El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

Faranduleando. Sobre sindicatos “independientes”, Norkys y una Venezuela enferma

Ilustración Lerians “Chachi” Rojas

Hacía mucho tiempo que la farándula no formaba parte cuantitativamente importante en mi vida. Me enteraba de algunas cosas por comentarios de la gente o por titulares en twitter pero es un tema que no me apasiona particularmente.

Cuando estaba en mi tardía niñez y durante mi adolescencia, estar al día en la vida y obra de la farándula nacional era más importante para mí que hacer las tareas escolares. Al llegar de clases corría a la librería “Coquito” -una papelería, venta de útiles escolares y de revistas, más que librería-, que quedaba en un local que mi familia le alquiló en nuestra casa materna a Mercedes Pinto y donde, mientras papá vivió, existía una bodega, frente a la plaza Bolívar de La Parroquia, en Mérida.

La querida Mercedes, me permitía instalarme allí a leer gratuitamente Venezuela Gráfica, Venezuela Farándula, Ronda, Vanidades y no recuerdo qué tantas más publicaciones del género, así como Condorito, Sandokan, fotonovelas y cuanta cosa tuviera fotos, dibujos y letras. Todas las tardes pasaba horas devorando historias e historietas.

Mi fascinación (por cierto, creo recordar, ahora que escribo la palabra, que había una revista llamada así) era estar al día, especialmente de la farándula nacional. Poco me llamaban la atención los artistas hollywoodenses. Lo mío era saber en qué andaba mi querida Doris Wells, adoración de mi infancia junto a Libertad Lamarque. Estaba locamente enamorado de Pierina España y soñaba que me daba esos besos con lengua que le daba a Giancarlo Simancas en las telenovelas que no me perdía por nada del mundo. La capacidad interpretativa de Elba Escobar me dejaba perplejo. Y odiaba a Marina Baura porque los chismes decían que le hacía maldades a mi “ídola” Doris Wells. Siempre preferí los culebrones de Radio Caracas a los de Venevisión, canal que me resultaba demasiado elitesco y repugnante.

Después, con el crecimiento, empecé a perderle el gusto a las telenovelas nacionales y a la farándula en general. Me empezaron a interesar otras lecturas y me enfiebré con las telenovelas brasileñas. “Todo Vale”, “Loco Amor”, “Nido de serpientes”, “La Esclava Isaura” me mantenían hipnotizado frente a la pantalla y Gloria Pires, Fernanda Montenegro y Susana Vieira, sustituyeron a a la Lamarque y junto con la Wells (a quien amo al día de hoy), pasaron a formar parte de mis afectos y admiraciones faranduleros.

La última producción que recuerdo haber visto con constancia, interés y dedicación fue “Xica Da Silva”. A partir de allí, las telenovelas dejaron de interesarme y la televisión nacional la veo solo en Globovisión (poco y preferiblemente en noticieros). Por Venevisión ni paso y en cuanto a los artistas de la farándula estoy prácticamente perdido. No sé quienes son ni qué hacen. Exceptuando los que por una u otra razón suenan mucho en los medios y noticias.

Pero, los hechos recientes me sacaron de mi distanciamiento farandulero y empecé a oír y leer acerca de un tal Messuti, de Jorges Reyes -a quien recuerdo más por el escándalo del pornovideo (que por cierto, no vi), que por su trabajo actoral-, Cristóbal Lander -otro de quien no tenía ni idea que es actor-, Susej Vera -a la que tuve que googlear para medio ubicarla-, Layla Succar -al día de hoy no sé si se distingue por actriz, modelo, locutora o qué-, la mejor intérprete para mí de “Amémonos”, Mirna Ríos, el que se resiste a que lo olviden Henry Stephen del “Limón limonero”, la bella, carismática y sensual, Norkys Batista, el consagrado Javier Vidal, el inefable e insoportable (y medio gafe, según las malas lenguas) ex Mr. Venezuela, Winston Vallenila; alguien que siempre me pareció más hinchado por los medios que talentoso, Roque Valero y Manuel “Coco” Sosa, que vaya usted a saber qué ha hecho para ser famoso.

Mi retiro farandulero se interrumpió porque, como de todos es sabido, un buen día se desató el escándalo con la conformación de un nuevo “sindicato” de artistas orquestado por Messuti y Vallenilla, según versiones de twitter. Sindicato “independiente” en cuyo acto de constitución se declararon a favor del candidato oficialista a la presidencia, lo cual desató los vientos de furia y los rumores de que quienes allí están recibieron 500 mil bolívares cada uno por “saltar la talanquera” pues, hasta hacía poco, muchos se habían identificado con la oposición, algunos marchaban contra el gobierno, firmaron referedos o enviaban mensajes de solidaridad a familiares de presos políticos por DM en twitter.

Se desataron los aires de furia. A los artistas del sindicato les caímos encima a insultos por las redes sociales. Digo caímos porque yo los llamé “mercenarios del entretenimiento” porque una persona que es capaz de vender su conciencia y el destino de un país, por dinero, sea mucho o poco (en este caso poco porque ni para una casa modesta alcanza), no puede ser llamada “artista”, sin ofender a quienes en verdad lo son, serios, conscientes de su labor y comprometidos con el arte.

Al sol del día en que escribo estas líneas, con las aguas ya un poco más calmas, creo que en toda esta historia, predicha una semana antes de que sucediera por Javier Vidal en twitter, puede haber, por lo menos, tres tipos de protagonistas. Los que, posiblemente sí cobraron el dinero o participaron porque les prometieron algún tipo de pago, los que se anotaron porque efectivamente están de acuerdo con el proceso castro-comunista que se está implantando en el país y los que, por ingenuos, se vieron envueltos en el culebrón y terminaron sirviendo de tontos útiles a los propósitos de quienes inescrupulosamente los manipularon.

La hermosa Mariangel Ruíz, en una serie de 3 tweets relató cómo habría sido el proceso para la supuesta compra de consciencias, lo cual me hace inferir que posiblemente a ella se lo ofrecieron, o alguno de los involucrados le contó que así fue, y Vidal, en una respuesta a @cgomezavila le dijo que Cristóbal Lander y otro actor cuyo nombre no recuerdo ahora, pero que trabaja junto con Lander en la obra que dirige Vidal, le dijo que ellos no habían aceptado. Esto da a entender que a ellos, posiblemente les hicieron la oferta, la rechazaron y le contaron lo sucedido a Javier. Sería buenos que los involucrados aclarasen esos puntos.

Decir a estas alturas que cada quien, sea artista o albañil, tiene derecho a tener una opinión política, a sostenerla y a expresarla abiertamente o no, es de perogrullo. Defiendo a capa y espada el derecho de cada quien a ser y expresarse y me encanta el lema “prohibido prohibir”.

Pero, por eso mismo, por la libertad, también los personajes públicos tienen que hacerse cargo de lo que hacen y dicen y aguantar el chaparrón que les caerá encima cada vez que cometan una pifia. Aspirar a lo contrario, implicaría que se retiren de la vida publica y se dediquen a la paz de sus hogares. Acepto que no deben ser insultados ni amenazados, pero ellos deben tomar esas expresiones como parte del precio a pagar por la fama que han perseguido con tanto afán y anhelo y por la que han trabajado.

Quienes en esta historia hayan podido cobrar por la venta de su conciencia y sin tomar en cuenta el futuro de Venezuela, me parecen peor que prostitutas, porque una puta ofrece su servicio a quien la contrata en una negociación entre dos en la que no sale nadie más perjudicado, se va a su casa, se lava con agua y jabón y listo, cumplió su función. Hasta ahora no conozco el detergente que pueda lavar conciencias.

Lo cierto es que los comentarios acalorados surgieron de lado y lado. Los involucrados salieron a declarar, en muchos casos a victimizarse por los insultos y amenazas recibidos y algunos a dar explicaciones que en lugar de salvarlos los retrataban y hundían más.

Leí que Roque Valero, en un tono más que amedrentado, decía que a él del oficialismo le gusta el “nacionalismo” y, de inmediato, pensé ¿de qué nacionalismo está hablando Valero? ¿Del nacionalismo que cerró RCTV y unas cuantas emisoras de radio? ¿Del nacionalismo que tiene presos y sin juicio a Simonovis y a Afiuni? ¿Del nacionalismo que nos ha sumido en la oscuridad de los cortes y racionamientos de electricidad y en la escasez de medicinas y alimentos? ¿El nacionalismo que ha multiplicado las muertes a manos del hampa?¿El nacionalismo que disfraza una doble devaluación con los ropajes de un “ajuste cambiario” para “defender” el bolívar? Eso más parece “nazionalismo”. Ahora, si es el nacionalismo de “viva Venezuela, mi patria querida”, del tricolor nacional, el himno, las alpargatas y el joropo, que yo sepa, contra este nacionalismo no se ha expresado Capriles.

En medio de todo este escándalo de la creación del sindicato “independiente” cuyos integrantes al día siguiente de conformado, aparecen en un acto junto al candidato de los Castro y todo su combo del Psuv, lo cual lo desacredita inmediatamente como sindicato y lo parcializa como movimiento político, después de que muchos de ellos pregonaban que no se pronunciaban a favor de ninguna tendencia porque “se debían a su público”, para salir a hacerlo en plena campaña electoral, surge la polémica por la prohibición del régimen de que Norkys Batista se presente con su monólogo en el hotel Venetur, propiedad del estado, no del gobierno, o sea, es de todos los venezolanos, a lo que se sumó la denuncia de Chataing de que no le permiten presentarse en el estado Barinas.

Dias antes, el ministro encargado de la cartera de turismo había advertido que a los hoteles Venetur no se les permitiría la entrada a los apátridas opositores que hubiesen osado hablar más del venerable difunto, El Cadaverísimo, cuyos restos yacen en el Cuartel de la Montaña y la presentación pautada del monólogo de la Batista fue la ocasión especial para demostrar que no estaba mamando gallo. Norkys no se puede presentar por ser oposición.

Como era de esperarse, el país saltó ante el atropello, en un mismo día, los caricaturistas más renombrados del país le dedicaron a la actriz y ex miss sus trabajos y todo el mundo empezó a exigirle al recientemente creado y desafortunado sindicato que actuara e hiciera que se respetasen los derechos de Norkys, como artista, de presentarse en cualquier espacio y más en un hotel que pertenece al estado venezolano, no al oficialismo.

Entre las excusas dadas para la suspensión del espectáculo dijeron que “no era apto”. Es decir que a la vergüenza de la discriminación por razones políticas, le sumaron el oprobio de la censura. Pero, a estas alturas, a los venezolanos nos nos asombran esos exabruptos del régimen. Es lo que de ellos cabe esperar. Lo contrario sí nos sorprendería.

Lo que escuchaba en el programa radial de Losinski y sí que no podía creer eran las declaraciones que Jorge Reyes daba acerca de la censura del régimen a la Batista.

Entre su balbuceo poco entendible que evidenciaba la incapacidad del muchacho a expresarse sin un guión en la mano, soltó esta perla: si Norkys quiere que el sindicato se pronuncie en su caso, pues que se inscriba en él.

Eso solo lo dice todo. No hay mucho más que agragar a tan lamentable posición. Pero más tarde, en el mismo programa, la propia actriz le comentaba a Losinski que ella había llamado personalmente a Messuti para exponerle su caso y cuando le dijo que no la dejaban presentarse en el Venetur por ser oposición cuando ya tenían entradas vendidas y la fecha estaba encima, Messuti le dijo que no le creía que no podía ser por eso. Evidentemente, él no leyó ni oyó al ministro.

Finalmente, Norkys le dijo que al llegar al hotel lo llamaba para decirle lo que le dijeran allí. La actriz llegó y, efectivamente, no le permitieron la actuación. Al llamar a Messuti, este le dijo que no era porque ella fuese oposición que le cancelaban el show sino por el contenido de la obra.

A mí, al oír esto, la quijada me llegó a las rodillas. Me resulta inconcebible que un artista pueda apoyar la censura, que le parezca bien que una obra sea prohibida por su contenido. Esto cuadra con cualquier esbirro de cualquier régimen facho, pero que lo diga alguien que se llama a sí mismo artista y que está conformando un sindicato, me parece deleznable. Sin tomar en cuenta que esa misma obra ya se había presentado anteriormente en esos espacios sin que nadie se quejara de su “contenido”.

Al escuchar en Buenas Noches a Mirna Ríos explicar su posición, tratando de entender entre su sentido llanto que no la hizo perder su buen humor y la verborrea, malos chistes y característica habladera de paja de Kico y Roland que hace que uno tenga que extraer con pinzas los que el entrevistado tiene que decir, infiero que la cantante actuó correctamente y tal vez fue sorprendida en su buena fe al verse luego envuelta en algo que terminó siendo un movimiento político, un acto de campaña más del oficialismo. Ella posiblemente resultó ser una del grupo de los tontos útiles.

Lo lamentable de toda esta historia es que pone en evidencia, una vez más, el país enfermo en el que estamos viviendo. Al insepulto se lo llevó su enfermedad, pero nos legó un país lleno de odio y resentimiento. Una Venezuela enferma física, psicológica, ética y moralmente. Nos dejó la profunda brecha divisoria excavada a fuerza de manipulación, odio, resentimientos y compras de conciencias durante 14 años, que al más pequeño de los eventos saca a relucir lo peor de cada uno de nosotros como seres humanos.

Que en un mundo superficial y de divertimento como el de la farándula, un mundo que es para el placer, el entretenimiento, el enriquecimiento del espíritu, pasen cosas como las que hemos visto y que nos retratan como personas, delatan la gravedad del país que nos legó “el proceso”.

Los seres humanos se enferman y, o bien se curan, o se mueren. Pero los países no mueren. Los países están en la obligación de sanarse. No tienen otra salida. Siempre pueden llegar a estar peor porque el fondo no parece existir, siempre se puede caer más, pero no llegar a morir. Venezuela está enferma, muy enferma, en nuestras manos está el ver cuándo vamos a empezar a aplicarle el tratamiento para que se cure.
Cada uno de nosotros tiene en sus manos la dosis de medicamento que la puede sanar o del veneno que la puede empeorar. Todo es cuestión de consciencia y decisión.

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5 pensamientos en “Faranduleando. Sobre sindicatos “independientes”, Norkys y una Venezuela enferma

  1. Hace un tiempo comentaba un Twett de mi estimado Sumito Estevez, en el cual afirmaba que le gustaban algunos escritores que se identificaban con el pensamiento oficialista, más no por ello el dejaría de leerlos, en ese momento le conteste que la misma situación me sucedía, pues me agradan algunos canta-autores que se identificaban con el proceso(Canta-autores que siempre, siempre se han identificado con el proceso. Ejemplo: Reina Lucero).

    Creo firmemente en el hecho que los artistas son figuras públicas y por tanto se deben a su público, sin importar que este sea de derecha o izquierda, también creo que tienen el derecho a expresarse pues son seres como nosotros. Sin embargo cuando has estado durante catorce años callado y en algunos casos fuiste victima de las malas decisiones de este proceso y en su momento, lloraste, condenaste y alzaste tu voz de forma publica contra esta “Democracia” que te dejo sin empleo, no solo a ti, también a tus compañeros; me quieres explicar ¿Cómo es que ahora afirmas ser oficialista de alma, mente y corazón y que por siempre estarás rodilla en tierra? He aquí las incongruencias por las que serán juzgados por su público.

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  2. Zoleiva Rojas de Santos en dijo:

    Excelente!! Es la cruda realidad que estamos viviendo “un país enfermo” y confundido también, el dia que vi la entrevista a Roque Valero en Globovision me dio pesar de verlo tan inseguro al hablar, le costo mucho explicar porque lo hacia, hablando en criollo no sabia en que palo ahorcarse.

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  3. clemente en dijo:

    Me gustaría poder desmentir el padecimiento que nos aqueja como pueblo, pero la realidad es terca y nos exhibe en todas sus manifestaciones la terrible enfermedad que nos ha inoculado la verborrea incesante cargada de odio y resentimiento pronunciado por tres quinquenios a través de los medios de comunicación del estado venezolano manejados impúdicamente por el oficialismo. Ese mal que nos aqueja no puede superarse reviviendo las causas que lo generaron, es perentorio un cambio de rumbo en el liderazgo, se avecina una oportunidad de oro que el pueblo venezolano no debe desperdiciar, si elegimos de manera adecuada daremos pie al punto de inflexión que nos enrumbe por los senderos de la sanación.

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  4. Sonia M en dijo:

    Tus relatos son excepcionales. Inicias con un arrebato casi costumbrista de tu infancia, brincas a esa escandalosa farandulearía política y concluyes de forma aguda y cruda: Venezuela esta enferma, y lo más triste es que su mal se llama odio. Ojalá tu país y su gente se recupere pronto de esta terrible enfermedad.
    Un abrazo

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