El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

Desde Quinta de Bolívar hasta Fundación Fernando Botero

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Visitar La Quinta de Bolívar,  la colonial casa del Libertador en Bogotá, es casi que una obligación para los latinoamericanos en general y, especialmente, para los venezolanos. Es una hermosa quinta restaurada y mantenida en perfecto estado con algunos elementos originales de Simón Bolívar y Manuelita. A la entrada, a mano izquierda se encuentra el despacho de Bolívar. Frente a éste, al costado derecho, la habitación donde despachaba su amante, Manuelita Saenz. Al fondo, el gran comedor, el cuarto de El libertador con su cama y los cuartos de la servidumbre, la cocina, la despensa y un amplio y hermoso jardín en cuyo tope se ubica el baño y un mirador. Lo ideal para recorrer la quinta es contratar por mil pesos la audioguía que lo orientará en el recorrido.

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Al finalizar la visita a la Quinta de Bolìvar, Cristian y yo salimos y conseguimos el césped alrededor de la casa lleno de jóvenes estudiantes desayunando, conversando, tumbados al sol. Allí mismo, en “Saudade”, una cafetería, comimos unos IMG-20130925-12920ricos pasteles. Uno, el “saudade”, relleno con arroz, carne molida y pollo, Otro, el “andino” con relleno de queso, pollo y champiñones y, el “Hawayano”, con jamón, queso y piña en su interior. Todo acompañado  con exquisito jugo de lulo con leche por tan solo 13 mil seiscientos pesos, uno 6 dólares y servidos por Blanca Martínez una simpática y amable colombiana que nos detalló cada uno de sus pasteles y atendió como a reyes.

Resucitados con el tentempié, bajamos por el Eje Ambiental de la avenida Jimènez a lo largo de las fuentes rectangulares y circulares que simbolizan el río San Francisco, que en la actualidad corre canalizado bajo tierra. En una esquina conseguimos la estatua dedicada a “La Pola” una importante mujer luchadora por la libertad y los derechos, heroína de la independencia, quien murió fusilada.

Las fuentes de la avenida Jiménez simbolizan el recorrido del río San Francisco.

Las fuentes de la avenida Jiménez simbolizan el recorrido del río San Francisco.

Un policía apostado cerca del monumento nos señaló la casa amarilla en cuya fachada pone que allí vivió La Pola pero que, según el agente, no se sabe si es una la leyenda urbana o si realmente vivió allí Policarpa Salavarrieta, “La Pola”. Luego de enseñarnos la supuesta casa de La Pola, el uniformado nos recomendó subir por una callecita para visitar el Chorro de Quevedo.

Hicimos caso al hombre y el recorrido nos deparó sorpresas increíbles. Los murales y grafittis de La Candelaria son realmente obras de arte. En una de sus calles nos llamó la atención la entrada de una casa en cuyo zaguán parecía haber como una instalación de arte moderno y en la pared se podía leer “peluquería”. En una parte de la fachada, decía “La piojera”.

Entramos y nos sorprendió gratamente el lugar. Lo que a simple vista parecía ser una especie de hogar de algún acumulador, al detallarlo resultó ser tanto una casa de vivienda como un exótico salón de belleza, con un agradable café y una tienda en la IMG-20130925-12932que venden artículos usados o reciclados y muchas piezas extrañas. También hay ropa y todo el lugar parece una sala de exhibición de arte contemporáneo y underground, donde puede, además de cortarse o teñirse el pelo poniéndose en las manos de especialistas con looks modernos o post modernos y cabellos multicolores, tomarse un café o conseguir objetos extraños y de colección.

Cerca de “La Piojera” hay una tiendita con ropa y calzado de diseño, propiedad de un colectivo de creadores y diseñadores. “Diseños urbanos” reza el cartel a la entrada y la vieja casa colonial cuenta, además de la boutique, con un cálido y ameno café.

Ambos locales bien valen la pena la visita y pasarse un buen rato divertido curucuteando todo lo que guardan sus estantes y espacios.IMG-20130925-12945 IMG-20130925-12948

Seguimos el recorrido por La Candelaria. Pasamos por una hermosa callecita angosta y empedrada a cuyas veras se encontraban tiendas de artesanías y bares a los que provocaba ir a tomarse unos tragos y tener una velada de buena conversación.

Al final de la calle empedrada se observaba un muro con entrada en arco en cuyo tope se veía la silueta de un equilibrista montado en un monociclo. Traspasamos el umbral del arco para encontrar El Chorro de Quevedo, una pequeña plaza en cuyo IMG-20130925-12941centro se ubica una fuente que recuerda a sus visitantes cuando en la época de la colonia, el padre Quevedo instaló una fuente para que los habitantes de la ciudad fueran allí a buscar el agua que necesitaran diariamente.

Sentada en el borde de la fuente, una hermosa chica rodeada de niños estudiantes, les contaba, de manera extraordinariamente entretenida, la historia del Chorro de Quevedo. Yo embobado por su gracia para narrar los hechos me quedé un buen rato escuchando la lección, en la que la maestra explicaba con anécdotas todo lo concerniente al oficio de aguatero, comparándolo con los que en los partidos de fútbol llevan el agua a los jugadores y los orígenes de los acueductos.

Una de las cosas que más me sorprendió de Bogotá fue la cantidad de actividades que tienen los estudiantes de primaria y bachillerato fuera del IMG-20130925-12962aula. En todos los museos y sitios históricos que uno visita se consigue grupos estudiantiles guiados por maestros o por guías de los museos para aprender in situ y con las obras o lugares enfrente de historia y arte.

Así pasó cuando, lamentando tener que abandonar la clase en el Chorro de Quevedo, llegamos a la casa de la Fundación Botero, luego de conversar un rato con la gente de Teatro Libre de Bogotá, una institución en la que imparten clases de teatro y presentan espectáculos de teatro profesional. Allí agendamos actividad para la noche del jueves y la del viernes con la programación que nos facilitaron.

La colección de la Fundación Botero es realmente impresionante. Uno puede recorrer todo el proceso de formación, creación y definición de un estilo propio y característico del pintor y escultor Fernando Botero, uno de los más importantes artistas plásticos de la Colombia contemporánea. La muestra cuenta conIMG-20130925-12964 obras tanto pictóricas como escultóricas del maestro Botero en sus diferentes épocas, además de obras de importantes creadores del arte universal adquiridas por Botero y exhibidas en su Fundación de manera gratuita para todo el que quiera pasar unas tres horas o más de disfrute artístico.

Después de llenar el espíritu con el arte en la Fundación Botero, caminamos un rato por La Candelaria buscando un lugar donde alimentar ahora al cuerpo. Cuando llegamos a la calle que separa la Casa del Florero y la Catedral Primada, entramos a uno de los tres pequeños establecimientos de comida típica colombiana. Nos decantamos por el “Antigua Santa Fe” un restaurante en el que se degusta un delicioso ajiaco santafereño, el mejor del mundo según reza su anuncio y que nos fuera recomendado por Idania Chirinos, como el mejor de Bogotá.

Efectivamente, la típica sopa hecha con tres diferentes tipos de papa, el sabor característico de la guasca, jojoto, pollo, aderezado con nata de leche y acompañado con aguacate y arroza blanco es un delicia en el Santa Fe.IMG-20130925-12986

Junto con el ajiaco pedimos un inmenso y sabroso tamal colombiano para compartir. La comida resultó ser demasiado abundante. Estaba absolutamente rica. Quedamos ahítos como hijos de cocinera. Solo nos quedó caminar un rato más por los alrededores de la plaza Bolívar para bajar un poco la comida y luego regresar a casa a descansar para el día siguiente.

Afortunadamente, caminamos luego de comer porque no sé qué habría sido de nosotros si nos hubiéramos montado recién comidos en la buseta que tomamos.

El hombre iba a mil por hora. Daba tumbos y frenazos con tal violencia que, aún estando sentados, sentíamos que nos caíamos. En el asiento que me tocó no cabían las piernas, estaba literalmente pegado al panel que divide la cabina del conductor de área de pasajeros. Un borracho que se subió fue a dar con su curda y sus huesos al piso de la buseta cuando el chofer arranco, Cristian tuvo que ayudarlo a incorporarse. Le pregunté a un pasajero que iba en el puesto de atrás:

-¿Todos los choferes manejan así aquí en Bogotá o es este nada más?

El chico sonrió y me dijo: “Es este nada más”.

Cuando faltaban como dos o tres cuadras para llegar a nuestra parada, decidimos bajarnos. Más valía la pena caminar un

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poco más que seguir con la tortura sobre ruedas y correr el riesgo de caer unos sobre otros en una frenada o arrancada del loco del volante.

Afortunadamente, llegamos sanos y salvos a casa. Al día siguiente, nos esperaba el paseo a Zipaquirá y a la Catedral de Sal.

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6 pensamientos en “Desde Quinta de Bolívar hasta Fundación Fernando Botero

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  3. Lala de Balestrini en dijo:

    Tanto el relato como las fotografias me dejaron un sabor muy dulce, me encantaron y es que creo que ya lo he dicho soy ferviente admiradora de la obra de Botero, y tiene razòn faccinir va uno refrescando los recuerdos de lo ya vivido.

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  4. Margarita Liscano en dijo:

    Entre platos tipicos, la muestra del Museo de Botero, la casa de Bolivar y tu fresco relato, se me compuso el día…gracias.

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  5. Que extraño leer la nota y recordar casi todos los lugares,u otros tremendamente parecidos… y “saborear” un ajiaco…

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