El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

Panamá, un país sorprendente y en construcción

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Vamos en el taxi, camino a encontrarnos con el fotógrafo venezolano Rafael Guillén, amigo de redes sociales que, gracias a la magia del facebook se enteró que estábamos de paso por Panamá y tuvo la amabilidad y el buen gesto de invitarnos a conocer el taller del maestro Carlos Cruz Diez, ubicado en Tocumen, a escasos 5 minutos en auto del aeropuerto.

Mientras el conductor recorre las bulliciosas y transitadas calles de Calidonia, donde está ubicado  el hotelito (mas un lugar de aquí te pillo, aquí te mato, que un hotel; pero con todo lo necesario para dormir bien a bajo costo) en el cual nos hospedamos las dos noches que pasamos en Panamá, voy recapitulando nuestra estada en este país inicio de Centro América, y constato, una vez más, que la ciudad no dejó de sorprenderme ni por un instante.

El auto pasa frente al negocio de Elena, la más panameña de todas las chinas que uno pueda encontrar, una simpática oriental con quien resultó 11una delicia regatear la compra de baterías y accesorios para celulares. Entre risas, logramos que nos obsequiara un cargador de automóvil y nos diera un pequeño descuento, aparte de contactarnos con su taxista de confianza con quien vamos rumbo a las galeras (galpones) del maestro venezolano del cinetismo.

Poco más adelante del puesto de Elena, diagonalmente, está la Iglesia Don Bosco, una cálida basílica menor enclavada en medio del hiperactivo comercio de la zona a la que entramos a conocer y donde, entre el encandilamiento del sol callejero, el claroscuro del recinto y mi despiste, casi tropiezo con el ataúd de una persona a la que le estaban celebrando su funeral. Apresurado e impresionado, salí de allí para buscar “El machetazo” una gran tienda donde nos recomendaron buscar las tarjetas para el sistema de metro bus, casi imposibles de conseguir en ese momento.

Un poco más allá de la Iglesia, probamos los ricos y exóticos mamones chinos, una extraña fruta con 20apariencia de animal marino, con una carnosa y dulce semilla. En esa misma cuadra, nos matamos de la risa al ver a las mujeres en plena acera haciéndose la manicura y pedicura en los puestos callejeros.

Recordé que una de las cosas por las que Panamá no me llamaba la atención era porque algunos amigos decían que no valía la pena para hacer turismo, que era como Maracaibo y, efectivamente, en Calidonia uno llega a sentirse como en el centro de la capital zuliana, es igual de desordenada y caótica, se parece mucho en su bulliciosa actividad comercial, tanto formal como informal, y en su arbitrario tráfico automotor. La diferencia es que las calles de Calidonia son limpias dentro del caos reinante.

El taxista toma vía a la autopista y, a los lejos, distingo el alto edificio de cristales verdes y forma de tirabuzón que se visualiza desde múltiples zonas de la ciudad llamando la atención por su arriesgada arquitectura. Es la torre F&F, originalmente llamada “Torre de la Revolución”, según sostienen las malas lenguas panameñas por pertenecer, supuestamente al acaudalado y multimillonario político socialista venezolano, Diosdado Cabello. Nunca pudimos encontrar quien nos confirmara la especie pero por las calles panameñas algunas personas insisten en la historia que ya cobra visos de mito urbano.

La torre F&F junto con el amplio conjunto de modernos y lujosos edificios que se erigen a lo largo del paseo de la Cinta Costera y los que conforma la Punta Pacífico, donde se ubica la famosa torre del hotel de Donald Thrump, con su forma de quilla de barco, vienen a ser el lado13 opuesto de Calidonia.

Es que Panamá es una ciudad llena de contrastes y contradicciones. El centro es el más vívido ejemplo de un país del tercer mundo, con sus buhoneros y calles imposibles de caminar por el descontrolado tráfico, mientras que el lujo y el glamour que se respira en Punta Pacífico y otras pujantes y modernas zonas de la ciudad, son equiparables a los encontrados en Chicago, Florida o la zona de La Defense en París.

En Punta Pacífico nos llama la atención una larga y hermosa cerca perimetral de un lujoso edificio, con especies de estantillos de metal en tonos verde y azul que nos parecen obra de Cruz Diez y que le dan a la construcción un sello de modernidad y arte. Más tarde podríamos certificar que, efectivamente, el cinético y colorido enrejado es obra del maestro venezolano.

40La ciudad de Panamá se podría decir que está en plena construcción. Es impresionante la cantidad de obras que se encuentran en plena ejecución por todos lados. Desde la ampliación del aeropuerto y del Canal de Panamá, hasta la construcción de nuevos edificios y obras de restauración de edificaciones antiguas, que pretenden estar listas para la celebración, en el 2014, de los cien años del Canal.

No hay un sitio por donde uno pase que no esté en obras. Esto muestra, por un lado,  la cantidad importante de inversión extranjera que está llegando al país, inversión que en muchos casos estaría originalmente destinada a Venezuela y que por el sistema político imperante y por la inseguridad política de nuestro país ha decido establecerse en Panamá, así como en Colombia.

Pero esa ingente inversión en construcción y restauración, por otro lado, es evidencia del paraíso fiscal en el que se ha convertido el país centroamericano a donde, obviamente, parecen estar llegando grandes cantidades de dinero producto del narcotráfico y de la corrupción de otros países y que han encontrado en la laxitud de las leyes panameñas un buen lugar para blanquear el dinero. Según se rumora por las calles de la ciudad, son muchos los representantes del socialismo del siglo XXI 15venezolanos, “socialistas” con altos cargos en el gobierno, los que han establecido sus comandos comerciales en Panamá, enviando miles de millones de dólares para invertir.

A lo lejos, desde el carro en lenta marcha por el congestionado tráfico de la autopista, veo un grupo de trabajadores con chalecos anaranjados de seguridad y recuerdo a la hermosa morena con su diente de oro en forma de estrella que nos tropezamos en algún punto de la Cinta Costera supervisando trabajos. Nunca, en ningún lado había visto tanta gente, especialmente jóvenes, con dientes de oro como en Panamá. Pareciera una moda y, tal vez un símbolo de estatus como lo era antiguamente en nuestro país.

Luego de hacer bromas con la chica del diente de oro, continuamos caminando a lo largo de ese rico boulevard a la orilla del mar donde los panameños van a caminar, a hacer deportes, a patinar o simplemente a vivir un momento romántico en pareja contemplando el atardecer. Al 50final, llegamos al Mercado de Pescado un pintoresco lugar con penetrante olor donde uno ve a los pescadores limpiando sus pescados y a los pelícanos, zamuros y gatos disputándose los restos de la labor del pescador.

Más allá, caminando a la izquierda, se entra a la hermosa ciudad antigua donde uno más puede apreciar la inversión que vive Panamá pues todas sus calles y casas están siendo reconstruidas y restauradas al mismo tiempo. Casas que estaban prácticamente en el suelo y que luego de los meses de obras están resplandecientes como en sus mejores tiempos.

En una esquina, un policía nos indica cómo llegar a la iglesia de San José, famosa por la leyenda de su altar de oro protegido del pirata Morgan por los sacerdotes, cuando el asaltante atacó y destruyó la Ciudad Vieja.

-Los curas pintaron el altar con pintura negra para ocultar el brillo dorado –dice el moreno y robusto agente-  y cuando Morgan les preguntó por el famoso altar, uno de los sacerdotes le dijo que allí lo que había era hambre y pobreza, nada de oro.

Entre risas el policía comentaba que el religioso engatusó de tal manera al pirata que este terminó dándole unas monedas de oro para los pobres. 116Tiempo después, reconstruyeron la iglesia y toda la Ciudad Vieja en el actual casco antiguo y transportaron el altar de oro a su nueva sede en la réplica de la iglesia.

-Al final, resultó que no era en verdad de oro, sino de madera cubierta con “pan de oro”. Y allí está aún, en la iglesia para el disfrute de los visitantes.

La historia nos la repetió tal cual, por unas cuantas monedas, Mabel, una guía que conseguimos al entrar al templo.

Un poco más allá esta la vieja Catedral y luego la zona de las Bóvedas con su obelisco, los bustos de personajes históricos, el mercado de artesanías donde encontrar las conocidas “molas” -especie de tapices de tela realizados por los Cuna y Emberá, etnias indígenas ancestrales de la zona-, y donde, a  horas del mediodía uno puede ver a los artesanos guarecerse del candente sol debajo de las mesas de exhibición, mientras trabajan o reposan el almuerzo. Es que el sol y calor de Panamá es sofocante. La humedad lo hace aún más inclemente, tan es así que uno gasta más dinero en agua y refrescos que en comida.

En Las Bóvedas está la embajada de Francia y algunas sedes de gobierno como el ministerio de Cultura, así como algunas galerías de arte.

117Como el trayecto por la autopista se torna lento y pesado, aprovecho para tomar notas mentales de lo recorrido en la ciudad esos días.

El primer día, en la mañana, luego de comprar la tarjeta de metro bus  decidimos ir al centro comercial Allbrooks donde tomaríamos transporte hacia el Canal de Panamá. Comimos en el mall y paseamos un rato viendo tiendas. En un local comercial, vimos una larga cola y al acercarnos nos sorprendió que todos en la fila tuvieran acento venezolano. No aguantamos la curiosidad y nos contaron que estaban allí para “raspar las tarjetas” una de esas ingeniosas soluciones que los venezolanos hemos encontrado para sortear las dificultades de cadivi y poder contar con divisas norteamericanas para diversos fines.

-Aquí en Panamá, por cualquier lado te consigues sitios donde “raspar” –nos dice una chica caraqueña en la fila-. Ahora hay menos, pero siguen habiendo por montones.

“Lástima que a mí no me queda cupo disponible ya –pienso- habría sido una buena oportunidad para llevar unos dolaritos y venderlos a 18”.127cristian

Salimos al área de autobuses y, luego de que un señor amablemente nos facilitó su tarjeta de pase para poder acceder a la terminal, esperamos el siguiente “diablo rojo” con destino al Canal de Panamá. A los 15 minutos ya nos encontrábamos ubicados en nuestros asientos del viejo autobús “Blue Bird” como de los años 50, que en Panamá los pintan de colorinches con imágenes de santos, artistas y hasta de familiares del dueño y a los que llaman “Diablos Rojos” por la cantidad de accidentes fatales en los que se han visto involucrados.

A mi lado, iba Henry, un hombre con pinta de obrero de construcción, que al sonreír dejaba ver su canino de reluciente oro amarillo y quien me fue comentando a lo largo del trayecto acerca de la política panameña y de la historia de algunos lugares por donde pasamos.

Henry trabaja en el Canal y me contó, cuando pasamos por una gran urbanización, que esta ahora se llama “La ciudad del saber”, un complejo para la educación que en los tiempos cuando la Administración del Canal estaba en manos de los norteamericanos, era el lugar de residencia de los gringos y que ahora está en manos de los panameños y dedicada a ser un gran sector para la enseñanza, formación, educación y aprendizaje de diversas carreras.

Bajamos en la entrada al Canal y Henry nos guió conversando hasta la zona donde está el Museo del Canal y el mirador desde donde uno observa el paso de los barcos de carga a través de los canales fluviales que se llenan y vacían de agua a medida que la embarcación avanza y se abren sus compuertas. Es realmente una visita interesante y obligada.

En la tarde, tomamos un taxi y nos llevó, por 8 dólares a la zona de Amador, un lugar robado al mar y construido con los escombros resultantes 77de la construcción del Canal de Panamá. Desde allí zarpan embarcaciones hacia las islas como Taboga.

El Causeway de Amador o la Calzada de Amador como también se le llama es un área de clubes y restaurantes a los que se llega luego de pasar una larga carretera levantada en medio del mar. Allí comimos una suculenta bandeja paisa en un restaurant colombiano. La gastronomía de Panamá no es precisamente uno de sus encantos. La comida es excesivamente condimentada y los platos típicos son el arroz con pollo y el sancocho. Puedo decir que donde mejor comimos fue en un restaurante de unos venezolanos en el casco antiguo. Donde cuando ya nos disponíamos a ordenar un arroz a la marinera y una pasta con mariscos, la pareja de españoles que estaba en la mesa de al lado, a tiempo, nos advirtió:

-Pidan el menú ejecutivo. Es la misma comida y mucho más económica. Incluye sopa y refresco88 y es el menú destinado para quienes trabajan por acá y comen todos los días.

Agradecidos por la sugerencia le pedimos al mesonero el mencionado menú y, frunciendo el ceño, no tuvo más remedio que traerlo. Efectivamente, comimos los dos por el precio que habría comido uno solo con el otro menú.

En Causeway, la chica que nos atendió en el restaurante nos enseñó cómo ahorrar con los taxis.

-Cuando se acerque el taxi, levanten el dedo índice, mostrándoselo al chófer. Así él sabrá que le ofrecen un dólar por la carrera y podrá, más adelante subir otros clientes por ese mismo precio.

Esos pequeños tips que nos ayudan tanto a rendir el dinero en nuestros viajes. Especialmente útiles para los venezolanos que tenemos tan restringido el acceso a las divisas. En un viaje de esos económicos en taxi, un conductor nos llevó al pie del Puente de Las Américas para conocerlo y disfrutar del atardecer viendo pasar los inmensos barcos cargueros que se dirigen hacia el Canal y maravillados con las aves marinas que pululan buscando qué pescar.

Por fin, cargados con las maletas, llegamos a Las Galeras para conocer el taller de Cruz Diez. Allí nos recibió Rafael, ese amigo virtual que cobró cuerpo y quien amablemente se ofreció a llevarnos, luego de la visita a los galpones, hasta el aeropuerto para regresar a Venezuela.

141crisLa entrada a los talleres es de un gusto exquisito, pocos muebles de excelente y moderno diseño. Allí amontonamos el equipaje en un ladito del escritorio de la simpática recepcionista y empezamos el recorrido.

Rafael nos comenta que en un principio se pensó en montar el taller en España, o en Florida pero que luego de barajar varias opciones y ante la receptividad de Panamá, optaron por  instalarlo aquí, en la zona de Tocumen, próxima al aeropuerto.

El taller recibe el nombre de Articruz Panamá y la idea es, además de servir de espacio para la creación del maestro Carlos Cruz Diez, servir de plataforma para otros artistas y para la difusión del arte. Cualquier artista puede hacer uso de los servicios de corte, ensamblaje, soldadura e impresión de sus obras. Para ello cuentan con una inmensa máquina automatizada de impresión MIMAKI, especialmente adaptada, bajo las indicaciones de Cruz Diez, para que funcione a la perfección en la creación y producción de obras de arte.

Así como se adaptó la Mimaki, también se le hicieron ajustes al corte láser, instrumento con el que se facilita el trabajo del artista, se reduce el tiempo de producción y facilita la producción de piezas en serie.

-El maestro Cruz Diez es muy ingenioso –dice Rafael-, siempre está creando e inventando. A lo largo de su carrera se las ha arreglado para producir e inventar máquinas o adaptar algunas existentes para que le sirvan en su creación artística.135cris

En el centro de documentación está la biblioteca del maestro Cruz Diez con toda la historia del artista y con documentos que datan incluso de cuando el niño Carlos Cruz Diez apenas contaba siete años de edad. Allí compartimos con la arquitecto Norah Obadia y con Maria Elena Sucre, encargada de la documentación.

Cuando pasamos al área de ensamblaje, nos encontramos al artista Héctor Ramírez ensamblando con sus asistentes sus vibrantes piezas de líneas negras en movimiento dentro de los paneles de acrílico transparente y en otra sección se ven los cortes de algunas obras del maestro Rafael Barrios que se encuentran en pleno proceso de producción.

Cuando ya estamos a punto de terminar nuestro recorrido, se aparece Gabriel Cruz con un grupo de artistas para una visita guiada por el taller y, como aún tenemos tiempo de sobra, nos pegamos al grupo.

Escuchar  a Gabriel contar la historia de su abuelo, hablar de su arte con tanta pasión, amor y admiración lo llena a uno de regocijo. Gabriel nos muestra las áreas del taller, la de impresión, la de corte, la de restauración, la de documentación. En cada una nos narra anécdotas del maestro, nos muestra las diferentes etapas creativas por las que ha pasado, explica acerca de las conocidas fisicromías, creación de su abuelo, nos habla acerca de las obras diseñadas para intervenir el paisaje urbano como el piso del aeropuerto de Maiquetía o los pasos de peatones realizados como 142crisobras efímeras que se van consumiendo con el tiempo, de las espectaculares cajas de luz en las que uno se adentra para vivir una experiencia única de color y juego óptico.

Es un nieto absolutamente orgulloso de su abuelo, como orgullosos estamos todos los venezolanos de ese creador universal salido de esta tierra y que ha llevado el nombre del país a los principales centros de creación y exhibición de arte del mundo.

La visita a Articruz Panamá constituyó el broche de oro de unas deliciosas vacaciones y todos los venezolanos que se acerquen a Panamá, así sea solo para “raspar tarjetas”, no debería perder la oportunidad de recorrer los cuatro galpones del taller para reconciliarse con nuestro gentilicio y sentir el orgullo de ser de la misma tierra del insigne maestro Carlos Cruz Diez.

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Fotos: Cristian Espinosa y Golcar Rojas

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6 pensamientos en “Panamá, un país sorprendente y en construcción

  1. Jessika Ardines L. en dijo:

    Pero qué estúpido el autor de éste artículo…éste señor “el blog de golcar”, trata de decir que lo que tenemos los panameños es “producto de narcotráfico”, mire señor, usted como algunas personas que no saben escribir otras atorrancias contra otros países, mejor, lárguese a otro país que no “lo deje de sorpreder”, así como usted le creyó a sus amigos venezolanos que no viniera a Panamá porque se parecía a Maracaibo.. yo, por ejemplo, nunca he ido allá, por tanto, yo no puedo escribir sobre ese país si yo nunca he ido a Venezuela y si usted asume que lo que tenemos es del narcotráfico en donde usted asume con un “obviamente” que nuestro desarrollo es del narcotráfico, entonces dirija su mirada a su propio país Venezuela, y por las noticias internacionales, es considerado como uno de los peores países en el mundo en seguridad, en donde el narcotráfico es una de las causas, su sistema de seguridad social y judicial en crisis y su sistema carcelario colapsado desde hace tiempo y lo más vergonzoso es que un país que produce tanto petróleo y que recibe miles de millones de dólares en un solo mes…es que ni se puede conseguir un “papel higiénico” y la comida escasea, con un país supuestamente rico. Vamos, amigo, no hable tanta paja..$$$$&&&&—qué porquería de artículo!

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  2. Alberto Rodriguez en dijo:

    “Interesante” su relato de mi país Panamá, pero, observo que usted tiene muy poco conocimiento acerca de nuestras leyes anti-lavado de dinero producto del narcotráfico. Hace poco el Departamento de Estado de EUA, ponderó los esfuerzos de Panamá en el combate al narcotráfico, las leyes panameñas no son “tan laxas” como piensa usted, le aconsejo que antes de dar una opinión sobre las leyes de otro país, primero revise las fuentes, que eso que Panamá es un paraíso fiscal y que cualquier narco como trata de decir usted, me parece un total disparate. Si a usted como buen venezolano que no gusta de Panamá, le aconsejo que no se aparezca nunca más en mi país y no se moleste en seguir escribiendo estupideces.

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  3. jjajajjajajjaj sta bueno el reportaje pro denigrar a un pais ala cual usted vino esta fuera de orden ya que si un pais no es de su agrado no se que ase visitandolo digo en venezula ubiece stado mejor.los panameños acogemos a todos por igual sin denigrar a nadie ni x pais politica religion color estado etc………porq si vamos a eso a ustedes les falta mucho

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    • Lala de Balestrini en dijo:

      Si, sobre todo a usted le falta mucho porque lo primero que tendría que aprender es a escribir para que mejore esa mala ortografía que tiene, que hiere los ojos al leer lo que se atrevió a “escribir”

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  4. Margarita Liscano en dijo:

    Interesante tu recorrido por Panamá…me queda una duda y sobre la esfera roja de una de las fotografía, es que se me parece a una obra de Soto…

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