El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

La rara amabilidad del ‘picado por la luna’

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Los venezolanos nos hemos vuelto desconfiados, agresivos, hoscos, rudos, ariscos, maleducados, violentos. Al más mínimo error del otro saltamos con un grito y un batuquear de manos.

En la vía queremos pasar siempre de primero, irrespetando el derecho de paso de los demás conductores y poniendo en riesgo la vida de los peatones.
Una milésima de segundo después de cambiar la luz del semáforo ya tenemos la mano puesta sobre la corneta, sonándola con insistencia para que quien va adelante inicie la marcha.

Entramos a un ascensor y damos los buenos días y nadie responde. Damos las gracias y el “de nada” nunca llega. Parece que olvidamos que ser amable no cuesta nada y vale mucho.

La violencia cotidiana que nos toca enfrentar hace que desconfiemos de todo y de todos y que respondamos siempre con agresividad a la menor pifia de quien tenemos enfrente.

El gesto amable de los otros nos resulta algo raro, sospechoso. La amabilidad escasea tanto como la harina de maíz y la leche. La cordialidad hace rato que se fue de paseo por otros rumbos donde es mejor acogida.

Por eso, no logramos entender la gentileza y ante un gesto amable nos sentimos desarmados y no sabemos cómo responder.

Estaba yo pacientemente esperando en una fila de un supermercado para pagar mi compra. Quien pasaba antes de mí, llevaba el carrito de supermercado a tope y el mío iba medianamente lleno. Una chica se paró detrás con un paquete de pan y, cuando ya me tocaba pasar a la caja le dije:

—¿Usted va a pagar solo eso?

Ella, extrañada, me respondió que sí.

—Bueno, entonces pase usted primero —le dije yo con tranquilidad.

La mujer no sabía bien cómo reaccionar, qué decir, cómo responder a un gesto cordial al que parece hacía tiempo no se enfrentaba y, mucho menos en la cola de un supermercado, que con la “revolución socialista” se han vuelto sitios de alto riesgo.

La chica, a quien me imagino no le deben faltar en su trabajo insultos y malas caras de clientes, pues iba  ataviada con su uniforme y carnet al cuello de empleada bancaria, solo atinó a decir, como poniendo un pretexto para evadir mi gesto gentil:

—Pero voy a pagar con débito…

—Pues, saque la tarjeta y pase. Ni que fuera a mí al que le va a pagar.

La chica sonrió y aceptó mi amabilidad sin más excusas.

Ese mismo día, en otro supermercado -por aquello de las peregrinaciones de supermercado en supermercado a las que nos hemos visto obligados los venezolanos para poder medio completar una compra con lo que necesitamos-, en un pasillo, se encontraban tiradas desordenadamente en el suelo las cajas de pasta dental y jabón de baño que, con la escasez, ya ni se molestan en colocar en los anaqueles pues más tardan en ponerlos que en desaparecer.

Vi que en la última caja de jabón quedaban tres paqueticos de Palmolive de tres pastillas cada uno, los tomé y los metí en mi carro de compra. Un señor que venía detrás se lanzó a escudriñar entre las cajas sin éxito. Quería jabón, pero yo le había ganado de mano.

El hombre le consultó a los dependientes si había más jabón y, como es habitual en este país, la respuesta fue “No hay”.

Tomé uno de mis tres paquetes y se lo tendí al hombre. Me miró paralizado. No podía mover su mano para recibir el jabón. Me miraba con el asombro y el temor con el que yo miraba de niño al “habla solo”, aquel hombre de La Parroquia a quien “lo picó la luna” y terminó deambulando por las calles en un eterno monólogo en voz alta. “¿En serio?”, me preguntó.

—Tome, lleve uno —le dije y se lo puse en su carro de compra.

Sin salir de su asombro, solo logró abrir los ojos, levantar los hombros y, con una sonrisa, darme las gracias.

Yo pensé: «Parece que el “raro” soy yo. Si sigo así, terminaré hablando solo en voz alta por las calles de la ciudad. Como si me hubiera picado la luna».

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9 pensamientos en “La rara amabilidad del ‘picado por la luna’

  1. es tan sorprendente, que hoy en día hacer un gesto mínimo de cortesia es sorpresa en la gente que lo recibe.

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  2. Lala de Balestrini en dijo:

    Si, la verdad se ha perdido mucho la cortesìa, hay sitios en donde ni siquiera una persona usa una palabra de cortesia y mucho menos amable, yo tengo la dicha de vivir en una ciudad un poco mas humanizada que las demàs ( Mèrida), la antigua ciudad de los caballeros, la verdad ya no hay tantos caballeros como en antaño pero si, todavìa quedan y no son pocos, aqui todavìa la mayorìa de la gente saluda cuando llega y se despide cuandose và, pide permiso y dà las gracias, porque es nato en los merideños porque venimos de gente educada y se podrà perder una parte de las enseñanzas recibidas pero siempre quedan y muy arraigadas algunas, tambièn es muy cierto que la mayorìa de las personas cuando se sientan detràs de un volante se transforman y pasan de ser personas pacìficas y educadas en ogros, groseros y muy maleducados, insultan, vociferan por cualquier tonterìa eso no se lo atribuyo yo a ningùn estrès ni porque anden muy apurados porque eso si es verdad que toda la vida ha existido, por lo menos ahora como no se puede andar con los vidrios de los carros abajo pues las personas a quienes van dirigidos los insultos no los escuchan alabado sea Dios.

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  3. Zoleiva Rojas de Santos en dijo:

    Muy bueno, estos son los escritos que debemos publica, donde quede una enseñanza. La cordialidad y el sentido humano son valores entre otros que se aprenden en el hogar y la escuela pero al no ponerlos en práctica se olvidan y hacen ciudades hostiles. Seguiremos educando en valores.

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  4. MoreidaRojas de Delgado en dijo:

    En este despelote en el que vivimos, una también comete esos errors de llegar a algun lado y no saludar o desperdirse al salir no dar las gracias cuando lo atienden, a mi a veces me pasa y al darme cuenta me da pena no haberlo hehco, han habido momentos en que hasta me regreo a algún necocio porque sali sin desperdirme y sin dar las gracias. En dias pasados estaba en una buseta y me puse a poner cuidado de quienes saludan al entrar y fueron mas lo que entraron mudos que los que dieron las buenas tardes, a mi particularmente me parece extraño eso ya que desde muy pequeños nos enseñaron esas elementales normas de cortesia

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  5. Juan Jorge Espinoza V en dijo:

    Golcar, a veces pareciera leer a Renny Otolina, tus mensajes de civismo no deben detenerse. Gracias!

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  6. Bibiana Balestrini de Osorio en dijo:

    Lo extraordinario se hizo cotidiano y viceversa…
    Cuando termine de hacer las paces xcn este telefono me sentire libre de escribiA mis anchas

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  7. Yandira Rojas en dijo:

    Pafff Golcar que increíble yo no me acordaba del “picado por la luna” era luna o el Arco Iris? bueno no importa, la verdad que asusta como nos hemos deshumanizado, incluso acá un país de gente cordial sin apuro, sin colas ni de transito, ni de bancos y menos en los supermercados luchando por algún producto de primera necesidad, de hecho la Negra dice cada día que le gusta mucho ver como vive la gente acá, sin estrés, contenta, cordial, pero igual, nos cruzamos con gente que le “cuesta mucho” un buenos días, gracias o por favor, y también nos encontramos con gente que ante una de esas “palabras mágicas” como se lo enseñamos a los niños, se queda tan agradecidos, que nos hacen pensar; pero y yo qué fue lo que hice?
    Sería tan bueno que tomemos conciencia de que con una sonrisa a un desconocido en la calle o una “palabra mágica” podemos cambiarle la visión de la vida a una persona que salió de su casa con un conflicto terrible o una tristeza enorme.
    No neguemos mas una sonrisa o una “palabra mágica” por favor.

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  8. Debo encontrarte más a menudo para tener fe en esta aglomerada ciudad de zombis y descorteces. Claro que se de qué estás hecho y además de valores tienes coraje y la gracia de haber sido tocado por el manto del equilibrio. Hoy vi a Arias C. con el inefable Perez-Pirela y declarando para la TV en el Parque de La Marina mientras paseaba a mi mascota y les escuche decir de la ciudad que merecían los ciudadanos y a punto estuve de espetarles su hipocresía, luego de ver como están colocando grafitis en las paredes de toda la ciudad, creando el caos y convirtiéndola en un adefesio político-demoníaco. Me cuesta no interactuar cada día a la hora de pagar en el supermercado y aún cuando la gente trata de evitar decir lo que piensa, mi actitud arranca en algunos un cierto destape y criterio de protesta. Yo protesto la deshumanización de mi ciudad, donde cada rincón sufre los rastros de la desidia de los gobernantes de turno.
    Golcar, sigue siendo el raro que todos queremos encontrar en nuestro paso en este interminable desfile de malos momentos; queremos refugiarnos en la gente rara y diferente que nos trae la visión diferente y humana de ser ciudadano con valores y principios sociales. En ti veo un espejo de mi angustia y un compañero de una visión del país posible. Gracias amigo.
    No veo el momento de definir esta situación… ¡caiga quien caiga!
    Un abrazo.
    Dorian

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