El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

Archivo para el día “abril 11, 2013”

#ZuliaHeroica (+Fotos)

8No sé qué va a pasar el domingo 14 de abril. La emoción de lo vivido hoy en la avenida 5 de Julio me hace intuir que el triunfo de Henrique Capriles ya muestra “una tendencia irreversible”, como le gustaría decir a Tibisay, la ministra de elecciones del gobierno.

No es la primera vez que, luego de asistir a una concentración tan masiva como la de hoy, llego a casa con la sensación de triunfo. A decir verdad, en el cierre de campaña de las elecciones del 7 de octubre de 2012, también sentí algo parecido. La diferencia en esa oportunidad es que, entonces, mientras la emoción me decía que ganaría Capriles, la razón insistía en devolverme los pies a tierra y me decía: “no te ilusiones, recuerda al mesonero que bajito decía que apostaría que Capriles perdería”, y como él, tantos otros que por lo bajo me indicaban que Chávez volvería a ganar.

Esta vez es al revés. La razón me dice que el triunfo de Capriles está marcado pero la emoción me dice: “No te ilusiones que  otra desilusión podría resultar fatal”. Entonces, recuerdo que en octubre viajé a Mérida y, mientras la imagen del hoy difunto candidato, la veía en las puertas y ventanas de las casas de la gente humilde de los pueblos; la de Capriles solo colgaba de postes de alumbrado público y de árboles. En un reciente viaje, me llamó la atención que en esos pueblos de carretera vi gente haciendo activismo político a favor de Capriles, su foto ya estaba en las fachadas de algunas casas y no vi ninguna manifestación oficialista. Muestra de que algo cambió en estos 6 meses en el contexto electoral venezolano.

Pareciera que el candidato oficialista se dedicó a hacer campaña desde las pantallas de tv, apoyado solo en la imagen del difunto y el mito que pretenden construir. Su fuerza se centró en nombrar al presidente difunto, cargando con su cadáver como único aval y ofrecimiento de campaña, sin interesarse en lo más mínimo en pisar barrios.

A 5 de Julio llegué como a las 5 y 20 de la tarde. Ya me habían advertido que desde las tres la multitud llegaba a la Plaza de La República, pero al llegar era imposible determinar la cantidad de gente que se podía encontrar allí congregada. Era un río tricolor cuyas orillas se hacían impalpables y uno no podía intuir donde se iniciaba el torrente de gente. Al ver las cabezas tocadas por la gorra tricolor del Flaco pensé: “Por más que intentaron desde el oficialismo robarse la gorra, no pudieron. Es un símbolo esencialmente opositor”.

Allí vi a todo tipo de personas. Estaba la sifrinita de uñas postizas y tetas compradas, pero también la trigueña que logró que le pusieran sus pechos pagándolos por cuotas. El muchacho con cara de malandro junto a otro con pinta de ejecutivo escapado del trabajo. La guajira con su bata colorida y la Yukpa con su niño de año y medio sin franela, para tolerar el sofocón. La amiga que fue chavista durante mucho tiempo y el cliente opositor de toda la vida. Había gente de todos los estratos sociales, de todas las edades, de todos los colores de piel. Había chinos, cubanos, colombianos, venezolanos, guajiros, yukpas… Una hermosa representación de la zulianidad.

Al llegar no pude evitar pensar “cuánta razón tuvo quien dijo que Venezuela es como un cuero seco, la pisan por un lado y se levanta por el otro”.

¿Hace 6 meses cuántas de esas personas que estaban hoy abarrotando la avenida y sus calles adyacentes no habrían pensado y dicho que no volverían a votar?

El recuerdo de los depresivos días luego del 7 de octubre acudió a mi mente para descubrirme asombrado que allí estábamos otra vez, ahora incluso muchos más que en el cierre de campaña de octubre. ¡Caramba, es que algunos llevamos 14 años siendo oposición! Hay qué ver cuánto hemos aguantado y padecido pero aún tenemos convicción y ánimo para salir a manifestar y a votar.

El gentío en esta oportunidad no me permitió ni siquiera atisbar a lo lejos al candidato. Cada vez que parecía acercarse el vehículo que entre la multitud transportaba a Henrique hacia la tarima, estiraba el cuello y me ponía en puntas de pies para ver si podía distinguirlo aunque fuera a lo lejos. Un disparo de papelillos multicolores y vuelta a las sesiones de estiramiento con la esperanza de verlo. Nada. Misión imposible.

Por los movimientos de la gente, intuía el pasó del candidato pero en ningún momento pude distinguirlo entre el río humano. Supe que llegó a la tarima porque en algún momento, entre bubucelas, aplausos, gritos y pitos, distinguí la voz de Ricardo Montaner, señal de que el candidato ya se encontraba en el lugar desde donde hablaría a la multitud.

La Pequeña Venezia de Montaner la escuché más por el coro de la gente que en la voz del cantautor. El sonido se hizo insuficiente, el espacio resultó pequeño. Vi que levantaban todos las manos y supuse que Montaner hacía una especie de juramento porque no lograba distinguir las palabras, pero todos, con absoluta convicción repetían lo que decía el cantante y fue cuando entendí que se trataba de una especie de plegaria y de una bendición.

Montaner dio paso a Henrique Capriles y, mientras lo escuchaba, pensaba en cuántas veces, desde hace 14 años, me he mezclado en multitudes semejantes, a pesar de mi agorafobia. Incontables. Hubo incluso una época en que cargaba en el carro el “kit de marcha”: un pito, una bandana y una bandera de Venezuela y en cualquier esquina que encontraba alguna manifestación, allí me disponía a apoyar con mi presencia.

¿Qué va a pasar el 14 de abril? No sé. Lo que sé con certeza es lo que podrá suceder después de ese día. De ganar Capriles, como parecen indicar las desbordantes manifestaciones de gente que en todas las ciudades del país se ha lanzado a las calles a apoyarlo, habrá un pueblo dispuesto a echarle pichón para sacar a este país del hoyo de atraso, odios y resentimiento en el que lo han sumido estos 14, mal llamados, años de revolución.

De perder nuestro candidato, ese pueblo se repondrá una vez más de la depresión, vivirá unos días de luto y tristeza y volverá a seguir trabajando y luchando incansablemente hasta que los anhelos de libertad, justicia, igualdad y, sobre todo, hermandad y reconciliación de todos los venezolanos sean alcanzados.

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