El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

Sonidos, ruidos y conversas de La Vereda

vereda

Imagínate que te pones tus shorts, tu franela sin mangas, las medias blancas tobilleras y los zapatos deportivos de caminar. El look está listo. Pasadas las 7 y media de la noche, estás llegando a La Vereda del Lago para tu hora de caminata con la que pretendes quemar grasa y bajar de peso pero, especialmente, disminuir esos elevadísimos índices de triglicéridos y colesterol, antes de que tu médico te sermonee en la próxima consulta.

Estacionas, apagas el auto y desciendes para iniciar la primera vuelta al circuito que darás en cerca de media hora caminando a paso rápido pues la idea es hacer ejercicio, no pasear.

Al abrir la puerta del vehículo escuchas el sonido de los motores de los demás autos que circulan por la vía, oyes cómo las cauchos suenan al rozar y deslizarse sobre el pavimento y sientes el sonido del viento que sopla fuerte entre el follaje produciendo una especie de frufrú al mover las hojas.

En ese momento te das cuenta de que el oído es el sentido que más se estimula en tus caminatas. Eres medio cegato, y el reflejo de las luces sobre los cristales de los lentes, en la oscuridad de la noche, te limita mucho más la visión. Tal vez por eso, centras tu atención en el oído.

Nunca te ha gustado llevar audífonos para la caminata, como observas que hacen muchos, porque te sentirías como impedido. Tal vez por deformación de comunicador o por malas mañas de pueblerino andino, te gusta estar atento a los ruidos y sonidos durante la caminata y, especialmente, a las conversaciones de las personas que pasan a tu lado.

Empiezas la caminata a paso lento.  El ruido de los carros pasa a un segundo plano cuando te vas acercando a una pareja que está con ropa deportiva similar a la tuya, parada en la acera y escuchas la voz masculina que con cierto tono de asombro y de no entender qué pasa pregunta:

-¿Pero tú no me dijiste que no ibas a trotar porque tenías gripe?

Ella no responde. Mira hacia otro lado para no tropezarse con la mirada de él. Tú ya estás lo suficientemente cerca para comprobar que se trata de unos jóvenes de unos 18 o veinte años de edad. Él continúa interrogativamente:

-¿Quién te entiende? Cuando te llamé me dijiste que vendrías, pero solo a caminar porque como tienes malestar de gripe no querías trotar. Entonces, como yo sí quería trotar, me vine antes para dar dos vueltas trotando y después caminar contigo. ¡Y ahora me sales con que por qué no te esperé para trotar juntos, cuando tu dijiste que no ibas a trotar!

Ella hace un mohín sin responder y lo último que escuchas en la distancia, es cuando él, medio suplicante, le dice:

-Bueno, vamos a trotar…

Ya no distingues las palabras, sigues tu camino acelerando cada vez más el paso. Escuchas las ruedas de las bicicletas que se aproximan, sientes el click del cambio de velocidad y el chirrido de la cadena mal engrasada de alguna de las bicis. Ya se empieza a sentir el sonido del vaivén de las olas del lago y el romper del agua sobre el concreto de la caminería que recorre la orilla.

-…parecía un idiota, el tipo. Estaba como deslumbrando con Kerry.

Son las primeras palabras que logras identificar de la conversación que sostienen dos hombres que caminan a paso lento delante de ti.

-¿No viste la foto? Esos carajos se la tiran de arrechos contra Estados Unidos pero a lo que tienen en frente a algún gringo como el Kerry, se chorrean y se deslumbran como carajitas de pueblo.

-No, eso no lo vi. Pero ¿quién es ese Kerry y quién se chorreo?

-El Secretario de Estado, que recibió al pajúo del Jaua ¿No te enteraste? ¡Si por eso fue que liberaron al gringo cineasta…!

-¿Cuál gringo es ese…?

-¡Coño!, el que vino a hacer el documental y lo metieron preso dizque por espía. Lo habían mandado para El Rodeo pero como no querían nada que enturbiara la reunión del pendejo del Jaua con Kerry, pues lo “expulsaron” del país…

-Ah, no me enteré de nada de eso…

Esto es lo último que logras distinguir de la conversación porque ya te has alejado de los tipos y una alarma pegada de un carro no te permite seguir escuchándolos.

El zumbido de los patinadores y el suave deslizamiento de los patines en línea sobre el pavimento hacen que te pongas alerta para no llevarte por delante a alguno o que uno de ellos o un ciclista te atropellen. Un niño en una pequeña bicicleta grita “¡Papá!” y un señor gordo en otra bici un poco más adelante, le responde “¿Qué?”. Obviamente están más de paseo que ejercitándose por el lento ritmo con el que pedalean.

La pareja joven que discutía a tu llegada se divisa más adelante. Ella camina a paso rápido, con cara de niña malcriada a la que no le compraron la chupeta que pedía y él unos pasos atrás, con el ceño fruncido.

Detrás de ti sientes el golpeteo de unos zapatos deportivos que se aproximan al trote y empiezas a sentir un jadeo que se acerca incómodamente a la nuca hasta producirte un poco de excitación. No volteas para no ser evidente pero incluso te parece sentir el calor del aliento en tu cuello. Te distraes mirando las luces de los barcos en el puerto y cuando quieres saber de quién era el jadeo, no logras distinguir entre las 10 personas que van delante, aunque la piel erizada aun acusa la intensa sensación por la que acabas de pasar.

-…muy jodidos estamos en el trabajo ahora –le dice un hombre a una mujer que lo acompaña a paso rápido.

-Ahora nos salieron con que no nos renovaron el seguro médico y el HCM porque para eso tenemos los CDI y el Seguro Social. Cuando la empresa era privada, teníamos un excelente seguro de salud pero desde que expropiaron esa vaina todo se ha vuelto una mierda. Lo peor es que uno no puede protestar porque lo envainan. Como yo soy del sindicato, el otro día se me ocurrió reclamar y me clavaron dos meses. Uno tiene que cuidarse mucho de lo que dice porque cada vez se ponen más represivos. Ahora, cuando me preguntan, les digo que todo muy bien, que todo perfecto para que no me vayan a joder…

Inmediatamente, cuando ya no logras distinguir lo que el hombre sigue diciendo en su monólogo, escuchas una voz chillona y nasal de una chica que le dice a su compañera de caminata:

-…horrible, Marica. A las dos de la tarde y eso que el centro comercial estaba lleno de Guardias Nacionales por el plan ese de Nicolás.

-Pero, ¿qué, entraron como clientes de Movistar a comprar algo?

-Claro, marica. Les abrimos porque estaban bien vestidos y, como habíamos visto los Guardias, nos confiamos. Cuando se cerró la puerta, sacaron las pistolas y nos encañonaron. La pobre Yanilet casi bota el muchacho con el susto, marica, ya tiene ocho meses, la panza le dio un brinco, estaba pálida…

El violento sonido de un frenazo de bicicleta en la vía contraria te distrae y ves como el hombre que la conduce se va de frente contra el pavimento. Intentas en un primer impulso acercarte a ayudar pero ves que el ciclista se levanta y sus dos compañeros, en sendas bicicletas, llegan para auxiliarlo.

Sigues tu caminata tratando de recuperar el ritmo alcanzado antes del percance. A lo lejos, escuchas un “guachi guachi” destemplado de alguien que supone que va cantando. Tratas de identificar de dónde proviene el desastroso “canto” y escuchas cada vez con más nitidez. Es el muchacho ese que camina unos dos metros delante de ti, moviendo la cabeza al ritmo de la música que escucha a través de los cascos que lleva en cada oreja. Unos audífonos blancos con plateado, inmensos, de esos que están de moda.

Ya más cerca del muchacho logras adivinar las palabras de la canción, chillada, más que cantada.

“Everybody look to their left

Everybody look to their right

Can you feel that?  Yeah

We’ll pay them with love tonight “.

¡Qué manera de destrozar el inglés! El tipo cree que va cantando “Price tag”, de Jessie J. Oyes, mientras lo adelantas muerto de la risa, que él cree que canta:

“It’s not about the money, money, money

We don’t need your money, money, money

We just wanna make the world dance

Forget about the price tag…”

Cuando ya no escuchas al cantante de ducha, empiezas a  oír la conversación de una doñita que va diciéndole a la que parece ser su hija:

-…maginate,  ¡cuánto puede estar costando una Harina Pan en Margarita! Roberto me consiguió un bulto para mandárselo a Marisela, pero quiero conseguirle también unos aceites porque en la isla esas cosas, aparte de que no hay, deben costar un ojo de la cara… El peo va ser el flete, que de aquí pa´Margarita debe salir caro pero ahí veremos cómo hacemos para enviarlo…

Un carro que pasa con luces de neón hasta por la parte de abajo, sonando en el equipo un vallenato de Jorge Celedón a todo volumen, te tapa la conversación de la mujer. Cuando ya pasa el infernal ruido sobre ruedas, la señora y su hija han quedado muy lejos.

Oyes que el hombre que viene de frente, te llama por tu nombre. La voz se te hace conocida pero no tienes ni idea de quién pueda ser. Tratas de enfocar tu deficiente visión para ver si reconoces el rostro, pero no identificas al interlocutor. “¿Cómo está la vaina?” Dices para no quedar mal, sin atreverte a decir más nada para no meter la pata.

-Bruno se nos fue en enero. -Dice el hombre con tristeza en la voz y, al escuchar el nombre del perro, lo identificas. Imposible ubicarlo en la semioscuridad de La Vereda, con tu ceguera y lo flaco que está el hombre, cuyo nombre no te viene a la mente. Sin detener el paso, aunque disminuyendo la velocidad al mínimo, ambos se van volteando para seguir conversando de frente mientras caminan:

-Y ¿qué le pasó? Él no era tan viejo.

-No chico, tenía nueve años. Se enfermó de los huesos. Parece que fue por la subida y la bajada de escaleras en la casa.

-¡Ay, qué lástima! Lo siento mucho. Yo pensaba que te habías ido del país…

-No he podido. Estoy en eso pero se me ha hecho imposible y eso que ya toda mi familia se fue. ¡Esto esta invivible!

-¡Coño, sí! -Dices y levantas la mano para despedirte porque ya la distancia entre los dos hace imposible continuar con la conversación.

El zumbido del viento que ahora viene de frente te ensordece por un momento y hasta lo agradeces porque justo vas pasando frente a las bicicletas fijas y las caminadoras que siempre tienen música “changa changa” a todo volumen.  Frente a ti, divisas una vez más a la parejita de jovencitos que discutían al llegar. Vienen uno junto a la otra, a trote lento. La tensión entre ellos parece haberse diluido durante la jornada de ejercicios. Se miran y se sonríen entre sí. En algún momento de la noche, mientras daban vueltas a La Vereda, se deben haber reconciliado.

Te montas en el auto. Subes los vidrios. Enciendes la música y arrancas rumbo a tu casa. Son cerca de las nueve de la noche. Dentro del vehículo, con la música y el aire acondicionado encendido, quedan apagados por completo los ruidos, sonidos y conversaciones de La Vereda. Por un instante, pasa por tu mente esa pregunta que siempre te intriga al salir de La Vereda: ¿De qué conversarán, cuando hacen ejercicios, en un país normal?

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10 pensamientos en “Sonidos, ruidos y conversas de La Vereda

  1. Salí a hacer ejercicio un día con un familiar que vino de visita a Doral. Luego de cruzarnos con varias personas que nos sonreían, con otras que nos dieron los buenos días, y con otras que no dijeron nada ni expresaron nada, pero que evidentemente iban relajadas, mi familiar me dijo, evidentemente asustado y preocupado: “¿qué es lo que pasa? ¿por qué nos sonríen? ¿qué tengo que hacer? ¿debo responderles?” . Cuando una sonrisa o un buenos días asusta, quiere decir que lo anormal se ha vuelto cotidiano, que lo que se espera del otro es la agresión continua, es la institución de la desconfianza. La semana pasada estuve en Caracas visitando a mi familia, y había olvidado los hostil que es nuestra hermosa capital. Mi adrenalina, la que antes brotaba por los poros con naturalidad, había regresado a la suprarrenal y se negaba a emerger. Por mi, que se quede allí, encima del riñón…

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  2. Bibiana Balestrini de Osorio en dijo:

    Muy buen paseo por la vereda, los paises “normales” son muy aburridos, nosotros tenemos la adrenalina de sobrevivir a diario… Por ejemplo, como Estados Unidos es aburrido, en mi muy corto paseo por esas tierras, la gente nos pregunta por Venezuela y no le consigue sentido a lo que uno relata… Se burlan de que no hay papel higiénico, un amigo me dijo “no compres muchas cosas, igual con el culo cagado no te van a lucir” es decir… Nuestra triste realidad para el mundo no tiene sentido, aunque creo que para la nuestra tampoco!

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  3. Zoleiva Rojas de Santos en dijo:

    Es increíble la cantidad de temas que toca la gente en la calle, hablan de política, de religión, de la familia, farándula y sin mucho querer uno se entera hasta de los problemas familiares, del jefe, del trabajo y ni que decir de la vaina que echan los hijos en la casa y en la escuela. Un día estando nosotras jovencitas íbamos caminando por la calle y Lala me preguntó: “¿qué pensará la gente que anda caminando por la calle? y yo le contesté, pues una veces cosas importantes y otras veces pendejadas.”

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  4. Como me gusta leerte Golcar. TIenes el humor y la agudeza para que una Siempre quede enterada, fascinada y golpeada al mismo tiempo con tus ” crónicas”. Gracias

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  5. Juan Jorge Espinoza V en dijo:

    Que manera de describir el día a día de cualquier venezolano en situación cualquiera! Excelente.

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  6. CarlosElio en dijo:

    Que algarabía, signos de una sociedad que busca. Gracias por el paseo virtual.

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  7. Moreida de Delgado en dijo:

    Pues si aunque parezca mentira da risa, !que triste realidad la de los venezolanos¡ Como de costumbre, muy bueno el escrito

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  8. Lala de Balestrini en dijo:

    Muy entretenido este post, muy light (como dicen ahora) y la verdad que nos hac’ia falta algo asi para olvidarnos un poco del stres diario en que vivimos, y la verdad a mi me gusta oir fragmentos de las conversacionos ajenas porque a veces se queda uno pensando en lo que ha escuchado, y se da cuenta que no solo uno es que el que tiene problemas o dudas que todo el mundo las tiene y que muchas veces son mucho mas grandes que las que pueda tener uno y entonces se pasa a darle gracias a Dios porque las nuestras son unas tonterias, me gust’o muchisimo este post

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    • Golcar, lei completico ” Sonidos, ruidos y conversas de la vereda ” y me gustó mucho, sobre todo lo que más me gusta es el humor que contiene,. hacer reir en estos tiempos es una maravillosa cualidad que no todos la tienen, amigo felicitaciones.

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