El blog de Golcar

Este no es un reality show sobre Golcar, es un rincón para compartir ideas y eventos que me interesan y mueven. No escribo por dinero ni por fama. Escribo para dejar constancia de que he vivido. Adelante y si deseas, deja tu opinión.

Un gocho en Buenos Aires

Captura18

Mi sentido de la orientación era verde y se lo comió un burro. Ni con GPS logro saber dónde estoy y hacia dónde hay que agarrar. Mi falta de sentido común a la hora de orientarme en las ciudades es tal, que me crié en Mérida cuando la ciudad no era más que una calle que subía y otra que bajaba y no sé cómo me la ingeniaba para perderme. Pero el colmo del despiste y la desorientación lo he vivido en Buenos Aires. La ciudad porteña me resulta laberíntica, indescifrable.

La última noche en Buenos Aires ha sido agotadora y el poco sueño que alcancé conquistar no fue para nada reparador. La habitación era calurosa. El aire acondicionado nunca funcionó. Si abría la ventana para que entrara el fresco, el ruido de la transitada calle no me dejaba dormir y, si la cerraba, el calor me sofocaba y desvelaba. Además, como la habitación la conseguí a última hora, por teléfono y a media noche, no me pude dar un baño antes de acostarme porque no había toallas y el cajón donde las guardan estaba bajo llave. El encargado no tuvo manera de conseguirme con qué secarme.

Así que a eso de las nueve de la mañana me levanto en el modesto hostel donde me ha tocado dormir luego de que la sudestada y el abandono en el terminal de la empresa Buquebús, me obligara a salir a buscar refugio a eso de la una de la mañana.

Captura37En el pasillo, me consigo a los compañeros de infortunio. Ninguno tiene noticias aún de si el barco saldrá o sin nos tocará pasar otra noche en Argentina. La chica más joven había salido con su novio temprano a buscar un sitio más económico por si acaso nos toca pagar una noche más de hospedaje y lo ha conseguido a poca distancia de donde nos encontramos. Un hostel que nos costaría la mitad de lo que pagamos en este.

Desayunamos panes, mermelada y café con leche que es lo que incluye el pago y Cristian se va a Florida a lo de Carlos  para cambiar dólares y pagar en pesos, que así nos sale más económico. Yo me quedo terminando de arreglar las maletas y, cuando salgo de la habitación, Shirley me dice que el nuevo hostel se llama “All right” y queda a cuadra y media de donde estamos. Me dice la dirección exacta varias veces y en mi trasnocho y despiste no lo anoto creyendo que lo recordaré.

Se van todos. Al rato llega Cristian con los pesos, pagamos la cuenta y nos vamos a buscar el nuevo hostel para dejar el equipaje y salir a pasear un rato por la ciudad.

Una vez en la calle, Cristian me dice:

-¿Cuál es la dirección?

Hago un esfuerzo por recordar los nombres de la calle y nada, no me vienen. Entonces le digo:

-Bueno, pero es cerca porque ella me dijo que queda a cuadra y media hacia allá… o hacia allá… o hacia allá…

Nada. No tengo ni idea de hacia qué dirección debemos enfilarnos para llegar al sitio. No sé si hay que ir a la izquierda, a la derecha o de frente. Decidimos caminar cuadra y media a la derecha. Ni rastros del bendito hostel “All right”. Regresamos y caminamos cuadra y media a la izquierda. Nada, por allí tampoco es. Entonces Cristian recuerda que escuchó que la chica decía que quedaba al lado de Mc Donalds. Le pregunto a un paseante y me dice que la referencia que me dieron es muy mala porque la zona está plagada de Mc Donald´s.

Ya las maletas pesan y los brazos acusan el cansancio de andar calle arriba y calle abajo con el equipaje. En una esquina, le digo a Cristian:

-Vamos a hacer una cosa. Tú te quedas aquí con las maletas y yo voy a ver dónde se consigue el dichoso hostel, porque se nos desprenderán los brazos andando con las maletas.

El se queda  allí mientras yo voy en busca del lugar. Camino poco más de dos cuadras. Le doy la vuelta a la manzana y cuando creo que ya voy a llegar a la esquina donde dejé a Cristian, resulta que no estoy donde pensaba que debía estar y Cristian, por supuesto, no está allí.

“Estoy bonito, pues –pienso-. Ahora, no sólo no consigo el hotel sino que se me pierde Cristian también”.

Decido no desesperarme y desandar el camino tal y como lo hice pero en sentido contrario. ¡Bingo!, ahí está Cristian con las maletas. Para evitar Captura17burlas, no le cuento de mi extravío. Caminamos juntos dos cuadras más hacia el lado opuesto y ni señas del “All right”. Vuelvo a proponerle a Cristian que se quede allí parado en otra esquina, mientras yo averiguo cómo llegar.

Camino casi tres cuadras. Cruzo a la derecha. Una cuadra más. Cruzo otra vez a la derecha. Camino tres cuadras más y cruzo de nuevo a la derecha para llegar al sitio dónde está Cristian. ¡Nada, la esquina se ha movido una vez más! Aplico otra vez la táctica de desandar lo caminado y cuando estoy llegando a donde debe estar el hombre esperando, resulta que no. Esta vez no me ha servido de nada desandar el camino y estoy en una esquina por la que ni siquiera me parece haber pasado antes.

Estoy cansado y, ahora sí, asustado de que no logre conseguir a Cristian. Ya tenemos casi tres horas buscando el hotel y nada. Echo a andar a cualquier lado. Empieza a lloviznar. Trato de regresar al hotel en el que dormimos la noche anterior y no tengo ni remota idea de cómo hacerlo. Por fin, en una esquina con techo, veo que Cristian se asoma entre la llovizna.

-Hágame un favor -le digo a Cristian-. La próxima vez que le diga que se quede que yo voy a buscar el hotel solo, métame un coñazo y no me pare bolas.

Agotados, decidimos meternos en el primer hotel que consigamos y olvidarnos del  “All right”. Cuando vamos caminando sobre Lavalle, Cristian mira y ve un Burger King, es cuando cae en cuenta que no era junto a Mc Donald´s que había escuchado; sino junto a este Burger King. Vemos a lo lejos un pequeño aviso en la pared del edificio que está junto al restaurant y, al acercarnos, observamos que pone: “Hostel O´Rey”.

Entonces, rebobino y recuerdo que cuando Shirley me dijo el nombre del hotel, había agregado algo de que el nombre era en portugués; pero yo no le paré. Efectivamente, estamos frente al buscadísimo “All right” que, en realidad se llama  “O´Rey”.

Poco rato y más de 30 empinadísimos escalones después, estamos en la recepción del hostel. Miro alrededor y más parece un depósito de cachivaches que un lugar de hospedaje. Por cualquier lado se ven colchones, muebles, diversos objetos viejos y aparentemente inservibles amontonados. Es de todo menos bonito y agradable el lugar, pero ya estamos allí y por el precio que pagaremos no es mucho lo que se puede exigir.

La habitación tiene tres viejas y destartaladas camas. Cada una diferente y con cobijas y sábanas distintas. El escaparate, la mesa de noche y la mesita de escritorio, evidentemente, fueron desechadas hace muchos años de alguna casa por inservibles. El baño que es compartido por las habitaciones del pasillo parece un muestrario de viejas cerámicas rotas y el piso tiene parte cubiertas con cerámica y partes en cemento crudo.

Dejamos el equipaje en la habitación y salimos a caminar para distraernos un poco. Andamos sin rumbo, hacia donde las ganas y el instinto nos guían. Como tenemos hambre, recuerdo que en tanto ir y venir vi varios sitios en los que ofrecían menús a buen precio y cuyos platos se veíanCaptura20 apetitosos. Entramos a uno y pedimos carne estofada con vegetales y arroz y vino tinto. No es nada gourmet ni especialmente sabroso pero cumple su cometido de saciar el hambre.

Seguimos caminando por la ciudad. Encontramos la vieja e inmensa librería Ateneo. La ciudad nos deleita con su arquitectura, sus cafés, su gente que pasea con sus perros, que va o viene del trabajo.

Sin buscarlo, tropezamos con el exuberante y estrambótico Palacio de Aguas Corrientes, una edificación de la segunda mitad del siglo XIX con arquitectura de estilo ecléctico, cuyas paredes llegan a casi dos metros de espesor, con una fachada recubierta por  piezas de terracota, y en cuyo interior se cobijaban 12 tanques de agua destinados a satisfacer la necesidad del vital líquido y que en la actualidad es sede del Museo del Patrimonio Histórico, el Archivo de Planos Domiciliarios, y oficinas administrativas de la empresa.

Al lado del Palacio de Aguas se encuentra la vieja edificación del colegio de La Salle y un poco más allá la iglesia del Salvador con su cúpula verdosa que se ve desde la distancia. Es el barrio de Balvanera, donde se encuentra el mítico Abasto, zona dónde se ubica la casa de Carlos Gradel.

Recorremos las calles despreocupados de todo. En una callejuela vemos un acto de unos niños en edad escolar que, por momentos, pareciera ser un evento de adoctrinación y manipulación política de los infantes más que una actividad escolar. Más adelante nos sentamos un rato en una academia de danza para ver un poco la clase de salsa que están impartiendo.

Por los alrededores del Obelisco, en un boulevard, nos sentamos un rato a descansar y disfrutar del tango que canta una chica acompaña por un guitarrista en un restaurant. Ya la noche ha caído. El paseo ha servido para relajarnos.

Llegamos al O´Rey para recoger las maletas y, caminando a lo largo de la calle Florida nos enfilamos hacia el terminal del Buquebús. Paramos en Captura51un lugar a comer comida mexicana y allí unos jóvenes colombianos nos atienden amablemente y disfrutamos de una verdadera delicia de comida tex-mex, mucho mejor que la que uno pueda disfrutar en Texas. Satisfechos, continuamos rumbo al terminal. Estamos más que a tiempo y la noche es fresca.

Esperábamos encontrar congestionado el puerto por la suspensión de los viajes del día anterior pero no, todo está tranquilo. Embarcamos y zarpamos. En el duty free del barco gasto los pocos pesos argentinos que me quedan y no me servirán para nada una vez que deje Buenos Aires, en chocolates. El Bailys que me habían encargado no se consigue pues en la sudestada las botellas del local fueron a parar reventadas en el suelo y apenas se salvaron unas cuantas de whisky.  Muerto de cansancio, me tiro en el piso del barco, detrás de la última fila de asientos, para dormir y descansar las poco más de dos horas que dura el trayecto hasta Colonia.

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9 pensamientos en “Un gocho en Buenos Aires

  1. Jajaja,….chamo, llore de la risa con tu cuento de las esquinas y donde dejabas a Christian. Solo imaginando tu cara de “arre……pentimiento” por lo vivido me rei a carcajadas. Muy buen blog, chamin, como todo lo que haces. Saludos.

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  2. marife en dijo:

    Jajajaja… Lo del gps es de familia entonces!!! a mi me resulta sumamente frustrante tratar de ubicarme en una ciudad plana, donde además la gente jura y perjura que hay un ‘arriba’ y un ‘abajo’, metáforico pero lógico, que cualquiera entendería… pero que uno decididamente NO entiende… lo maravilloso de Buenos Aires es que tiene números en cada edificio y es bastante cuadrículada, eso ayuda bastante.. aunque yo también le dije a mis amigas: esperenme aquí, voy al otro lado de ésta cuadra a llamar por teléfono, y pasé 15 minutos caminando al azar y tuvieron que ir ellas a buscarme a mi… y el edificio ese de aguas es igualito a los de Harry Potter!

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  3. Zoleiva Rojas de Santos en dijo:

    A Lala se le olvido lo mejor del cuento, luego de subir los quinientos escalones y llegar a la calle, cuando volteamos hacia la derecha, ohhhhhhh sorpresa habían escaleras electricas y nosotros no las vimos, por supuesto Lalita casi nos mata, ya no podía respirar.
    Golcar con este relato me paso como con el libro de Maria Elena Lavaud que me falto libro.

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  4. Lala de Balestrini en dijo:

    Pues a lo mejor eso de la desorientación debe ser mal de familia porque yo soy igual, que decir que me pierdo en Mérida, me pierdo en La Parroquia y hasta en Isla de Coche jajajajaja que creo no se ha perdido nadie en la vida, por esos lados estuvimos nosotros y fuimos a la casa de Gardel yo solo con la idea de traerle fotos a Leo que ese ha sido su gran idolo, (que por cierto no llegaron esas fotos y le pedí el favor a Fer me las copiara en un CD y me lo enviara y ha ido todo el mundo y yo aqui esperandolo) bueeeno lo que le quiero contar es que caminamos como unas perdidas de paso con Ovidio y lo peor cuando fuimos a agarrar el metro nos tocó subir unas escaleras como de quinientose scalones mas empinados que el Pico Bolívar, yo ya no llegaba y Ovidio menos al fin llegamos y Zoleiva y Yandira muertas de rida de vernos a Ovidio y a mi con la lengua afuera y sin resuello, pero que mas son gajes del oficio y cuando se quiere conocer hay que pasar por todase esas cosas, menos mal que consiguió a Cristian y todo tuvo un final feliz, se nota que está muy relajado y desestrezado ultimamente, ojalá y siga asi para que sus días sean mas bonitos y mas productivos, chaoooooooo

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    • Carolina en dijo:

      Hola! muy bueno tu blog, me gusto muchoo, te escribo porque voy a viajar Argentina y me gustaria que me orientaras un poco, soy de Venezuela y quiero ir Argentina a raspar mis cupos cadivi, por casualidad no sabes de un sitio donde puedo raspar la tarjetas y me den los dolares y que comision cobran alla? tambien me gustaria que me informaras sobre un hotel que sea economico, te agradecerias si me deja la direccion o el contacto. espero tu ayuda y exitos…

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      • Primero que nada, Carolina, te advierto que “raspar” es un delito penado por la Ley de Ilícitos Cambiarios y no se debe hacer. En Argentina también tienen control de cambio por lo que no creo que haya sitios donde los venezolanos puedan ir a eso. Si los hay, lo desconozco. En cuanto a los hoteles, lo mejor es comprar paquetes turísticos con las agencias porque son bastante caros. Los más económicos son los hostels pero muchos son más pocilgas que hospedajes. Es cuestión de que recorras los que hay a lo largo de la Calle Florida a ver si consigues uno de tu agrado. Saludos.

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    • Carolina en dijo:

      Bueno si realmente tienes razon. Otra pregunta y ese tal Carlos que le cambiaba los dolares por pesos, esa direccion si me la podria facilitar? creo que nos saldra mejor asi, y bueno en cuanto al hotel tendria que seguir sus recomendaciones.
      Ademas queria comentarle que estoy enganchadisima con su blog, me encanta la forma como escribe. Abrazos y gracias por responder 🙂

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      • No tengo ni idea si Carlos siga vendiendo pesos, lo que puedo decirte es que por la Calle Florida abundaban las “casas de cambio”. Imagino que siguen allí. Gracias por tus generosos comentarios sobre el blog. Siempre eres bienvenida.

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