con él en esas aventuras que emprendía para captar imágenes o degustar alimentos y vinos. Diariamente tenía algo qué contarnos.

Era un fotógrafo generoso, con alma de maestro, quien no escatimaba a la hora de compartir sus conocimientos en el arte de la imagen fija y de compartir sus experiencias y “trucos” con quienes estábamos suscritos a su blog o con cualquiera que le preguntase. Cada comentario que le hacían era cortésmente respondido.

Por eso me extrañó el día que me desperté, abrí el correo y no encontré el correspondiente aviso de que había una nueva entrada en el blog de Paco Elvira. Sospeché que algo no andaba bien.

Al día siguiente, tampoco hubo reporte del blog del catalán, seguí intrigado pero pensé que se trataba de alguna complicación con un nuevo proyecto que había anunciado. Jamás pensé que al llegar a casa y abrir el Facebook, me encontraría en el muro de Luis Brito, mi amigo del alma y colega de Paco Elvira, la fotografía del maestro catalán de la imagen, que identifica a su blog. Un retrato de Paco y al pie de este los mensajes de despedida que daban fe que el fotógrafo nos había dejado.

Más adelante, vi los detalles. Murió en un accidente en la Costa de El  Garraf a donde había ido a realizar un nuevo proyecto, quería unas fotos desde la roca de La Falconera para el blog . Quiso el destino que su vida quedara truncada con la cámara en la mano, como siempre vivió. Se fue y nos quedó debiendo el siguiente post.

Pero para nuestra fortuna, allí quedan sus libros, sus fotografías y su blog siempre dispuestos a brindarnos ayuda y conocimientos como bien lo hacía Paco sin la menor mezquindad. Ahora, cada vez que vea un rayo en el cielo, pensaré que es Paco, haciendo su foto del día desde una nube convertida en ventana.

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Esta fue la foto que compartió Paco en su último post.

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