El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

Uruguay, un país para volver

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Hay ciudades y países en el mundo que nunca han constituido una prioridad para uno al momento de hacer una lista de los lugares que le gustaría conocer, pero que al visitarlos, quedan registrados en nuestra bitácora como sitios especiales por diversos motivos.

Eso me pasó con Uruguay.

De no ser porque en Montevideo viven desde hace unos años mi hermana Yandira y sus hijos, Patricia y Diego (mi ahijado, además de sobrino) y los nietos de este –la Emi y el Tata-, a los que me moría por conocer, jamás habría puesto al pequeño país sureño en mi lista de futuros destinos de viaje. No obstante, una vez conocido el país y disfrutado de su tranquilidad y organización, partí de él convencido de que es un país en el que 66perfectamente podría vivir.

Montevideo podría entrar en la categoría de “ciudad pequeña” o “pueblo grande”. Es una acogedora ciudad donde uno ve a le gente tranquila y relajada disfrutando por la calle y dedicando tiempo de esparcimiento en los bellos espacios públicos con los que cuenta. Es una ciudad tan pequeña que uno puede, si le gusta caminar, recorrerla de punta a punta en unas cuantas horas, disfrutando del paseo peatonal Sarandí, que recorre todo el centro desde el Mercado del Puerto, y de las hermosas plazas públicas que surgen en el trayecto.

Así lo hicimos Cristian y yo una tarde luego de comer unos de los mejores cortes de carnes en el bello Mercado del Puerto a eso de las 3 de la tarde. Nos sentamos en el puesto de parrillas que más nos apeteció, tomamos la previsión de pedirle a la mesera que, por favor, nos sacara la24 cuenta de lo que íbamos a pedir, nos diera el total antes de servirnos y que pasara la tarjeta de crédito por el monto de la factura antes de despacharnos el pedido. Son precauciones que se toman cuando se viene de un país con divisas controladas por el gobierno, si no se quiere pasar por la vergüenza de no tener con qué pagar, una vez que la tarjeta sea negada. Afortunadamente, el dinero plástico funcionó y nos deleitamos con un “medio y medio”, bebida consistente en mitad de vino espumoso dulce y mitad de vino blanco seco, típica de Uruguay, que sirvió para acompañar una jugosa y deliciosa punta trasera.

Luego de la opípara comida, salimos y empezamos a caminar hacia la derecha del lugar, como quien sube hacia el río. En una esquina, preguntamos a unos obreros que trabajaban en la reparación de una fachada cuál era la vía que debíamos tomar para ir hacia la Puerta de la Ciudad.

-Pueden cruzar en la próxima esquina –dijo uno de los hombres-. Pero si quieren que el paseo sea más bonito, suban unas cuadras más y doblen en el Paseo Sarandí a la izquierda. Esa es una peatonal que corre paralela al río y hecha especialmente para recorrerla caminando.

Así lo hicimos. Recorrimos la desolada peatonal, descubrimos bellas y pequeñas plazas en el trayecto hasta llegar a la vieja Puerta de la Ciudad, único vestigio que queda de la antigua ciudad fortificada y amurallada de la colonia.

Frente a la Puerta se encuentra la Plaza Independencia, con su estatua ecuestre de Artigas y rodeada de algunos edificios modernos, sedes de 120oficinas gubernamentales, y el imponente palacio Salvo con su ecléctico estilo arquitectónico.

En el camino no es extraño encontrar hombres y mujeres con su termo de agua caliente en  una mano o en la mochila y la matera con su bombilla en la otra. Es como si nosotros saliéramos con la cafetera a la calle pero absolutamente normal y cotidiano en los uruguayos. Los ves tomando mate en los autobuses, en los parques, mientras caminan…

Así continuamos caminando por la larga avenida 18 de Julio, la tarde era fresca y, como era domingo, había poco tráfico de vehículos. Pasamos por varias plazas en las que la gente de todas las edades disfrutaba su día de descanso. Nos detuvimos a contemplar la curiosa fuente de los candados, en cuya reja los enamorados cuelgan candados con sus iniciales con le esperanza de regresar juntos al lugar. Disfrutamos la inmensa réplica del David de Miguelangel que se encuentra frente al edificio de la Municipalidad, pasamos por algunas escuelas de la Universidad de Montevideo y así continuamos disfrutando del paseo y del atardecer hasta llegar a la Avenida Italia y continuar unos dos kilómetros más hasta la casa de Yandira.

Para un venezolano, acostumbrado a la inseguridad reinante en la mayoría de las ciudades del país, resulta un poco extraño poder caminar sin aprehensión por las calles de una ciudad y constatar que hay países como Uruguay, mucho más pobres que Venezuela, donde la inseguridad no figura entre sus principales problemas.

Montevideo es acogedora, sin grandes rascacielos ni lujos, pero donde uno se encuentra a gusto. Cuenta con excelente servicio de transporte pública, algo que uno agradece al llegar de ciudades como Maracaibo, donde no tener un carro se convierte en un verdadero karma, tanto por el deplorable estado de las unidades de transporte como por el riesgo de robos y hasta violaciones en dichas unidades16.

No dejó re parecerme irónico que en un país más pobre que el mío, la gente pueda abrir el grifo del agua y beberla sin problemas; cuando en nuestro país debemos filtrar y hervir hasta el agua embotellada. Los hospitales funcionan, incluyendo ese al que el gobierno venezolano le donó una gran cantidad de dólares. La red de salud pública es eficiente y atiende a todos los ciudadanos. Los supermercados están abarrotados de productos de todas las marcas y tipos, habidos y por haber, y nadie, en ningún lado, es sospechoso al momento de entrar a un establecimiento comercial. En ningún comercio exigen factura a la salida del establecimiento para comprobar que se pagó lo que se lleva en las bolsas.

Así puedo seguir enumerando la calidad de vida con la que cuenta ese pequeño y pobre país del sur y que nos resulta absolutamente ajena y desconocida a quienes viajamos de este “rico y grande” país del norte del sur que es Venezuela.

Pero lo que más me impactó de esos días de relax en Uruguay es comprobar que la política no ha invadido la vida cotidiana de los ciudadanos. Uno puede pasar días en el país sin enterarse de quién es el presidente, cuáles son los partidos y los políticos que gobiernan, o quiénes son los alcaldes de las ciudades. A diferencia de Venezuela y Argentina donde por todas partes lo atosigan a uno con propaganda política, en todo el tiempo que estuve en Uruguay, apenas vi un aviso, en lo alto de un edificio que ponía algo sobre el Partido Colorado, supongo que era una oficina del partido. De resto, oigo más de Mujica en Venezuela por sus declaraciones a favor del régimen de Chávez, que en Montevideo.

Cuando vi ese aviso de Los Colorados me sorprendió y no pude menos que hacer un recuento de la calidad de vida de la que disfrutan los uruguayos, de los beneficios y servicios públicos de los que disponen, del trato de verdaderos ciudadanos que tienen, para entender y, hasta 181cierto punto justificar, el qué el presidente Mujica, como sucede con Piñera de Chile, no escatimen esfuerzos a la hora de “hacerles la pelota”, como dicen los españoles, a Chávez y a los Castro con tal seguir contando con los beneficios que Uruguay y Chile pueden obtener de esas relaciones y que se transforman en bienestar y calidad de vida para sus gobernados que, a la larga, es lo que principalmente deben procurar los presidentes. Tal vez a algunos no nos resulte muy bien desde el punto de vista ético, pero desde el punto de vista político, puede ser perfectamente válido.

Fueron unos días que resultaron de absoluta des-conexión de la realidad que vivimos los venezolanos. Pasear por el Jardín Botánico y por el Jardín Japonés resultó una delicia. Visitar el museo Blanes fue un acercamiento al arte y a la historia uruguaya. En la Mariskería de Piriápolis tuvimos unas de las comidas más exquisitas del viaje. Punta del Este, a pesar de haber pasado el día anterior a la visita por los avatares de la sudestada, resultó lujosa y encantadora. Una ciudad que invita a visitarla en verano, cuando debe cobrar vida y contar con diversión de día y de noche. En el trayecto hacia Piriápolis y Punta del Este el paisaje se torna espectacular, con largas e imponentes costas y vistas del ancho y azul mar.

Recorrer la extensa y bella área de Pocitos, con su hermosa playa, es algo que todos los turistas deben hacer. Así como visitar el gran monumento “Memorial del Holocausto del Pueblo Judío” cuyo muro representa la línea de vida del pueblo judío y se extiende por un buen trecho de la playa, abruptamente cortado, para representar la trágica época del holocausto, y que luego continúa. Es un monumento que cuenta con ocho hitos, cada uno con una significación específica.

La comida en Uruguay es una de las cosas que más se pueden disfrutar, sus asados de tira, sus chivitos, las milanesas con papas fritas y huevo, el rico gramajo que nos preparó Yandira para un desayuno con finas papas fritas y cebolla finamente picada en juliana revueltas con huevo, y, por77 supuesto, las carnes en todos sus cortes y modos de preparación.

Los paseos a las chacras, diferentes tipos de fincas destinadas a diversas actividades, como la que administran mi sobrino Diego y Fernanda, su esposa, que cuenta con unos viejos vagones de tren que sirven de marco a un amplio salón que alquilan para fiestas, es una visita bucólica y obligada para apreciar la naturaleza de Uruguay.

En la ciudad, los fines de semana, montar un mercadillo callejero que hay que visitar en la peatonal Sarandí y en la plaza Matriz donde uno aprovecha de visitar la hermosa catedral metropolitana.

Una mañana de sábado fuimos a la milonga en el hermoso teatro Solís. Era la última de una serie pautada para los sábados y fue realmente agradable ver a gente de todas las edades mezcladas y bailando al ritmo de la típica música sureña. Viejos con jóvenes, jóvenes con jóvenes, chicos con chicas y chicos con chicos o chicas con chicas, todos moviéndose al compás de la música con sensualidad y gozo. Simplemente, inolvidable.

Y el broche de oro de la visita a Uruguay lo tuvimos con el concierto de Fito Paéz en el velódromo. Uno de los mejores conciertos a los que he 164asistido y disfrutado. La organización del evento fue impecable. Todo ordenado y a la hora, con azafatas que lo llevaban a uno a sus asientos numerados. Fueron dos horas en las que el rockero argentino nos deleitó con lo mejor de todo su repertorio. Todos nos paramos en las sillas a bailar, cantar y aplaudir con frenesí. No dejó de sorprenderme que allí hubiera gente mayor y muchachos muy jóvenes, todos disfrutando y cantando las canciones de Fito. Los porritos de marihuana abundaban y el olor a la hierba era penetrante, pero como el lugar era abierto, no molestaba en absoluto. Una increíble y reconfortante velada, de donde salimos a comer unas ricas empanadas.

Uruguay, ese pequeño país del sur, pasó de ser un lugar al que jamás habría pensado visitar a convertirse en un sitio en el que perfectamente podría vivir y al que quisiera volver.

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7 pensamientos en “Uruguay, un país para volver

  1. Yandira Rojas en dijo:

    Que gusto, alegría, y orgullo me da leer este post, gusto porque definitivamente Golcar logra cautivar con sus escritos, alegría porque me confirma lo poquito que falta para tenerlos aquí, orgullo porque he hecho de Uruguay mi “otra patria” el “paisito” como cariñosamente lo llaman acá, ha sido una excelente elección para vivir. Como bien dice Zole, gracias Señor por permitir que mis afectos vengan al matrimonio de Paty y Juan, acá los espero con el Gramajo listo!

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  2. Zoleiva Rojas de Santos en dijo:

    Que bueno que ya estamos listos para otro viaje a Uruguay, salimos el 5 a repasar lo visto y disfrutado y a ver y disfrutar lo nunca visto, gracias Senhor por darnos esta dicha.

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  3. pollinob en dijo:

    Tengo muchos afectos en Uruguay y me ha gustado mucho tu narración, pero confieso que la parte de las comidas (¡la carne, la carne!) me hizo agua la boca y me amargaste la tarde. ¡Qué hambre, carajo! Dime una cosa: ¿que es gramajo?

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    • Alli lo expliqué Juan: ” el rico gramajo que nos preparó Yandira para un desayuno con finas papas fritas y cebolla finamente picada en juliana revueltas con huevo”, es como una versión sureña de los huevos estrellados con patatas españoles. Es rico. Menos mal que no monté algunas fotos de los platos porque me odiarías.

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  4. Lala de Balestrini en dijo:

    Y yo, muy al contrario de Golcar tenía mas de veinte años con ganas de conocer Uruguay desde que mi hermana Yandira estaba casada y con los niños pequeños que hicieron un viaje a ese País por tierra desde aquí de Venezuela y llegó narrándonos las vivencias tan bellas que tuvieron recorriendo País por País y toda la aventura que representó ese viaje, bueno gracias a Dios hace tres años con otra hermana (Zoleiva y su esposo Ovidio)tuvimos la oportunidad de viajar allá y la verdad me encantó todo lo que conocimos, mas si había pensado que a lo mejor no volvía porque prefiero como conocer otro País que no conozca pero ante un acontecimiento tan importante como es el matrimonio de mi sobrina Patricia pues encantada de la vida voy a volver a visitarlos y esta vez en compañia de Golcar para que me haga caminar y conocer todo lo que en aquella oportunidad no pude recorrer

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